A las cinco y media de la madrugada de aquel día, un muchacho rubio de veintidós años, Robert Laporte, estudiante en la Universidad de Columbia, pacifista, miembro de la organización "Catholic Worker", había ido a la esquina de la calle 42 y la primera Avenida en la ciudad de New York, se había rociado con la nafta que llevaba en un bidón, había encendido un fósforo y había aplicado la llama a su ropa.
Laporte en el hospital
tuvo tiempo de hablar: Estoy contra la guerra, contra todas las guerras. Hice
esto a esta hora de la madrugada porque pensé que así nadie podría
impedirlo. Nadie lo impidió.
Un sacerdote católico fue al hospital y lo confesó y le dió
la Extrema Unción. En todo el cuerpo de aquel joven el sacerdote encontró
un solo sitio donde ponerle los óleos sagrados. La mejilla derecha.
Todo lo demás estaba carbonizado.
Ese muchacho Laporte
era un católico ferviente, que aspiraba a entrar en un monasterio trapense.
Servía la sopa caliente que sus compañeros del "Catholic
Worker" dan todas las noches a los miserables del Bovery neoyorquino.
¿Era un fanático o un mártir moderno?
Hace unos años
en el desierto donde tenían lugar una serie de experimentos atómicos
un grupo de personas estaban allí, no precisamente para ver los experimentos.
Estaban allí para protestar.
Bajo un sol de horno, un joven paseaba hora tras hora toda la jornada con un
gran cartelón de protesta a la puerta de la oficina.
Ayunaba; no había comido en tres días, rechazaba la comida que
se le ofrecía. Solo aceptaba un vaso de agua que una vecina le ofrecía
cada dos o tres horas y se caía de debilidad bajo un sol ardiente en
aquel desierto de Nevada.
¿Qué se puede hacer ante hombres así, con su firme e intratable
intransigencia?
Por primera vez en la historia de EE.UU. dos sectores sociales de una gran vitalidad,
disienten de su sociedad y se lo hacen saber con actos.
Frente al norteamericano afeitado, bañado, que huele bien y vestido en
los grandes almacenes, está una juventud que se deja la barba, que no
se baña y viste como se le canta.
Es la misma juventud que inició el que nada había que estar haciendo
en Vietnam y que influyó en que la mayoría, hasta los que se afeitan
y se bañan hicieran saber su protesta y aquella guerra terminó.
No muy bien para el gran país; pero terminó.
Hemos ido a la
luna y ¿qué hay de los barrios bajos? ¿Qué hay de
los que duermen en la calle en el país más poderoso del mundo?
Estas y otras más preguntas se hacen muchos ciudadanos.
Entre ellos hay quién llevan a extremos sus actitudes.
¿Qué son? ¿Son fanáticos o mártires modernos?
Allá en
la lejana Palestina se vuelan en mil pedazos su propio cuerpo con tal de provocar
un daño a otros. Hacen daño y se hacen daño y se les responde
haciendo más daño. Es la espiral de una violencia sin fin.
¿Qué son? ¿Fanáticos o mártires modernos?
Y pensar que esto
ocurre en la tierra que caminó Jesús. ¡Que ironía!
La persona que más hizo para que los hombres vivieran en paz.
Aquellas piedras de la lejana Palestina, aquellas piedras que Jesús pisó
son testigo de lo que los hombres deberíamos hacer.
¿Algún
día le haremos caso? ¿Algún día le prestaremos atención?
Después de más de 2000 años, ya es hora que lo reflexionemos.
Ya va siendo hora que lo pensemos.
SALVADOR CASADEVALL
REFLEXIONES DESDE LA FAMILIA, para acompañar a vivir.
Este
programa puede ser escuchado por:
FM-Parroquial 105.1 Jueves 14 a 15.30 hs. en vivo.
Vía INTERNET: www.fmparroquial.com.ar
En las madrugadas de 0.15 a 8.00 (grabado)
FM-Inolvidable 96.9 lunes 19 a 21 hs.
Grabaciones que estan a disposición de quien las quiera usar.
Contactarse vía
mail: salvadorcasadevall@yahoo.com.ar
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