Vamos a viajar hacia atrás en el año que pasó. Dejamos que las imágenes entren y salgan de nuestras mentes: momentos pequeños, momentos significativos, imágenes y rostros.
Pensemos hacia atrás, dónde estábamos y quiénes éramos en el ciclo de los últimos Iamim Noraim. Qué metas nos trazamos en ese entonces para el año que estaba por comenzar.
Ahora nos movemos a los meses de septiembre y octubre del año pasado, la primavera, el mes de Tishrei, la festividad de Sukot, el tiempo de la cosecha. Qué recolectamos durante el año que se fue. Qué aprendimos. Qué ganamos.
Ahora nos trasladamos al noviembre que pasó, el mes de Jeshvan. Fin de la primavera, el tiempo cada vez más cálido. El mundo de lo natural que apuesta al deshielo y a los colores. Pensemos en los cambios que se produjeron en nuestros propios mundos. Qué hielos derretimos. Qué barreras traspasamos. Qué dejamos en blanco y negro y qué coloreamos. Qué desechamos y qué creamos.
Nos movemos suavemente de noviembre a diciembre, el mes hebreo de Kislev, el mes que sostiene a Jánuka, la fiesta de la luz, en su esencia, la fiesta de los milagros. Pensemos en qué medida nosotros trajimos luz a nuestras vidas, en este año que dejamos atrás. Qué milagros pasaron por nuestras historias.
Llegó entonces el tiempo de pensar en enero y febrero pasados. Primero, el mes hebreo de Tevet, la conclusión de Jánuka. Y luego el mes de Shvat, que contiene a Tu bishvat, la fiesta de los árboles, el tiempo de plantar. Pensemos en los nuevos proyectos que empezamos este tiempo, los nuevos planes, las semillas que plantamos para nosotros y para el futuro de nuestras familias
Nos vamos al final de febrero y marzo, el mes de Adar, el final del verano. Durante Adar celebramos Purim, la fiesta de la diversión y la alegría. Pensemos acerca de la alegría que vino a nosotros durante este año. Pensemos en los momentos en los que nos reímos, en los que bailamos, en los que no nos importó el qué dirán y pudimos genuinamente divertirnos.
De marzo a abril, desde Adar hasta Nisan, es el mes de otoño. El tiempo en el que celebramos Pésaj, y pensamos en el renacimiento, y el reencuentro con la libertad. ¿Qué luchas concluyeron en nuestras vidas este año? ¿Cuántas dificultades pudimos superar? ¿Qué portones atravesamos, qué mares cruzamos para animarnos a ser libres?
Ahora vamos a pensar hacia atrás, estamos en mayo, el mes hebreo de Yiar. El mes de la independencia del Estado de Israel. Pensemos en lo que este año pudimos recuperar, recorramos las tierras a las que volvimos, a qué retornamos y qué reconstruimos.
Y de mayo nos movemos a junio, el mes de Sivan, el mes que llevan dentro de sí la festividad de Shavuot, la celebración de nuestro recibimiento de la Torá. Pensemos ahora sobre nuestros aprendizajes, en nuestras entregas y recibimientos.
De junio a julio y agosto, a través de los meses hebreos de Tamuz y Av, frío en el exterior, y dolor en los días del calendario. Historias de pérdidas y destrucción. Es tiempo de recorrer nuestras propias pérdidas en la vida, durante el año que pasó, cómo las lloramos, cómo repactamos con la esperanza.
Y acá estamos, en el nuevo año, haciendo nuevas promesas, definiendo nuevas metas. Sin perder el asombro por el tiempo renovado que traerá sus nuevos colores, pero asumiendo que cada tiempo se construye con el aprendizaje de lo vivido, mes a mes, día a día, instante tras instante. Sabemos que cada cosecha es fruto de su siembra, que cada recolección, la respuesta al cultivo.
Por eso Adonai te pedimos
Que podamos cultivar la fuerza
para mirar honestamente sobre nuestros actos.
Que podamos cultivar la honestidad
para admitir cuándo hemos estado mal.
Que podamos cultivar el entendimiento
para saber qué es lo mejor para compensar.
Que podamos cultivar el coraje
para poder pedir perdón.
Que podamos cultivar la compasión
para dar el perdón cuando sea pedido.
Que podamos cultivar la humildad
para entregarnos a Dios.
Que podamos cultivar la sabiduría
para saber que lo que hago no es sólo para nosotros
sino por el mundo entero.
Rabina Silvina Chemen |