LA ESCALADA DEL IMPUDOR

Hasta 1915, las impúdicas mostraban los tobillos
Las púdicas llevaban las polleras arrastrando por el suelo.

Unos años más tarde, las impúdicas mostraron media pierna.
Las púdicas se limitaron a enseñar los tobillos.

Nuevo paso. Hacía los 20, poco más o menos, fue considerado indecente llevar las faldas hasta solamente las rodillas.
El pudor las alargó hasta mitad de la pantorrilla.

¡Más difícil todavía!
En los años del charleston, se llevaron las polleras unos dedos sobre las rodillas. Eso las chicas despreocupadas, las frescas, por así decir.
Las timoratas, las recatadas, moderaron esos excesos, llevándolas hasta las rodillas.

Vinieron unos años de tira y afloja.
El pudor y el impudor siguieron jugando a perseguirse y no hallarse.
Por fin se dio en la aparición de la minifalda.
Las jóvenes emancipadas pasaron a exhibir tan campantes medio muslo.
La juventud seria, sólo una cuarta, o pongamos quinta parte.

En resumen, asistimos a una emancipación de la rodilla y algo más.
¿Qué pasará más tarde, cuando las vírgenes púdicas estén a medio muslo?
¿Por dónde andarán las chicas frescas?
Lo dejamos a consideración de los oyentes.

En el campo estrictamente religioso también hubo un tira y afloja. Más bien diríamos un tira, porque en cuanto a aflojar, las mujeres no lo hicieron, más bien la aflojada tuvo que venir desde el lado eclesiástico.

Recuerdo cuando las mujeres iban a misa tapando su cabello con una mantilla.
Era obligado el uso de la mantilla en las iglesias.
Cuando se ordenó a las mujeres que se cubrieran con velos antes de entrar al templo se hizo para evitar de ese modo, según dicen los textos de los concilios "la seducción de los ángeles". Porque al parecer, según esos mismos concilios, los ángeles se enamoran "por el cabello"


Un día, ya sea por no aplastar el peinado de peluquería o porque el capricho femenino se despertó, empezaron a aparecer cabezas sin mantilla.
Se les recordó lo que estaba bien y lo que estaba mal, se hicieron exhortes desde el púlpito. No hubo nada que hacer. Las mujeres terminaron yendo a misa, luciendo sus peinados.
La Iglesia Romana dispensó a las mujeres de asistir a misa con la cabeza cubierta. Pudieron entrar en el templo como los hombres, sin nada en la cabeza, o sí, a capricho de ellas. De ahí los sombreros en los casamientos.

Un tiempo se quedaron ahí. Pero la escalada, a igual que el pudor y el impudor, siguieron su caminar.
Eliminada la mantilla, aun debían llevar medias cubriendo sus piernas y nada de mangas cortas en sus blusas, y de los pantalones ni los mencionemos.
Recuerdo los piquetes en las puertas de las iglesias increpando a las transgresoras.

No hubo nada que hacer.
No hay nada que hacer cuando una mujer se pone firme en lo que quiere.
Ni los curas pudieron con ellas.

Primero fue la mantilla, después desaparecieron las medias y las mangas largas y aparecieron los pantalones y ahora hasta prendas playeras pueblan nuestras iglesias.
¿Hasta dónde la escalada?

Total que el impudor avanza y el pudor le sigue a una prudente distancia; pero también, también hace su escaladita por cuenta propia.

Pudor e impudor, a la cuenta, son como el cuerpo y la sombra.
Dos cosas distintas que, donde va la una, va la otra.

SALVADOR CASADEVALL


REFLEXIONES DESDE LA FAMILIA, para acompañar a vivir.

Este programa puede ser escuchado por:

FM-Parroquial 105.1 Jueves 14 a 15.30 hs. en vivo.

Vía INTERNET: www.fmparroquial.com.ar

En las madrugadas de 0.15 a 8.00 (grabado)

Radio Mística-Morón AM 1320 lunes de 18 a 20 hs.

Premio Magnificat 2005 Mención especial rubro: "Adultos mayores"

Premio Gaviota de Oro 2005 Recibió dos nominaciones; "Religión" y "Para la mujer"

Grabaciones que estan a disposición de quien las quiera usar.

Contactarse vía mail: salvadorcasadevall@yahoo.com.ar


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