SACRAMENTO
DE LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS
LA
ENFERMEDAD
La sociedad actual
le teme a la enfermedad mucho más que al pecado. Se gastan enormes
sumas de dinero para controlarla y erradicarla y se olvidan otros males peores,
como la ignorancia, el hambre, la miseria, la pérdida de valores, etc.
¿Porqué
el hombre le teme a la enfermedad?
La enfermedad provoca
a veces la rebeldía y el rechazo de Dios. La persona enferma se pregunta
porque tiene que sufrir, y es tentada por el desaliento y la desesperación.
El demonio se sirve de esta circunstancia para incitar el rechazo de Dios.
Por ello se puede decir que la enfermedad es una prueba.
Solo la fe puede iluminar esta triste experiencia y darle sentido.
La unción de los enfermos
La unción de los enfermos es el sacramento con el que la Iglesia encomienda los fieles gravemente enfermos al Señor doliente y glorificado para que los alivie y salve.
Con este
sacramento la enfermedad es unida al sufrimiento salvador de Cristo y es convertida
en un medio de salvación.
El objetivo del sacramento es el alivio y la salvación. El alivio físico,
cuando así lo dispone la voluntad de Dios y el alivio espiritual, al
recibir la gracia sacramental.
Hay dos
pasajes del nuevo testamento que indican que este sacramento fue instituido
por Cristo.
a): Cuando
en Mc. 6, 7-14 se lee que los apóstoles "curaron a muchos ungiéndolos
con aceite".
b): En la
carta de Santiago cuando se dice que ante una enfermedad hay que llamar a los
presbíteros de la Iglesia y que ellos harán oración ungiendo
al enfermo con aceite en nombre del Señor y que si el enfermo hubiese
pecado se le perdonará.
La materia y la forma:
Ministro y sujeto del sacramento:
El sacramento
puede repetirse si el enfermo, una vez recobrada la salud, contrae de nuevo
enfermedad grave.
La
gracia sacramental:
la gracia producida puede ser la curación o en todo caso, la fuerza para
sobrellevar y aceptar este momento de prueba.
Además
este sacramento puede producir la gracia de reconciliación con Dios cuando
se recibe con arrepentimiento y no es posible confesar los pecados por algún
impedimento físico. (ej: el enfermo no puede hablar).
La fuerza redentora del sufrimiento
La enfermedad trae aparejado el sufrimiento, tanto físico como espiritual.
Cristo experimentó la dura realidad del sufrimiento durante las largas
horas de su pasión. No hay dolor espiritual y físico comparable
al que padeció Jesús y que culminó con el sacrificio de
la cruz.
Cristo sufrió por amor a la humanidad, por amor a la voluntad de su Padre.
El amor, paradójicamente, implica un camino de sufrimiento, de dolor.
Se podría afirmar que "amar es sufrir."
Cuando sufre por amor te asemejas a Cristo y te unes a su cruz para después
resucitar con Él.
· Si Cristo padeció y murió por ti, tu también debes
unirte al sacrificio suyo con tu sufrimiento.
· El sufrimiento humano, en esta perspectiva, adquiere un valor infinito
porque se une al sufrimiento redentor de Cristo.
Cristo te llama así a ser partícipe de su redención.
El sufrimiento es camino sublime y obligado a la vida eterna. Jesús dijo:
"Si alguno quiere caminar tras de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y me siga." Lc9, 23
EL
VIÁTICO, ÚLTIMO SACRAMENTO DEL CRISTIANO
A los que van a dejar esta vida la iglesia les ofrece, además de la unción
de los enfermos, la Eucaristía como viático.
Recibida en el momento del paso hacia al Padre, la comunión del cuerpo
y la Sangre de Cristo tiene una significación y una importancia particulares.
Es semilla de vida eterna y poder de resurrección.
Puesto que es sacramento de Cristo muerto y resucitado, la eucaristía
es aquí sacramento del paso de la muerte a la vida, de este mundo al
Padre.
Se `puede decir que la penitencia, la santa unción y la eucaristía
como viático, constituyen, cuando la vida cristiana toca a su fin, los
sacramentos que preparan para entrar en la Patria Celestial. Catecismo de
la Iglesia Católica