LECTURAS DEL DOMINGO 23 DE FEBRERO DE 2003 - CICLO B
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del profeta Isaías 43, 18-19. 21-22. 24b-25
Así habla
el Señor :
No se acuerden de las cosas pasadas, no piensen en las cosas antiguas; yo estoy
por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta? Sí,
pondré un camino en el desierto y ríos en la estepa. El Pueblo
que yo me formé para que pregonara mi alabanza.
Pero tú no me has invocado, Jacob, porque te cansaste de mí, Israel.
¡Me has abrumado, en cambio, con tus pecados, me has cansado con tus iniquidades!
Pero soy yo, sólo yo, el que borro tus cr¡menes por consideración
a mí, y ya no me acordaré de tus pecados.
Palabra de Dios.
SALMO
Sal 40, 2-3. 4-5. 13-14 (R.: 5b)
R. Sáname, Señor, porque pequé contra ti.
Feliz el que se
ocupa del débil y del pobre:
el Señor lo librará en el momento del peligro.
El Señor lo protegerá y le dará larga vida,
lo hará dichoso en la tierra
y no lo entregará a la avidez de sus enemigos. R.
El Señor
lo sostendrá en su lecho de dolor
y le devolverá la salud.
Yo dije: «Ten piedad de mí, Señor,
sáname, porque pequé contra ti.» R.
Tú me sostuviste
a causa de mi integridad,
y me mantienes para siempre en tu presencia.
¡Bendito sea el Señor, el Dios de Israel,
desde siempre y para siempre! R.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la
segunda carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 1, 18-22
Hermanos:
Les aseguro, por la fidelidad de Dios, que nuestro lenguaje con ustedes no es
hoy «sí», y mañana «no.» Porque el Hijo
de Dios, Jesucristo, el que nosotros hemos anunciado entre ustedes - tanto Silvano
y Timoteo, como yo mismo - no fue «sí» y «no»,
sino solamente «sí.»
En efecto, todas las promesas de Dios encuentran su «sí»
en Jesús, de manera que por él decimos «Amén»
a Dios, para gloria suya.
Y es Dios el que nos reconforta en Cristo, a nosotros y a ustedes; el que nos
ha ungido, el que también nos ha marcado con su sello y ha puesto en
nuestros corazones las primicias del Espíritu.
Palabra de Dios.
ALELUIA
EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 2, 1-12
Unos días
después, Jesús volvió a Cafarnaún y se difundió
la noticia de que estaba en la casa. Se reunió tanta gente, que no había
más lugar ni siguiera delante de la puerta, y él les anunciaba
la Palabra.
Le trajeron entonces a un paralítico, llevándolo entre cuatro
hombres. Y como no podían acercarlo a él, a causa de la multitud,
levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un
agujero descolgaron la camilla con el paralítico. Al ver la fe de esos
hombres, Jesús dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados te
son perdonados.»
Unos escribas que estaban sentados allí pensaban en su interior:
«¿Qué está diciendo este hombre? ¡Está
blasfemando! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo
Dios?»
Jesús, advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo: «¿Qué
están
pensando? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico:
"Tus pecados te son perdonados", o "Levántate, toma tu
camilla y camina"? Para que ustedes sepan que el Hijo de hombre tiene sobre
la tierra el poder de perdonar los pecados -dijo al paralítico- yo te
lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.»
El se levantó en seguida, tomó su camilla y salió a la
vista de todos. La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios, diciendo:
«Nunca hemos visto nada igual.»
Palabra del Señor.