Los cristianos somos una religión de símbolos

Desde la señal de la cruz a las cenizas que recibimos el miércoles santo.
Las bendiciones que recibimos tantas veces, no son más que la práctica del simbolismo.

El agua es uno de ellos; nosotros hemos estado nueve meses en una bolsa de agua en el vientre de nuestra madre y empezamos nuestra vida de cristianos con el agua del bautismo. El agua ha sido muchas veces utilizada por Dios.

Esto del agua, pensemos solamente que nosotros somos un 80% agua y tiene su importancia porque el agua tiene una función vital para nuestra vida.
En primer lugar no podemos vivir sin agua, se puede vivir sin alimento, pero no se puede vivir sin agua.

Así como el agua es necesaria para toda vida, el sacramento del matrimonio, es vital para que la unión de dos personas lleguen juntos al final de la vida.
Claro que el sacramento no es mágico, es simplemente la incorporación a nuestra vida de a dos, del Cristo Nupcial.

Una de las tareas o carisma del Movimiento Familiar Cristiano, es hacer conocer a ese Cristo peculiar que tenemos como casados.
Así como el cura tiene el Cristo Sacerdote, todo casado sacramentalmente, es decir casado por la Iglesia, como comúnmente se dice, tiene el Cristo Nupcial.

Ese Cristo Nupcial es el gran desconocido por la inmensa mayoría.
Debemos hablar y hacer conocer a este Jesús que une a marido y mujer.
Como no se le conoce, no se le reza, nadie lo usa.
Nadie puede usar lo que ignora que tiene.
El Cristo Nupcial acompaña la vida de todo casado por la Iglesia, y está para que los esposos lo usen.
El Cristo Nupcial no es ni más ni menos que el tan mencionado sacramento, que nos damos los esposos en el momento de casarnos por la Iglesia, como comúnmente se dice.

Cuando el amor brota entre hombre y mujer, necesariamente tienta.
Hombre y mujer se juntan porque se atraen, porque son dos cuerpos hechos para la tentación, son dos cuerpos que quieren gozar el uno del otro: se juntan por vocación matrimonial, lo cual da a su encuentro físico, la dimensión de querer encontrarse plenamente.

Tal vez pensemos que el sacramento del matrimonio es algo mágico, tal vez pensemos que es una especie de garantía que Dios nos da, y de que todo irá bien, que siempre nos amaremos y esto no es así cuando nos desentendemos de nuestro crecimiento humano y le dejamos todo el trabajo a Dios.

El sacramento no es mágico. No hace a una persona responsable porque si: no hace generoso a un egoísta, sobrio a un alcohólico o comprensivo a un intransigente. Lo que hace es darle, a quién la desea y la busca, la fuerza para superarse, hace, nada más y nada menos, lo que nosotros no podemos hacer.

Nosotros los casados fallamos en muchas cosas, pero que en el matrimonio no conozcan, ni divulguen y no honremos al Cristo Nupcial, que es propio y único en cada matrimonio, es una falla que va en contra de la felicidad del mismo matrimonio.

Si hay un mundo en crisis, ni hablemos de las crisis que hay dentro de cada matrimonio. El que una crisis termine mal, siempre es consecuencia de la total ausencia de Dios, de no haber recurrido al Cristo Nupcial para que nos ayude e ilumine e intervenga en nuestras crisis. Crisis de las cuales ningún matrimonio se escapa de tener que vivir.
Para meterlo en nuestra vida en crisis, es por lo que fue creado. Usémoslo, cada vez que lo necesitamos.

Y deberemos acostumbrarnos más que nunca a usarlo pues el siglo XXI es cada vez más difícil el vivirlo y más difícil el vivirlo con otro.
El Cristo Nupcial fue creado para facilitar la convivencia entre los esposos. Fue creado para que dos vidas crezcan el misticismo del amor conyugal: un amor que tiene matices únicos y que hay que ir descubriendo.

En el siglo XXI será el siglo del místico. Misticismo que deberás recibir de tu Cristo Nupcial, si quieres que tu matrimonio crezca en espiritualidad y no una espiritualidad individual, sino una espiritualidad de a dos.
Si no hay misticismo en tu fe, no serás cristiano.
Si no hay misticismo en tu matrimonio, no será un matrimonio cristiano.
Serás si un cristiano que dice creer en Dios, incluso hablarás de Dios, pero serás un cristiano de apariencia, parecerás cristiano, pero no serás cristiano.
Tu matrimonio parecerá cristiano, pero lo único que será es un matrimonio que juega a ser cristiano.

Cada día el creyente para poder librarse de los males del mundo que lo salpican, quiera o no quiera, deberá aferrarse a lo místico.
Ser místico en el siglo XXI será como una especie de vacuna, que lo protegerá, que lo ayudará a seguir siendo cristiano desde adentro.

El otro cristiano, el cristiano light será pura apariencia, pero adentro ya nada habrá de cristiano.

También nos encontraremos con cristianos que se encierran como queriéndose proteger.
Son los cristianos que se refugian en la trinchera.
La trinchera en toda confrontación es una protección. La trinchera nos protege.
De nada le valdrá el sentirse protegido.

El cristiano tiene que estar en la frontera.
Debemos ser frontera. Una frontera abierta , una frontera que se amplia, que acoge, que comprende.

Los matrimonios cristianos que viven usando la inspiración de su Cristo Nupcial deben ser la gran frontera.
No la frontera que separa, que frena, que nos protege.
Sino la frontera que irradia, que inicia, que siembra, la frontera que dice: no tengan miedo, atrévanse a creer

Son los que dicen: la vida es bella si la vivimos dando. ¿Dando qué?
Dando todo lo que te ilumine tu propio Cristo Nupcial.
Fue creado para ello, para acompañar a vivir dando.

SALVADOR CASADEVALL


REFLEXIONES DESDE LA FAMILIA, para acompañar a vivir.

Este programa puede ser escuchado por:

FM-Parroquial 105.1 Jueves 14 a 15.30 hs. en vivo.

Vía INTERNET: www.fmparroquial.com.ar

En las madrugadas de 0.15 a 8.00 (grabado)

FM-Inolvidable 96.9 lunes 19 a 21 hs.

Grabaciones que estan a disposición de quien las quiera usar.

Contactarse vía mail: salvadorcasadevall@yahoo.com.ar


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