CAPÍTULO 1
LUCAS PRESENTA SU LIBRO
[1] En mi primer libro, querido Teófilo, hablé de todo lo que Jesús comenzó a hacer y enseñar. [2] Al final del libro, Jesús, lleno del Espíritu Santo, daba instrucciones a los apóstoles que había elegido y era llevado al cielo.
LA ASCENSIÓN DE JESÚS
[3] De hecho,
se presentó a ellos después de su pasión, y les dio numerosas
pruebas de que vivía. Durante cuarenta días se dejó ver
por ellos y les habló del Reino de Dios. [4] En una ocasión en
que estaba reunido con ellos les dijo que no se alejaran de Jerusalén
y que esperaran lo que el Padre había prometido.
[6] Los que estaban presentes le preguntaron: [7] Les respondió: "No
les corresponde a ustedes conocer los plazos y los pasos que solamente el Padre
tenía autoridad para decidir. [8] Pero recibirán la fuerza del
Espíritu Santo cuando venga sobre ustedes, y serán mis testigos
en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los extremos de
la tierra".
[9] Dicho esto, Jesús fue levantado ante sus ojos y una nube lo ocultó
de su vista. [10] Ellos seguían mirando fijamente al cielo mientras se
alejaba. Pero de repente vieron a su lado a dos hombres vestidos de blanco [11]
que les dijeron:
LOS DISCÍPULOS ESPERAN AL ESPÍRITU SANTO
[12] Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos, que dista de la ciudad como media hora de camino. [13] Entraron en la ciudad y subieron a la habitación superior de la casa donde se alojaban. Allí estaban Pedro, Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago, hijo de Alfeo, Simón el Zelotes, y Judas, hijo de Santiago. [14] Todos ellos perseveraban juntos en la oración en compañia de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos.
ELECCIÓN DE MATÍAS
[15] Uno de
aquellos días, Pedro tomó la palabra en medio de ellos -había
allí como ciento veinte personas-, y les dijo:
[16] "Hermanos, era necesario que se cumpliera la Escritura, pues el Espíritu
Santo había anunciado por boca de David el gesto de Judas; este hombre,
que guió a los que prendieron a Jesús, [17] era uno de nuestro
grupo y había sido llamado a compartir nuestro ministerio común.
[18] - Sabemos que con el salario de su pecado se compró un campo, se
tiró de cabeza, su cuerpo se reventó y se desparramaron sus entrañas.
[19] Este hecho fue conocido por todos los habitantes de Jerusalén, que
llamaron a aquel campo, en su lengua, Hakeldamá, que significa: Campo
de Sangre -.
[20] Esto estaba escrito en el libro de los Salmos: Que su morada quede desierta
y que nadie habite en ella. Pero también está escrito: Que otro
ocupe su cargo. [21] Tenemos, pues, que escoger a un hombre de entre los que
anduvieron con nosotros durante todo el tiempo en que el Señor Jesús
actuó en medio de nosotros, [22] desde el bautismo de Juan hasta el día
en que fue llevado de nuestro lado. Uno de ellos deberá ser, junto con
nosotros, testigo de su resurrección".
[23] Presentaron a dos: a José, llamado Barsabás, por sobrenombre
Justo, y a Matías. [24] Entonces oraron así:
[26] Echaron a suertes entre ellos y le tocó a Matías, que fue
agregado a los once apóstoles.
CAPÍTULO 2
LA VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO
[1] Cuando
llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en
el mismo lugar. [2] De repente vino del cielo un ruido, como el de una violenta
ráfaga de viento, que llenó toda la casa donde estaban, [3] y
aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y fueron posándose
sobre cada uno de ellos. [4] Todos quedaron llenos del Espíritu Santo
y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les
concedía que se expresaran.
[5] Estaban de paso en Jerusalén judíos piadosos, llegados de
todas las naciones que hay bajo el cielo. [6] Y entre el gentío que acudió
al oír aquel ruido, cada uno los oía hablar en su propia lengua.
Todos quedaron muy desconcertados [7] y se decían, llenos de estupor
y admiración: "Pero éstos ¿no son todos galileos?
¡Y miren cómo hablan! [8] Cada uno de nosotros les oímos
en nuestra propia lengua nativa. [9] Entre nosotros hay partos, medos y elamitas,
habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, del Ponto y Asia, [10] de Frigia,
Panfilia, Egipto y de la parte de Libia que limita con Cirene. Hay forasteros
que vienen de Roma, unos judíos y otros extranjeros, que aceptaron sus
creencias, [11] cretenses y árabes. Y todos les oímos hablar en
nuestras propias lenguas las maravillas de Dios".
[12] Todos estaban asombrados y perplejos, y se preguntaban unos a otros qué
querría significar todo aquello". [13] Pero algunos se reían
y decían:
JESÚS ES PROCLAMADO POR PRIMERA VEZ
[14] Entonces
Pedro, con los Once a su lado, se puso de pie, alzó la voz y se dirigió
a ellos diciendo: "Amigos judíos y todos los que se encuentran en
Jerusalén, escúchenme, pues tengo algo que enseñarles.
[15] No se les ocurra pensar que estamos borrachos, pues son apenas las nueve
de la mañana, [16] sino que se está cumpliendo lo que anunció
el profeta Joel:
[17] Escuchen lo que sucederá en los últimos días, dice
Dios: derramaré mi Espíritu sobre cualesquiera que sean los mortales.
Sus hijos e hijas profetizarán, los jóvenes tendrán visiones
y los ancianos tendrán sueños proféticos.
[18] En aquellos días derramaré mi Espíritu sobre mis siervos
y mis siervas y ellos profetizarán.
[19] Haré prodigios arriba en el cielo y señales milagrosas abajo
en la tierra. [20] El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre
antes de que llegue el Día grande del Señor. [21] Y todo el que
invoque el Nombre del Señor se salvará.
[22] Israelitas, escuchen mis palabras: Dios acreditó entre ustedes a
Jesús de Nazaret. Hizo que realizara entre ustedes milagros, prodigios
y señales que ya conocen. [23] Ustedes, sin embargo, lo entregaron a
los paganos para ser crucificado y morir en la cruz, y con esto se cumplió
el plan que Dios tenía dispuesto. [24] Pero Dios lo libró de los
dolores de la muerte y lo resucitó, pues no era posible que quedase bajo
el poder de la muerte.
[25] Escuchen lo que David decía a su respecto: Veo constantemente al
Señor delante de mí; está a mi derecha para que no vacile.
[26] Por eso se alegra mi corazón y te alabo muy gozoso, y hasta mi cuerpo
esperará en paz. [27] Porque no me abandonarás en el lugar de
los muertos ni permitirás que tu Santo experimente la corrupción.
[28] Me has dado a conocer los caminos de la vida, me colmarás de gozo
con tu presencia.
[29] Hermanos, no voy a demostrarles que el patriarca David murió y fue
sepultado: su tumba se encuentra entre nosotros hasta el día de hoy.
[30] Pero era profeta y Dios le había jurado que uno de sus descendientes
se sentaría sobre su trono. Sabiéndolo, [31] se refería
a la resurrección del Mesías, viéndola de antemano, con
estas palabras: no será abandonado en el lugar de los muertos, ni su
cuerpo experimentará la corrupción .
[32] Y es un hecho que Dios resucitó a Jesús; de esto todos nosotros
somos testigos. [33] Después de haber sido exaltado a la derecha de Dios,
ha recibido del Padre el don que había prometido, me refiero al Espíritu
Santo que acaba de derramar sobre nosotros, como ustedes están viendo
y oyendo.
[34] También es cierto que David no subió al cielo, pero estas
palabras son suyas: Dijo el Señor a mi Señor: [36] Sepa entonces
con seguridad toda la gente de Israel, que Dios ha hecho Señor y Cristo
a este Jesús a quien ustedes crucificaron".
[37] Al oír esto se afligieron profundamente y dijeron a Pedro y a los
demás apóstoles: [38] Pedro les contestó: "Arrepiéntanse,
y que cada uno de ustedes se haga bautizar en el Nombre de Jesús, el
Mesías, para que sus pecados sean perdonados. Entonces recibirán
el don del Espíritu Santo. [39] Porque el don de Dios es para ustedes
y para sus hijos, y también para todos aquellos a los que el Señor,
nuestro Dios, quiera llamar, aun cuando se hayan alejado".
[40] Pedro siguió insistiendo con muchos otros discursos. Los exhortaba
diciendo: [41] Los que acogieron la palabra de Pedro se bautizaron, y aquel
día se unieron a ellos unas tres mil personas.
LA PRIMERA COMUNIDAD
[42] Acudían
asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la convivencia,
a la fracción del pan y a las oraciones.
[43] Toda la gente sentía un santo temor, ya que los prodigios y señales
milagrosas se multiplicaban por medio de los apóstoles. [44] Todos los
que habían creído vivían unidos; compartían todo
cuanto tenían, [45] vendían sus bienes y propiedades y repartían
después el dinero entre todos según las necesidades de cada uno.
[46] Todos los días se reunían en el Templo con entusiasmo, partían
el pan en sus casas y compartían sus comidas con alegría y con
gran sencillez de corazón. [47] Alababan a Dios y se ganaban la simpatía
de todo el pueblo; y el Señor agregaba cada día a la comunidad
a los que quería salvar.
CAPÍTULO 3
PEDRO Y JUAN SANAN A UN HOMBRE TULLIDO
[1] Un día,
cuando Pedro y Juan subían al Templo para la oración de las tres
de la tarde, [2] acababan de dejar allí a un tullido de nacimiento. Todos
los días lo colocaban junto a la Puerta Hermosa, que es una de las puertas
del Templo, para que pidiera limosna a los que entraban en el recinto.
[3] Cuando Pedro y Juan estaban para entrar en el Templo, el hombre les pidió
una limosna. [4] Pedro, con Juan a su lado, fijó en él su mirada,
y le dijo: "Míranos". [5] El hombre los miró, esperando
recibir algo. [6] Pero Pedro le dijo: [7] Y tomándolo de la mano derecha,
lo levantó.
[8] Inmediatamente tomaron fuerza sus tobillos y sus pies, y de un salto se
puso en pie y empezó a caminar. Luego entró caminando con ellos
en el recinto del Templo, saltando y alabando a Dios.
[9] Todo el pueblo lo vio caminar y alabar a Dios, [10] y lo reconocieron: ¡Es
el tullido que pedía limosna junto a la Puerta Hermosa! Y quedaron sin
palabras, asombrados por lo que había sucedido.
[11] El hombre sanado no se separaba de Pedro y Juan, por lo que toda la gente,
fuera de sí, acudió y se reunió alrededor de ellos en el
pórtico llamado de Salomón. [12] Al ver esto, Pedro se dirigió
al pueblo y les dijo:
"Israelitas, ¿por qué se quedan tan maravillados? Ustedes
nos miran como si hubiéramos hecho caminar a este hombre por nuestro
propio poder, o por ser unos santos. [13] Pero no; es el Dios de Abraham, de
Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, el que acaba de glorificar a su
siervo Jesús. Ustedes lo entregaron y, cuando Pilato decidió dejarlo
en libertad, renegaron de él. [14] Ustedes pidieron la libertad de un
asesino y rechazaron al Santo y al Justo. [15] Mataron al Señor de la
vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos
de ello. [16] Miren lo que puede la fe en su Nombre, pues en su Nombre acaba
de ser restablecido este hermano al que ustedes ven y conocen. La fe que él
nos inspira es la que lo ha sanado totalmente en presencia de todos ustedes.
[17] Yo sé, hermanos, que ustedes obraron por ignorancia, al igual que
sus jefes, [18] y Dios cumplió de esta manera lo que había dicho
de antemano por boca de todos los profetas: que su Mesías tendría
que padecer.
[19] Arrepiéntanse, pues, y conviértanse, para que sean borrados
sus pecados. Así el Señor hará llegar el tiempo del alivio,
[20] enviándoles al Mesías que les ha sido destinado, que es Jesús.
[21] Pues el cielo debe guardarlo hasta que llegue el tiempo de la restauración
del universo, según habló Dios en los tiempos pasados por boca
de los santos profetas.
[22] Moisés afirmó: El Señor Dios hará qu'un profeta
como yo surja de entre sus hermanos. Escuchen todo lo que les diga. [23] El
que no escuche a ese profeta será eliminado del pueblo. [24] Y después
todos los profetas, empezando por Samuel, anunciaron estos días.
[25] Ustedes son los hijos de los profetas y los herederos de la alianza que
Dios pactó con nuestros padres, al decir a Abrahán: A través
de tu descendencia serán bendecidas todas las familias de la tierra.
[26] Por ustedes, en primer lugar, Dios ha resucitado a su Siervo, y lo ha enviado
para bendecirles, con tal que cada uno renuncie a su mala vida".
CAPÍTULO 4
PEDRO Y JUAN SON ARRESTADOS
[1] Pedro y
Juan estaban aún hablando al pueblo, cuando se presentaron los sacerdotes,
el jefe de la guardia del Templo y los saduceos; [2] toda esa gente se sentía
muy molesta porque enseñaban al pueblo y afirmaban la resurrección
de los muertos a propósito de Jesús. [3] Los apresaron y los pusieron
bajo custodia hasta el día siguiente, pues ya estaba anocheciendo. [4]
Pero muchos de los que habían oído la Palabra creyeron, y su número
llegó a unos cinco mil hombres.
[5] Al día siguiente, los jefes de los saduceos se reunieron con los
ancianos y los maestros de la Ley de Jerusalén. [6] Allí estaban
el sumo sacerdote Anás, Caifás, Jonatán, Alejandro y todos
los que pertenecían a la alta clase sacerdotal. [7] Mandaron traer a
Pedro y Juan ante ellos y empezaron a interrogarles:
[8] Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: "Jefes del
pueblo y Ancianos: [9] Hoy debemos responder por el bien que hemos hecho a un
enfermo. ¿A quién se debe esa sanación? [10] Sépanlo
todos ustedes y todo el pueblo de Israel: este hombre que está aquí
sano delante de ustedes ha sido sanado por el Nombre de Jesucristo el Nazareno,
al que ustedes crucificaron, pero que Dios ha resucitado de entre los muertos.
[11] El es la piedra que ustedes los constructores despreciaron, y que se ha
convertido en piedra angular. [12] No hay salvación en ningún
otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres ningún otro Nombre
por el que debamos ser salvados`".
[13] Quedaron admirados al ver la seguridad con que hablaban Pedro y Juan, que
eran hombres sin instrucción ni preparación, pero sabían
que habían estado con Jesús. [14] Los jefes veían al hombre
que había sido sanado allí, de pie a su lado, de modo que nada
podían decir contra ellos.
[15] Mandaron, pues, que los hicieran salir del tribunal mientras deliberaban
entre ellos. Decían: [16] "¿Qué vamos a hacer con
estos hombres? Todos los habitantes de Jerusalén saben que han hecho
un milagro clarísimo, y nosotros no podemos negarlo. [17] Pero prohibámosles
que hablen más de ese Nombre ante ninguna persona, no sea que esto se
extienda entre el pueblo". [18] Llamaron, pues, a los apóstoles
y les ordenaron que de ningún modo enseñaran en el nombre de Jesús,
que ni siquiera lo nombraran.
[19] Pedro y Juan les respondieron:
[21] Insistieron ellos en sus amenazas, y los dejaron en libertad. No encontraron
manera de castigarlos a causa del pueblo, [22] pues todos glorificaban a Dios
por lo que había sucedido, sabiéndose además que el hombre
milagrosamente sanado tenía más de cuarenta años.
LA ORACIÓN DE LA COMUNIDAD
[23] Apenas
quedaron libres, Pedro y Juan fueron a los suyos y les contaron todo lo que
les habían dicho los jefes de los sacerdotes y los ancianos.
[24] Los escucharon, y después todos a una elevaron su voz a Dios, diciendo:
"Señor, tú hiciste el cielo, la tierra, el mar y todo lo
que hay en ellos. [25] Tú, por el Espíritu Santo, pusiste en boca
de tu siervo David estas palabras: ¿Por qué se agitan las naciones
y los pueblos traman planes vanos? [26] Se han aliado los reyes de la tierra
y los príncipes se han unido contra el Señor y contra su Mesías.
[27] Es verdad que en esta ciudad hubo una conspiración de Herodes con
Poncio Pilato, los paganos y el pueblo de Israel contra tu santo siervo Jesús,
a quien tú ungiste. [28] Pero solamente consiguieron lo que tú
habías decidido y llevabas a efecto. [29] Y ahora, Señor, fíjate
en sus amenazas; concede a tus siervos anunciar tu Palabra con toda valentía,
[30] mientras tú manifiestas tu poder y das grandes golpes, realizando
curaciones, señales y prodigios por el Nombre de tu santo siervo Jesús".
[31] Terminada la oración, tembló el lugar donde estaban reunidos.
Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y se pusieron a anunciar con
valentía la Palabra de Dios.
LOS CREYENTES INTENTAN PONER EN COMÚN TODOS LOS BIENES
[32] La multitud
de los fieles tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba
como propios sus bienes, sino que todo lo tenían en común. [33]
Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor
Jesús con gran poder, y aquél era para todos un tiempo de gracia
excepcional.
[34] Entre ellos ninguno sufría necesidad, pues los que poseían
campos o casas los vendían, traían el dinero [35] y lo depositaban
a los pies de los apóstoles, que lo repartían según las
necesidades de cada uno. [36] Así lo hizo José, un levita nacido
en Chipre, a quien los apóstoles llamaban Bernabé (que quiere
decir: "El Animador"). [37] Éste vendió un campo de
su propiedad, trajo el dinero de la venta y lo puso a los pies de los apóstoles.
CAPÍTULO 5
EL FRAUDE DE ANANÍAS Y SAFIRA
[1] Otro hombre
llamado Ananías, de acuerdo con su esposa Safira, vendió también
una propiedad, [2] pero se guardó una parte del dinero, siempre de acuerdo
con su esposa; la otra parte la llevó y la entregó a los apóstoles.
[3] Pedro le dijo: "Ananías, ¿por qué has dejado que
Satanás se apoderara de tu corazón? Te has guardado una parte
del dinero; ¿por qué intentas engañar al Espíritu
Santo? [4] Podías guardar tu propiedad y, si la vendías, podías
también quedarte con todo. ¿Por qué has hecho eso? No has
mentido a los hombres, sino a Dios".
[5] Al oír Ananías estas palabras, se desplomó y murió.
Un gran temor se apoderó de cuantos lo oyeron. [6] Se levantaron los
jóvenes, envolvieron su cuerpo y lo llevaron a enterrar.
[7] Unas tres horas más tarde llegó la esposa de Ananías,
que no sabía nada de lo ocurrido. [8] Pedro le preguntó: Ella
respondió: [9] Y Pedro le replicó:
[10] Y al instante Safira se desplomó a sus pies y murió. Cuando
entraron los jóvenes la hallaron muerta y la llevaron a enterrar junto
a su marido. [11] A consecuencia de esto, un gran temor se apoderó de
toda la Iglesia y de todos cuantos oyeron hablar del hecho.
[12] Por obra de los apóstoles se producían en el pueblo muchas
señales milagrosas y prodigios. Los creyentes se reunían de común
acuerdo en el pórtico de Salomón, [13] y nadie de los otros se
atrevía a unirse a ellos, pero el pueblo los tenía en gran estima.
[14] Más aún, cantidad de hombres y mujeres llegaban a creer en
el Señor, aumentando así su número. [15] La gente incluso
sacaba a los enfermos a las calles y los colocaba en camas y camillas por donde
iba a pasar Pedro, para que por lo menos su sombra cubriera a alguno de ellos.
[16] Acudían multitudes de las ciudades vecinas a Jerusalén, trayendo
a sus enfermos y a personas atormentadas por espíritus malos, y todos
eran sanados.
LOS APÓSTOLES SON NUEVAMENTE ARRESTADOS
[17] El sumo
sacerdote y toda su gente, que eran el partido de los saduceos, decidieron actuar
en la forma más enérgica. [18] Apresaron a los apóstoles
y los metieron en la cárcel pública. [19] Pero un ángel
del Señor les abrió las puertas de la cárcel durante la
noche y los sacó fuera, diciéndoles: [20] [21] Entraron, pues,
en el Templo al amanecer, y se pusieron a enseñar.
Mientras tanto el sumo sacerdote y sus partidarios reunieron al Sanedrín
con todos los ancianos de Israel y enviaron a buscar a los prisioneros a la
cárcel. [22] Pero cuando llegaron los guardias no los encontraron en
la cárcel. Volvieron a dar la noticia y les dijeron: [23]
[24] El jefe de la policía del Templo y los jefes de los sacerdotes quedaron
desconcertados al oír esto y se preguntaban qué podía haber
sucedido. [25] En esto llegó uno que les dijo: "Los hombres que
ustedes encarcelaron están ahora en el Templo enseñando al pueblo".
[26] El jefe de la guardia fue con sus ayudantes y los trajeron, pero sin violencia,
porque tenían miedo de ser apedreados por el pueblo.
[27] Los trajeron y los presentaron ante el Consejo. El sumo sacerdote los interrogó
diciendo: [28]
[29] Pedro y los apóstoles respondieron: "Hay que obedecer a Dios
antes que a los hombres. [30] El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús,
a quien ustedes dieron muerte colgándolo de un madero. [31] Dios lo exaltó
y lo puso a su derecha como Jefe y Salvador, para dar a Israel la conversión
y el perdón de los pecados. [32] Nosotros somos testigos de esto, y lo
es también el Espíritu Santo que Dios ha dado a los que le obedecen".
[33] Ellos escuchaban rechiñando los dientes de rabia y querían
matarlos. [34] Entonces se levantó uno de ellos, un fariseo llamado Gamaliel,
que era doctor de la Ley y persona muy estimada por todo el pueblo. Mandó
que hicieran salir a aquellos hombres durante unos minutos, [35] y empezó
a hablar así al Consejo:
"Colegas israelitas, no actúen a la ligera con estos hombres. [36]
Recuerden que tiempo atrás se presentó un tal Teudas, que pretendía
ser un gran personaje y al que se le unieron unos cuatrocientos hombres. Más
tarde pereció, sus seguidores se dispersaron, y todo quedó en
nada. [37] Tiempo después, en la época del censo, surgió
Judas el Galileo, que arrastró al pueblo en pos de sí. Pero también
éste pereció y todos sus seguidores se dispersaron. [38] Por eso
les aconsejo ahora que se olviden de esos hombres y los dejen en paz. Si su
proyecto o su actividad es cosa de hombres, se vendrán abajo. [39] Pero
si viene de Dios, ustedes no podrán destruirla, y ojalá no estén
luchando contra Dios".
El Consejo le escuchó [40] y mandaron entrar de nuevo a los apóstoles.
Los hicieron azotar y les ordenaron severamente que no volviesen a hablar de
Jesús Salvador. Después los dejaron ir.
[41] Los apóstoles salieron del Consejo muy contentos por haber sido
considerados dignos de sufrir por el Nombre de Jesús. [42] Y durante
todo el día no cesaban de enseñar y proclamar a Jesús,
el Mesías, ya sea en el Templo o por las casas.
CAPÍTULO 6
LOS DOCE Y LA ELECCIÓN DE LOS SIETE
[1] Por aquellos
días, como el número de los discípulos iba en aumento,
hubo quejas de los llamados helenistas contra los llamados hebreos, porque según
ellos sus viudas eran tratadas con negligencia en la atención de cada
día.
[2] Los Doce reunieron la asamblea de los discípulos y les dijeron: "No
es correcto que nosotros descuidemos la Palabra de Dios por hacernos cargo de
las mesas. [3] Por lo tanto, hermanos, elijan entre ustedes a siete hombres
de buena fama, llenos del Espíritu y de sabiduría; les confiaremos
esta tarea [4] mientras que nosotros nos dedicaremos de lleno a la oración
y al ministerio de la Palabra".
[5] Toda la asamblea estuvo de acuerdo y eligieron a Esteban, hombre lleno de
fe y Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón,
Pármenas y Nicolás, que era un prosélito de Antioquía.
[6] Los presentaron a los apóstoles, quienes se pusieron en oración
y les impusieron las manos.
[7] La Palabra de Dios se difundía; el número de los discípulos
en Jerusalén aumentaba considerablemente, e incluso un buen grupo de
sacerdotes había aceptado la fe.
HISTORIA DE ESTEBAN
[8] Esteban,
hombre lleno de gracia y de poder, realizaba grandes prodigios y señales
milagrosas en medio del pueblo. [9] Se le echaron encima algunos de la sinagoga
llamada de los libertos, y otros llegados de Cirene, Alejandría, Cilicia
y Asia. Se pusieron a discutir con Esteban, [10] pero no lograban hacer frente
a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba. [11] Al no poder
resistir a la verdad, sobornaron a unos hombres para que afirmaran:
[12] Con esto movieron el pueblo, los ancianos y los maestros de la Ley, llegaron
de improviso, lo arrestaron y lo llevaron ante el Sanedrín. [13] Allí
se presentaron testigos falsos que declararon:
[15] En ese momento, todos los que estaban sentados en el Sanedrín fijaron
los ojos en Esteban, y su rostro les pareció como el de un ángel.
CAPÍTULO 7
[1] Entonces
el sumo sacerdote le preguntó: [2] Esteban respondió:
El Dios glorioso se apareció a nuestro padre Abrahán mientras
estaba en Mesopotamia, antes de que fuera a vivir a Jarán. [3] Y le dijo:
"Deja tu país y tu parentela y vete al país que te indicaré."
[4] Entonces abandonó el país de los caldeos y se estableció
en Jarán.
Después de la muerte de su padre, Dios hizo que se trasladara a este
país en que ustedes habitan ahora. [5] Y no le dio en él propiedad
alguna, ni siquiera un pedacito de tierra donde poner el pie, sino que le prometió
dárselo en posesión a él y a su descendencia después
de él. Se lo dijo a pesar de que no tenía hijos.
[6] Dios le habló así: "Tus descendientes vivirán
en tierra extranjera y serán esclavizados y maltratados durante cuatrocientos
años. [7] Pero yo pediré cuentas a la nación a la que sirvan
como esclavos. Después saldrán y me darán culto en este
lugar. [8] Luego hizo con él el pacto de la circuncisión. Y así,
al nacer su hijo Isaac, Abrahán lo circuncidó al octavo día.
Lo mismo hizo Isaac con Jacob, y Jacob con los doce patriarcas.
[9] Los patriarcas se pusieron celosos de José, hasta que lo vendieron,
y fue llevado a Egipto. Pero Dios estaba con él [10] y lo libró
de todas sus tribulaciones; le concedió sabiduría y lo hizo grato
a los ojos de Faraón, rey de Egipto, quien lo nombró gobernador
de Egipto y de toda su casa. [11] Sobrevino el hambre por toda la tierra de
Egipto y de Canaán, y la miseria fue tan enorme que nuestros padres no
encontraban qué comer. [12] Al enterarse Jacob de que había trigo
en Egipto, mandó allí a nuestros padres una primera vez. [13]
La segunda vez José se dio a conocer a sus hermanos y así Faraón
conoció a la raza de José. [14] Luego José mandó
buscar a su padre Jacob con toda su familia, que se componía de setenta
y cinco personas. [15] Jacob entonces bajó a Egipto, donde murió
él, y más tarde también nuestros padres. [16] Sus cuerpos
fueron llevados a Siquem y descansan en la tumba que Abrahán había
comprado en Siquem a los hijos de Hamor por cierta suma de plata.
[17] Ya se iba acercando el tiempo de la promesa que Dios había hecho
a Abrahán; el pueblo creció y se multiplicó en Egipto,
[18] hasta que llegó otro rey a Egipto que no había conocido a
José. [19] Este rey, actuando con astucia contra nuestra raza, obligó
a nuestros padres a que abandonaran a sus hijos recién nacidos para que
no tuvieran más familia. [20] Fue en ese tiempo cuando nació Moisés,
al que Dios amaba. Durante tres meses fue criado en la casa de su padre, [21]
y cuando tuvieron que abandonarlo, la hija de Faraón lo recogió
y lo crió como hijo suyo. [22] Así Moisés fue educado en
toda la sabiduría de los egipcios, [23] y llegó a ser poderoso
en sus palabras y en sus obras.
Tenía cuarenta años cumplidos cuando sintió deseos de visitar
a sus hermanos, los israelitas. [24] Al ver cómo uno de ellos era maltratado,
salió en defensa del oprimido y mató al egipcio. [25] ¿Comprenderían
sus hermanos que Dios lo enviaba a ellos como un libertador? Moisés lo
creía, pero ellos no lo entendieron. [26] Al día siguiente vio
a dos israelitas que se estaban peleando y trató de pacificarlos diciéndoles:
"Ustedes son hermanos, ¿por qué se hacen daño el uno
al otro?" [27] Pero el que maltrataba a su compañero lo rechazó
diciendo: [28] "¿Quién te ha nombrado jefe y juez sobre nosotros?
¿Quieres matarme a mí como hiciste ayer con el egipcio?"
[29] Al oír esto Moisés huyó y fue a vivir en la tierra
de Madián, donde tuvo dos hijos.
[30] Pasados cuarenta años se le apareció un ángel en el
desierto del monte Sinaí en la llama de una zarza que ardía. [31]
Moisés quedó perplejo ante esta visión y, al acercarse
para mirar, oyó la voz del Señor: [32] Moisés sintió
tanto miedo que no se atrevía ni a mirar. [33] Pero el Señor le
dijo:
[35] A este Moisés, al que rechazaron diciendo: "¿Quién
te nombró jefe y juez?", Dios lo envió como jefe y libertador,
con la asistencia del ángel que se le apareció en la zarza. [36]
Y los hizo salir de aquel país, realizando prodigios y señales
en Egipto, en el mar Rojo y en el desierto durante cuarenta años. [37]
Este Moisés es el que dijo a los israelitas: "Dios les dará
un profeta como yo de entre sus hermanos". [38] Este es el que estaba con
nuestros padres en la asamblea del desierto, con el ángel que le hablaba
en el Monte Sinaí, y el que recibió las palabras de vida para
comunicárselas a ustedes.
[39] Nuestros padres no quisieron obedecerle, lo rechazaron y pensaron volverse
a Egipto. [40] Incluso dijeron a Aarón: "Danos dioses que vayan
delante de nosotros, porque no sabemos qué ha sido de este Moisés
que nos sacó de Egipto." [41] Y fabricaron en aquellos días
un becerro, ofrecieron sacrificios al ídolo y festejaron la obra de sus
manos. [42] Entonces Dios se apartó de ellos y dejó que adoraran
a los astros del cielo, como está escrito en el Libro de los Profetas:
"¿Acaso me ofrecieron ustedes víctimas y sacrificios durante
cuarenta años en el desierto? [43] Más bien llevaban con ustedes
la tienda de Moloc y la estrella del dios Refán, imágenes que
ustedes mismos se fabricaron para adorarlas. Por eso yo los desterraré
más allá de Babilonia."
[44] Nuestros padres tenían en el desierto la Tienda del Testimonio;
el que hablaba a Moisés le había ordenado que la fabricara según
el modelo que había visto. [45] Después de recibirla, nuestros
padres la introdujeron, al mando de Josué, en la tierra conquistada a
los paganos a quienes Dios expulsó delante de ellos. Esto duró
hasta los días de David. [46] David agradó a Dios y quiso darle
un lugar donde descansara entre los hijos de Jacob. [47] De hecho fue Salomón
quien le edificó un templo.
[48] En realidad, el Altísimo no vive en casas fabricadas por manos de
hombres, como dice el Profeta: [49] El cielo es mi trono y la tierra el apoyo
de mis pies. ¿Qué casa me podrían edificar?, dice el Señor.
¿Cuál sería el lugar de mi descanso? [50] ¿No fui
yo quien hizo todas estas cosas?
[51] Ustedes son un pueblo de cabeza dura, y la circuncisión no les abrió
el corazón ni los oídos. Ustedes siempre resisten al Espíritu
Santo, al igual que sus padres. [52] ¿Hubo algún profeta que sus
padres no hayan perseguido? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del
Justo, y ustedes ahora lo han entregado y asesinado; [53] ustedes, que recibieron
la Ley por medio de ángeles, pero que no la han cumplido".
[54] Al oír este reproche se enfurecieron y rechinaban los dientes de
rabia contra Esteban. [55] Pero él, lleno del Espíritu Santo,
fijó sus ojos en el cielo y vio la gloria de Dios y a Jesús a
su derecha, [56] y exclamó:
[57] Entonces empezaron a gritar, se taparon los oídos y todos a una
se lanzaron contra él. Lo empujaron fuera de la ciudad y empezaron a
tirarle piedras. [58] Los testigos habían dejado sus ropas a los pies
de un joven llamado Saulo.
[59] Mientras era apedreado, Esteban oraba así: [60] Después se
arrodilló y dijo con fuerte voz: Y dicho esto, se durmió en el
Señor.
CAPÍTULO 8
[1] Saulo estaba
allí y aprobaba el asesinato. Este fue el comienzo de una gran persecución
contra la Iglesia de Jerusalén. Todos, excepto los apóstoles,
se dispersaron por las regiones de Judea y Samaría.
[2] Unos hombres piadosos enterraron a Esteban e hicieron un gran duelo por
él. [3] Saulo, por su parte, trataba de destruir a la Iglesia. Entraba
casa por casa, hacía salir a hombres y mujeres y los metía en
la cárcel.
FELIPE ANUNCIA LA PALABRA EN SAMARÍA
[4] Mientras tanto, los que se habían dispersado anunciaban la Palabra en los lugares por donde pasaban. [5] Así Felipe anunció a Cristo a los samaritanos en una de sus ciudades adonde había bajado. [6] Al escuchar a Felipe y ver los prodigios que realizaba, toda la población se interesó por su predicación. [7] Pues espíritus malos salían de los endemoniados dando gritos, y varios paralíticos y cojos quedaron sanos. [8] Hubo, pues, gran alegría en aquella ciudad.
EL MAGO SIMÓN
[9] Había
llegado a aquella ciudad antes que Felipe un hombre llamado Simón. Tenía
muy impresionada a la gente de Samaría con sus artes mágicas y
se hacía pasar por un gran personaje. [10] Todos estaban pendientes de
él, pequeños y grandes, y decían: [11] Desde hacía
tiempo los tenía alucinados con sus artes mágicas, y la gente
lo seguía.
[12] Pero cuando Felipe les habló del Reino de Dios y del poder salvador
de Jesús, el Mesías, tanto los hombres como las mujeres creyeron
y empezaron a bautizarse. [13] Incluso Simón creyó y se hizo bautizar.
No se separaba de Felipe, y no salía de su asombro al ver las señales
milagrosas y los prodigios que se realizaban .
[14] Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén tuvieron noticia
de que los samaritanos habían aceptado la Palabra de Dios, les enviaron
a Pedro y a Juan. [15] Bajaron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu
Santo, [16] ya que todavía no había descendido sobre ninguno de
ellos y sólo habían sido bautizados en el nombre del Señor
Jesús. [17] Pero entonces les impusieron las manos y recibieron el Espíritu
Santo.
[18] Al ver Simón que mediante la imposición de las manos de los
apóstoles se transmitía el Espíritu, les ofreció
dinero, [19] diciendo:
[20] Pedro le contestó: "¡Al infierno tú y tu dinero!
¿Cómo has pensado comprar el Don de Dios con dinero? [21] Tú
no puedes esperar nada ni tomar parte en esto, porque tus pensamientos no son
rectos ante Dios. [22] Arrepiéntete de esa maldad tuya y ruega al Señor
que te perdone por tus intenciones, si es posible. [23] Porque en tus caminos
solamente veo amargura y lazos de maldad". [24] Simón respondió:
[25] Pedro y Juan dieron testimonio y, después de predicar la Palabra
del Señor, volvieron a Jerusalén. Por el camino evangelizaron
varios pueblos de Samaría.
FELIPE BAUTIZA A UN ETÍOPE
[26] Un ángel
del Señor se presentó a Felipe y le dijo: [27] Felipe se levantó
y se puso en camino. Y justamente pasó un etíope, un eunuco de
Candaces, reina de Etiopía, un alto funcionario al que la reina encargaba
la administración de su tesoro. Había ido a Jerusalén a
rendir culto a Dios, [28] y ahora regresaba, sentado en su carro, leyendo al
profeta Isaías.
[29] El Espíritu dijo a Felipe: [30] Y mientras Felipe corría,
le oía leer al profeta Isaías. Le preguntó: [31] El etíope
contestó: En seguida invitó a Felipe a que subiera y se sentara
a su lado.
[32] El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era éste: Fue llevado
como oveja al matadero, como cordero mudo ante el que lo trasquila, no abrió
su boca. [33] Fue humillado y privado de sus derechos. ¿Quién
podrá hablar de su descendencia? Porque su vida fue arrancada de la tierra.
[34] El etíope preguntó a Felipe: [35] Felipe empezó entonces
a hablar y a anunciarle a Jesús, partiendo de este texto de la Escritura.
[36] Siguiendo el camino llegaron a un lugar donde había agua. El etíope
dijo: "Aquí hay agua. ¿Qué impide que yo sea bautizado?"
([37] Felipe respondió: "Puedes ser bautizado si crees con todo
tu corazón". El etíope replicó: "Creo que Jesucristo
es el Hijo de Dios".)
[38] Entonces hizo parar su carro. Bajaron ambos al agua y Felipe bautizó
al eunuco [39] Apenas salieron del agua, el Espíritu del Señor
arrebató a Felipe y el etíope no volvió a verlo. Prosiguió,
pues, su camino con el corazón lleno de gozo.
[40] En cuanto a Felipe, se encontró en Azoto y salió a evangelizar
uno tras otro todos los pueblos hasta llegar a Cesarea.
CAPÍTULO 9
SAULO ENCUENTRA A CRISTO
[1] Saulo no
desistía de su rabia, proyectando violencias y muerte contra los discípulos
del Señor. Se presentó al sumo sacerdote [2] y le pidió
poderes escritos para las sinagogas de Damasco, pues quería detener a
cuantos seguidores del Camino encontrara, hombres y mujeres, y llevarlos presos
a Jerusalén.
[3] Mientras iba de camino, ya cerca de Damasco, le envolvió de repente
una luz que venía del cielo. [4] Cayó al suelo y oyó una
voz que le decía: [5] Preguntó él: Y él respondió:
[7] Los hombres que lo acompañaban se habían quedado atónitos,
pues oían hablar, pero no veían a nadie, [8] y Saulo, al levantarse
del suelo, no veía nada por más que abría los ojos. Lo
tomaron de la mano y lo llevaron a Damasco. [9] Allí permaneció
tres días sin comer ni beber, y estaba ciego.
[10] Vivía en Damasco un discípulo llamado Ananías. El
Señor lo llamó en una visión: Respondió él:
[11] Y el Señor le dijo: "Vete en seguida a la calle llamada Recta
y pregunta en la casa de Judas por un hombre de Tarso llamado Saulo. Lo encontrarás
rezando, [12] pues acaba de tener una visión en que un varón llamado
Ananías entraba y le imponía las manos para que recobrara la vista".
[13] Ananías le respondió: [15] El Señor le contestó:
[17] Salió Ananías, entró en la casa y le impuso las manos
diciendo: [18] Al instante se le cayeron de los ojos una especie de escamas
y empezó a ver. Se levantó y fue bautizado. [19] Después
comió y recobró las fuerzas.
Saulo permaneció durante algunos días con los discípulos
en Damasco, [20] y en seguida se fue por las sinagogas proclamando a Jesús
como el Hijo de Dios. [21] Los que lo oían quedaban maravillados y decían:
[22] Saulo se mostraba cada vez más fuerte cuando demostraba que Jesús
era el Mesías, y refutaba todas las objeciones de los judíos de
Damasco.
[23] Después de bastante tiempo los judíos decidieron matarlo,
[24] pero Saulo llegó a conocer su plan. Día y noche eran vigiladas
las puertas de la ciudad para poder matarlo. [25] Entonces sus discípulos
lo tomaron una noche y lo bajaron desde lo alto de la muralla metido en un canasto.
[26] Al llegar a Jerusalén intentó juntarse con los discípulos,
pero todos le tenían miedo, pues no creían que fuese realmente
discípulo. [27] Entonces Bernabé lo tomó consigo, lo presentó
a los apóstoles y les contó cómo Saulo había visto
al Señor en el camino y cómo el Señor le había hablado.
También les expuso la valentía con que había predicado
en Damasco en nombre de Jesús.
[28] Saulo empezó a convivir con ellos. Se movía muy libremente
por Jerusalén y predicaba abiertamente el Nombre del Señor. [29]
Hablaba a los helenistas y discutía con ellos, pero planearon matarle.
[30] Los hermanos se enteraron y lo llevaron a Cesarea, y desde allí
lo enviaron a Tarso.
[31] La Iglesia por entonces gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaría.
Se edificaba, caminaba con los ojos puestos en el Señor y estaba llena
del consuelo del Espíritu Santo.
PEDRO VISITA LAS IGLESIAS
[32] Pedro,
que recorría todos los lugares, fue también a visitar a los santos
que vivían en Lida. [33] Allí encontró a un tal Eneas,
que era paralítico y desde hacía ocho años yacía
en una camilla. [34] Pedro le dijo: Y de inmediato se levantó. [35] Todos
los habitantes de Lida y Sarón lo vieron y se convirtieron al Señor.
[36] En Jope había una discípula llamada Tabita (o Dorcas en griego),
que quiere decir Gacela. Hacía muchas obras buenas y siempre ayudaba
a los pobres. [37] Por aquellos días enfermó y murió: después
de lavar su cuerpo, lo pusieron en la habitación del piso superior. [38]
Como Lida está cerca de Jope, los discípulos, al saber que Pedro
estaba allí, mandaron a dos hombres con este recado: "Ven inmediatamente
a donde nosotros".
[39] Pedro se fue sin más con ellos. Apenas llegó lo hicieron
subir a la habitación del piso superior, donde le presentaron a todas
las viudas que estaban llorando y le mostraban las túnicas y mantos que
Tabita hacía mientras vivía con ellas. [40] Pedro hizo salir a
todos, se puso de rodillas y oró. Luego se volvió al cadáver
y dijo: [41] Ella abrió los ojos, reconoció a Pedro y se sentó.
El le dio la mano y la ayudó a levantarse; luego llamó a los santos
y a las viudas y se la presentó viva.
[42] Esto se supo en todo Jope y muchos creyeron en el Señor. [43] Pedro
permaneció en Jope bastante tiempo, en casa de un curtidor llamado Simón.
CAPÍTULO 10
PEDRO BAUTIZA A CORNELIO
[1] Vivía
en la ciudad de Cesarea un hombre llamado Cornelio, que era un capitán
del batallón Itálico. [2] Era un hombre piadoso y, al igual que
toda su familia, era de los "que temen a Dios". Daba muchas limosnas
a los judíos pobres y oraba constantemente a Dios.
[3] Una tarde, alrededor de las tres, tuvo una visión de la que no pudo
dudar: un ángel de Dios entraba a su habitación y le llamaba:
[4] El lo miró frente a frente y se llenó de miedo. Le dijo: El
ángel respondió:
[7] Apenas desapareció el ángel que le hablaba, Cornelio llamó
a dos criados y a un soldado piadoso que estaba a su servicio. [8] Les explicó
todo y los envió a Jope.
[9] Al día siguiente, mientras iban de camino, ya cerca de la ciudad,
Pedro subió a la azotea para orar. Era el mediodía. [10] Sintió
hambre y quiso comer, y mientras le preparaban la comida tuvo un éxtasis.
[11] Vio el cielo abierto y algo que descendía del cielo: era como una
tienda de campaña grande, cuyas cuatro puntas venían a posarse
sobre el suelo. [12] Dentro había toda clase de animales cuadrúpedos,
reptiles y aves. [13] Entonces una voz le habló:
[14] Pedro contestó: [15] Y se le habló por segunda vez: [16]
Esto se repitió por tres veces. Después aquella cosa grande fue
levantada hacia el cielo.
[17] Después de volver en sí, Pedro buscaba en vano el significado
de esa visión, cuando justamente se presentaron los hombres enviados
por Cornelio. Habían preguntado por la casa de Simón y ahora estaban
a la puerta. [18] Llamaron y preguntaron si se alojaba allí Simón,
llamado Pedro. [19] Como Pedro aún seguía recapacitando sobre
la visión, el Espíritu le dijo:
[21] Pedro bajó adonde ellos y les dijo: "Yo soy el que ustedes
buscan. ¿Cuál es el motivo que los trae aquí?" [22]
Ellos respondieron: [23] Entonces Pedro los invitó a pasar y les dio
alojamiento.
Al día siguiente partió con ellos, y algunos hermanos de Jope
le acompañaron. [24] Al otro día llegaron a Cesarea. Cornelio
los estaba esperando, y había reunido a sus parientes y amigos más
íntimos. [25] Cuando Pedro estaba para entrar, Cornelio le salió
al encuentro, se arrodilló y se inclinó ante él. [26] Pedro
lo levantó diciendo:
[27] Entró conversando con él y, al ver a todas aquellas personas
reunidas, [28] les dijo: "Ustedes saben que no está permitido a
un judío juntarse con ningún extranjero ni entrar en su casa.
Pero a mí me ha manifestado Dios que no hay que llamar profano a ningún
hombre ni considerarlo impuro. [29] Por eso he venido sin dudar apenas me llamaron.
Ahora desearía saber por qué me han mandado a buscar".
[30] Cornelio respondió: "Hace cuatro días, a esta misma
hora, estaba yo orando en mi casa, cuando se presentó delante de mí
un hombre con ropas muy brillantes, que me dijo: [31] "Cornelio, tu oración
ha sido escuchada y tus limosnas han sido recordadas ante Dios. [32] Envía
mensajeros a Jope y haz buscar a Simón, llamado Pedro, que se hospeda
en casa del curtidor Simón, junto al mar." [33] Te mandé
a buscar en seguida y tú has tenido la amabilidad de venir. Ahora estamos
todos aquí, en la presencia de Dios, dispuestos a escuchar todo lo que
el Señor te ha ordenado".
[34] Entonces Pedro tomó la palabra y dijo:
[36] Ahora bien, Dios ha enviado su Palabra a los israelitas, dándoles
un mensaje de paz por medio de Jesús, el Mesías, que también
es el Señor de todos. [37] Ustedes ya saben lo que ha sucedido en todo
el país judío, comenzando por Galilea, después del bautismo
que predicó Juan. [38] Jesús de Nazaret fue consagrado por Dios,
que le dio Espíritu Santo y poder. Y como Dios estaba con él,
pasó haciendo el bien y sanando a los oprimidos por el diablo. [39] Nosotros
somos testigos de todo lo que hizo en el país de los judíos y
en la misma Jerusalén.
Al final lo mataron colgándolo de un madero. [40] Pero Dios lo resucitó
al tercer día e hizo que se dejara ver, [41] no por todo el pueblo, sino
por los testigos que Dios había escogido de antemano, por nosotros, que
comimos y bebimos con él después de que resucitó de entre
los muertos. [42] El nos ordenó predicar al pueblo y dar testimonio de
que Dios lo ha constituido Juez de vivos y muertos. [43] A El se refieren todos
los profetas al decir que quien cree en él recibe por su Nombre el perdón
de los pecados".
[44] Todavía estaba hablando Pedro, cuando el Espíritu Santo bajó
sobre todos los que escuchaban la Palabra. [45] Y los creyentes de origen judío,
que habían venido con Pedro, quedaron atónitos: [46] Y así
era, pues les oían hablar en lenguas y alabar a Dios.
[47] Entonces Pedro dijo: [48] Y mandó bautizarlos en el nombre de Jesucristo.
Luego le pidieron que se quedara algunos días con ellos.
CAPÍTULO 11
PEDRO JUSTIFICA SU CONDUCTA
[1] Los apóstoles
y los hermanos de Judea tuvieron noticias de que también personas no
judías habían acogido la Palabra de Dios. Por eso, [2] cuando
Pedro subió a Jerusalén, los creyentes judíos comenzaron
a criticar su actitud: [3] [4] Entonces Pedro se puso a explicarles los hechos
punto por punto:
[5] "Estaba yo haciendo oración en la ciudad de Jope cuando en un
éxtasis tuve una visión. Algo bajaba del cielo, algo que se parecía
a una gran tienda de campaña, y llegaba hasta mí, posándose
en el suelo sobre sus cuatro puntas. [6] Miré atentamente y vi en ella
cuadrúpedos, bestias del campo, reptiles y aves. [7] Oí también
una voz que me decía: [8] Yo contesté: [9] La voz me habló
por segunda vez: [10] Esto se repitió por tres veces y después
fue retirado todo al cielo.
[11] En aquel momento, tres hombres que habían sido enviados a mí
desde Cesarea, llegaron a la casa donde nosotros estábamos. [12] El Espíritu
me dijo que los siguiera sin vacilar. Me acompañaron estos seis hermanos
y entramos en la casa de aquel hombre. [13] El nos contó cómo
había visto a un ángel que se presentó en su casa y le
dijo: Envía a alguien a Jope, y que traiga a Simón, llamado Pedro.
[14] El te dará un mensaje por el que te salvarás tú y
toda tu familia.
[15] Apenas había comenzado yo a hablar, cuando el Espíritu Santo
bajó sobre ellos, como había bajado al principio sobre nosotros.
[16] Entonces me acordé de la palabra del Señor, que dijo: "Juan
bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu
Santo." [17] Si ellos creían en el Señor Jesucristo y Dios
les comunicaba el mismo don que a nosotros, ¿quién era yo para
oponerme a Dios?"
[18] Cuando oyeron esto se tranquilizaron y alabaron a Dios diciendo:
LA FUNDACIÓN DE LA GLESIA DE ANTIOQUÍA
[19] Algunos
que se habían dispersado a raíz de la persecución cuando
el asunto de Esteban, llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, pero
sólo predicaban la Palabra a los judíos. [20] Sin embargo, unos
hombres de Chipre y de Cirene que habían llegado a Antioquía,
se dirigieron también a los griegos y les anunciaron la Buena Noticia
del Señor Jesús. [21] La mano del Señor estaba con ellos
y fueron numerosos los que creyeron y se convirtieron al Señor.
[22] La noticia de esto llegó a oídos de la Iglesia de Jerusalén
y enviaron a Bernabé a Antioquía. [23] Al llegar fue testigo de
la gracia de Dios y se alegró; animaba a todos a que permaneciesen fieles
al Señor con firme corazón, [24] pues era un hombre excelente,
lleno del Espíritu Santo y de fe. Así fue como un buen número
de gente conoció al Señor.
[25] Bernabé salió para Tarso en busca de Saulo, [26] y apenas
lo encontró lo llevó a Antioquía. En esta Iglesia trabajaron
juntos durante un año entero, instruyendo a muchísima gente, y
fue en Antioquía donde los discípulos por primera vez recibieron
el nombre de cristianos.
[27] Por aquel tiempo bajaron algunos profetas de Jerusalén a Antioquía.
[28] Uno de ellos, llamado Agabo, dio a entender con gestos proféticos
que una gran hambre vendría sobre todo el mundo, la que de hecho sobrevino
en tiempos del emperador Claudio. [29] Entonces cada uno de los discípulos
empezó a ahorrar según sus posibilidades, destinando esta ayuda
a los hermanos de Judea. [30] Así lo hicieron, enviándosela a
los presbíteros por medio de Bernabé y Saulo.
CAPÍTULO 12
MUERTE DE SANTIAGO. LIBERACIÓN MILAGROSA DE PEDRO
[1] Por aquel
tiempo el rey Herodes decidió apresar a algunos miembros de la Iglesia
para maltratarlos. [2] Hizo matar a espada a Santiago, hermano de Juan, [3]
y, al ver que esto agradaba a los judíos, mandó detener también
a Pedro: eran precisamente los días de la fiesta de los Panes Azimos.
[4] Después de detenerlo lo hizo encerrar en la cárcel bajo la
vigilancia de cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno, pues su intención
era juzgarlo ante el pueblo después de la Pascua. [5] Y mientras Pedro
era custodiado en la cárcel, toda la Iglesia oraba incesantemente por
él a Dios.
[6] Llegaba el día en que Herodes iba a hacerlo comparecer; aquella misma
noche Pedro estaba durmiendo entre dos soldados, atado con dos cadenas, y otros
guardias custodiaban la puerta de la cárcel. [7] De repente la celda
se llenó de luz: ¡estaba el ángel del Señor! El ángel
tocó a Pedro en el costado y lo despertó diciéndole: Y
se le cayeron las cadenas de las manos. [8] El ángel le dijo en seguida:
Así lo hizo, y el ángel agregó:
[9] Pedro salió tras él; no se daba cuenta que lo que estaba ocurriendo
con el ángel era realidad, y todo le parecían visiones. [10] Pasaron
la primera y la segunda guardia y llegaron a la puerta de hierro que daba a
la ciudad, la cual se les abrió sola. Salieron y se metieron por un callejón,
y de repente lo dejó el ángel.
[11] Entonces Pedro volvió en sí y dijo:
[12] Pedro se orientó y fue a la casa de María, madre de Juan,
llamado también Marcos, donde muchos estaban reunidos en oración.
[13] Llamó a la puerta, y fue a atender una muchacha llamada Rodesa.
[14] Reconoció la voz de Pedro, y fue tanta su alegría, que en
vez de abrir la puerta entró corriendo a contar que Pedro estaba a la
puerta. [15] Los demás le dijeron: Como ella seguía insistiendo,
ellos dijeron: "Será su ángel".
[16] Pedro seguía llamando. Cuando abrieron y vieron que era él,
se quedaron sin palabras. [17] Les hizo señas con la mano pidiendo silencio,
y les contó cómo el Señor lo había sacado de la
cárcel. En seguida les dijo: Luego salió y se fue a otro lugar.
[18] Al amanecer no fue poco el alboroto entre los soldados: ¿Qué
había pasado con Pedro? [19] Herodes ordenó buscarlo y, como no
lo encontraron, hizo procesar y ejecutar a los guardias. Después bajó
de Judea a Cesarea y se quedó allí.
MUERTE DE HERODES
[20] Por aquel
entonces Herodes estaba muy irritado con los ciudadanos de Tiro y Sidón.
De común acuerdo se presentaron ante él, y después de ganarse
a Blasto, tesorero del rey, buscaron una solución pacífica, ya
que su país dependía del de Herodes para su abastecimiento. [21]
El día señalado, Herodes, vestido con el manto real, se sentó
en la tribuna y les dirigió la palabra. [22] Entonces el pueblo lo empezó
a aclamar: [23] Pero de repente lo hirió el ángel del Señor
por no haber devuelto a Dios el honor, y empezó a llenarse de gusanos
que lo comían, hasta que murió.
[24] Mientras tanto la Palabra de Dios crecía y se difundía. [25]
Bernabé y Saulo habían terminado su misión y se volvieron
a Jerusalén; traían con ellos a Juan, llamado también Marcos.
CAPÍTULO 13
PABLO ES ENVIADO POR LA IGLESIA
[1] En Antioquía,
en la Iglesia que estaba allí, había profetas y maestros: Bernabé,
Simeón, llamado el Negro, Lucio de Cirene, Manahem, que se había
criado con Herodes, y Saulo.
[2] Un día, mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban,
el Espíritu Santo les dijo: [3] Ayunaron e hicieron oraciones, les impusieron
las manos y los enviaron.
PRIMERA MISIÓN DE PABLO
[4] Enviados
por el Espíritu Santo, Bernabé y Saulo bajaron al puerto de Seleucia
y de allí navegaron hasta Chipre. [5] Llegados a Salamina, comenzaron
a anunciar la Palabra de Dios en las sinagogas de los judíos. Juan les
hacía de asistente.
[6] Atravesando toda la isla hasta Pafos, encontraron a un mago judío,
un falso profeta llamado Bar-Jesús, [7] que estaba con el gobernador
Sergio Paulo, el cual era un hombre muy abierto. Este hizo llamar a Bernabé
y Saulo, pues deseaba escuchar la Palabra de Dios, [8] pero el otro ponía
trabas. El Elimas (éste era su nombre, que significa el Mago), intentaba
apartar al gobernador de la fe.
[9] Entonces Saulo, que no es otro que Pablo, lleno del Espíritu Santo,
fijó en él sus ojos [10] y le dijo: "Tú, hijo del
diablo, enemigo de todo bien, eres un sinvergüenza y no haces más
que engañar. ¿Cuándo terminarás de torcer los rectos
caminos del Señor? [11] Pues ahora la mano del Señor va a caer
sobre ti, quedarás ciego y no verás la luz del sol por cierto
tiempo". Al instante quedó envuelto en oscuridad y tinieblas, y
daba vueltas buscando a alguien que lo llevase de la mano. [12] Al ver lo acontecido,
el Gobernador abrazó la fe, pues quedó muy impresionado por la
doctrina del Señor.
PABLO EN LA CAPITAL DE PISIDIA
[13] Pablo
y sus compañeros se embarcaron en Pafos y llegaron a Perge de Panfilia.
Allí Juan se separó de ellos y regresó a Jerusalén,
[14] mientras ellos, dejando Perge, llegaban a Antioquía de Pisidia.
El sábado entraron en la sinagoga y se sentaron.
[15] Después de la lectura de la Ley y los Profetas, los jefes de la
sinagoga les mandaron a decir: [16] Pablo, pues, se levantó, hizo señal
con la mano pidiendo silencio y dijo:
"Hijos de Israel y todos ustedes que temen a Dios, escuchen: [17] El Dios
de Israel, nuestro pueblo, eligió a nuestros padres. Hizo que el pueblo
se multiplicara durante su permanencia en Egipto, los sacó de allí
con hechos poderosos, [18] y durante unos cuarenta años los llevó
por el desierto. [19] Luego destruyó siete naciones en la tierra de Canaán
y les dio su territorio en herencia. [20] Durante unos cuatrocientos cincuenta
años les dio jueces, hasta el profeta Samuel. [21] Entonces pidieron
un rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Cis, de la tribu de Benjamín,
que reinó cuarenta años. [22] Pero después Dios lo rechazó
y les dio a David, de quien dio este testimonio: Encontré a David, hijo
de Jesé, un hombre a mi gusto, que llevará a cabo mis planes.
[23] Ahora bien, Dios ha cumplido su promesa: ha hecho surgir de la familia
de David un salvador para Israel, ese es Jesús. [24] Antes de que se
manifestara, Juan había predicado a todo el pueblo de Israel un bautismo
de conversión. [25] Y cuando estaba para terminar su carrera, Juan declaró:
[26] Hermanos israelitas, hijos y descendientes de Abrahán, y también
ustedes los que temen a Dios, a todos nosotros se nos ha dirigido este mensaje
de salvación. [27] Es un hecho que los habitantes de Jerusalén
y sus jefes no lo reconocieron, sino que lo procesaron, cumpliendo con esto
las palabras de los profetas que se leen todos los sábados. [28] Aunque
no encontraron en él ningún motivo para condenarlo a muerte, pidieron
a Pilato que fuera ejecutado. [29] Y cuando cumplieron todo lo que sobre él
estaba escrito, lo bajaron de la cruz y lo pusieron en un sepulcro.
[30] Pero Dios lo resucitó de entre los muertos. [31] Durante muchos
días se apareció a los que habían subido con él
desde Galilea a Jerusalén, y que habían de ser sus testigos ante
el pueblo. [32] Nosotros mismos les traemos ahora la promesa que Dios hizo a
nuestros padres, [33] y que cumplió para nosotros, sus hijos, al resucitar
a Jesús, como está escrito en el Salmo: Tú eres mi hijo,
yo te he engendrado hoy.
[34] Dios lo resucitó de entre los muertos, y no volverá a conocer
muerte ni corrupción. Pues así lo dijo: Les daré las cosas
santas, las realidades verdaderas que reservaba para David.
[35] Asimismo está dicho en otro lugar: No permitirás que tu santo
experimente la corrupción. [36] Bien saben que David, después
de haber servido durante su vida a los designios de Dios, murió, se reunió
con sus padres y experimentó la corrupción. [37] Otro, pues, es
el que no sufre la corrupción, y ese es Jesús, al que Dios resucitó.
[38] Sepan, pues, hermanos, cuál es la promesa: por su intermedio ustedes
recibirán el perdón de los pecados y de todas esas cosas de las
cuales buscaron en vano ser liberados por la Ley de Moisés. [39] Quien
cree en este Jesús es liberado de todo esto. [40] Tengan, pues, cuidado
de que no les ocurra lo que dijeron los profetas: [41] Atiendan ustedes, gente
engreída, asómbrense y desaparezcan. Porque voy a realizar en
sus días una obra tal, que si se la contaran, no la creerían".
[42] Al salir Pablo y Bernabé de la sinagoga, les rogaban que de nuevo
les volvieran a hablar de este tema el sábado siguiente. [43] Y cuando
se dispersó la asistencia, muchos judíos y de los que temen a
Dios les siguieron. Pablo y Bernabé continuaron conversando con ellos,
y los exhortaban a perseverar en la gracia de Dios.
[44] El sábado siguiente casi toda la ciudad acudió para escuchar
a Pablo, que les habló largamente del Señor. [45] Los judíos
se llenaron de envidia al ver todo aquel gentío y empezaron a contradecir
con insultos lo que Pablo decía. [46] Entonces Pablo y Bernabé
les hablaron con coraje: "Era necesario que la Palabra de Dios fuera anunciada
a ustedes en primer lugar. Pues bien, si ustedes la rechazan y se condenan a
sí mismos a no recibir la vida eterna, sepan que ahora nos dirigimos
a los que no son judíos. [47] El mismo Señor nos dio la orden:
Te he puesto como luz de los paganos, y llevarás mi salvación
hasta los extremos del mundo.
[48] Los que no eran judíos se alegraban al oír estas palabras
y tomaban en consideración el mensaje del Señor. Y creyeron todos
los que estaban destinados para una vida eterna. [49] Con esto la Palabra de
Dios empezó a difundirse por toda la región.
[50] Pero los judíos incitaron a mujeres distinguidas de entre las que
temían a Dios y también a los hombres importantes de la ciudad
y promovieron una persecución contra Pablo y Bernabé hasta que
los echaron de su territorio. [51] Así que los apóstoles se fueron
a la ciudad de Iconio, pero al salir sacudieron el polvo de sus pies en protesta
contra ellos. [52] Dejaban a los discípulos llenos de gozo y Espíritu
Santo.
CAPÍTULO 14
EVANGELIZACIÓN DE ICONIO
[1] En Iconio
ocurrió lo mismo. Pablo y Bernabé entraron en la sinagoga de los
judíos y hablaron de tal manera que un gran número de judíos
y griegos abrazaron la fe. [2] Pero entonces los judíos que se negaron
a creer excitaron y envenenaron los ánimos de los paganos contra los
hermanos. [3] Con todo, permanecieron allí un buen número de días.
Predicaban sin miedo, confiados en el Señor, el que confirmaba este anuncio
de su gracia con las señales milagrosas y los prodigios que les concedía
realizar.
[4] La población de la ciudad se dividió, unos a favor de los
judíos y otros a favor de los apóstoles. [5] Un grupo compuesto
de paganos y judíos con sus jefes al frente, se preparó para ultrajar
y apedrear a los apóstoles. [6] Ellos, al enterarse, huyeron a la provincia
de Licaonia, a las ciudades de Listra, Derbe y alrededores, [7] donde se quedaron
evangelizando.
EN LISTRA Y DERBE
[8] Había
en Listra un hombre tullido, que se veía sentado y con los pies cruzados.
Era inválido de nacimiento y nunca había podido caminar. [9] Un
día, como escuchaba el discurso de Pablo, éste fijó en
él su mirada y vio que aquel hombre tenía fe para ser sanado.
[10] Le dijo entonces en voz alta: El hombre se incorporó y empezó
a caminar.
[11] Al ver la gente lo que Pablo había hecho, comenzó a gritar
en la lengua de Licaonia: [12] Según ellos, Bernabé era Zeus y
Pablo Hermes, porque era el que hablaba. [13] Incluso el sacerdote del templo
de Zeus que estaba fuera de la ciudad trajo hasta las puertas de la misma toros
y guirnaldas y, de acuerdo con la gente, quiso ofrecerles un sacrificio.
[14] Al escuchar esto, Bernabé y Pablo rasgaron sus vestidos para manifestar
su indignación y se lanzaron en medio de la gente gritando: [15] "Amigos,
¿qué hacen? Nosotros somos humanos y mortales como ustedes, y
acabamos de decirles que deben abandonar estas cosas que no sirven y volverse
al Dios vivo que hizo el cielo, la tierra, el mar y cuanto hay en ellos. [16]
El permitió en las generaciones pasadas que cada nación siguiera
su propio camino, [17] pero no por eso dejó de manifestarse, pues continuamente
derrama sus beneficios. El es quien desde el cielo les da las lluvias, y los
frutos a su tiempo, dando el alimento y llenando los corazones de alegría".
[18] Aun con estas palabras, difícilmente consiguieron que el pueblo
no les ofreciera un sacrificio, y que volvieran cada uno a su casa.
[19] Se quedaron allí algún tiempo enseñando. Luego llegaron
unos judíos de Antioquía e Iconio y hablaron con mucha seguridad,
afirmando que no había nada de verdadero en aquella predicación,
sino que todo era una mentira. Persuadieron a la gente a que les dieran la espalda
y al final apedrearon a Pablo. Después lo arrastraron fuera de la ciudad,
convencidos de que ya estaba muerto. [20] Pero sus discípulos se juntaron
en torno a él, y se levantó. Entró en la ciudad, y al día
siguiente marchó con Bernabé para Derbe.
VUELVEN A ANTIOQUÍA
[21] Después
de haber evangelizado esa ciudad, donde hicieron muchos discípulos, regresaron
de nuevo a Listra y de allí fueron a Iconio y Antioquía. [22]
A su paso animaban a los discípulos y los invitaban a perseverar en la
fe; les decían: "Es necesario que pasemos por muchas pruebas para
entrar en el Reino de Dios". [23] En cada Iglesia designaban presbíteros
y, después de orar y ayunar, los encomendaban al Señor en quien
habían creído.
[24] Atravesaron la provincia de Pisidia y llegaron a la de Panfilia. [25] Predicaron
la Palabra en Perge y bajaron después a Atalía. [26] Allí
se embarcaron para volver a Antioquía, de donde habían partido
encomendados a la gracia de Dios para la obra que acababan de realizar.
[27] A su llegada reunieron a la Iglesia y les contaron todo lo que Dios había
hecho por medio de ellos y cómo había abierto las puertas de la
fe a los pueblos paganos. [28] Permanecieron allí bastante tiempo con
los discípulos.
CAPÍTULO 15
CONTROVERSIAS. - CONCILIO DE JERUSALÉN: LA IGLESIA, ¿SERÁ JUDÍA?
[1] Llegaron
algunos de Judea que aleccionaban a los hermanos con estas palabras: [2] Esto
ocasionó bastante perturbación, así como discusiones muy
violentas de Pablo y Bernabé con ellos. Al fin se decidió que
Pablo y Bernabé junto con algunos de ellos subieran a Jerusalén
para tratar esta cuestión con los apóstoles y los presbíteros.
[3] La Iglesia los encaminó, y atravesaron Fenicia y Samaría.
Al pasar contaban con todo lujo de detalles la conversión de los paganos,
lo que produjo gran alegría en todos los hermanos. [4] Al llegar a Jerusalén
fueron recibidos por la Iglesia, por los apóstoles y los presbíteros,
y les expusieron todo lo que Dios había hecho por medio de ellos. [5]
Pero se levantaron algunos del grupo de los fariseos que habían abrazado
la fe, y dijeron:
[6] Entonces los apóstoles y los presbíteros se reunieron para
tratar este asunto. [7] Después de una acalorada discusión, Pedro
se puso en pie y dijo:
"Hermanos: ustedes saben cómo Dios intervino en medio de ustedes
ya en los primeros días, cuando quiso que los paganos escucharan de mi
boca el anuncio del Evangelio y abrazaran la fe. [8] Y Dios, que conoce los
corazones, se declaró a favor de ellos, al comunicarles el Espíritu
Santo igual que a nosotros. [9] No ha hecho ninguna distinción entre
nosotros y ellos, sino que purificó sus corazones por medio de la fe.
[10] ¿Quieren ustedes mandar a Dios ahora? ¿Por qué quieren
poner sobre el cuello de los discípulos un yugo que nuestros padres no
fueron capaces de soportar, ni tampoco nosotros? [11] Según nuestra fe,
la gracia del Señor Jesús es la que nos salva, del mismo modo
que a ellos".
[12] Toda la asamblea guardó silencio y escucharon a Bernabé y
a Pablo, que contaron las señales milagrosas y prodigios que Dios había
realizado entre los paganos a través de ellos.
[13] Cuando terminaron de hablar, Santiago tomó la palabra y dijo:
[16] Después de esto volveré y construiré de nuevo la choza
caída de David. Reconstruiré sus ruinas y la volveré a
levantar, [17] para que el resto de los hombres busque al Señor, todas
las naciones sobre las cuales ha sido invocado mi Nombre. Así lo dice
el Señor, que hoy realiza [18] lo que tenía preparado desde siempre.
[19] Por esto pienso que no debemos complicar la vida a los paganos que se convierten
a Dios. [20] Digámosles en nuestra carta tan sólo que se abstengan
de lo que es impuro por haber sido ofrecido a los ídolos, de las relaciones
sexuales prohibidas, de la carne de animales sin sangrar y de comer sangre.
[21] Porque desde tiempos antiguos leen a Moisés en las sinagogas todos
los sábados, y tiene predicadores en cada ciudad".
LA CARTA DEL CONCILIO, EL PRINCIPIO DE LIBERTAD
[22] Entonces
los apóstoles y los presbíteros, de acuerdo con toda la Iglesia,
decidieron elegir algunos hombres de entre ellos para enviarlos a Antioquía
con Pablo y Bernabé. Fueron elegidos Judas, llamado Barsabás,
y Silas, ambos dirigentes entre los hermanos. [23] Debían entregar la
siguiente carta:
"Los apóstoles y los hermanos con título de ancianos saludan
a los hermanos no judíos de Antioquía, Siria y Cilicia. [24] Nos
hemos enterado de que algunos de entre nosotros los han inquietado y perturbado
con sus palabras. No tenían mandato alguno nuestro. [25] Pero ahora,
reunidos en asamblea, hemos decidido elegir algunos hombres y enviarlos a ustedes,
junto con los queridos hermanos Bernabé y Pablo, [26] que han consagrado
su vida al servicio de nuestro Señor Jesucristo. [27] Les enviamos, pues,
a Judas y a Silas, que les expondrán de viva voz todo el asunto.
[28] Fue el parecer del Espíritu Santo y el nuestro no imponerles ninguna
otra carga fuera de las indispensables: [29] que no coman carne sacrificada
a los ídolos, ni sangre, ni carne de animales sin desangrar, y que se
abstengan de relaciones sexuales prohibidas. Observen estas normas dejándose
guiar por el Espíritu Santo. Adiós".
[30] Después de despedirse fueron a Antioquía, reunieron a la
asamblea y entregaron la carta. [31] Cuando la leyeron, todos se alegraron con
aquel mensaje de aliento. [32] Judas y Silas, que también eran profetas,
dieron ánimo y confortaron a los hermanos con un largo discurso. [33]
Se quedaron allí algún tiempo, y los hermanos los despidieron
en paz para volver a la comunidad que los había enviado. [34] Pero Silas
prefirió quedarse con ellos y Judas volvió solo.
[35] En cuanto a Pablo y Bernabé, se detuvieron en Antioquía,
enseñando y anunciando con muchos otros la Palabra de Dios.
SEGUNDA MISIÓN DE PABLO
[36] Pero un
día Pablo dijo a Bernabé:
[37] Bernabé quería llevar con ellos también a Juan, llamado
Marcos, [38] pero Pablo consideraba que no debían llevar consigo a quien
los había abandonado en Panfilia, cuando debía haber compartido
sus trabajos. [39] Se acaloraron tanto que acabaron por separarse el uno del
otro. Bernabé tomó consigo a Marcos y se embarcó rumbo
a Chipre. [40] Pablo, por su parte, eligió a Silas. Los hermanos lo encomendaron
a la gracia de Dios y partió. [41] Recorrió Siria y Cilicia confirmando
a las Iglesias y entregando las decisiones de los presbíteros.
CAPÍTULO 16
PABLO LLEVA A TIMOTEO CONSIGO
[1] Pablo se
dirigió a Derbe, y después a Listra. Había allí
un discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía que había
abrazado la fe, y de padre griego; [2] los hermanos de Listra e Iconio hablaban
muy bien de él. [3] Pablo quiso llevarlo consigo y de partida lo circuncidó,
pensando en los judíos que había por aquellos lugares, pues todos
sabían que su padre era griego.
[4] A su paso de ciudad en ciudad, iban entregando las decisiones tomadas por
los apóstoles y presbíteros en Jerusalén y exhortaban a
que las observaran. [5] Estas Iglesias se iban fortaleciendo en la fe y reunían
cada día más gente.
[6] Atravesaron Frigia y la región de Galacia, pues el Espíritu
Santo no les dejó que fueran a predicar la Palabra en Asia. [7] Estando
cerca de Misia intentaron dirigirse a Bitinia, pero no se lo consintió
el Espíritu de Jesús. [8] Atravesaron entonces Misia y bajaron
a Tróade.
[9] Por la noche Pablo tuvo una visión. Ante él estaba de pie
un macedonio que le suplicaba: [10] Al despertar nos contó la visión
y comprendimos que el Señor nos llamaba para evangelizar a Macedonia.
PABLO PASA A EUROPA
[11] Nos embarcamos
en Tróade y navegamos rumbo a la isla de Samotracia; al día siguiente
salimos para Neápolis. [12] De allí pasamos a Filipos, una de
las principales ciudades del distrito de Macedonia, con derechos de colonia
romana.
Nos detuvimos allí algunos días, [13] y el sábado salimos
a las afueras de la ciudad, a orillas del río, donde era de suponer que
los judíos se reunían para orar. Nos sentamos y empezamos a hablar
con las mujeres que habían acudido. [14] Una de ellas se llamaba Lidia,
y era de las que temen a Dios. Era vendedora de púrpura y natural de
la ciudad de Tiatira. Mientras nos escuchaba, el Señor le abrió
el corazón para que aceptase las palabras de Pablo. [15] Recibibió
el bautismo junto con los de su familia, y luego nos suplicó: ustedes
piensan que mi fe en el Señor es sincera, vengan y quédense en
mi casa. Y nos obligó a aceptar.
PABLO Y SILAS EN PRISIÓN
[16] Mientras
íbamos un día al lugar de oración, salió a nuestro
encuentro una muchacha esclava que estaba poseída por un espíritu
adivino. Adivinando la suerte producía mucha plata a sus amos.
[17] Empezó a seguirnos y a Pablo gritando: [18] Esto se repitió
durante varios días, hasta que Pablo se cansó, Se volvió
y dijo al espíritu: "En el nombre de Jesucristo te ordeno que salgas
de ella" Y en ese mismo instante el espíritu la dejó.
[19] Al ver sus amos que con ello se esfumaban también sus ganancias,
tomaron a Pablo y a Silas y los arrastraron a la plaza ante el tribunal. [20]
Y los presentaron a los magistrados diciendo:
[22] La gente se les echó encima. Los oficiales mandaron arrancarles
las ropas y los hicieron apalear. [23] Después de haberles dado muchos
golpes, los echaron a la cárcel, dando orden al carcelero de vigilarlos
con todo cuidado. [24] Este, al recibir dicha orden, los metió en el
calabozo interior, y les sujetó los pies con cadenas al piso del calabozo.
LIBERACIÓN MILAGROSA
[25] Hacia
la media noche Pablo y Silas estaban cantando himnos a Dios, y los demás
presos los escuchaban. [26] De repente se produjo un temblor tan fuerte que
se conmovieron los cimientos de la cárcel; todas las puertas se abrieron
de golpe y a todos los presos se les soltaron las cadenas.
[27] Se despertó el carcelero y vio todas las puertas de la cárcel
abiertas. Creyendo que los presos se habían escapado, sacó la
espada para matarse, [28] pero Pablo le gritó:
[29] El hombre pidió una luz, entró de un salto y, después
de encerrar bien a los demás presos, se arrojó temblando a los
pies de Pablo y Silas. [30] Después los sacó fuera y les preguntó:
[31] Le respondieron:
[32] Así que le anunciaron la Palabra del Señor a él y
a todos los de su casa, [33] y él, sin más demora, les lavó
las heridas y se bautizó con toda su familiala a aquella hora de la noche.
[34] Los había llevado a su casa; allí preparó la mesa
e hicieron fiesta con todos los suyos por haber creído en Dios.
[35] Por la mañana los magistrados enviaron a unos oficiales con esta
orden: "Deja en libertad a esos hombres". [36] El carcelero se lo
comunicó a Pablo y Silas, diciendo:
[37] Pero Pablo le contestó:
[38] Los oficiales transmitieron esto a los magistrados, que se llenaron de
miedo al escuchar que eran ciudadanos romanos. [39] Fueron a la prisión
acompañados por un grupo de amigos de Pablo y les pidieron que se marcharan,
diciéndoles: Y cuando Pablo y Silas estaban para irse, les rogaron: .
[40] Apenas dejaron la cárcel fueron a casa de Lidia. Allí se
encontraron con los hermanos, a los que dieron ánimo y antes de marcharse.
CAPÍTULO 17
DIFICULTADES EN TESALÓNICA
[1] Pablo y
Silas atravesaron Anfípolis y Apolonia, y llegaron a Tesalónica,
donde los judíos tenían una sinagoga. [2] Pablo, según
su costumbre, fue a visitarlos y por tres sábados discutió con
ellos, basándose en las Escrituras. [3] Las interpretaba y les demostraba
que el Mesías debía padecer y resucitar de entre los muertos.
Y les decía: "Este Mesías es precisamente el Jesús
que yo les anuncio".
[4] Hubo algunos que se convencieron y formaron un grupo en torno a Pablo y
Silas. Lo mismo hicieron un buen número de griegos, de los "que
temen a Dios", y no pocas mujeres de la alta sociedad.
[5] Los judíos no se quedaron pasivos: reunieron a unos cuantos vagos
y maleantes, armaron un motín y alborotaron la ciudad. Hicieron una demostración
frente a la casa de Jasón, pues querían a Pablo y Silas para llevarlos
ante la asamblea del pueblo. [6] Pero al no encontrarlos allí, arrastraron
a Jasón y a otros creyentes ante los magistrados de la ciudad, gritando:
[8] Lograron impresionar al pueblo y a los magistrados que los oían,
[9] los cuales exigieron una fianza a Jasón y a los demás hermanos
antes de dejarlos en libertad. [10] Aquella misma noche los hermanos enviaron
a Pablo y Silas a la ciudad de Berea.
Al llegar se dirigieron a la sinagoga de los judíos. [11] Estos eran
mejores que los de Tesalónica, y recibieron el mensaje con mucha disponibilidad.
Diariamente examinaban las Escrituras para comprobar si las cosas eran así.
[12] Un buen número de ellos abrazó la fe y, de entre los griegos,
algunas mujeres distinguidas y también bastantes hombres.
[13] Pero cuando los judíos de Tesalónica se enteraron de que
Pablo estaba predicando la Palabra de Dios en Berea, fueron también allá
para agitar al pueblo y crear disturbios. [14] Inmediatamente los hermanos hicieron
salir a Pablo hacia la costa, mientras Silas y Timoteo se quedaban en Berea.
[15] Los que acompañaban a Pablo lo llevaron a Atenas, y después
regresaron a Berea con instrucciones para Timoteo y Silas de que fueran a reunirse
con él lo antes posible.
PABLO EN ATENAS
[16] Mientras
Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu hervía viendo la ciudad
plagada de ídolos. [17] Empezó a tener contactos en la sinagoga
con judíos y con griegos que temían a Dios, hablando también
con los que diariamente se encontraban en las plazas de la ciudad.
[18] Algunos filósofos epicúreos y estoicos entablaron conversación
con él. Unos preguntaban: "¿Qué querrádecir
este charlatán?", mientras otros comentaban: "Parece ser un
predicador de dioses extranjeros". Porque le oían hablar de "Jesús"
y de "la Resurrección".
[19] Lo tomaron y lo llevaron con ellos a la sala del Areópago, diciéndo:
[21] Se sabe que para todos los atenienses y los extranjeros que viven allí,
no hay mejor pasatiempo que contar o escuchar las últimas novedades.
[22] Entonces Pablo se puso de pie en medio del Areópago, y les dijo:
"Ciudadanos de Atenas, veo que son personas sumamente religiosas. [23]
Mientras recorría la ciudad contemplando sus monumentos sagrados, he
encontrado un altar con esta inscripción: "Al Dios desconocido".
Pues bien, lo que ustedes adoran sin conocer, es lo que yo vengo a anunciarles.
[24] El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él no vive en santuarios
fabricados por humanos, pues es Señor del Cielo y de la tierra, [25]
y tampoco necesita ser servido por manos humanas, pues ¿qué le
hace falta al que da a todos la vida, el aliento y todo lo demás?
[26] Habiendo sacado de un solo tronco toda la raza humana, quiso que se estableciera
sobre toda la faz de la tierra, y fijó para cada pueblo cierto lugar
y cierto momento de la historia. [27] Habían de buscar por sí
mismos a Dios, aunque fuera a tientas: tal vez lo encontrarían. [28]
En realidad no está lejos de cada uno de nosotros, pues en él
vivimos, nos movemos y existimos, como dijeron algunos poetas de ustedes: "Somos
también del linaje de Dios". [29] Si de verdad somos del linaje
de Dios, no debemos pensar que la divinidad se parezca a las creaciones del
arte y de la fantasía humanas, ya sean de oro, plata o piedra.
[30] Ahora precisamente, Dios quiere superar esos tiempos de ignorancia, y pide
a todos los hombres de todo el mundo un cambio total. [31] Tiene ya fijado un
día en que juzgará a todo el mundo con justicia, valiéndose
de un hombre que ha designado, y al que todos pueden creer, pues él lo
ha resucitado de entre los muertos".
[32] Cuando oyeron hablar de resurrección de los muertos, unos empezaron
a burlarse de Pablo, y otros le decían: "Sobre esto te escucharemos
en otra ocasión". [33] Así fue como Pablo salió de
entre ellos. [34] Algunos hombres, sin embargo, se unieron a él y abrazaron
la fe, entre ellos Dionisio, miembro del Areópago, una mujer llamada
Damaris y algunos otros.
CAPÍTULO 18
PABLO EN CORINTO
[1] Tiempo
después Pablo se marchó de Atenas y se fue a Corinto. [2] Allí
se encontró con un judío llamado Aquila, natural de Ponto, que
acababa de llegar de Italia con su esposa Priscila, a consecuencia de un decreto
del emperador Claudio; porque todos los judíos habían recibido
la orden de abandonar Roma. Pablo se acercó a ellos [3] pues eran del
mismo oficio y se dedicaban a fabricar tiendas. Y se quedó a vivir y
a trabajar con ellos. [4] Todos los sábados Pablo entablaba discusiones
en la sinagoga, tratando de convencer tanto a los judíos como a los griegos.
[5] Al llegar de Macedonia Silas y Timoteo, Pablo se dedicó por entero
a la Palabra, y aseguraba a los judíos que Jesús era el Mesías.
[6] Como se oponían y le respondían con insultos, se sacudió
el polvo de sus vestidos mientras les decía: "Nada tengo ya que
ver con lo que les suceda; ustedes son los únicos responsables. En adelante
me dirigiré a los paganos".
[7] Pablo cambió de lugar y se fue a la casa de un tal Tito Justo, de
los que temen a Dios, que estaba pegada a la sinagoga. [8] Crispo, uno de los
dirigentes de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su familia,
y de los corintios que escuchaban a Pablo, muchos creían y se hacían
bautizar.
[9] Una noche el Señor le dijo a Pablo en una visión: [11] Pablo
siguió enseñando entre ellos la Palabra de Dios, y permaneció
allí un año y seis meses.
[12] Siendo Galión gobernador de Acaya, los judíos acordaron unánimemente
hacer una manifestación contra Pablo; lo llevaron ante el tribunal y
lo acusaron [13] "Este hombre incita a la gente a que adoren a Dios de
una manera que prohibe nuestra Ley".
[14] Pablo iba a contestar, cuando Galión dijo a los judíos: "Judíos,
si se tratara de una injusticia o de algún crimen, sería correcto
que yo los escuchara. [15] Pero como se trata de discusiones sobre mensajes,
poderes superiores y sobre su Ley, arréglense entre ustedes mismos. Yo
no quiero ser juez de tales asuntos. " [16] Y los echó del tribunal.
[17] Entonces toda la chusma agarró a Sóstenes, que era un dirigente
de la sinagoga, y empezaron a golpearlo delante del tribunal, pero Galión
no se preocupó por tanto.
[18] Pablo se quedó en Corinto todavía por bastante tiempo. Después
se despidió de los hermanos y se embarcó para Siria, acompañado
por Priscila y Aquila. Había hecho un voto, y solamente en el puerto
de Cencreas se cortó el pelo. [19] Así fue como llegaron a Efeso,
y allí dejó que ellos se fueran.
Pablo entró en la sinagoga y empezó a discutir con los judíos.
[20] Le rogaban que se quedara en Efeso por más tiempo, pero Pablo no
aceptó, [21] y se despidió de ellos con estas palabras: Dios quiere,
volveré de nuevo por aquí. Y se fue de Efeso por mar.
[22] Desembarcó en Cesarea. Subió a saludar a aquella Iglesia
y después bajó a Antioquía. [23] Permaneció allí
por algún tiempo, y luego se fue a recorrer ciudad tras otra las regiones
de Galacia y Frigia, fortaleciendo a los discípulos.
[24] Un judío llamado Apolo, natural de Alejandría, había
llegado a Efeso. Era un orador elocuente y muy entendido en las Escrituras.
[25] Le habían enseñado algo del camino del Señor, y hablaba
con mucho entusiasmo. Enseñaba en forma acertada lo referente a Jesús,
aunque sólo se había quedado con el bautismo de Juan.
[26] Hablaba, pues, con mucha convicción en la sinagoga. Al oírlo
Aquila y Priscila, lo llevaron consigo y le expusieron con mayor precisión
el camino. [27] Como pensaba pasar por Acaya, los hermanos lo alentaron y escribieron
a los discípulos para que lo recibieran. De hecho, cuando llegó,
ayudó muchísimo a los que la gracia de Dios había llevado
a la fe, [28] pues rebatía públicamente y con gran acierto a los
judíos, demostrando con las Escrituras que Jesús era el Mesías.
CAPÍTULO 19
PABLO EN EFESO
[1] Mientras
Apolo estaba en Corinto, Pablo llegó a Efeso atravesando las regiones
altas; encontró allí a algunos discípulos [2] y les preguntó:
Le contestaron: "Ni siquiera hemos oído decir que se reciba el Espíritu
Santo". [3] Pablo les replicó: Respondieron: "El bautismo de
Juan".
[4] Entonces Pablo les explicó: bien Juan bautizaba con miras a un cambio
de vida, pedía al pueblo que creyeran en aquel que vendría después
de él, esto es, en Jesús. [5] Al oír esto se hicieron bautizar
en el nombre del Señor Jesús, [6] y al imponerles Pablo las manos,
el Espíritu Santo bajó sobre ellos y empezaron a hablar lenguas
y a profetizar. [7] Eran unos doce hombres.
[8] Pablo entró en la sinagoga y durante tres meses les habló
con convicción sobre el Reino de Dios, tratando de persuadirles. [9]
Al ver que algunos, en vez de creer, se endurecían más y criticaban
públicamente el camino, se separó de ellos. Tomaba aparte a sus
discípulos y diariamente les enseñaba en la escuela de un tal
Tirano, desde las once hasta las cuatro de la tarde. [10] Hizo esto durante
dos años, de tal manera que todos los habitantes de la provincia de Asia,
tanto judíos como griegos, pudieron escuchar la Palabra del Señor.
[11] Dios obraba prodigios extraordinarios por las manos de Pablo, [12] hasta
tal punto que imponían a los enfermos pañuelos o ropas que él
había usado, y mejoraban. También salían de ellos los espíritus
malos. [13] Incluso algunos judíos ambulantes que echaban demonios, trataron
de invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían
espíritus malos, diciendo: "Yo te ordeno en el nombre de ese Jesús
a quien Pablo predica".
[14] Entre los que hacían esto estaban los hijos de un sacerdote judío,
llamado Escevas. Un día entraron en una casa y se atrevieron a hacer
eso, [15] pero el espíritu malo les contestó: [16] Y el hombre
que tenía el espíritu malo se lanzó sobre ellos, los sujetó
a ambos y los maltrató de tal manera que huyeron de la casa desnudos
y malheridos. [17] La noticia llegó a todos los habitantes de Efeso,
tanto judíos como griegos. Todos quedaron muy atemorizados, y el Nombre
del Señor Jesús fue tenido en gran consideración.
[18] Muchos de los que habían aceptado la fe venían a confesar
y exponer todo lo que antes habían hecho. [19] No pocos de los que habían
practicado la magia juntaron sus libros y los quemaron delante de todos. Calculado
el precio de esos libros, se estimó en unas cincuenta mil monedas de
plata.
[20] De esta forma la Palabra de Dios manifestaba su poder, se extendía
y se robustecía.
EL MOTÍN DE LOS ORFEBRES
[21] Después
de todos estos acontecimientos, Pablo tomó su decisión en el Espíritu:
ir a Jerusalén pasando por Macedonia y Acaya. Y decía: [22] Envió
a Macedonia a dos de sus auxiliares, a Timoteo y a Erasto, mientras él
se quedaba por algún tiempo más en Asia.
[23] Fue en ese tiempo cuando se produjo un gran tumulto en la ciudad a causa
del camino. [24] Un platero, llamado Demetrio, fabricaba figuritas de plata
del templo de Artemisa, y con esto procuraba buenas ganancias a los artífices.
[25] Reunió a éstos junto con otros que vivían de artes
parecidas, y les dijo: "Compañeros, ustedes saben que esta industria
es la que nos deja las mayores ganancias. [26] Pero como ustedes mismos pueden
ver y oír, ese Pablo ha cambiado la mente de muchísimas personas,
no sólo en Efeso, sino en casi toda la provincia de Asia. Según
él, los dioses no pueden salir de manos humanas. [27] No son sólo
nuestros intereses los que salen perjudicados, sino que también el templo
de la gran diosa Artemisa corre peligro de ser desprestigiado. Al final se acabará
la fama de aquella a quien adora toda el Asia y el mundo entero".
[28] Este discurso despertó el furor de los oyentes y empezaron a gritar:
[29] El tumulto se propagó por toda la ciudad. La gente se precipitó
al teatro arrastrando consigo a Gayo y Aristarco, dos macedonios, compañeros
de viaje de Pablo.
[30] Pablo quería enfrentarse con la muchedumbre, pero los discípulos
no lo dejaron. [31] Incluso algunos consejeros, amigos suyos, de la provincia
de Asia, le mandaron a decir que no se arriesgara a ir al teatro. [32] Mientras
tanto la asamblea estaba sumida en una gran confusión. Unos gritaban
una cosa, otros otra, y la mayor parte no sabían ni por qué estaban
allí.
[33] En cierto momento algunos hicieron salir de entre la gente a un tal Alejandro,
a quien los judíos empujaban adelante. Quería justificarlos ante
el pueblo y pidió silencio con la mano. [34] Pero cuando se dieron cuenta
de que era judío, todos a una voz se pusieron a gritar, y durante casi
dos horas sólo se oyó este grito:
[35] Al fin el secretario de la ciudad logró calmar a la multitud y dijo:
"Ciudadanos de Efeso, ¿quién no sabe que la ciudad de Éfeso
guarda el templo de la gran Artemisa y su imagen caída del cielo? [36]
Siendo esto algo tan evidente, conviene que ustedes se calmen y no cometan ninguna
locura. [37] Estos hombres que han traído aquí no han profanado
el templo, ni han insultado a nuestra diosa. [38] Si Demetrio y sus artífices
tienen cargos contra alguno, para eso están las audiencias y los magistrados:
que presenten allí sus acusaciones. [39] Y si el asunto es de mayor importancia,
que se resuelva en la asamblea legal. [40] ¿Han pensado ustedes que podríamos
ser acusados de rebelión por lo ocurrido hoy? No tendríamos excusa
alguna para justificar este tumulto". [41] Y dicho esto, disolvió
la asamblea.
CAPÍTULO 20
PABLO VUELVE A MACEDONIA
[1] Cuando
se calmó el tumulto, Pablo mandó llamar a sus discípulos
para animarlos. Se despidió de ellos y se fue a Macedonia. [2] Después
de recorrer aquellas regiones, en las que multiplicó sus predicaciones
para confortar a los discípulos, llegó a Grecia. [3] Pasó
allí tres meses y luego pensó en volver a Siria por barco. Pero
supo que los judíos tramaban algo contra él, y decidió
regresar por Macedonia.
[4] Al marcharse de Asia, se fueron también con él: Sópatros,
hijo de Pirro, de Berea; Aristarco y Segundo, de Tesalónica; Gayo, de
Derbe, y Timoteo; Tíquico y Trófimo, de Asia. [5] Todos estos
se fueron por delante y nos esperaron en Tróade.
[6] Nosotros nos embarcamos en Filipos apenas terminaron las fiestas de los
Panes Azimos. Cinco días después nos reunimos con ellos en Tróade,
donde nos detuvimos siete días.
LA EUCARISTÍA DE UN DOMINGO EN TRÓADE
[7] El primer
día de la semana estábamos reunidos para la fracción del
pan, y Pablo, que debía irse al día siguiente, comenzó
a conversar con ellos. Pero su discurso se alargó hasta la medianoche.
[8] Había bastantes lámparas encendidas en la pieza del piso superior
donde estábamos reunidos. [9] Un joven, llamado Eutico, estaba sentado
en el borde de la ventana, y como Pablo no terminaba de hablar, el sueño
acabó por vencerle. Se durmió y se cayó desde el tercer
piso al suelo. Lo recogieron muerto.
[10] Pablo, entonces, bajó, se inclinó sobre él, y después
de tomarlo en sus brazos, dijo: [11] Subió de nuevo, partió el
pan y comió. Luego siguió conversando con ellos hasta el amanecer,
y se fue. [12] En cuanto al joven, lo trajeron vivo, lo que fue para todos un
gran consuelo.
[13] Nosotros tomamos el barco para Aso; debíamos llegar antes que Pablo
y recogerlo allí, pues se había decidido que él haría
el viaje por tierra. [14] Efectivamente nos encontró en Aso. Subió
a la nave con nosotros y llegamos a Mitilene. [15] Al día siguiente zarpamos
y llegamos a Quíos. Al otro día llegamos a Samos y un día
después a Mileto, con una escala en Trogilón.
[16] Pablo había decidido no hacer escala en Efeso ni demorarse más
en Asia, pues, de ser posible, quería estar en Jerusalén para
el día de Pentecostés.
EN MILETO, ÚLTIMAS CONSIGNAS DE PABLO A LOS PRESBÍTEROS
[17] Debido
a eso, desde Mileto Pablo envió un mensaje a Efeso para convocar a los
presbíteros de la Iglesia. [18] Cuando ya estuvieron a su lado, les dijo:
"Ustedes han sido testigos de mi forma de actuar durante todo el tiempo
que he pasado entre ustedes, desde el primer día que llegué a
Asia. [19] He servido al Señor con toda humildad, entre las lágrimas
y las pruebas que me causaron las trampas de los judíos. [20] Saben que
nunca me eché atrás cuando algo podía ser útil para
ustedes. Les prediqué y enseñé en público y en las
casas, [21] exhortando con insistencia tanto a judíos como a griegos
a la conversión a Dios y a la fe en Jesús, nuestro Señor.
[22] Ahora voy a Jerusalén, atado por el Espíritu sin saber lo
que allí me sucederá; [23] solamente que en cada ciudad el Espíritu
Santo me advierte que me esperan prisiones y pruebas. [24] Pero ya no me preocupo
por mi vida, con tal de que pueda terminar mi carrera y llevar a cabo la misión
que he recibido del Señor Jesús: anunciar la Buena Noticia de
la gracia de Dios.
[25] Ahora sé que ya no me volverán a ver todos ustedes, entre
quienes pasé predicando el Reino. [26] Por eso hoy les quiero declarar
que no me siento culpable si ustedes se pierden, [27] pues nunca ahorré
esfuerzos para anunciarles plenamente la voluntad de Dios. [28] Cuiden de sí
mismos y de todo el rebaño en el que el Espíritu Santo les ha
puesto como obispos (o sea, supervisores): pastoreen la Iglesia del Señor,
que él adquirió con su propia sangre.
[29] Sé que después de mi partida se introducirán entre
ustedes lobos voraces que no perdonarán al rebaño. [30] De entre
ustedes mismos surgirán hombres que enseñarán doctrinas
falsas e intentarán arrastrar a los discípulos tras sí.
[31] Estén, pues, atentos, y recuerden que durante tres años no
he dejado de aconsejar a cada uno de ustedes noche y día, incluso entre
lágrimas.
[32] Ahora los encomiendo a Dios y a su Palabra portadora de su gracia, que
tiene eficacia para edificar sus personas y entregarles la herencia junto a
todos los santos.
[33] De nadie he codiciado plata, oro o vestidos. [34] Miren mis manos: con
ellas he conseguido lo necesario para mí y para mis compañeros,
como ustedes bien saben. [35] Con este ejemplo les he enseñado claramente
que deben trabajar duro para ayudar a los débiles. Recuerden las palabras
del Señor Jesús: "Hay mayor felicidad en dar que en recibir".
[36] Dicho esto, Pablo se arrodilló con ellos y oró. [37] Entonces
empezaron todos a llorar y le besaban abrazados a su cuello. [38] Todos estaban
muy afligidos porque les había dicho que no le volverían a ver.
Después lo acompañaron hasta el barco.
CAPÍTULO 21
LA VUELTA A JERUSALÉN
[1] Cuando
llegó la hora de partir, nos separamos a la fuerza de ellos y nuestro
barco salió rumbo a Cos. Al día siguiente llegamos a Rodas, y
de allí, a Pátara, [2] donde encontramos otro barco que estaba
para salir hacia Fenicia. Subimos a bordo y partimos. [3] Divisamos la isla
de Chipre y, dejándola a la izquierda, navegamos rumbo a Siria. Atracamos
en Tiro, pues el barco debía dejar su carga en aquel puerto. [4] Aquí
encontramos a los discípulos y nos detuvimos siete días.
Advertían a Pablo con mensajes proféticos que no subiera a Jerusalén;
[5] pero a pesar de ello, cuando llegó la fecha en que debíamos
marchar, partimos. Nos acompañaron todos con sus mujeres y niños
hasta fuera de la ciudad, y llegados a la playa, nos arrodillamos y oramos.
[6] Después de los abrazos subimos a la nave, mientras ellos volvían
a sus casas.
[7] De Tiro fuimos a Tolemaida, terminando así nuestra travesía.
Saludamos a los hermanos y nos quedamos un día con ellos. [8] Al día
siguiente nos dirigimos a Cesarea. Entramos en casa de Felipe, el evangelista,
que era uno de los siete, y nos hospedamos allí; [9] tenía cuatro
hijas que se habían quedado vírgenes y tenían el don de
profecía.
[10] Llevábamos allí algunos días, cuando nos salió
al encuentro un profeta de Judea, llamado Agabo. [11] Se acercó a nosotros,
tomó el cinturón de Pablo, se ató con él de pies
y manos y dijo:
[12] Al oír esto, nosotros y los de Cesarea rogamos a Pablo que no subiera
a Jerusalén. [13] Pero él nos contestó: [14] Como no logramos
convencerlo, dejamos de insistir y dijimos: "Hágase la voluntad
del Señor".
[15] Pasados aquellos días, terminamos los preparativos del viaje y subimos
a Jerusalén. [16] Algunos discípulos de Cesarea que nos acompañaban
nos llevaron a casa de un chipriota, llamado Nasón, discípulo
desde los primeros tiempos, donde nos íbamos a hospedar.
PABLO ES RECIBIDO POR LA IGLESIA DE JERUSALÉN
[17] Al llegar
a Jerusalén, los hermanos nos recibieron con alegría. [18] Al
día siguiente acompañamos a Pablo a casa de Santiago, donde se
habían reunido todos los presbíteros. [19] Pablo los saludó
y fue contando detalladamente todas las cosas que Dios había realizado
entre los paganos por su ministerio. [20] Todos, por supuesto, dieron gloria
a Dios por lo que escuchaban, pero luego le dijeron: "Bien sabes, hermano,
cuántas decenas de millares de judíos han abrazado la fe en Judea,
y todos ellos son celosos partidarios de la Ley. [21] Y han oído decir
que enseñas a todos los judíos del mundo pagano que se aparten
de Moisés, que no circunciden a sus hijos ni vivan según las tradiciones
judías. [22] De todos modos se van a enterar de que has llegado, y entonces
¿qué hacer?.
[23] Reuniremos la asamblea, y harás lo que te vamos a decir. Hay entre
nosotros cuatro hombres que han hecho un voto [24] y tú los vas a apadrinar.
Te purificarás con ellos y pagarás los gastos cuando se hagan
cortar el pelo. Así verán todos que es falso lo que han oído
decir de ti y que, por el contrario, tú también cumples la Ley.
[25] En cuanto a los creyentes de origen no judío, ya les hemos enviado
instrucciones, pidiéndoles que se abstengan de carne sacrificada a los
ídolos, de la sangre y de la carne de animales sin sangrar y de las relaciones
sexuales prohibidas".
[26] Pablo, pues, apadrinó a aquellos hombres. Al día siguiente
se purificó con ellos y entró en el Templo para notificar qué
día concluiría su tiempo de purificación y se ofrecería
el sacrificio por cada uno de ellos.
PABLO ES ARRESTADO EN EL TEMPLO
[27] Estaban
para cumplirse los siete días, cuando unos judíos de Asia vieron
a Pablo en el Templo y empezaron a alborotar a la gente. Agarraron a Pablo [28]
y gritaron:
[29] Decían esto porque poco antes habían visto a Pablo en la
ciudad acompañado de Trófimo, natural de Efeso, y pensaron que
Pablo lo había llevado al Templo.
[30] La ciudad entera se alborotó. Concurrió la gente de todas
partes, y tomando a Pablo, lo arrastraron hacia la salida del Templo; cerraron
inmediatamente las puertas. [31] Querían matarlo, pero llegó al
comandante del batallón la noticia de que toda Jerusalén estaba
alborotada. [32] En seguida tomó consigo algunos oficiales y soldados
y bajaron corriendo hacia la multitud. Al ver al comandante y a los soldados,
dejaron de golpear a Pablo.
[33] El comandante se acercó, hizo arrestar a Pablo y ordenó que
lo ataran con dos cadenas. Después preguntó quién era y
qué había hecho. [34] Pero entre la gente unos gritaban una cosa
y otros otra. Al ver el comandante que no podía sacar nada en claro a
causa del alboroto, dio orden de que llevaran a Pablo a la fortaleza. [35] Al
llegar a las escalinatas, los soldados tuvieron que levantarlo y llevarlo en
hombros a causa de la violencia de la multitud, [36] pues un montón de
gente lo seguía gritando:
[37] Cuando estaban ya para meterlo dentro de la fortaleza, Pablo dijo al comandante:
Le contestó: [39] Pablo respondió:
[40] El comandante se lo permitió. Entonces Pablo, de pie en la escalinata,
hizo un gesto con la mano y se produjo un gran silencio. Después empezó
a hablar al pueblo en lengua hebrea.
CAPÍTULO 22
PABLO SE DIRIGE A LOS JUDÍOS
[1] [2] Al
oír que les hablaba en hebreo, se calmó más aún
su agitación. Y Pablo continuó:
[3] "Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta
ciudad. Teniendo a Gamaliel de maestro, fui instruido en la Ley de nuestros
padres en la forma más seria, y era un fanático del servicio de
Dios, como ustedes ahora. [4] Así que perseguí a muerte a este
camino e hice encadenar y meter en la cárcel a hombres y mujeres; [5]
esto lo saben muy bien el sumo sacerdote y el Consejo de los Ancianos. Incluso
me entregaron cartas para nuestros hermanos de Damasco, y salí para detener
a los cristianos que allí había y traerlos encadenados a Jerusalén
para que fueran castigados.
[6] Iba de camino, y ya estaba cerca de Damasco, cuando a eso del mediodía
se produjo un relámpago y me envolvió de repente una luz muy brillante
que venía del cielo. [7] Caí al suelo y oí una voz que
me decía: [8] Yo respondí: Y él me dijo:
[9] Los que me acompañaban vieron la luz y se asustaron, pero no oyeron