HECHOS DE LOS APOSTOLES

CAPÍTULO 1

LUCAS PRESENTA SU LIBRO

[1] En mi primer libro, querido Teófilo, hablé de todo lo que Jesús comenzó a hacer y enseñar. [2] Al final del libro, Jesús, lleno del Espíritu Santo, daba instrucciones a los apóstoles que había elegido y era llevado al cielo.

LA ASCENSIÓN DE JESÚS

[3] De hecho, se presentó a ellos después de su pasión, y les dio numerosas pruebas de que vivía. Durante cuarenta días se dejó ver por ellos y les habló del Reino de Dios. [4] En una ocasión en que estaba reunido con ellos les dijo que no se alejaran de Jerusalén y que esperaran lo que el Padre había prometido.
[6] Los que estaban presentes le preguntaron: [7] Les respondió: "No les corresponde a ustedes conocer los plazos y los pasos que solamente el Padre tenía autoridad para decidir. [8] Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo cuando venga sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los extremos de la tierra".
[9] Dicho esto, Jesús fue levantado ante sus ojos y una nube lo ocultó de su vista. [10] Ellos seguían mirando fijamente al cielo mientras se alejaba. Pero de repente vieron a su lado a dos hombres vestidos de blanco [11] que les dijeron:

LOS DISCÍPULOS ESPERAN AL ESPÍRITU SANTO

[12] Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos, que dista de la ciudad como media hora de camino. [13] Entraron en la ciudad y subieron a la habitación superior de la casa donde se alojaban. Allí estaban Pedro, Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago, hijo de Alfeo, Simón el Zelotes, y Judas, hijo de Santiago. [14] Todos ellos perseveraban juntos en la oración en compañia de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos.

ELECCIÓN DE MATÍAS

[15] Uno de aquellos días, Pedro tomó la palabra en medio de ellos -había allí como ciento veinte personas-, y les dijo:
[16] "Hermanos, era necesario que se cumpliera la Escritura, pues el Espíritu Santo había anunciado por boca de David el gesto de Judas; este hombre, que guió a los que prendieron a Jesús, [17] era uno de nuestro grupo y había sido llamado a compartir nuestro ministerio común.
[18] - Sabemos que con el salario de su pecado se compró un campo, se tiró de cabeza, su cuerpo se reventó y se desparramaron sus entrañas. [19] Este hecho fue conocido por todos los habitantes de Jerusalén, que llamaron a aquel campo, en su lengua, Hakeldamá, que significa: Campo de Sangre -.
[20] Esto estaba escrito en el libro de los Salmos: Que su morada quede desierta y que nadie habite en ella. Pero también está escrito: Que otro ocupe su cargo. [21] Tenemos, pues, que escoger a un hombre de entre los que anduvieron con nosotros durante todo el tiempo en que el Señor Jesús actuó en medio de nosotros, [22] desde el bautismo de Juan hasta el día en que fue llevado de nuestro lado. Uno de ellos deberá ser, junto con nosotros, testigo de su resurrección".
[23] Presentaron a dos: a José, llamado Barsabás, por sobrenombre Justo, y a Matías. [24] Entonces oraron así:
[26] Echaron a suertes entre ellos y le tocó a Matías, que fue agregado a los once apóstoles.


CAPÍTULO 2

LA VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO

[1] Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. [2] De repente vino del cielo un ruido, como el de una violenta ráfaga de viento, que llenó toda la casa donde estaban, [3] y aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y fueron posándose sobre cada uno de ellos. [4] Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía que se expresaran.
[5] Estaban de paso en Jerusalén judíos piadosos, llegados de todas las naciones que hay bajo el cielo. [6] Y entre el gentío que acudió al oír aquel ruido, cada uno los oía hablar en su propia lengua. Todos quedaron muy desconcertados [7] y se decían, llenos de estupor y admiración: "Pero éstos ¿no son todos galileos? ¡Y miren cómo hablan! [8] Cada uno de nosotros les oímos en nuestra propia lengua nativa. [9] Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, del Ponto y Asia, [10] de Frigia, Panfilia, Egipto y de la parte de Libia que limita con Cirene. Hay forasteros que vienen de Roma, unos judíos y otros extranjeros, que aceptaron sus creencias, [11] cretenses y árabes. Y todos les oímos hablar en nuestras propias lenguas las maravillas de Dios".
[12] Todos estaban asombrados y perplejos, y se preguntaban unos a otros qué querría significar todo aquello". [13] Pero algunos se reían y decían:


JESÚS ES PROCLAMADO POR PRIMERA VEZ

[14] Entonces Pedro, con los Once a su lado, se puso de pie, alzó la voz y se dirigió a ellos diciendo: "Amigos judíos y todos los que se encuentran en Jerusalén, escúchenme, pues tengo algo que enseñarles. [15] No se les ocurra pensar que estamos borrachos, pues son apenas las nueve de la mañana, [16] sino que se está cumpliendo lo que anunció el profeta Joel:
[17] Escuchen lo que sucederá en los últimos días, dice Dios: derramaré mi Espíritu sobre cualesquiera que sean los mortales. Sus hijos e hijas profetizarán, los jóvenes tendrán visiones y los ancianos tendrán sueños proféticos.
[18] En aquellos días derramaré mi Espíritu sobre mis siervos y mis siervas y ellos profetizarán.
[19] Haré prodigios arriba en el cielo y señales milagrosas abajo en la tierra. [20] El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre antes de que llegue el Día grande del Señor. [21] Y todo el que invoque el Nombre del Señor se salvará.
[22] Israelitas, escuchen mis palabras: Dios acreditó entre ustedes a Jesús de Nazaret. Hizo que realizara entre ustedes milagros, prodigios y señales que ya conocen. [23] Ustedes, sin embargo, lo entregaron a los paganos para ser crucificado y morir en la cruz, y con esto se cumplió el plan que Dios tenía dispuesto. [24] Pero Dios lo libró de los dolores de la muerte y lo resucitó, pues no era posible que quedase bajo el poder de la muerte.
[25] Escuchen lo que David decía a su respecto: Veo constantemente al Señor delante de mí; está a mi derecha para que no vacile. [26] Por eso se alegra mi corazón y te alabo muy gozoso, y hasta mi cuerpo esperará en paz. [27] Porque no me abandonarás en el lugar de los muertos ni permitirás que tu Santo experimente la corrupción. [28] Me has dado a conocer los caminos de la vida, me colmarás de gozo con tu presencia.
[29] Hermanos, no voy a demostrarles que el patriarca David murió y fue sepultado: su tumba se encuentra entre nosotros hasta el día de hoy. [30] Pero era profeta y Dios le había jurado que uno de sus descendientes se sentaría sobre su trono. Sabiéndolo, [31] se refería a la resurrección del Mesías, viéndola de antemano, con estas palabras: no será abandonado en el lugar de los muertos, ni su cuerpo experimentará la corrupción .
[32] Y es un hecho que Dios resucitó a Jesús; de esto todos nosotros somos testigos. [33] Después de haber sido exaltado a la derecha de Dios, ha recibido del Padre el don que había prometido, me refiero al Espíritu Santo que acaba de derramar sobre nosotros, como ustedes están viendo y oyendo.
[34] También es cierto que David no subió al cielo, pero estas palabras son suyas: Dijo el Señor a mi Señor: [36] Sepa entonces con seguridad toda la gente de Israel, que Dios ha hecho Señor y Cristo a este Jesús a quien ustedes crucificaron".
[37] Al oír esto se afligieron profundamente y dijeron a Pedro y a los demás apóstoles: [38] Pedro les contestó: "Arrepiéntanse, y que cada uno de ustedes se haga bautizar en el Nombre de Jesús, el Mesías, para que sus pecados sean perdonados. Entonces recibirán el don del Espíritu Santo. [39] Porque el don de Dios es para ustedes y para sus hijos, y también para todos aquellos a los que el Señor, nuestro Dios, quiera llamar, aun cuando se hayan alejado".
[40] Pedro siguió insistiendo con muchos otros discursos. Los exhortaba diciendo: [41] Los que acogieron la palabra de Pedro se bautizaron, y aquel día se unieron a ellos unas tres mil personas.

LA PRIMERA COMUNIDAD

[42] Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la convivencia, a la fracción del pan y a las oraciones.
[43] Toda la gente sentía un santo temor, ya que los prodigios y señales milagrosas se multiplicaban por medio de los apóstoles. [44] Todos los que habían creído vivían unidos; compartían todo cuanto tenían, [45] vendían sus bienes y propiedades y repartían después el dinero entre todos según las necesidades de cada uno.
[46] Todos los días se reunían en el Templo con entusiasmo, partían el pan en sus casas y compartían sus comidas con alegría y con gran sencillez de corazón. [47] Alababan a Dios y se ganaban la simpatía de todo el pueblo; y el Señor agregaba cada día a la comunidad a los que quería salvar.


CAPÍTULO 3

PEDRO Y JUAN SANAN A UN HOMBRE TULLIDO

[1] Un día, cuando Pedro y Juan subían al Templo para la oración de las tres de la tarde, [2] acababan de dejar allí a un tullido de nacimiento. Todos los días lo colocaban junto a la Puerta Hermosa, que es una de las puertas del Templo, para que pidiera limosna a los que entraban en el recinto.
[3] Cuando Pedro y Juan estaban para entrar en el Templo, el hombre les pidió una limosna. [4] Pedro, con Juan a su lado, fijó en él su mirada, y le dijo: "Míranos". [5] El hombre los miró, esperando recibir algo. [6] Pero Pedro le dijo: [7] Y tomándolo de la mano derecha, lo levantó.
[8] Inmediatamente tomaron fuerza sus tobillos y sus pies, y de un salto se puso en pie y empezó a caminar. Luego entró caminando con ellos en el recinto del Templo, saltando y alabando a Dios.
[9] Todo el pueblo lo vio caminar y alabar a Dios, [10] y lo reconocieron: ¡Es el tullido que pedía limosna junto a la Puerta Hermosa! Y quedaron sin palabras, asombrados por lo que había sucedido.
[11] El hombre sanado no se separaba de Pedro y Juan, por lo que toda la gente, fuera de sí, acudió y se reunió alrededor de ellos en el pórtico llamado de Salomón. [12] Al ver esto, Pedro se dirigió al pueblo y les dijo:
"Israelitas, ¿por qué se quedan tan maravillados? Ustedes nos miran como si hubiéramos hecho caminar a este hombre por nuestro propio poder, o por ser unos santos. [13] Pero no; es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, el que acaba de glorificar a su siervo Jesús. Ustedes lo entregaron y, cuando Pilato decidió dejarlo en libertad, renegaron de él. [14] Ustedes pidieron la libertad de un asesino y rechazaron al Santo y al Justo. [15] Mataron al Señor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos de ello. [16] Miren lo que puede la fe en su Nombre, pues en su Nombre acaba de ser restablecido este hermano al que ustedes ven y conocen. La fe que él nos inspira es la que lo ha sanado totalmente en presencia de todos ustedes.
[17] Yo sé, hermanos, que ustedes obraron por ignorancia, al igual que sus jefes, [18] y Dios cumplió de esta manera lo que había dicho de antemano por boca de todos los profetas: que su Mesías tendría que padecer.
[19] Arrepiéntanse, pues, y conviértanse, para que sean borrados sus pecados. Así el Señor hará llegar el tiempo del alivio, [20] enviándoles al Mesías que les ha sido destinado, que es Jesús. [21] Pues el cielo debe guardarlo hasta que llegue el tiempo de la restauración del universo, según habló Dios en los tiempos pasados por boca de los santos profetas.
[22] Moisés afirmó: El Señor Dios hará qu'un profeta como yo surja de entre sus hermanos. Escuchen todo lo que les diga. [23] El que no escuche a ese profeta será eliminado del pueblo. [24] Y después todos los profetas, empezando por Samuel, anunciaron estos días.
[25] Ustedes son los hijos de los profetas y los herederos de la alianza que Dios pactó con nuestros padres, al decir a Abrahán: A través de tu descendencia serán bendecidas todas las familias de la tierra. [26] Por ustedes, en primer lugar, Dios ha resucitado a su Siervo, y lo ha enviado para bendecirles, con tal que cada uno renuncie a su mala vida".


CAPÍTULO 4

PEDRO Y JUAN SON ARRESTADOS

[1] Pedro y Juan estaban aún hablando al pueblo, cuando se presentaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del Templo y los saduceos; [2] toda esa gente se sentía muy molesta porque enseñaban al pueblo y afirmaban la resurrección de los muertos a propósito de Jesús. [3] Los apresaron y los pusieron bajo custodia hasta el día siguiente, pues ya estaba anocheciendo. [4] Pero muchos de los que habían oído la Palabra creyeron, y su número llegó a unos cinco mil hombres.
[5] Al día siguiente, los jefes de los saduceos se reunieron con los ancianos y los maestros de la Ley de Jerusalén. [6] Allí estaban el sumo sacerdote Anás, Caifás, Jonatán, Alejandro y todos los que pertenecían a la alta clase sacerdotal. [7] Mandaron traer a Pedro y Juan ante ellos y empezaron a interrogarles:
[8] Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: "Jefes del pueblo y Ancianos: [9] Hoy debemos responder por el bien que hemos hecho a un enfermo. ¿A quién se debe esa sanación? [10] Sépanlo todos ustedes y todo el pueblo de Israel: este hombre que está aquí sano delante de ustedes ha sido sanado por el Nombre de Jesucristo el Nazareno, al que ustedes crucificaron, pero que Dios ha resucitado de entre los muertos. [11] El es la piedra que ustedes los constructores despreciaron, y que se ha convertido en piedra angular. [12] No hay salvación en ningún otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres ningún otro Nombre por el que debamos ser salvados`".
[13] Quedaron admirados al ver la seguridad con que hablaban Pedro y Juan, que eran hombres sin instrucción ni preparación, pero sabían que habían estado con Jesús. [14] Los jefes veían al hombre que había sido sanado allí, de pie a su lado, de modo que nada podían decir contra ellos.
[15] Mandaron, pues, que los hicieran salir del tribunal mientras deliberaban entre ellos. Decían: [16] "¿Qué vamos a hacer con estos hombres? Todos los habitantes de Jerusalén saben que han hecho un milagro clarísimo, y nosotros no podemos negarlo. [17] Pero prohibámosles que hablen más de ese Nombre ante ninguna persona, no sea que esto se extienda entre el pueblo". [18] Llamaron, pues, a los apóstoles y les ordenaron que de ningún modo enseñaran en el nombre de Jesús, que ni siquiera lo nombraran.
[19] Pedro y Juan les respondieron:
[21] Insistieron ellos en sus amenazas, y los dejaron en libertad. No encontraron manera de castigarlos a causa del pueblo, [22] pues todos glorificaban a Dios por lo que había sucedido, sabiéndose además que el hombre milagrosamente sanado tenía más de cuarenta años.

LA ORACIÓN DE LA COMUNIDAD

[23] Apenas quedaron libres, Pedro y Juan fueron a los suyos y les contaron todo lo que les habían dicho los jefes de los sacerdotes y los ancianos.
[24] Los escucharon, y después todos a una elevaron su voz a Dios, diciendo: "Señor, tú hiciste el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos. [25] Tú, por el Espíritu Santo, pusiste en boca de tu siervo David estas palabras: ¿Por qué se agitan las naciones y los pueblos traman planes vanos? [26] Se han aliado los reyes de la tierra y los príncipes se han unido contra el Señor y contra su Mesías.
[27] Es verdad que en esta ciudad hubo una conspiración de Herodes con Poncio Pilato, los paganos y el pueblo de Israel contra tu santo siervo Jesús, a quien tú ungiste. [28] Pero solamente consiguieron lo que tú habías decidido y llevabas a efecto. [29] Y ahora, Señor, fíjate en sus amenazas; concede a tus siervos anunciar tu Palabra con toda valentía, [30] mientras tú manifiestas tu poder y das grandes golpes, realizando curaciones, señales y prodigios por el Nombre de tu santo siervo Jesús".
[31] Terminada la oración, tembló el lugar donde estaban reunidos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y se pusieron a anunciar con valentía la Palabra de Dios.

LOS CREYENTES INTENTAN PONER EN COMÚN TODOS LOS BIENES

[32] La multitud de los fieles tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba como propios sus bienes, sino que todo lo tenían en común. [33] Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con gran poder, y aquél era para todos un tiempo de gracia excepcional.
[34] Entre ellos ninguno sufría necesidad, pues los que poseían campos o casas los vendían, traían el dinero [35] y lo depositaban a los pies de los apóstoles, que lo repartían según las necesidades de cada uno. [36] Así lo hizo José, un levita nacido en Chipre, a quien los apóstoles llamaban Bernabé (que quiere decir: "El Animador"). [37] Éste vendió un campo de su propiedad, trajo el dinero de la venta y lo puso a los pies de los apóstoles.


CAPÍTULO 5

EL FRAUDE DE ANANÍAS Y SAFIRA

[1] Otro hombre llamado Ananías, de acuerdo con su esposa Safira, vendió también una propiedad, [2] pero se guardó una parte del dinero, siempre de acuerdo con su esposa; la otra parte la llevó y la entregó a los apóstoles.
[3] Pedro le dijo: "Ananías, ¿por qué has dejado que Satanás se apoderara de tu corazón? Te has guardado una parte del dinero; ¿por qué intentas engañar al Espíritu Santo? [4] Podías guardar tu propiedad y, si la vendías, podías también quedarte con todo. ¿Por qué has hecho eso? No has mentido a los hombres, sino a Dios".
[5] Al oír Ananías estas palabras, se desplomó y murió. Un gran temor se apoderó de cuantos lo oyeron. [6] Se levantaron los jóvenes, envolvieron su cuerpo y lo llevaron a enterrar.
[7] Unas tres horas más tarde llegó la esposa de Ananías, que no sabía nada de lo ocurrido. [8] Pedro le preguntó: Ella respondió: [9] Y Pedro le replicó:
[10] Y al instante Safira se desplomó a sus pies y murió. Cuando entraron los jóvenes la hallaron muerta y la llevaron a enterrar junto a su marido. [11] A consecuencia de esto, un gran temor se apoderó de toda la Iglesia y de todos cuantos oyeron hablar del hecho.
[12] Por obra de los apóstoles se producían en el pueblo muchas señales milagrosas y prodigios. Los creyentes se reunían de común acuerdo en el pórtico de Salomón, [13] y nadie de los otros se atrevía a unirse a ellos, pero el pueblo los tenía en gran estima. [14] Más aún, cantidad de hombres y mujeres llegaban a creer en el Señor, aumentando así su número. [15] La gente incluso sacaba a los enfermos a las calles y los colocaba en camas y camillas por donde iba a pasar Pedro, para que por lo menos su sombra cubriera a alguno de ellos. [16] Acudían multitudes de las ciudades vecinas a Jerusalén, trayendo a sus enfermos y a personas atormentadas por espíritus malos, y todos eran sanados.

LOS APÓSTOLES SON NUEVAMENTE ARRESTADOS

[17] El sumo sacerdote y toda su gente, que eran el partido de los saduceos, decidieron actuar en la forma más enérgica. [18] Apresaron a los apóstoles y los metieron en la cárcel pública. [19] Pero un ángel del Señor les abrió las puertas de la cárcel durante la noche y los sacó fuera, diciéndoles: [20] [21] Entraron, pues, en el Templo al amanecer, y se pusieron a enseñar.
Mientras tanto el sumo sacerdote y sus partidarios reunieron al Sanedrín con todos los ancianos de Israel y enviaron a buscar a los prisioneros a la cárcel. [22] Pero cuando llegaron los guardias no los encontraron en la cárcel. Volvieron a dar la noticia y les dijeron: [23]
[24] El jefe de la policía del Templo y los jefes de los sacerdotes quedaron desconcertados al oír esto y se preguntaban qué podía haber sucedido. [25] En esto llegó uno que les dijo: "Los hombres que ustedes encarcelaron están ahora en el Templo enseñando al pueblo". [26] El jefe de la guardia fue con sus ayudantes y los trajeron, pero sin violencia, porque tenían miedo de ser apedreados por el pueblo.
[27] Los trajeron y los presentaron ante el Consejo. El sumo sacerdote los interrogó diciendo: [28]
[29] Pedro y los apóstoles respondieron: "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. [30] El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien ustedes dieron muerte colgándolo de un madero. [31] Dios lo exaltó y lo puso a su derecha como Jefe y Salvador, para dar a Israel la conversión y el perdón de los pecados. [32] Nosotros somos testigos de esto, y lo es también el Espíritu Santo que Dios ha dado a los que le obedecen".
[33] Ellos escuchaban rechiñando los dientes de rabia y querían matarlos. [34] Entonces se levantó uno de ellos, un fariseo llamado Gamaliel, que era doctor de la Ley y persona muy estimada por todo el pueblo. Mandó que hicieran salir a aquellos hombres durante unos minutos, [35] y empezó a hablar así al Consejo:
"Colegas israelitas, no actúen a la ligera con estos hombres. [36] Recuerden que tiempo atrás se presentó un tal Teudas, que pretendía ser un gran personaje y al que se le unieron unos cuatrocientos hombres. Más tarde pereció, sus seguidores se dispersaron, y todo quedó en nada. [37] Tiempo después, en la época del censo, surgió Judas el Galileo, que arrastró al pueblo en pos de sí. Pero también éste pereció y todos sus seguidores se dispersaron. [38] Por eso les aconsejo ahora que se olviden de esos hombres y los dejen en paz. Si su proyecto o su actividad es cosa de hombres, se vendrán abajo. [39] Pero si viene de Dios, ustedes no podrán destruirla, y ojalá no estén luchando contra Dios".
El Consejo le escuchó [40] y mandaron entrar de nuevo a los apóstoles. Los hicieron azotar y les ordenaron severamente que no volviesen a hablar de Jesús Salvador. Después los dejaron ir.
[41] Los apóstoles salieron del Consejo muy contentos por haber sido considerados dignos de sufrir por el Nombre de Jesús. [42] Y durante todo el día no cesaban de enseñar y proclamar a Jesús, el Mesías, ya sea en el Templo o por las casas.


CAPÍTULO 6

LOS DOCE Y LA ELECCIÓN DE LOS SIETE

[1] Por aquellos días, como el número de los discípulos iba en aumento, hubo quejas de los llamados helenistas contra los llamados hebreos, porque según ellos sus viudas eran tratadas con negligencia en la atención de cada día.
[2] Los Doce reunieron la asamblea de los discípulos y les dijeron: "No es correcto que nosotros descuidemos la Palabra de Dios por hacernos cargo de las mesas. [3] Por lo tanto, hermanos, elijan entre ustedes a siete hombres de buena fama, llenos del Espíritu y de sabiduría; les confiaremos esta tarea [4] mientras que nosotros nos dedicaremos de lleno a la oración y al ministerio de la Palabra".
[5] Toda la asamblea estuvo de acuerdo y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Pármenas y Nicolás, que era un prosélito de Antioquía. [6] Los presentaron a los apóstoles, quienes se pusieron en oración y les impusieron las manos.
[7] La Palabra de Dios se difundía; el número de los discípulos en Jerusalén aumentaba considerablemente, e incluso un buen grupo de sacerdotes había aceptado la fe.

HISTORIA DE ESTEBAN

[8] Esteban, hombre lleno de gracia y de poder, realizaba grandes prodigios y señales milagrosas en medio del pueblo. [9] Se le echaron encima algunos de la sinagoga llamada de los libertos, y otros llegados de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia. Se pusieron a discutir con Esteban, [10] pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba. [11] Al no poder resistir a la verdad, sobornaron a unos hombres para que afirmaran:
[12] Con esto movieron el pueblo, los ancianos y los maestros de la Ley, llegaron de improviso, lo arrestaron y lo llevaron ante el Sanedrín. [13] Allí se presentaron testigos falsos que declararon:
[15] En ese momento, todos los que estaban sentados en el Sanedrín fijaron los ojos en Esteban, y su rostro les pareció como el de un ángel.


CAPÍTULO 7

[1] Entonces el sumo sacerdote le preguntó: [2] Esteban respondió:
El Dios glorioso se apareció a nuestro padre Abrahán mientras estaba en Mesopotamia, antes de que fuera a vivir a Jarán. [3] Y le dijo: "Deja tu país y tu parentela y vete al país que te indicaré." [4] Entonces abandonó el país de los caldeos y se estableció en Jarán.
Después de la muerte de su padre, Dios hizo que se trasladara a este país en que ustedes habitan ahora. [5] Y no le dio en él propiedad alguna, ni siquiera un pedacito de tierra donde poner el pie, sino que le prometió dárselo en posesión a él y a su descendencia después de él. Se lo dijo a pesar de que no tenía hijos.
[6] Dios le habló así: "Tus descendientes vivirán en tierra extranjera y serán esclavizados y maltratados durante cuatrocientos años. [7] Pero yo pediré cuentas a la nación a la que sirvan como esclavos. Después saldrán y me darán culto en este lugar. [8] Luego hizo con él el pacto de la circuncisión. Y así, al nacer su hijo Isaac, Abrahán lo circuncidó al octavo día. Lo mismo hizo Isaac con Jacob, y Jacob con los doce patriarcas.
[9] Los patriarcas se pusieron celosos de José, hasta que lo vendieron, y fue llevado a Egipto. Pero Dios estaba con él [10] y lo libró de todas sus tribulaciones; le concedió sabiduría y lo hizo grato a los ojos de Faraón, rey de Egipto, quien lo nombró gobernador de Egipto y de toda su casa. [11] Sobrevino el hambre por toda la tierra de Egipto y de Canaán, y la miseria fue tan enorme que nuestros padres no encontraban qué comer. [12] Al enterarse Jacob de que había trigo en Egipto, mandó allí a nuestros padres una primera vez. [13] La segunda vez José se dio a conocer a sus hermanos y así Faraón conoció a la raza de José. [14] Luego José mandó buscar a su padre Jacob con toda su familia, que se componía de setenta y cinco personas. [15] Jacob entonces bajó a Egipto, donde murió él, y más tarde también nuestros padres. [16] Sus cuerpos fueron llevados a Siquem y descansan en la tumba que Abrahán había comprado en Siquem a los hijos de Hamor por cierta suma de plata.
[17] Ya se iba acercando el tiempo de la promesa que Dios había hecho a Abrahán; el pueblo creció y se multiplicó en Egipto, [18] hasta que llegó otro rey a Egipto que no había conocido a José. [19] Este rey, actuando con astucia contra nuestra raza, obligó a nuestros padres a que abandonaran a sus hijos recién nacidos para que no tuvieran más familia. [20] Fue en ese tiempo cuando nació Moisés, al que Dios amaba. Durante tres meses fue criado en la casa de su padre, [21] y cuando tuvieron que abandonarlo, la hija de Faraón lo recogió y lo crió como hijo suyo. [22] Así Moisés fue educado en toda la sabiduría de los egipcios, [23] y llegó a ser poderoso en sus palabras y en sus obras.
Tenía cuarenta años cumplidos cuando sintió deseos de visitar a sus hermanos, los israelitas. [24] Al ver cómo uno de ellos era maltratado, salió en defensa del oprimido y mató al egipcio. [25] ¿Comprenderían sus hermanos que Dios lo enviaba a ellos como un libertador? Moisés lo creía, pero ellos no lo entendieron. [26] Al día siguiente vio a dos israelitas que se estaban peleando y trató de pacificarlos diciéndoles: "Ustedes son hermanos, ¿por qué se hacen daño el uno al otro?" [27] Pero el que maltrataba a su compañero lo rechazó diciendo: [28] "¿Quién te ha nombrado jefe y juez sobre nosotros? ¿Quieres matarme a mí como hiciste ayer con el egipcio?" [29] Al oír esto Moisés huyó y fue a vivir en la tierra de Madián, donde tuvo dos hijos.
[30] Pasados cuarenta años se le apareció un ángel en el desierto del monte Sinaí en la llama de una zarza que ardía. [31] Moisés quedó perplejo ante esta visión y, al acercarse para mirar, oyó la voz del Señor: [32] Moisés sintió tanto miedo que no se atrevía ni a mirar. [33] Pero el Señor le dijo:
[35] A este Moisés, al que rechazaron diciendo: "¿Quién te nombró jefe y juez?", Dios lo envió como jefe y libertador, con la asistencia del ángel que se le apareció en la zarza. [36] Y los hizo salir de aquel país, realizando prodigios y señales en Egipto, en el mar Rojo y en el desierto durante cuarenta años. [37] Este Moisés es el que dijo a los israelitas: "Dios les dará un profeta como yo de entre sus hermanos". [38] Este es el que estaba con nuestros padres en la asamblea del desierto, con el ángel que le hablaba en el Monte Sinaí, y el que recibió las palabras de vida para comunicárselas a ustedes.
[39] Nuestros padres no quisieron obedecerle, lo rechazaron y pensaron volverse a Egipto. [40] Incluso dijeron a Aarón: "Danos dioses que vayan delante de nosotros, porque no sabemos qué ha sido de este Moisés que nos sacó de Egipto." [41] Y fabricaron en aquellos días un becerro, ofrecieron sacrificios al ídolo y festejaron la obra de sus manos. [42] Entonces Dios se apartó de ellos y dejó que adoraran a los astros del cielo, como está escrito en el Libro de los Profetas: "¿Acaso me ofrecieron ustedes víctimas y sacrificios durante cuarenta años en el desierto? [43] Más bien llevaban con ustedes la tienda de Moloc y la estrella del dios Refán, imágenes que ustedes mismos se fabricaron para adorarlas. Por eso yo los desterraré más allá de Babilonia."
[44] Nuestros padres tenían en el desierto la Tienda del Testimonio; el que hablaba a Moisés le había ordenado que la fabricara según el modelo que había visto. [45] Después de recibirla, nuestros padres la introdujeron, al mando de Josué, en la tierra conquistada a los paganos a quienes Dios expulsó delante de ellos. Esto duró hasta los días de David. [46] David agradó a Dios y quiso darle un lugar donde descansara entre los hijos de Jacob. [47] De hecho fue Salomón quien le edificó un templo.
[48] En realidad, el Altísimo no vive en casas fabricadas por manos de hombres, como dice el Profeta: [49] El cielo es mi trono y la tierra el apoyo de mis pies. ¿Qué casa me podrían edificar?, dice el Señor. ¿Cuál sería el lugar de mi descanso? [50] ¿No fui yo quien hizo todas estas cosas?
[51] Ustedes son un pueblo de cabeza dura, y la circuncisión no les abrió el corazón ni los oídos. Ustedes siempre resisten al Espíritu Santo, al igual que sus padres. [52] ¿Hubo algún profeta que sus padres no hayan perseguido? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del Justo, y ustedes ahora lo han entregado y asesinado; [53] ustedes, que recibieron la Ley por medio de ángeles, pero que no la han cumplido".
[54] Al oír este reproche se enfurecieron y rechinaban los dientes de rabia contra Esteban. [55] Pero él, lleno del Espíritu Santo, fijó sus ojos en el cielo y vio la gloria de Dios y a Jesús a su derecha, [56] y exclamó:
[57] Entonces empezaron a gritar, se taparon los oídos y todos a una se lanzaron contra él. Lo empujaron fuera de la ciudad y empezaron a tirarle piedras. [58] Los testigos habían dejado sus ropas a los pies de un joven llamado Saulo.
[59] Mientras era apedreado, Esteban oraba así: [60] Después se arrodilló y dijo con fuerte voz: Y dicho esto, se durmió en el Señor.


CAPÍTULO 8

[1] Saulo estaba allí y aprobaba el asesinato. Este fue el comienzo de una gran persecución contra la Iglesia de Jerusalén. Todos, excepto los apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaría.
[2] Unos hombres piadosos enterraron a Esteban e hicieron un gran duelo por él. [3] Saulo, por su parte, trataba de destruir a la Iglesia. Entraba casa por casa, hacía salir a hombres y mujeres y los metía en la cárcel.

FELIPE ANUNCIA LA PALABRA EN SAMARÍA

[4] Mientras tanto, los que se habían dispersado anunciaban la Palabra en los lugares por donde pasaban. [5] Así Felipe anunció a Cristo a los samaritanos en una de sus ciudades adonde había bajado. [6] Al escuchar a Felipe y ver los prodigios que realizaba, toda la población se interesó por su predicación. [7] Pues espíritus malos salían de los endemoniados dando gritos, y varios paralíticos y cojos quedaron sanos. [8] Hubo, pues, gran alegría en aquella ciudad.

EL MAGO SIMÓN

[9] Había llegado a aquella ciudad antes que Felipe un hombre llamado Simón. Tenía muy impresionada a la gente de Samaría con sus artes mágicas y se hacía pasar por un gran personaje. [10] Todos estaban pendientes de él, pequeños y grandes, y decían: [11] Desde hacía tiempo los tenía alucinados con sus artes mágicas, y la gente lo seguía.
[12] Pero cuando Felipe les habló del Reino de Dios y del poder salvador de Jesús, el Mesías, tanto los hombres como las mujeres creyeron y empezaron a bautizarse. [13] Incluso Simón creyó y se hizo bautizar. No se separaba de Felipe, y no salía de su asombro al ver las señales milagrosas y los prodigios que se realizaban .
[14] Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén tuvieron noticia de que los samaritanos habían aceptado la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan. [15] Bajaron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo, [16] ya que todavía no había descendido sobre ninguno de ellos y sólo habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. [17] Pero entonces les impusieron las manos y recibieron el Espíritu Santo.
[18] Al ver Simón que mediante la imposición de las manos de los apóstoles se transmitía el Espíritu, les ofreció dinero, [19] diciendo:
[20] Pedro le contestó: "¡Al infierno tú y tu dinero! ¿Cómo has pensado comprar el Don de Dios con dinero? [21] Tú no puedes esperar nada ni tomar parte en esto, porque tus pensamientos no son rectos ante Dios. [22] Arrepiéntete de esa maldad tuya y ruega al Señor que te perdone por tus intenciones, si es posible. [23] Porque en tus caminos solamente veo amargura y lazos de maldad". [24] Simón respondió:
[25] Pedro y Juan dieron testimonio y, después de predicar la Palabra del Señor, volvieron a Jerusalén. Por el camino evangelizaron varios pueblos de Samaría.

FELIPE BAUTIZA A UN ETÍOPE

[26] Un ángel del Señor se presentó a Felipe y le dijo: [27] Felipe se levantó y se puso en camino. Y justamente pasó un etíope, un eunuco de Candaces, reina de Etiopía, un alto funcionario al que la reina encargaba la administración de su tesoro. Había ido a Jerusalén a rendir culto a Dios, [28] y ahora regresaba, sentado en su carro, leyendo al profeta Isaías.
[29] El Espíritu dijo a Felipe: [30] Y mientras Felipe corría, le oía leer al profeta Isaías. Le preguntó: [31] El etíope contestó: En seguida invitó a Felipe a que subiera y se sentara a su lado.
[32] El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era éste: Fue llevado como oveja al matadero, como cordero mudo ante el que lo trasquila, no abrió su boca. [33] Fue humillado y privado de sus derechos. ¿Quién podrá hablar de su descendencia? Porque su vida fue arrancada de la tierra.
[34] El etíope preguntó a Felipe: [35] Felipe empezó entonces a hablar y a anunciarle a Jesús, partiendo de este texto de la Escritura.
[36] Siguiendo el camino llegaron a un lugar donde había agua. El etíope dijo: "Aquí hay agua. ¿Qué impide que yo sea bautizado?" ([37] Felipe respondió: "Puedes ser bautizado si crees con todo tu corazón". El etíope replicó: "Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios".)
[38] Entonces hizo parar su carro. Bajaron ambos al agua y Felipe bautizó al eunuco [39] Apenas salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe y el etíope no volvió a verlo. Prosiguió, pues, su camino con el corazón lleno de gozo.
[40] En cuanto a Felipe, se encontró en Azoto y salió a evangelizar uno tras otro todos los pueblos hasta llegar a Cesarea.


CAPÍTULO 9

SAULO ENCUENTRA A CRISTO

[1] Saulo no desistía de su rabia, proyectando violencias y muerte contra los discípulos del Señor. Se presentó al sumo sacerdote [2] y le pidió poderes escritos para las sinagogas de Damasco, pues quería detener a cuantos seguidores del Camino encontrara, hombres y mujeres, y llevarlos presos a Jerusalén.
[3] Mientras iba de camino, ya cerca de Damasco, le envolvió de repente una luz que venía del cielo. [4] Cayó al suelo y oyó una voz que le decía: [5] Preguntó él: Y él respondió:
[7] Los hombres que lo acompañaban se habían quedado atónitos, pues oían hablar, pero no veían a nadie, [8] y Saulo, al levantarse del suelo, no veía nada por más que abría los ojos. Lo tomaron de la mano y lo llevaron a Damasco. [9] Allí permaneció tres días sin comer ni beber, y estaba ciego.
[10] Vivía en Damasco un discípulo llamado Ananías. El Señor lo llamó en una visión: Respondió él: [11] Y el Señor le dijo: "Vete en seguida a la calle llamada Recta y pregunta en la casa de Judas por un hombre de Tarso llamado Saulo. Lo encontrarás rezando, [12] pues acaba de tener una visión en que un varón llamado Ananías entraba y le imponía las manos para que recobrara la vista".
[13] Ananías le respondió: [15] El Señor le contestó:
[17] Salió Ananías, entró en la casa y le impuso las manos diciendo: [18] Al instante se le cayeron de los ojos una especie de escamas y empezó a ver. Se levantó y fue bautizado. [19] Después comió y recobró las fuerzas.
Saulo permaneció durante algunos días con los discípulos en Damasco, [20] y en seguida se fue por las sinagogas proclamando a Jesús como el Hijo de Dios. [21] Los que lo oían quedaban maravillados y decían:
[22] Saulo se mostraba cada vez más fuerte cuando demostraba que Jesús era el Mesías, y refutaba todas las objeciones de los judíos de Damasco.
[23] Después de bastante tiempo los judíos decidieron matarlo, [24] pero Saulo llegó a conocer su plan. Día y noche eran vigiladas las puertas de la ciudad para poder matarlo. [25] Entonces sus discípulos lo tomaron una noche y lo bajaron desde lo alto de la muralla metido en un canasto.
[26] Al llegar a Jerusalén intentó juntarse con los discípulos, pero todos le tenían miedo, pues no creían que fuese realmente discípulo. [27] Entonces Bernabé lo tomó consigo, lo presentó a los apóstoles y les contó cómo Saulo había visto al Señor en el camino y cómo el Señor le había hablado. También les expuso la valentía con que había predicado en Damasco en nombre de Jesús.
[28] Saulo empezó a convivir con ellos. Se movía muy libremente por Jerusalén y predicaba abiertamente el Nombre del Señor. [29] Hablaba a los helenistas y discutía con ellos, pero planearon matarle. [30] Los hermanos se enteraron y lo llevaron a Cesarea, y desde allí lo enviaron a Tarso.
[31] La Iglesia por entonces gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaría. Se edificaba, caminaba con los ojos puestos en el Señor y estaba llena del consuelo del Espíritu Santo.

PEDRO VISITA LAS IGLESIAS

[32] Pedro, que recorría todos los lugares, fue también a visitar a los santos que vivían en Lida. [33] Allí encontró a un tal Eneas, que era paralítico y desde hacía ocho años yacía en una camilla. [34] Pedro le dijo: Y de inmediato se levantó. [35] Todos los habitantes de Lida y Sarón lo vieron y se convirtieron al Señor.
[36] En Jope había una discípula llamada Tabita (o Dorcas en griego), que quiere decir Gacela. Hacía muchas obras buenas y siempre ayudaba a los pobres. [37] Por aquellos días enfermó y murió: después de lavar su cuerpo, lo pusieron en la habitación del piso superior. [38] Como Lida está cerca de Jope, los discípulos, al saber que Pedro estaba allí, mandaron a dos hombres con este recado: "Ven inmediatamente a donde nosotros".
[39] Pedro se fue sin más con ellos. Apenas llegó lo hicieron subir a la habitación del piso superior, donde le presentaron a todas las viudas que estaban llorando y le mostraban las túnicas y mantos que Tabita hacía mientras vivía con ellas. [40] Pedro hizo salir a todos, se puso de rodillas y oró. Luego se volvió al cadáver y dijo: [41] Ella abrió los ojos, reconoció a Pedro y se sentó. El le dio la mano y la ayudó a levantarse; luego llamó a los santos y a las viudas y se la presentó viva.
[42] Esto se supo en todo Jope y muchos creyeron en el Señor. [43] Pedro permaneció en Jope bastante tiempo, en casa de un curtidor llamado Simón.


CAPÍTULO 10

PEDRO BAUTIZA A CORNELIO

[1] Vivía en la ciudad de Cesarea un hombre llamado Cornelio, que era un capitán del batallón Itálico. [2] Era un hombre piadoso y, al igual que toda su familia, era de los "que temen a Dios". Daba muchas limosnas a los judíos pobres y oraba constantemente a Dios.
[3] Una tarde, alrededor de las tres, tuvo una visión de la que no pudo dudar: un ángel de Dios entraba a su habitación y le llamaba: [4] El lo miró frente a frente y se llenó de miedo. Le dijo: El ángel respondió:
[7] Apenas desapareció el ángel que le hablaba, Cornelio llamó a dos criados y a un soldado piadoso que estaba a su servicio. [8] Les explicó todo y los envió a Jope.
[9] Al día siguiente, mientras iban de camino, ya cerca de la ciudad, Pedro subió a la azotea para orar. Era el mediodía. [10] Sintió hambre y quiso comer, y mientras le preparaban la comida tuvo un éxtasis. [11] Vio el cielo abierto y algo que descendía del cielo: era como una tienda de campaña grande, cuyas cuatro puntas venían a posarse sobre el suelo. [12] Dentro había toda clase de animales cuadrúpedos, reptiles y aves. [13] Entonces una voz le habló:
[14] Pedro contestó: [15] Y se le habló por segunda vez: [16] Esto se repitió por tres veces. Después aquella cosa grande fue levantada hacia el cielo.
[17] Después de volver en sí, Pedro buscaba en vano el significado de esa visión, cuando justamente se presentaron los hombres enviados por Cornelio. Habían preguntado por la casa de Simón y ahora estaban a la puerta. [18] Llamaron y preguntaron si se alojaba allí Simón, llamado Pedro. [19] Como Pedro aún seguía recapacitando sobre la visión, el Espíritu le dijo:
[21] Pedro bajó adonde ellos y les dijo: "Yo soy el que ustedes buscan. ¿Cuál es el motivo que los trae aquí?" [22] Ellos respondieron: [23] Entonces Pedro los invitó a pasar y les dio alojamiento.
Al día siguiente partió con ellos, y algunos hermanos de Jope le acompañaron. [24] Al otro día llegaron a Cesarea. Cornelio los estaba esperando, y había reunido a sus parientes y amigos más íntimos. [25] Cuando Pedro estaba para entrar, Cornelio le salió al encuentro, se arrodilló y se inclinó ante él. [26] Pedro lo levantó diciendo:
[27] Entró conversando con él y, al ver a todas aquellas personas reunidas, [28] les dijo: "Ustedes saben que no está permitido a un judío juntarse con ningún extranjero ni entrar en su casa. Pero a mí me ha manifestado Dios que no hay que llamar profano a ningún hombre ni considerarlo impuro. [29] Por eso he venido sin dudar apenas me llamaron. Ahora desearía saber por qué me han mandado a buscar".
[30] Cornelio respondió: "Hace cuatro días, a esta misma hora, estaba yo orando en mi casa, cuando se presentó delante de mí un hombre con ropas muy brillantes, que me dijo: [31] "Cornelio, tu oración ha sido escuchada y tus limosnas han sido recordadas ante Dios. [32] Envía mensajeros a Jope y haz buscar a Simón, llamado Pedro, que se hospeda en casa del curtidor Simón, junto al mar." [33] Te mandé a buscar en seguida y tú has tenido la amabilidad de venir. Ahora estamos todos aquí, en la presencia de Dios, dispuestos a escuchar todo lo que el Señor te ha ordenado".
[34] Entonces Pedro tomó la palabra y dijo:
[36] Ahora bien, Dios ha enviado su Palabra a los israelitas, dándoles un mensaje de paz por medio de Jesús, el Mesías, que también es el Señor de todos. [37] Ustedes ya saben lo que ha sucedido en todo el país judío, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. [38] Jesús de Nazaret fue consagrado por Dios, que le dio Espíritu Santo y poder. Y como Dios estaba con él, pasó haciendo el bien y sanando a los oprimidos por el diablo. [39] Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en el país de los judíos y en la misma Jerusalén.
Al final lo mataron colgándolo de un madero. [40] Pero Dios lo resucitó al tercer día e hizo que se dejara ver, [41] no por todo el pueblo, sino por los testigos que Dios había escogido de antemano, por nosotros, que comimos y bebimos con él después de que resucitó de entre los muertos. [42] El nos ordenó predicar al pueblo y dar testimonio de que Dios lo ha constituido Juez de vivos y muertos. [43] A El se refieren todos los profetas al decir que quien cree en él recibe por su Nombre el perdón de los pecados".
[44] Todavía estaba hablando Pedro, cuando el Espíritu Santo bajó sobre todos los que escuchaban la Palabra. [45] Y los creyentes de origen judío, que habían venido con Pedro, quedaron atónitos: [46] Y así era, pues les oían hablar en lenguas y alabar a Dios.
[47] Entonces Pedro dijo: [48] Y mandó bautizarlos en el nombre de Jesucristo. Luego le pidieron que se quedara algunos días con ellos.


CAPÍTULO 11

PEDRO JUSTIFICA SU CONDUCTA

[1] Los apóstoles y los hermanos de Judea tuvieron noticias de que también personas no judías habían acogido la Palabra de Dios. Por eso, [2] cuando Pedro subió a Jerusalén, los creyentes judíos comenzaron a criticar su actitud: [3] [4] Entonces Pedro se puso a explicarles los hechos punto por punto:
[5] "Estaba yo haciendo oración en la ciudad de Jope cuando en un éxtasis tuve una visión. Algo bajaba del cielo, algo que se parecía a una gran tienda de campaña, y llegaba hasta mí, posándose en el suelo sobre sus cuatro puntas. [6] Miré atentamente y vi en ella cuadrúpedos, bestias del campo, reptiles y aves. [7] Oí también una voz que me decía: [8] Yo contesté: [9] La voz me habló por segunda vez: [10] Esto se repitió por tres veces y después fue retirado todo al cielo.
[11] En aquel momento, tres hombres que habían sido enviados a mí desde Cesarea, llegaron a la casa donde nosotros estábamos. [12] El Espíritu me dijo que los siguiera sin vacilar. Me acompañaron estos seis hermanos y entramos en la casa de aquel hombre. [13] El nos contó cómo había visto a un ángel que se presentó en su casa y le dijo: Envía a alguien a Jope, y que traiga a Simón, llamado Pedro. [14] El te dará un mensaje por el que te salvarás tú y toda tu familia.
[15] Apenas había comenzado yo a hablar, cuando el Espíritu Santo bajó sobre ellos, como había bajado al principio sobre nosotros. [16] Entonces me acordé de la palabra del Señor, que dijo: "Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo." [17] Si ellos creían en el Señor Jesucristo y Dios les comunicaba el mismo don que a nosotros, ¿quién era yo para oponerme a Dios?"
[18] Cuando oyeron esto se tranquilizaron y alabaron a Dios diciendo:

LA FUNDACIÓN DE LA GLESIA DE ANTIOQUÍA

[19] Algunos que se habían dispersado a raíz de la persecución cuando el asunto de Esteban, llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, pero sólo predicaban la Palabra a los judíos. [20] Sin embargo, unos hombres de Chipre y de Cirene que habían llegado a Antioquía, se dirigieron también a los griegos y les anunciaron la Buena Noticia del Señor Jesús. [21] La mano del Señor estaba con ellos y fueron numerosos los que creyeron y se convirtieron al Señor.
[22] La noticia de esto llegó a oídos de la Iglesia de Jerusalén y enviaron a Bernabé a Antioquía. [23] Al llegar fue testigo de la gracia de Dios y se alegró; animaba a todos a que permaneciesen fieles al Señor con firme corazón, [24] pues era un hombre excelente, lleno del Espíritu Santo y de fe. Así fue como un buen número de gente conoció al Señor.
[25] Bernabé salió para Tarso en busca de Saulo, [26] y apenas lo encontró lo llevó a Antioquía. En esta Iglesia trabajaron juntos durante un año entero, instruyendo a muchísima gente, y fue en Antioquía donde los discípulos por primera vez recibieron el nombre de cristianos.
[27] Por aquel tiempo bajaron algunos profetas de Jerusalén a Antioquía. [28] Uno de ellos, llamado Agabo, dio a entender con gestos proféticos que una gran hambre vendría sobre todo el mundo, la que de hecho sobrevino en tiempos del emperador Claudio. [29] Entonces cada uno de los discípulos empezó a ahorrar según sus posibilidades, destinando esta ayuda a los hermanos de Judea. [30] Así lo hicieron, enviándosela a los presbíteros por medio de Bernabé y Saulo.


CAPÍTULO 12

MUERTE DE SANTIAGO. LIBERACIÓN MILAGROSA DE PEDRO

[1] Por aquel tiempo el rey Herodes decidió apresar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos. [2] Hizo matar a espada a Santiago, hermano de Juan, [3] y, al ver que esto agradaba a los judíos, mandó detener también a Pedro: eran precisamente los días de la fiesta de los Panes Azimos. [4] Después de detenerlo lo hizo encerrar en la cárcel bajo la vigilancia de cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno, pues su intención era juzgarlo ante el pueblo después de la Pascua. [5] Y mientras Pedro era custodiado en la cárcel, toda la Iglesia oraba incesantemente por él a Dios.
[6] Llegaba el día en que Herodes iba a hacerlo comparecer; aquella misma noche Pedro estaba durmiendo entre dos soldados, atado con dos cadenas, y otros guardias custodiaban la puerta de la cárcel. [7] De repente la celda se llenó de luz: ¡estaba el ángel del Señor! El ángel tocó a Pedro en el costado y lo despertó diciéndole: Y se le cayeron las cadenas de las manos. [8] El ángel le dijo en seguida: Así lo hizo, y el ángel agregó:
[9] Pedro salió tras él; no se daba cuenta que lo que estaba ocurriendo con el ángel era realidad, y todo le parecían visiones. [10] Pasaron la primera y la segunda guardia y llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad, la cual se les abrió sola. Salieron y se metieron por un callejón, y de repente lo dejó el ángel.
[11] Entonces Pedro volvió en sí y dijo:
[12] Pedro se orientó y fue a la casa de María, madre de Juan, llamado también Marcos, donde muchos estaban reunidos en oración. [13] Llamó a la puerta, y fue a atender una muchacha llamada Rodesa. [14] Reconoció la voz de Pedro, y fue tanta su alegría, que en vez de abrir la puerta entró corriendo a contar que Pedro estaba a la puerta. [15] Los demás le dijeron: Como ella seguía insistiendo, ellos dijeron: "Será su ángel".
[16] Pedro seguía llamando. Cuando abrieron y vieron que era él, se quedaron sin palabras. [17] Les hizo señas con la mano pidiendo silencio, y les contó cómo el Señor lo había sacado de la cárcel. En seguida les dijo: Luego salió y se fue a otro lugar.
[18] Al amanecer no fue poco el alboroto entre los soldados: ¿Qué había pasado con Pedro? [19] Herodes ordenó buscarlo y, como no lo encontraron, hizo procesar y ejecutar a los guardias. Después bajó de Judea a Cesarea y se quedó allí.

MUERTE DE HERODES

[20] Por aquel entonces Herodes estaba muy irritado con los ciudadanos de Tiro y Sidón. De común acuerdo se presentaron ante él, y después de ganarse a Blasto, tesorero del rey, buscaron una solución pacífica, ya que su país dependía del de Herodes para su abastecimiento. [21] El día señalado, Herodes, vestido con el manto real, se sentó en la tribuna y les dirigió la palabra. [22] Entonces el pueblo lo empezó a aclamar: [23] Pero de repente lo hirió el ángel del Señor por no haber devuelto a Dios el honor, y empezó a llenarse de gusanos que lo comían, hasta que murió.
[24] Mientras tanto la Palabra de Dios crecía y se difundía. [25] Bernabé y Saulo habían terminado su misión y se volvieron a Jerusalén; traían con ellos a Juan, llamado también Marcos.


CAPÍTULO 13

PABLO ES ENVIADO POR LA IGLESIA

[1] En Antioquía, en la Iglesia que estaba allí, había profetas y maestros: Bernabé, Simeón, llamado el Negro, Lucio de Cirene, Manahem, que se había criado con Herodes, y Saulo.
[2] Un día, mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo les dijo: [3] Ayunaron e hicieron oraciones, les impusieron las manos y los enviaron.

PRIMERA MISIÓN DE PABLO

[4] Enviados por el Espíritu Santo, Bernabé y Saulo bajaron al puerto de Seleucia y de allí navegaron hasta Chipre. [5] Llegados a Salamina, comenzaron a anunciar la Palabra de Dios en las sinagogas de los judíos. Juan les hacía de asistente.
[6] Atravesando toda la isla hasta Pafos, encontraron a un mago judío, un falso profeta llamado Bar-Jesús, [7] que estaba con el gobernador Sergio Paulo, el cual era un hombre muy abierto. Este hizo llamar a Bernabé y Saulo, pues deseaba escuchar la Palabra de Dios, [8] pero el otro ponía trabas. El Elimas (éste era su nombre, que significa el Mago), intentaba apartar al gobernador de la fe.
[9] Entonces Saulo, que no es otro que Pablo, lleno del Espíritu Santo, fijó en él sus ojos [10] y le dijo: "Tú, hijo del diablo, enemigo de todo bien, eres un sinvergüenza y no haces más que engañar. ¿Cuándo terminarás de torcer los rectos caminos del Señor? [11] Pues ahora la mano del Señor va a caer sobre ti, quedarás ciego y no verás la luz del sol por cierto tiempo". Al instante quedó envuelto en oscuridad y tinieblas, y daba vueltas buscando a alguien que lo llevase de la mano. [12] Al ver lo acontecido, el Gobernador abrazó la fe, pues quedó muy impresionado por la doctrina del Señor.

PABLO EN LA CAPITAL DE PISIDIA

[13] Pablo y sus compañeros se embarcaron en Pafos y llegaron a Perge de Panfilia. Allí Juan se separó de ellos y regresó a Jerusalén, [14] mientras ellos, dejando Perge, llegaban a Antioquía de Pisidia. El sábado entraron en la sinagoga y se sentaron.
[15] Después de la lectura de la Ley y los Profetas, los jefes de la sinagoga les mandaron a decir: [16] Pablo, pues, se levantó, hizo señal con la mano pidiendo silencio y dijo:
"Hijos de Israel y todos ustedes que temen a Dios, escuchen: [17] El Dios de Israel, nuestro pueblo, eligió a nuestros padres. Hizo que el pueblo se multiplicara durante su permanencia en Egipto, los sacó de allí con hechos poderosos, [18] y durante unos cuarenta años los llevó por el desierto. [19] Luego destruyó siete naciones en la tierra de Canaán y les dio su territorio en herencia. [20] Durante unos cuatrocientos cincuenta años les dio jueces, hasta el profeta Samuel. [21] Entonces pidieron un rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Cis, de la tribu de Benjamín, que reinó cuarenta años. [22] Pero después Dios lo rechazó y les dio a David, de quien dio este testimonio: Encontré a David, hijo de Jesé, un hombre a mi gusto, que llevará a cabo mis planes.
[23] Ahora bien, Dios ha cumplido su promesa: ha hecho surgir de la familia de David un salvador para Israel, ese es Jesús. [24] Antes de que se manifestara, Juan había predicado a todo el pueblo de Israel un bautismo de conversión. [25] Y cuando estaba para terminar su carrera, Juan declaró:
[26] Hermanos israelitas, hijos y descendientes de Abrahán, y también ustedes los que temen a Dios, a todos nosotros se nos ha dirigido este mensaje de salvación. [27] Es un hecho que los habitantes de Jerusalén y sus jefes no lo reconocieron, sino que lo procesaron, cumpliendo con esto las palabras de los profetas que se leen todos los sábados. [28] Aunque no encontraron en él ningún motivo para condenarlo a muerte, pidieron a Pilato que fuera ejecutado. [29] Y cuando cumplieron todo lo que sobre él estaba escrito, lo bajaron de la cruz y lo pusieron en un sepulcro.
[30] Pero Dios lo resucitó de entre los muertos. [31] Durante muchos días se apareció a los que habían subido con él desde Galilea a Jerusalén, y que habían de ser sus testigos ante el pueblo. [32] Nosotros mismos les traemos ahora la promesa que Dios hizo a nuestros padres, [33] y que cumplió para nosotros, sus hijos, al resucitar a Jesús, como está escrito en el Salmo: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy.
[34] Dios lo resucitó de entre los muertos, y no volverá a conocer muerte ni corrupción. Pues así lo dijo: Les daré las cosas santas, las realidades verdaderas que reservaba para David.
[35] Asimismo está dicho en otro lugar: No permitirás que tu santo experimente la corrupción. [36] Bien saben que David, después de haber servido durante su vida a los designios de Dios, murió, se reunió con sus padres y experimentó la corrupción. [37] Otro, pues, es el que no sufre la corrupción, y ese es Jesús, al que Dios resucitó.
[38] Sepan, pues, hermanos, cuál es la promesa: por su intermedio ustedes recibirán el perdón de los pecados y de todas esas cosas de las cuales buscaron en vano ser liberados por la Ley de Moisés. [39] Quien cree en este Jesús es liberado de todo esto. [40] Tengan, pues, cuidado de que no les ocurra lo que dijeron los profetas: [41] Atiendan ustedes, gente engreída, asómbrense y desaparezcan. Porque voy a realizar en sus días una obra tal, que si se la contaran, no la creerían".
[42] Al salir Pablo y Bernabé de la sinagoga, les rogaban que de nuevo les volvieran a hablar de este tema el sábado siguiente. [43] Y cuando se dispersó la asistencia, muchos judíos y de los que temen a Dios les siguieron. Pablo y Bernabé continuaron conversando con ellos, y los exhortaban a perseverar en la gracia de Dios.
[44] El sábado siguiente casi toda la ciudad acudió para escuchar a Pablo, que les habló largamente del Señor. [45] Los judíos se llenaron de envidia al ver todo aquel gentío y empezaron a contradecir con insultos lo que Pablo decía. [46] Entonces Pablo y Bernabé les hablaron con coraje: "Era necesario que la Palabra de Dios fuera anunciada a ustedes en primer lugar. Pues bien, si ustedes la rechazan y se condenan a sí mismos a no recibir la vida eterna, sepan que ahora nos dirigimos a los que no son judíos. [47] El mismo Señor nos dio la orden: Te he puesto como luz de los paganos, y llevarás mi salvación hasta los extremos del mundo.
[48] Los que no eran judíos se alegraban al oír estas palabras y tomaban en consideración el mensaje del Señor. Y creyeron todos los que estaban destinados para una vida eterna. [49] Con esto la Palabra de Dios empezó a difundirse por toda la región.
[50] Pero los judíos incitaron a mujeres distinguidas de entre las que temían a Dios y también a los hombres importantes de la ciudad y promovieron una persecución contra Pablo y Bernabé hasta que los echaron de su territorio. [51] Así que los apóstoles se fueron a la ciudad de Iconio, pero al salir sacudieron el polvo de sus pies en protesta contra ellos. [52] Dejaban a los discípulos llenos de gozo y Espíritu Santo.


CAPÍTULO 14

EVANGELIZACIÓN DE ICONIO

[1] En Iconio ocurrió lo mismo. Pablo y Bernabé entraron en la sinagoga de los judíos y hablaron de tal manera que un gran número de judíos y griegos abrazaron la fe. [2] Pero entonces los judíos que se negaron a creer excitaron y envenenaron los ánimos de los paganos contra los hermanos. [3] Con todo, permanecieron allí un buen número de días. Predicaban sin miedo, confiados en el Señor, el que confirmaba este anuncio de su gracia con las señales milagrosas y los prodigios que les concedía realizar.
[4] La población de la ciudad se dividió, unos a favor de los judíos y otros a favor de los apóstoles. [5] Un grupo compuesto de paganos y judíos con sus jefes al frente, se preparó para ultrajar y apedrear a los apóstoles. [6] Ellos, al enterarse, huyeron a la provincia de Licaonia, a las ciudades de Listra, Derbe y alrededores, [7] donde se quedaron evangelizando.

EN LISTRA Y DERBE

[8] Había en Listra un hombre tullido, que se veía sentado y con los pies cruzados. Era inválido de nacimiento y nunca había podido caminar. [9] Un día, como escuchaba el discurso de Pablo, éste fijó en él su mirada y vio que aquel hombre tenía fe para ser sanado. [10] Le dijo entonces en voz alta: El hombre se incorporó y empezó a caminar.
[11] Al ver la gente lo que Pablo había hecho, comenzó a gritar en la lengua de Licaonia: [12] Según ellos, Bernabé era Zeus y Pablo Hermes, porque era el que hablaba. [13] Incluso el sacerdote del templo de Zeus que estaba fuera de la ciudad trajo hasta las puertas de la misma toros y guirnaldas y, de acuerdo con la gente, quiso ofrecerles un sacrificio.
[14] Al escuchar esto, Bernabé y Pablo rasgaron sus vestidos para manifestar su indignación y se lanzaron en medio de la gente gritando: [15] "Amigos, ¿qué hacen? Nosotros somos humanos y mortales como ustedes, y acabamos de decirles que deben abandonar estas cosas que no sirven y volverse al Dios vivo que hizo el cielo, la tierra, el mar y cuanto hay en ellos. [16] El permitió en las generaciones pasadas que cada nación siguiera su propio camino, [17] pero no por eso dejó de manifestarse, pues continuamente derrama sus beneficios. El es quien desde el cielo les da las lluvias, y los frutos a su tiempo, dando el alimento y llenando los corazones de alegría".
[18] Aun con estas palabras, difícilmente consiguieron que el pueblo no les ofreciera un sacrificio, y que volvieran cada uno a su casa.
[19] Se quedaron allí algún tiempo enseñando. Luego llegaron unos judíos de Antioquía e Iconio y hablaron con mucha seguridad, afirmando que no había nada de verdadero en aquella predicación, sino que todo era una mentira. Persuadieron a la gente a que les dieran la espalda y al final apedrearon a Pablo. Después lo arrastraron fuera de la ciudad, convencidos de que ya estaba muerto. [20] Pero sus discípulos se juntaron en torno a él, y se levantó. Entró en la ciudad, y al día siguiente marchó con Bernabé para Derbe.

VUELVEN A ANTIOQUÍA

[21] Después de haber evangelizado esa ciudad, donde hicieron muchos discípulos, regresaron de nuevo a Listra y de allí fueron a Iconio y Antioquía. [22] A su paso animaban a los discípulos y los invitaban a perseverar en la fe; les decían: "Es necesario que pasemos por muchas pruebas para entrar en el Reino de Dios". [23] En cada Iglesia designaban presbíteros y, después de orar y ayunar, los encomendaban al Señor en quien habían creído.
[24] Atravesaron la provincia de Pisidia y llegaron a la de Panfilia. [25] Predicaron la Palabra en Perge y bajaron después a Atalía. [26] Allí se embarcaron para volver a Antioquía, de donde habían partido encomendados a la gracia de Dios para la obra que acababan de realizar.
[27] A su llegada reunieron a la Iglesia y les contaron todo lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto las puertas de la fe a los pueblos paganos. [28] Permanecieron allí bastante tiempo con los discípulos.


CAPÍTULO 15

CONTROVERSIAS. - CONCILIO DE JERUSALÉN: LA IGLESIA, ¿SERÁ JUDÍA?

[1] Llegaron algunos de Judea que aleccionaban a los hermanos con estas palabras: [2] Esto ocasionó bastante perturbación, así como discusiones muy violentas de Pablo y Bernabé con ellos. Al fin se decidió que Pablo y Bernabé junto con algunos de ellos subieran a Jerusalén para tratar esta cuestión con los apóstoles y los presbíteros.
[3] La Iglesia los encaminó, y atravesaron Fenicia y Samaría. Al pasar contaban con todo lujo de detalles la conversión de los paganos, lo que produjo gran alegría en todos los hermanos. [4] Al llegar a Jerusalén fueron recibidos por la Iglesia, por los apóstoles y los presbíteros, y les expusieron todo lo que Dios había hecho por medio de ellos. [5] Pero se levantaron algunos del grupo de los fariseos que habían abrazado la fe, y dijeron:
[6] Entonces los apóstoles y los presbíteros se reunieron para tratar este asunto. [7] Después de una acalorada discusión, Pedro se puso en pie y dijo:
"Hermanos: ustedes saben cómo Dios intervino en medio de ustedes ya en los primeros días, cuando quiso que los paganos escucharan de mi boca el anuncio del Evangelio y abrazaran la fe. [8] Y Dios, que conoce los corazones, se declaró a favor de ellos, al comunicarles el Espíritu Santo igual que a nosotros. [9] No ha hecho ninguna distinción entre nosotros y ellos, sino que purificó sus corazones por medio de la fe. [10] ¿Quieren ustedes mandar a Dios ahora? ¿Por qué quieren poner sobre el cuello de los discípulos un yugo que nuestros padres no fueron capaces de soportar, ni tampoco nosotros? [11] Según nuestra fe, la gracia del Señor Jesús es la que nos salva, del mismo modo que a ellos".
[12] Toda la asamblea guardó silencio y escucharon a Bernabé y a Pablo, que contaron las señales milagrosas y prodigios que Dios había realizado entre los paganos a través de ellos.
[13] Cuando terminaron de hablar, Santiago tomó la palabra y dijo:
[16] Después de esto volveré y construiré de nuevo la choza caída de David. Reconstruiré sus ruinas y la volveré a levantar, [17] para que el resto de los hombres busque al Señor, todas las naciones sobre las cuales ha sido invocado mi Nombre. Así lo dice el Señor, que hoy realiza [18] lo que tenía preparado desde siempre.
[19] Por esto pienso que no debemos complicar la vida a los paganos que se convierten a Dios. [20] Digámosles en nuestra carta tan sólo que se abstengan de lo que es impuro por haber sido ofrecido a los ídolos, de las relaciones sexuales prohibidas, de la carne de animales sin sangrar y de comer sangre. [21] Porque desde tiempos antiguos leen a Moisés en las sinagogas todos los sábados, y tiene predicadores en cada ciudad".

LA CARTA DEL CONCILIO, EL PRINCIPIO DE LIBERTAD

[22] Entonces los apóstoles y los presbíteros, de acuerdo con toda la Iglesia, decidieron elegir algunos hombres de entre ellos para enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Fueron elegidos Judas, llamado Barsabás, y Silas, ambos dirigentes entre los hermanos. [23] Debían entregar la siguiente carta:
"Los apóstoles y los hermanos con título de ancianos saludan a los hermanos no judíos de Antioquía, Siria y Cilicia. [24] Nos hemos enterado de que algunos de entre nosotros los han inquietado y perturbado con sus palabras. No tenían mandato alguno nuestro. [25] Pero ahora, reunidos en asamblea, hemos decidido elegir algunos hombres y enviarlos a ustedes, junto con los queridos hermanos Bernabé y Pablo, [26] que han consagrado su vida al servicio de nuestro Señor Jesucristo. [27] Les enviamos, pues, a Judas y a Silas, que les expondrán de viva voz todo el asunto.
[28] Fue el parecer del Espíritu Santo y el nuestro no imponerles ninguna otra carga fuera de las indispensables: [29] que no coman carne sacrificada a los ídolos, ni sangre, ni carne de animales sin desangrar, y que se abstengan de relaciones sexuales prohibidas. Observen estas normas dejándose guiar por el Espíritu Santo. Adiós".
[30] Después de despedirse fueron a Antioquía, reunieron a la asamblea y entregaron la carta. [31] Cuando la leyeron, todos se alegraron con aquel mensaje de aliento. [32] Judas y Silas, que también eran profetas, dieron ánimo y confortaron a los hermanos con un largo discurso. [33] Se quedaron allí algún tiempo, y los hermanos los despidieron en paz para volver a la comunidad que los había enviado. [34] Pero Silas prefirió quedarse con ellos y Judas volvió solo.
[35] En cuanto a Pablo y Bernabé, se detuvieron en Antioquía, enseñando y anunciando con muchos otros la Palabra de Dios.

SEGUNDA MISIÓN DE PABLO

[36] Pero un día Pablo dijo a Bernabé:
[37] Bernabé quería llevar con ellos también a Juan, llamado Marcos, [38] pero Pablo consideraba que no debían llevar consigo a quien los había abandonado en Panfilia, cuando debía haber compartido sus trabajos. [39] Se acaloraron tanto que acabaron por separarse el uno del otro. Bernabé tomó consigo a Marcos y se embarcó rumbo a Chipre. [40] Pablo, por su parte, eligió a Silas. Los hermanos lo encomendaron a la gracia de Dios y partió. [41] Recorrió Siria y Cilicia confirmando a las Iglesias y entregando las decisiones de los presbíteros.


CAPÍTULO 16

PABLO LLEVA A TIMOTEO CONSIGO

[1] Pablo se dirigió a Derbe, y después a Listra. Había allí un discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía que había abrazado la fe, y de padre griego; [2] los hermanos de Listra e Iconio hablaban muy bien de él. [3] Pablo quiso llevarlo consigo y de partida lo circuncidó, pensando en los judíos que había por aquellos lugares, pues todos sabían que su padre era griego.
[4] A su paso de ciudad en ciudad, iban entregando las decisiones tomadas por los apóstoles y presbíteros en Jerusalén y exhortaban a que las observaran. [5] Estas Iglesias se iban fortaleciendo en la fe y reunían cada día más gente.
[6] Atravesaron Frigia y la región de Galacia, pues el Espíritu Santo no les dejó que fueran a predicar la Palabra en Asia. [7] Estando cerca de Misia intentaron dirigirse a Bitinia, pero no se lo consintió el Espíritu de Jesús. [8] Atravesaron entonces Misia y bajaron a Tróade.
[9] Por la noche Pablo tuvo una visión. Ante él estaba de pie un macedonio que le suplicaba: [10] Al despertar nos contó la visión y comprendimos que el Señor nos llamaba para evangelizar a Macedonia.

PABLO PASA A EUROPA

[11] Nos embarcamos en Tróade y navegamos rumbo a la isla de Samotracia; al día siguiente salimos para Neápolis. [12] De allí pasamos a Filipos, una de las principales ciudades del distrito de Macedonia, con derechos de colonia romana.
Nos detuvimos allí algunos días, [13] y el sábado salimos a las afueras de la ciudad, a orillas del río, donde era de suponer que los judíos se reunían para orar. Nos sentamos y empezamos a hablar con las mujeres que habían acudido. [14] Una de ellas se llamaba Lidia, y era de las que temen a Dios. Era vendedora de púrpura y natural de la ciudad de Tiatira. Mientras nos escuchaba, el Señor le abrió el corazón para que aceptase las palabras de Pablo. [15] Recibibió el bautismo junto con los de su familia, y luego nos suplicó: ustedes piensan que mi fe en el Señor es sincera, vengan y quédense en mi casa. Y nos obligó a aceptar.

PABLO Y SILAS EN PRISIÓN

[16] Mientras íbamos un día al lugar de oración, salió a nuestro encuentro una muchacha esclava que estaba poseída por un espíritu adivino. Adivinando la suerte producía mucha plata a sus amos.
[17] Empezó a seguirnos y a Pablo gritando: [18] Esto se repitió durante varios días, hasta que Pablo se cansó, Se volvió y dijo al espíritu: "En el nombre de Jesucristo te ordeno que salgas de ella" Y en ese mismo instante el espíritu la dejó.
[19] Al ver sus amos que con ello se esfumaban también sus ganancias, tomaron a Pablo y a Silas y los arrastraron a la plaza ante el tribunal. [20] Y los presentaron a los magistrados diciendo:
[22] La gente se les echó encima. Los oficiales mandaron arrancarles las ropas y los hicieron apalear. [23] Después de haberles dado muchos golpes, los echaron a la cárcel, dando orden al carcelero de vigilarlos con todo cuidado. [24] Este, al recibir dicha orden, los metió en el calabozo interior, y les sujetó los pies con cadenas al piso del calabozo.

LIBERACIÓN MILAGROSA

[25] Hacia la media noche Pablo y Silas estaban cantando himnos a Dios, y los demás presos los escuchaban. [26] De repente se produjo un temblor tan fuerte que se conmovieron los cimientos de la cárcel; todas las puertas se abrieron de golpe y a todos los presos se les soltaron las cadenas.
[27] Se despertó el carcelero y vio todas las puertas de la cárcel abiertas. Creyendo que los presos se habían escapado, sacó la espada para matarse, [28] pero Pablo le gritó:
[29] El hombre pidió una luz, entró de un salto y, después de encerrar bien a los demás presos, se arrojó temblando a los pies de Pablo y Silas. [30] Después los sacó fuera y les preguntó: [31] Le respondieron:
[32] Así que le anunciaron la Palabra del Señor a él y a todos los de su casa, [33] y él, sin más demora, les lavó las heridas y se bautizó con toda su familiala a aquella hora de la noche. [34] Los había llevado a su casa; allí preparó la mesa e hicieron fiesta con todos los suyos por haber creído en Dios.
[35] Por la mañana los magistrados enviaron a unos oficiales con esta orden: "Deja en libertad a esos hombres". [36] El carcelero se lo comunicó a Pablo y Silas, diciendo:
[37] Pero Pablo le contestó:
[38] Los oficiales transmitieron esto a los magistrados, que se llenaron de miedo al escuchar que eran ciudadanos romanos. [39] Fueron a la prisión acompañados por un grupo de amigos de Pablo y les pidieron que se marcharan, diciéndoles: Y cuando Pablo y Silas estaban para irse, les rogaron: .
[40] Apenas dejaron la cárcel fueron a casa de Lidia. Allí se encontraron con los hermanos, a los que dieron ánimo y antes de marcharse.


CAPÍTULO 17

DIFICULTADES EN TESALÓNICA

[1] Pablo y Silas atravesaron Anfípolis y Apolonia, y llegaron a Tesalónica, donde los judíos tenían una sinagoga. [2] Pablo, según su costumbre, fue a visitarlos y por tres sábados discutió con ellos, basándose en las Escrituras. [3] Las interpretaba y les demostraba que el Mesías debía padecer y resucitar de entre los muertos. Y les decía: "Este Mesías es precisamente el Jesús que yo les anuncio".
[4] Hubo algunos que se convencieron y formaron un grupo en torno a Pablo y Silas. Lo mismo hicieron un buen número de griegos, de los "que temen a Dios", y no pocas mujeres de la alta sociedad.
[5] Los judíos no se quedaron pasivos: reunieron a unos cuantos vagos y maleantes, armaron un motín y alborotaron la ciudad. Hicieron una demostración frente a la casa de Jasón, pues querían a Pablo y Silas para llevarlos ante la asamblea del pueblo. [6] Pero al no encontrarlos allí, arrastraron a Jasón y a otros creyentes ante los magistrados de la ciudad, gritando:
[8] Lograron impresionar al pueblo y a los magistrados que los oían, [9] los cuales exigieron una fianza a Jasón y a los demás hermanos antes de dejarlos en libertad. [10] Aquella misma noche los hermanos enviaron a Pablo y Silas a la ciudad de Berea.
Al llegar se dirigieron a la sinagoga de los judíos. [11] Estos eran mejores que los de Tesalónica, y recibieron el mensaje con mucha disponibilidad. Diariamente examinaban las Escrituras para comprobar si las cosas eran así. [12] Un buen número de ellos abrazó la fe y, de entre los griegos, algunas mujeres distinguidas y también bastantes hombres.
[13] Pero cuando los judíos de Tesalónica se enteraron de que Pablo estaba predicando la Palabra de Dios en Berea, fueron también allá para agitar al pueblo y crear disturbios. [14] Inmediatamente los hermanos hicieron salir a Pablo hacia la costa, mientras Silas y Timoteo se quedaban en Berea. [15] Los que acompañaban a Pablo lo llevaron a Atenas, y después regresaron a Berea con instrucciones para Timoteo y Silas de que fueran a reunirse con él lo antes posible.

PABLO EN ATENAS

[16] Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu hervía viendo la ciudad plagada de ídolos. [17] Empezó a tener contactos en la sinagoga con judíos y con griegos que temían a Dios, hablando también con los que diariamente se encontraban en las plazas de la ciudad.
[18] Algunos filósofos epicúreos y estoicos entablaron conversación con él. Unos preguntaban: "¿Qué querrádecir este charlatán?", mientras otros comentaban: "Parece ser un predicador de dioses extranjeros". Porque le oían hablar de "Jesús" y de "la Resurrección".
[19] Lo tomaron y lo llevaron con ellos a la sala del Areópago, diciéndo: [21] Se sabe que para todos los atenienses y los extranjeros que viven allí, no hay mejor pasatiempo que contar o escuchar las últimas novedades.
[22] Entonces Pablo se puso de pie en medio del Areópago, y les dijo: "Ciudadanos de Atenas, veo que son personas sumamente religiosas. [23] Mientras recorría la ciudad contemplando sus monumentos sagrados, he encontrado un altar con esta inscripción: "Al Dios desconocido". Pues bien, lo que ustedes adoran sin conocer, es lo que yo vengo a anunciarles.
[24] El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él no vive en santuarios fabricados por humanos, pues es Señor del Cielo y de la tierra, [25] y tampoco necesita ser servido por manos humanas, pues ¿qué le hace falta al que da a todos la vida, el aliento y todo lo demás?
[26] Habiendo sacado de un solo tronco toda la raza humana, quiso que se estableciera sobre toda la faz de la tierra, y fijó para cada pueblo cierto lugar y cierto momento de la historia. [27] Habían de buscar por sí mismos a Dios, aunque fuera a tientas: tal vez lo encontrarían. [28] En realidad no está lejos de cada uno de nosotros, pues en él vivimos, nos movemos y existimos, como dijeron algunos poetas de ustedes: "Somos también del linaje de Dios". [29] Si de verdad somos del linaje de Dios, no debemos pensar que la divinidad se parezca a las creaciones del arte y de la fantasía humanas, ya sean de oro, plata o piedra.
[30] Ahora precisamente, Dios quiere superar esos tiempos de ignorancia, y pide a todos los hombres de todo el mundo un cambio total. [31] Tiene ya fijado un día en que juzgará a todo el mundo con justicia, valiéndose de un hombre que ha designado, y al que todos pueden creer, pues él lo ha resucitado de entre los muertos".
[32] Cuando oyeron hablar de resurrección de los muertos, unos empezaron a burlarse de Pablo, y otros le decían: "Sobre esto te escucharemos en otra ocasión". [33] Así fue como Pablo salió de entre ellos. [34] Algunos hombres, sin embargo, se unieron a él y abrazaron la fe, entre ellos Dionisio, miembro del Areópago, una mujer llamada Damaris y algunos otros.


CAPÍTULO 18

PABLO EN CORINTO

[1] Tiempo después Pablo se marchó de Atenas y se fue a Corinto. [2] Allí se encontró con un judío llamado Aquila, natural de Ponto, que acababa de llegar de Italia con su esposa Priscila, a consecuencia de un decreto del emperador Claudio; porque todos los judíos habían recibido la orden de abandonar Roma. Pablo se acercó a ellos [3] pues eran del mismo oficio y se dedicaban a fabricar tiendas. Y se quedó a vivir y a trabajar con ellos. [4] Todos los sábados Pablo entablaba discusiones en la sinagoga, tratando de convencer tanto a los judíos como a los griegos.
[5] Al llegar de Macedonia Silas y Timoteo, Pablo se dedicó por entero a la Palabra, y aseguraba a los judíos que Jesús era el Mesías. [6] Como se oponían y le respondían con insultos, se sacudió el polvo de sus vestidos mientras les decía: "Nada tengo ya que ver con lo que les suceda; ustedes son los únicos responsables. En adelante me dirigiré a los paganos".
[7] Pablo cambió de lugar y se fue a la casa de un tal Tito Justo, de los que temen a Dios, que estaba pegada a la sinagoga. [8] Crispo, uno de los dirigentes de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su familia, y de los corintios que escuchaban a Pablo, muchos creían y se hacían bautizar.
[9] Una noche el Señor le dijo a Pablo en una visión: [11] Pablo siguió enseñando entre ellos la Palabra de Dios, y permaneció allí un año y seis meses.
[12] Siendo Galión gobernador de Acaya, los judíos acordaron unánimemente hacer una manifestación contra Pablo; lo llevaron ante el tribunal y lo acusaron [13] "Este hombre incita a la gente a que adoren a Dios de una manera que prohibe nuestra Ley".
[14] Pablo iba a contestar, cuando Galión dijo a los judíos: "Judíos, si se tratara de una injusticia o de algún crimen, sería correcto que yo los escuchara. [15] Pero como se trata de discusiones sobre mensajes, poderes superiores y sobre su Ley, arréglense entre ustedes mismos. Yo no quiero ser juez de tales asuntos. " [16] Y los echó del tribunal. [17] Entonces toda la chusma agarró a Sóstenes, que era un dirigente de la sinagoga, y empezaron a golpearlo delante del tribunal, pero Galión no se preocupó por tanto.
[18] Pablo se quedó en Corinto todavía por bastante tiempo. Después se despidió de los hermanos y se embarcó para Siria, acompañado por Priscila y Aquila. Había hecho un voto, y solamente en el puerto de Cencreas se cortó el pelo. [19] Así fue como llegaron a Efeso, y allí dejó que ellos se fueran.
Pablo entró en la sinagoga y empezó a discutir con los judíos. [20] Le rogaban que se quedara en Efeso por más tiempo, pero Pablo no aceptó, [21] y se despidió de ellos con estas palabras: Dios quiere, volveré de nuevo por aquí. Y se fue de Efeso por mar.
[22] Desembarcó en Cesarea. Subió a saludar a aquella Iglesia y después bajó a Antioquía. [23] Permaneció allí por algún tiempo, y luego se fue a recorrer ciudad tras otra las regiones de Galacia y Frigia, fortaleciendo a los discípulos.
[24] Un judío llamado Apolo, natural de Alejandría, había llegado a Efeso. Era un orador elocuente y muy entendido en las Escrituras. [25] Le habían enseñado algo del camino del Señor, y hablaba con mucho entusiasmo. Enseñaba en forma acertada lo referente a Jesús, aunque sólo se había quedado con el bautismo de Juan.
[26] Hablaba, pues, con mucha convicción en la sinagoga. Al oírlo Aquila y Priscila, lo llevaron consigo y le expusieron con mayor precisión el camino. [27] Como pensaba pasar por Acaya, los hermanos lo alentaron y escribieron a los discípulos para que lo recibieran. De hecho, cuando llegó, ayudó muchísimo a los que la gracia de Dios había llevado a la fe, [28] pues rebatía públicamente y con gran acierto a los judíos, demostrando con las Escrituras que Jesús era el Mesías.


CAPÍTULO 19

PABLO EN EFESO

[1] Mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo llegó a Efeso atravesando las regiones altas; encontró allí a algunos discípulos [2] y les preguntó: Le contestaron: "Ni siquiera hemos oído decir que se reciba el Espíritu Santo". [3] Pablo les replicó: Respondieron: "El bautismo de Juan".
[4] Entonces Pablo les explicó: bien Juan bautizaba con miras a un cambio de vida, pedía al pueblo que creyeran en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús. [5] Al oír esto se hicieron bautizar en el nombre del Señor Jesús, [6] y al imponerles Pablo las manos, el Espíritu Santo bajó sobre ellos y empezaron a hablar lenguas y a profetizar. [7] Eran unos doce hombres.
[8] Pablo entró en la sinagoga y durante tres meses les habló con convicción sobre el Reino de Dios, tratando de persuadirles. [9] Al ver que algunos, en vez de creer, se endurecían más y criticaban públicamente el camino, se separó de ellos. Tomaba aparte a sus discípulos y diariamente les enseñaba en la escuela de un tal Tirano, desde las once hasta las cuatro de la tarde. [10] Hizo esto durante dos años, de tal manera que todos los habitantes de la provincia de Asia, tanto judíos como griegos, pudieron escuchar la Palabra del Señor.
[11] Dios obraba prodigios extraordinarios por las manos de Pablo, [12] hasta tal punto que imponían a los enfermos pañuelos o ropas que él había usado, y mejoraban. También salían de ellos los espíritus malos. [13] Incluso algunos judíos ambulantes que echaban demonios, trataron de invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: "Yo te ordeno en el nombre de ese Jesús a quien Pablo predica".
[14] Entre los que hacían esto estaban los hijos de un sacerdote judío, llamado Escevas. Un día entraron en una casa y se atrevieron a hacer eso, [15] pero el espíritu malo les contestó: [16] Y el hombre que tenía el espíritu malo se lanzó sobre ellos, los sujetó a ambos y los maltrató de tal manera que huyeron de la casa desnudos y malheridos. [17] La noticia llegó a todos los habitantes de Efeso, tanto judíos como griegos. Todos quedaron muy atemorizados, y el Nombre del Señor Jesús fue tenido en gran consideración.
[18] Muchos de los que habían aceptado la fe venían a confesar y exponer todo lo que antes habían hecho. [19] No pocos de los que habían practicado la magia juntaron sus libros y los quemaron delante de todos. Calculado el precio de esos libros, se estimó en unas cincuenta mil monedas de plata.
[20] De esta forma la Palabra de Dios manifestaba su poder, se extendía y se robustecía.

EL MOTÍN DE LOS ORFEBRES

[21] Después de todos estos acontecimientos, Pablo tomó su decisión en el Espíritu: ir a Jerusalén pasando por Macedonia y Acaya. Y decía: [22] Envió a Macedonia a dos de sus auxiliares, a Timoteo y a Erasto, mientras él se quedaba por algún tiempo más en Asia.
[23] Fue en ese tiempo cuando se produjo un gran tumulto en la ciudad a causa del camino. [24] Un platero, llamado Demetrio, fabricaba figuritas de plata del templo de Artemisa, y con esto procuraba buenas ganancias a los artífices. [25] Reunió a éstos junto con otros que vivían de artes parecidas, y les dijo: "Compañeros, ustedes saben que esta industria es la que nos deja las mayores ganancias. [26] Pero como ustedes mismos pueden ver y oír, ese Pablo ha cambiado la mente de muchísimas personas, no sólo en Efeso, sino en casi toda la provincia de Asia. Según él, los dioses no pueden salir de manos humanas. [27] No son sólo nuestros intereses los que salen perjudicados, sino que también el templo de la gran diosa Artemisa corre peligro de ser desprestigiado. Al final se acabará la fama de aquella a quien adora toda el Asia y el mundo entero".
[28] Este discurso despertó el furor de los oyentes y empezaron a gritar: [29] El tumulto se propagó por toda la ciudad. La gente se precipitó al teatro arrastrando consigo a Gayo y Aristarco, dos macedonios, compañeros de viaje de Pablo.
[30] Pablo quería enfrentarse con la muchedumbre, pero los discípulos no lo dejaron. [31] Incluso algunos consejeros, amigos suyos, de la provincia de Asia, le mandaron a decir que no se arriesgara a ir al teatro. [32] Mientras tanto la asamblea estaba sumida en una gran confusión. Unos gritaban una cosa, otros otra, y la mayor parte no sabían ni por qué estaban allí.
[33] En cierto momento algunos hicieron salir de entre la gente a un tal Alejandro, a quien los judíos empujaban adelante. Quería justificarlos ante el pueblo y pidió silencio con la mano. [34] Pero cuando se dieron cuenta de que era judío, todos a una voz se pusieron a gritar, y durante casi dos horas sólo se oyó este grito:
[35] Al fin el secretario de la ciudad logró calmar a la multitud y dijo: "Ciudadanos de Efeso, ¿quién no sabe que la ciudad de Éfeso guarda el templo de la gran Artemisa y su imagen caída del cielo? [36] Siendo esto algo tan evidente, conviene que ustedes se calmen y no cometan ninguna locura. [37] Estos hombres que han traído aquí no han profanado el templo, ni han insultado a nuestra diosa. [38] Si Demetrio y sus artífices tienen cargos contra alguno, para eso están las audiencias y los magistrados: que presenten allí sus acusaciones. [39] Y si el asunto es de mayor importancia, que se resuelva en la asamblea legal. [40] ¿Han pensado ustedes que podríamos ser acusados de rebelión por lo ocurrido hoy? No tendríamos excusa alguna para justificar este tumulto". [41] Y dicho esto, disolvió la asamblea.


CAPÍTULO 20

PABLO VUELVE A MACEDONIA

[1] Cuando se calmó el tumulto, Pablo mandó llamar a sus discípulos para animarlos. Se despidió de ellos y se fue a Macedonia. [2] Después de recorrer aquellas regiones, en las que multiplicó sus predicaciones para confortar a los discípulos, llegó a Grecia. [3] Pasó allí tres meses y luego pensó en volver a Siria por barco. Pero supo que los judíos tramaban algo contra él, y decidió regresar por Macedonia.
[4] Al marcharse de Asia, se fueron también con él: Sópatros, hijo de Pirro, de Berea; Aristarco y Segundo, de Tesalónica; Gayo, de Derbe, y Timoteo; Tíquico y Trófimo, de Asia. [5] Todos estos se fueron por delante y nos esperaron en Tróade.
[6] Nosotros nos embarcamos en Filipos apenas terminaron las fiestas de los Panes Azimos. Cinco días después nos reunimos con ellos en Tróade, donde nos detuvimos siete días.

LA EUCARISTÍA DE UN DOMINGO EN TRÓADE

[7] El primer día de la semana estábamos reunidos para la fracción del pan, y Pablo, que debía irse al día siguiente, comenzó a conversar con ellos. Pero su discurso se alargó hasta la medianoche. [8] Había bastantes lámparas encendidas en la pieza del piso superior donde estábamos reunidos. [9] Un joven, llamado Eutico, estaba sentado en el borde de la ventana, y como Pablo no terminaba de hablar, el sueño acabó por vencerle. Se durmió y se cayó desde el tercer piso al suelo. Lo recogieron muerto.
[10] Pablo, entonces, bajó, se inclinó sobre él, y después de tomarlo en sus brazos, dijo: [11] Subió de nuevo, partió el pan y comió. Luego siguió conversando con ellos hasta el amanecer, y se fue. [12] En cuanto al joven, lo trajeron vivo, lo que fue para todos un gran consuelo.
[13] Nosotros tomamos el barco para Aso; debíamos llegar antes que Pablo y recogerlo allí, pues se había decidido que él haría el viaje por tierra. [14] Efectivamente nos encontró en Aso. Subió a la nave con nosotros y llegamos a Mitilene. [15] Al día siguiente zarpamos y llegamos a Quíos. Al otro día llegamos a Samos y un día después a Mileto, con una escala en Trogilón.
[16] Pablo había decidido no hacer escala en Efeso ni demorarse más en Asia, pues, de ser posible, quería estar en Jerusalén para el día de Pentecostés.

EN MILETO, ÚLTIMAS CONSIGNAS DE PABLO A LOS PRESBÍTEROS

[17] Debido a eso, desde Mileto Pablo envió un mensaje a Efeso para convocar a los presbíteros de la Iglesia. [18] Cuando ya estuvieron a su lado, les dijo: "Ustedes han sido testigos de mi forma de actuar durante todo el tiempo que he pasado entre ustedes, desde el primer día que llegué a Asia. [19] He servido al Señor con toda humildad, entre las lágrimas y las pruebas que me causaron las trampas de los judíos. [20] Saben que nunca me eché atrás cuando algo podía ser útil para ustedes. Les prediqué y enseñé en público y en las casas, [21] exhortando con insistencia tanto a judíos como a griegos a la conversión a Dios y a la fe en Jesús, nuestro Señor.
[22] Ahora voy a Jerusalén, atado por el Espíritu sin saber lo que allí me sucederá; [23] solamente que en cada ciudad el Espíritu Santo me advierte que me esperan prisiones y pruebas. [24] Pero ya no me preocupo por mi vida, con tal de que pueda terminar mi carrera y llevar a cabo la misión que he recibido del Señor Jesús: anunciar la Buena Noticia de la gracia de Dios.
[25] Ahora sé que ya no me volverán a ver todos ustedes, entre quienes pasé predicando el Reino. [26] Por eso hoy les quiero declarar que no me siento culpable si ustedes se pierden, [27] pues nunca ahorré esfuerzos para anunciarles plenamente la voluntad de Dios. [28] Cuiden de sí mismos y de todo el rebaño en el que el Espíritu Santo les ha puesto como obispos (o sea, supervisores): pastoreen la Iglesia del Señor, que él adquirió con su propia sangre.
[29] Sé que después de mi partida se introducirán entre ustedes lobos voraces que no perdonarán al rebaño. [30] De entre ustedes mismos surgirán hombres que enseñarán doctrinas falsas e intentarán arrastrar a los discípulos tras sí. [31] Estén, pues, atentos, y recuerden que durante tres años no he dejado de aconsejar a cada uno de ustedes noche y día, incluso entre lágrimas.
[32] Ahora los encomiendo a Dios y a su Palabra portadora de su gracia, que tiene eficacia para edificar sus personas y entregarles la herencia junto a todos los santos.
[33] De nadie he codiciado plata, oro o vestidos. [34] Miren mis manos: con ellas he conseguido lo necesario para mí y para mis compañeros, como ustedes bien saben. [35] Con este ejemplo les he enseñado claramente que deben trabajar duro para ayudar a los débiles. Recuerden las palabras del Señor Jesús: "Hay mayor felicidad en dar que en recibir".
[36] Dicho esto, Pablo se arrodilló con ellos y oró. [37] Entonces empezaron todos a llorar y le besaban abrazados a su cuello. [38] Todos estaban muy afligidos porque les había dicho que no le volverían a ver. Después lo acompañaron hasta el barco.


CAPÍTULO 21

LA VUELTA A JERUSALÉN

[1] Cuando llegó la hora de partir, nos separamos a la fuerza de ellos y nuestro barco salió rumbo a Cos. Al día siguiente llegamos a Rodas, y de allí, a Pátara, [2] donde encontramos otro barco que estaba para salir hacia Fenicia. Subimos a bordo y partimos. [3] Divisamos la isla de Chipre y, dejándola a la izquierda, navegamos rumbo a Siria. Atracamos en Tiro, pues el barco debía dejar su carga en aquel puerto. [4] Aquí encontramos a los discípulos y nos detuvimos siete días.
Advertían a Pablo con mensajes proféticos que no subiera a Jerusalén; [5] pero a pesar de ello, cuando llegó la fecha en que debíamos marchar, partimos. Nos acompañaron todos con sus mujeres y niños hasta fuera de la ciudad, y llegados a la playa, nos arrodillamos y oramos. [6] Después de los abrazos subimos a la nave, mientras ellos volvían a sus casas.
[7] De Tiro fuimos a Tolemaida, terminando así nuestra travesía. Saludamos a los hermanos y nos quedamos un día con ellos. [8] Al día siguiente nos dirigimos a Cesarea. Entramos en casa de Felipe, el evangelista, que era uno de los siete, y nos hospedamos allí; [9] tenía cuatro hijas que se habían quedado vírgenes y tenían el don de profecía.
[10] Llevábamos allí algunos días, cuando nos salió al encuentro un profeta de Judea, llamado Agabo. [11] Se acercó a nosotros, tomó el cinturón de Pablo, se ató con él de pies y manos y dijo:
[12] Al oír esto, nosotros y los de Cesarea rogamos a Pablo que no subiera a Jerusalén. [13] Pero él nos contestó: [14] Como no logramos convencerlo, dejamos de insistir y dijimos: "Hágase la voluntad del Señor".
[15] Pasados aquellos días, terminamos los preparativos del viaje y subimos a Jerusalén. [16] Algunos discípulos de Cesarea que nos acompañaban nos llevaron a casa de un chipriota, llamado Nasón, discípulo desde los primeros tiempos, donde nos íbamos a hospedar.

PABLO ES RECIBIDO POR LA IGLESIA DE JERUSALÉN

[17] Al llegar a Jerusalén, los hermanos nos recibieron con alegría. [18] Al día siguiente acompañamos a Pablo a casa de Santiago, donde se habían reunido todos los presbíteros. [19] Pablo los saludó y fue contando detalladamente todas las cosas que Dios había realizado entre los paganos por su ministerio. [20] Todos, por supuesto, dieron gloria a Dios por lo que escuchaban, pero luego le dijeron: "Bien sabes, hermano, cuántas decenas de millares de judíos han abrazado la fe en Judea, y todos ellos son celosos partidarios de la Ley. [21] Y han oído decir que enseñas a todos los judíos del mundo pagano que se aparten de Moisés, que no circunciden a sus hijos ni vivan según las tradiciones judías. [22] De todos modos se van a enterar de que has llegado, y entonces ¿qué hacer?.
[23] Reuniremos la asamblea, y harás lo que te vamos a decir. Hay entre nosotros cuatro hombres que han hecho un voto [24] y tú los vas a apadrinar. Te purificarás con ellos y pagarás los gastos cuando se hagan cortar el pelo. Así verán todos que es falso lo que han oído decir de ti y que, por el contrario, tú también cumples la Ley.
[25] En cuanto a los creyentes de origen no judío, ya les hemos enviado instrucciones, pidiéndoles que se abstengan de carne sacrificada a los ídolos, de la sangre y de la carne de animales sin sangrar y de las relaciones sexuales prohibidas".
[26] Pablo, pues, apadrinó a aquellos hombres. Al día siguiente se purificó con ellos y entró en el Templo para notificar qué día concluiría su tiempo de purificación y se ofrecería el sacrificio por cada uno de ellos.

PABLO ES ARRESTADO EN EL TEMPLO

[27] Estaban para cumplirse los siete días, cuando unos judíos de Asia vieron a Pablo en el Templo y empezaron a alborotar a la gente. Agarraron a Pablo [28] y gritaron:
[29] Decían esto porque poco antes habían visto a Pablo en la ciudad acompañado de Trófimo, natural de Efeso, y pensaron que Pablo lo había llevado al Templo.
[30] La ciudad entera se alborotó. Concurrió la gente de todas partes, y tomando a Pablo, lo arrastraron hacia la salida del Templo; cerraron inmediatamente las puertas. [31] Querían matarlo, pero llegó al comandante del batallón la noticia de que toda Jerusalén estaba alborotada. [32] En seguida tomó consigo algunos oficiales y soldados y bajaron corriendo hacia la multitud. Al ver al comandante y a los soldados, dejaron de golpear a Pablo.
[33] El comandante se acercó, hizo arrestar a Pablo y ordenó que lo ataran con dos cadenas. Después preguntó quién era y qué había hecho. [34] Pero entre la gente unos gritaban una cosa y otros otra. Al ver el comandante que no podía sacar nada en claro a causa del alboroto, dio orden de que llevaran a Pablo a la fortaleza. [35] Al llegar a las escalinatas, los soldados tuvieron que levantarlo y llevarlo en hombros a causa de la violencia de la multitud, [36] pues un montón de gente lo seguía gritando:
[37] Cuando estaban ya para meterlo dentro de la fortaleza, Pablo dijo al comandante: Le contestó: [39] Pablo respondió:
[40] El comandante se lo permitió. Entonces Pablo, de pie en la escalinata, hizo un gesto con la mano y se produjo un gran silencio. Después empezó a hablar al pueblo en lengua hebrea.


CAPÍTULO 22

PABLO SE DIRIGE A LOS JUDÍOS

[1] [2] Al oír que les hablaba en hebreo, se calmó más aún su agitación. Y Pablo continuó:
[3] "Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta ciudad. Teniendo a Gamaliel de maestro, fui instruido en la Ley de nuestros padres en la forma más seria, y era un fanático del servicio de Dios, como ustedes ahora. [4] Así que perseguí a muerte a este camino e hice encadenar y meter en la cárcel a hombres y mujeres; [5] esto lo saben muy bien el sumo sacerdote y el Consejo de los Ancianos. Incluso me entregaron cartas para nuestros hermanos de Damasco, y salí para detener a los cristianos que allí había y traerlos encadenados a Jerusalén para que fueran castigados.
[6] Iba de camino, y ya estaba cerca de Damasco, cuando a eso del mediodía se produjo un relámpago y me envolvió de repente una luz muy brillante que venía del cielo. [7] Caí al suelo y oí una voz que me decía: [8] Yo respondí: Y él me dijo:
[9] Los que me acompañaban vieron la luz y se asustaron, pero no oyeron