EL TESTAMENTO DE CRISTO

REFLEXIONEMOS JUNTOS LA PASCUA

PRIMERA PALABRA:
"PADRE, PERDÓNALOS; NO SABEN LO QUE HACEN" LC.23,24

SEGUNDA PALABRA:
"HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO". LC.23,43.

TERCERA PALABRA:
" MUJER, MIRA A TU HIJO; HIJO, ESA ES TU MADRE ". JN.19,26-27

CUARTA PALABRA:
" DIOS MÍO, DIOS MÍO, POR QUÉ ME HAS ABANDONADO? " MT.27,46

QUINTA PALABRA:
" TENGO SED ". JN.19,28.

SEXTA PALABRA:
" TODO SE HA CONSUMADO ". JN.19,30.

SÉPTIMA PALABRA:
" PADRE, EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU " LC.23,46.

CONCLUSIÓN


REFLEXIONEMOS JUNTOS LA PASCUA

Cristo, vas a formular tus últimas palabras.
Piénsalas bien, pues las dices desde la Cruz.
Mídelas bien, ya que son frente a la muerte.
Pésalas bien, puesto que son tu testamento.
Mira que están abiertos, para recibirla, los oídos de toda la humanidad.
En estas últimas palabras, se resumen todas las anteriores.
Piénsalas bien. Porque van empapadas con tu sangre, con tu sudor, con tu angustia, con tus lágrimas, con tu agonía, con tu muerte.
Fueron sólo siete tus últimas palabras. Y aunque breves y pocas para nuestro gusto; las reunimos en un sólo racimo para poder saborearlas, una por una.
Han pasado ya veinte siglos desde que las dijiste y a pesar de ello siguen tan vigentes y actualizadas como entonces.
Claro que ya Tú te adelantaste y nos previniste a tiempo: " Los cielos y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán."
Habla, Señor.
Te escuchamos.

Primera palabra:
"Padre, perdónalos; no saben lo que hacen". Lc.23,24.

Cristo, pronuncias ésta primera palabra en el momento en que se consuma la máxima injusticia de la historia.
Te han condenado injustamente tres tribunales.
Has sido atropellado por la religión, por el poder, por la política.
Tú, el hombre más lesionado en sus derechos, en toda la historia de la humanidad. Pronuncias tu primer palabra para perdonarlos una vez más.
Perdóname Cristo, pero no comprendo.
Porque nosotros, cuando perdonamos, que es poquísimas veces, lo hacemos de otro modo.
Nos creemos superiores y desde nuestra altura inaccesible le tiramos a nuestro ofensor la limosna del perdón. Es un perdón que le humilla. Y que a nosotros nos exalta.
Pero Tú, perdonas distinto. Mejor dicho: Tú perdonas de verdad. Porque lo nuestro no es perdón. Es una farsa. Y esto se debe a que Tú eres la verdad y perdonas así porque amás. Conocés el verdadero misterio del: AMOR.

Segunda palabra:
"Hoy estarás conmigo en el paraíso". Lc.23,43.

El Viernes Santo, en el Calvario, no había una sola cruz, sino tres.
No podemos, ni debemos separar las tres cruces que quiso juntar Cristo. Las tres se complementan y se necesitan.
Cristo muere entre ladrones.
La profesión más vieja de la humanidad. Todos somos ladrones; ¿ quién no lo es ?.
No atracamos a mano armada en los caminos. Practicamos un robo más culto y civilizado. Desde el despacho, la agencia, la fábrica, el mostrador, el banco, la empresa,...
Pero aquellos eran ladrones sin categoría profesional. Ambos habían tenido una misma ilusión: hacerse un paraíso aquí en la tierra.
Uno de ellos, creyendo en ese letrero que había sobre tu cabeza, te pidió algo simple, dijo: " Acuérdate de mí cuando estés en tu reino ".Ante tan discreta peti-ción Tú le respondiste con la siguiente promesa: " Hoy estarás conmigo en el paraíso ".
Mientras que el otro ladrón te exigió que lo bajaras de la Cruz y te bajaras Tú de ella.
Pero no Cristo, no lo hagas, aunque sabemos que puedes. Nosotros no necesitamos un Cristo desertor. Al contrario necesitamos tu ejemplo. Para aguantar, como Tú, nuestra propia Cruz.
Gracias, Señor, por tu Cruz y por tu Paraíso.

Tercera palabra:
" Mujer, mira a tu hijo; Hijo, esa es tu madre ". Jn.19,26-27.

Lo que deduzco, Cristo, del solo enunciado de esta palabra tuya en la Cruz, es que el viernes Santo, María, tu Madre, estaba en el calvario.
Y me extraña. Lo confieso. Pero lo que acaba desconcertándome del todo es oír que le hablas en voz alta, solemnemente a Ella.
Perdona, es tu Madre. Pero los hombres modernos, actuales, ya hemos superado esa etapa.
Déjame analizarlo mejor. No es el hijo bueno que muere y hace un encargo familiar y privado al amigo que sobrevive.
Es el Mesías y el Redentor, que actúa como tal con plenitud de resonancias universales. Todo es universal: el apelativo a la madre, que no es María, sino Mujer. Y el hijo no tiene nombre concreto, no es Juan, es el discípulo amado. Con ese apelativo universal nos califica a todos los hombres.
Precisamente por eso nos da a María por Madre.
Cristo, devuélvenos, hoy, a esa Madre que Tú nos diste generosamente desde la Cruz.
Queremos nacer, crecer y madurar en la Fe, al lado de María. Como Tú.
Queremos sufrir, agonizar y morir, sabiendo que Ma-ría, nuestra Madre, está al pie de nuestra Cruz.


Cuarta palabra:

" Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado? ".
Mt.27,46.

Cada palabra tuya me trae, Cristo, una sorpresa nueva.
Me entero, con asombro, de que Tú experimentaste en la Cruz esa vivencia tan humana de sentirte abandonado.
Y no escondes, ni rescatas tu angustia; la proclamas-, en voz alta, con una queja desgarrada.
No entiendo que Tú, Cristo con tu sabiduría, no sepas el " por qué " de ese abandono. Y a fuerza de rumiarlo en tu interior en una búsqueda inútil, te explote en los labios esa queja amorosa y humilde: " ¿ Por qué me has abandonado ? ".
Gracias Cristo. Me consuela infinitamente el oírte hablar así. Lo haces como yo, como todos. Como un hombre cualquiera desgarrado por la vida. Utilizas nuestro lenguaje y fórmulas la misma pregunta desconcertada y rebelde. Acercándote fraternalmente a toda la humanidad.
Aquí estamos, Cristo, junto a ti, con todos nuestros por qués. Enséñanos, Cristo, a poner nuestros por qué en las manos de Dios, nuestro Padre. Tarde o temprano, Dios responde siempre. Y el solo hecho de preguntarle a Dios es tener ya en el alma la semilla de la respuesta.


Quinta palabra:
" Tengo sed ". Jn.19,28.

Cada célula, deshidratada, por la pérdida de sangre, tiene sed. Los millones de células se juntan y amontonan su grito lacerante e individual en esa angustia unánime que formulan los labios sin saliva del crucificado: " Tengo sed ".
Este vocablo, es la única expresión de dolor que nos confía Cristo. Escueta y tajante.
Cristo es un prodigio de aguante frente al dolor. Lleva casi tres horas colgado de la cruz y hasta ahora no sabemos, por sus labios, si sufre. Lleva alrededor
de dieciseis horas de pasión y no ha tenido una sola palabra para quejarse de sus padecimientos, hasta ahora; que abre por fin sus labios para apretar su infinita tortura en un sólo vocablo. Eso es todo.
Nosotros derrochamos tantas palabras para expresar y ponderar nuestros sufrimientos, que pierden su elocuencia.
Por eso la única palabra dolorosa de Cristo se yergue y se impone, con toda su urgencia contundente.
Conociendo un poco a Cristo, adivinamos que esa sed suya, nos empuja y nos arrastra a otra sed misteriosa, más entrañable. Sed de agua: sí. Pero además, Sed de justicia, de paz, de reconciliación, de libertad, de armonía, de orden, de caridad, de amor ...
Su grito, es la suma de todos los gritos de todos los hombres sedientos.
Una vez más Cristo nos representa a todos.
¿ Cuál es nuestra respuesta ?.


Sexta palabra:
" Todo se ha consumado ". Jn.19,30.

Aquí, en tu sexta palabra, el verbo cumplir o consumar, no se refiere ni al plazo de tu vida, que ya cumplió; ni a los planes de tus enemigos para liquidarte, que se está cumpliendo. El verbo cumplir, Cristo, se refiere a Ti. Cumpliste Tú, hasta el final.
Es un grito de triunfo y satisfacción. Una rendición de cuentas. Un comunicado oficial y solemne a tu padre y a la humanidad entera frente a tu muerte: " Padre, misión cumplida ".Desde Belén al Calvario, 33 años, día a día, has ido cumpliendo (meticulosamente), lo que programó en la eternidad tu Padre y anunciasen los profetas. Pero hoy, para nosotros, todo esto es absurdo y humillante. Si me dejás ser sincero, Cristo, me atrevo a decirte que hoy, ante ésta conducta tuya, la juventud se sonríe despectivamente.
Siempre obediente, Cristo. Sin una protesta, sin la más pequeña rebeldía.
Todos en nuestra vida, queramos o no, con amor o odio, con obediencia o rebeldía, con fidelidad o traición, con bondad o pecado, todos sin excepción, te hemos ayudado a cumplir el plan eterno de tu Pa-dre. Porque ese plan sigue en marcha, realizándose en cada uno de nosotros, en toda la humanidad.
No sólo para ti, Cristo, el Padre fijó un programa eterno. También lo hizo para cada uno de nosotros.
Cristo, estoy integrado a tu empresa redentora. Necesitas mi colaboración. Tómala: mis dolores, penas, pecados, amores, odios, luces, sombras, vida, muerte.
Y que al morir, como Tú, sienta yo también la satis-facción de haber cumplido y realizado el plan del Padre.


Séptima palabra:

" Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu " Lc.23,46.

Es tu última palabra, con ella se sellarán definiti-vamente tus labios mortales. Y son para tu Padre.
Las siete palabras, que son tu testamento transcurren en un diálogo entrañable y filial con tu Padre. Oras a tu Padre.
Claro que ésta vinculación amorosa a tu Padre no la improvisas ahora, de pronto, en el Calvario, entre los fracasos y dolores, ante la muerte. Fue la tónica y el aire de toda tu vida. Estabas en continua comunicación con El. Sin cerrar jamás la conexión.
Nosotros en cambió, hemos dejado a tu Padre. Y la oración. No es necesario el Padre, ni la oración, ni Tú. Para eso nos bastamos solos.
Hoy, Cristo, la consigna es actuar, hacer, realizar.
Pero resulta, Cristo, que Tú, siendo el hombre de la oración y del recurso incesante al Padre, fuiste al mismo tiempo el hombre de la máxima entrega y del más generoso compromiso. Hasta morir en una Cruz.
No te cansás de rezar. Llevás tres horas hablando con tu Padre. Y la última palabra del hombre más entregado y comprometido, fue una oración filial: " Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu ".

Conclusión:

Hermanos, Cristo acaba de morir. Después de su última palabra, se callaron sus labios; ya no habla. Y se cerraron sus oídos; ya no oye. Miradlo, ahí está. Acaba de bajar la cabeza. Todos terminaremos bajando la cabeza. Por muy alta, erguida y desafiante que la hayamos paseado entre los hombres.

Señor, ya que hemos de bajar la cabeza (tarde o temprano), concédenos la gracia de poder hacerlo como Tú, con Amor. Con la aceptación redentora de la entrega; y que nuestra pobre cabeza, espinada y rota por la vida y humillada por la muerte, descanse amorosa y filialmente como la tuya, Cristo, en el regazo de tu Padre. De nuestro Padre. Por eso tus hijos te decimos: "Padre, en tus manos encomendamos nuestro espíritu".


¡¡¡ FELICES PASCUAS !!!