Muchas veces nos dirigimos a María, con la seguridad que nuestro deseo, expresado de mil maneras, será escuchado, comprendido y concedido.
El
Pueblo de Dios, es decir, la Iglesia, tiene desde el principio, la cercanía
de Dios, expresada en la promesa que hace a los primeros padres: "Entonces
Yahvé Dios dijo a la serpiente": Por haber hecho esto, maldita seas
entre todas las bestias y entre todos los animales del campo. Sobre tu vientre
caminarás, y polvo comerás todos los días de tu vida.
Enemistad pondré entre ti y la mujer, entre tu linaje y su linaje: él
te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar(talón)"
Gn. 3,14-15.
Y esa cercanía se va corporeizando a través del Antiguo Testamento, por ejemplo en la palabra profética de Isaías: "....He aquí que una doncella está en cinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emanuel". Is.7, 14; también lo encontramos en la palabra profética de Miqueas: "Por eso él los abandonará hasta el momento en que la parturienta dé a luz y el resto de sus hermanos vuelva con los hijos de Israel.
Pastoreará firme con la fuerza de Yahvé, con la majestad del nombre de Yahvé su Dios.
Vivirán bien porque entonces él crecerá hasta los confines de la tierra...". Miq.5, 2-4.
Y ya en el Nuevo Testamento, se devela esa promesa y se convierte en realidad en la persona elegida desde toda la eternidad para llevarla a cabo con su disposición libre y llena de gracia por no tener absolutamente ninguna seña de pecado.
Ello lo reconoce el mensajero privilegiado, de nombre Gabriel, que envía el mismo Dios, y que el evangelio de Lucas relata diciendo:" Al sexto mes envió Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una Virgen desposada con un hombre llamado José...... y entrando le dijo:"Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo". Ella se conturbó por estas palabras y se preguntaba qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo:" no temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; ......".Lc. 1,26-30
Con todo este testimonio de las Sagradas Escrituras, el Pueblo tiene la certeza que aquella que recibió semejante saludo y confirmación divina de su condición de "llena de Gracia", es decir, absolutamente sin pecado, está en condiciones inmejorables de ser la que pueda escuchar, comprender y satisfacer, todas nuestras peticiones que arrancan de lo más profundo de nuestro corazón.
Ella es la Inmaculada, es decir, la que no tiene mancha alguna, la llena de Gracia.
La que acompaña a la Iglesia, en sus primeros momentos de vida como lo atestigua el libro de los Hechos:" Todos ellos(los apóstoles) perseveraban en la oración, con un mismo espíritu, en compañía de algunas mujeres, y de María la madre de Jesús, y de sus hermanos". Hch. 1,14.
Y sobre esa pequeña comunidad, en la cual estaba María, la llena de Gracia, descendió la tercera Persona de la Santísima Trinidad, es decir, el Espíritu Santo: " De repente vino del cielo un ruido como una impetuosa ráfaga de viento, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; se llenaron todos del Espíritu Santo....."Hch. 2,2-4
Ella es la Inmaculada, a la que todos veneramos, porque es capaz de escucharnos, comprendernos y concedernos, cuando le pedimos con Fe.
José Miguel Toro
Prof. en Teología - Argentina