Felipe, uno de los apóstoles de Jesús, era un hombre como uno de nosotros, al cual el Maestro lo había llamado para que lo acompañase en su tarea, según vemos en Jn. 1,43, fue testigo privilegiado de innumerables gestos de afecto, de sinceridad, de capacidad, y hasta podríamos decir, de eficacia de Jesucristo, hacia todos aquellos que se le acercaban a solicitarle algo.
Felipe, judío, y por lo tanto creyente en un monoteísmo expresado por el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, tenía en su corazón una duda.
No podía conciliar su monoteísmo con la idea de que Jesucristo era Dios, ya que muchas veces lo había escuchado hablar de su Padre que está en los cielos.
Frente a esta duda, que también nos puede ocurrir a nosotros, él interroga a Jesucristo: "Señor, muéstranos al Padre y nos basta"(Jn.14, 8). La intensión es que frente a la evidencia de los hechos, la duda desaparece.
Tal vez, lo que Felipe ve es solo un hombre, cuyo nombre es Jesús que realiza prodigios, todo eso es evidente; pero su inquieta inteligencia busca tranquilizar su ánimo mediante la búsqueda de una certeza, la cual borraría la duda, pero su razón no puede por sus solas fuerzas alcanzar a comprender cómo se produce la relación del Padre y el Hijo sin dejar de ser uno (Jn. 10,30).
La Fe, es un conocimiento firme, que la inteligencia vive, pero apoyando su firmeza en la evidencia de los hechos que contempla, también en la autoridad del testigo que lo afirma y que Jesucristo en diversas ocasiones (Lc. 4.32 y Mt. 7.28-29), muestra, según los testigos que allí se encontraban, pero no alcanza con ello, sino que como dijimos, la Fe no se logra por un esfuerzo personal sino como se expresa en Mt. 16,13-17:..."y vosotros ¿quién decís que soy Yo?. Simón Pedro contestó: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo". Replicando Jesús le dijo: Bienaventurado eres Simón, Hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre ( tu inteligencia, ni tus propios ojos), sino mi Padre que está en los cielos". Es decir, "la Fe es un don de Dios, una virtud sobrenatural infundida por El", nos dice el Catecísmo de la Iglesia Católica, en su n° 153.
Esta virtud, esta capacidad, es infundida en la inteligencia disponiéndola a aceptar el hecho frente a la evidencia constatable por nuestros sentidos.
De allí que la Carta a los Hebreos en su Cap.11, 1,dice:"La Fe es garantía (certeza) de lo que se espera; la prueba (evidente) de lo que no se ve (ni con los ojos, ni con la corta inteligencia humana).
Esta capacidad, esta virtud infundida en nuestra inteligencia, requiere para ser efectiva de la disponibilidad de nuestra inteligencia, del sometimiento de nuestra inteligencia frente a la fuerza de los hechos que nos deben llevar a aceptarlos como evidentes, los cuales dan por sí solo certeza y con ello firmeza a nuestro espíritu. Es la forma en la cual nuestra duda desaparece.
De esto surge la necesidad de pedir con insistencia a Jesucristo que aumente nuestra Fe. Esta era la alternativa que le quedaba a Felipe, frente a la respuesta que recibe del Maestro. Señor, aumenta mi fe, o Señor haz que tenga Fe.
Por fin, nuestra Fe, que es un conocimiento, es un conocimiento de alguien y no de algo, de una persona y no de un objeto, nosotros como Cristianos Católicos, tenemos Fe en la Persona de Jesucristo, que vivió y murió por nosotros, y aquel que dijo: "...creed en Dios: creed también en mí" (Jn. 14.1)
José Miguel Toro
Prof. en Teología - Argentina