SANTOS METODIO Y CIRILO

INTRODUCCIÓN
SAN METODIO
SAN CIRILO
LABOR APOSTÓLICA
LEGADO
BAJAR A TU PC

INTRODUCCIÓN

Los apóstoles de los Eslavos, santos Cirilo y Metodio, permanecen en la memoria de la Iglesia junto a la gran obra de evangelización que realizaron. La actividad apostólico-misionera de los santos Cirilo y Metodio, que se sitúa en la segunda mitad del siglo IX. Se puede afirmar más bien que su recuerdo se ha hecho particularmente vivo y actual en nuestros días.

El 31 de diciembre de 1980, Juan Pablo II, a dos años de su pontificado, proclamó a estos santos copatrones de Europa con la Carta Apostólica "Egragiae Virtutis". Este documento quería avivar la conciencia e intentaba llamar la atención de todos los cristianos y de todos los hombres de buena voluntad, que buscan el bien, la concordia y la unidad de Europa.

En la celebración del undécimo centenario de la muerte de los santos Cirilo y Metodio Juan Pablo II publica su encíclica "SLAVORUM APOSTOLI" relata la vida de estos santos y como fue su labro evangelizadora. Cabe destacar que en esta encíclica Juan Pablo II hace una defensa de la unidad de los cristianos de europa y del ecumenismo entre católicos y ortodoxos.

Los santos Cirilo y Metodio nos proponen un mensaje que se manifiesta de gran actualidad para nuestra época la cual, precisamente por razón de tantos y tan complejos problemas de orden religioso y cultural, civil e internacional, busca una unidad vital en la real comunión de sus diversas componentes. De los dos evangelizadores se puede afirmar que una característica suya fue el amor a la comunión de la Iglesia universal tanto en Oriente como en Occidente y, dentro de ella, a la Iglesia particular que estaba naciendo en las naciones eslavas. De ellos procede, también para los cristianos y hombres de nuestro tiempo, la invitación a construir juntos la comunión.

SAN METODIO

Metodio era el hermano mayor y verosímilmente su nombre de pila era Miguel. Nace entre los años 815 y 820. Menor que él, Constantino -posteriormente más conocido con el nombre religioso de Cirilo- vino al mundo el año 827 u 828. Su padre era un alto funcionario de la administración imperial. La situación social de la familia abría a los dos hermanos una similar carrera.

Metodio emprendió con gusto la carrera de funcionario, alcanzando el cargo de gobernador en una de las provincias fronterizas, en la que vivían muchos eslavos. Sin embargo, hacia el año 840 la abandona para retirarse a uno de los monasterios situados en la falda del monte Olimpo -en Bitinia-, conocido entonces bajo el nombre de Sagrada Montaña.

San Metodio fue fiel a las palabras que Cirilo le había dicho en su lecho de muerte: « He aquí, hermano, que hemos compartido la misma suerte ahondando el arado en el mismo surco; yo caigo ahora sobre el campo al término de mi jornada. Tú amas mucho -lo sé- tu Montaña; sin embargo, por la Montaña no abandones tu trabajo de enseñanza. En verdad, ¿dónde puedes salvarte mejor?.

La actividad apostólica de Metodio se ve, sin embargo, interrumpida a consecuencia de complicaciones político religiosas que culminan con su encarcelamiento por un período de dos años, bajo la acusación de haber invadido una jurisdicción episcopal ajena. Es liberado sólo gracias a una intervención personal del papa Juan VIII.

Finalmente, también el nuevo soberano de la Gran Moravia, el príncipe Svatopluk, se muestra contrario a la acción de Metodio, oponiéndose a la liturgia eslava e insinuando en Roma ciertas dudas sobre la ortodoxia del nuevo arzobispo.

Dedica los últimos años de su vida sobre todo a ulteriores traducciones de la Sagrada Escritura y de los libros litúrgicos, de las obras de los Padres de la Iglesia y también de una recopilación de las leyes eclesiásticas y civiles bizantinas, conocida bajo el nombre de Nomocanon. Preocupado por la supervivencia de la obra que había comenzado, designa como sucesor a su discípulo Gorazd. Muere el 6 de abril del año 885 al servicio de la Iglesia instaurada en los pueblos eslavos.

SAN CIRILO

Cirilo siguió con particular provecho los estudios en Bizancio, donde recibió las órdenes sagradas, después de haber rechazado decididamente un brillante porvenir político. Por sus excepcionales cualidades y conocimientos culturales y religiosos le fueron confiadas, siendo todavía joven, delicadas tareas eclesiásticas, como la de bibliotecario del Archivo contiguo a la gran iglesia de santa Sofía en Constantinopla y, a la vez, el prestigioso cargo de secretario del Patriarca de aquella misma ciudad. Bien pronto, sin embargo, dio a conocer que quería substraerse a tales funciones, para dedicarse al estudio y a la vida contemplativa, lejos de toda ambición. Y así, se refugió a escondidas en un monasterio en las costas del Mar Negro.

Se retiró de la vida pública para reunirse con su hermano mayor Metodio y compartir con él la vida monástica.

Gravemente enfermo, apenas consigue emitir los votos religiosos y vestir el hábito monacal, pues muere poco tiempo después el 14 de febrero del 869 en Roma.

En su lecho de muerte, Cirilo le había dicho a su hermano: « He aquí, hermano, que hemos compartido la misma suerte ahondando el arado en el mismo surco; yo caigo ahora sobre el campo al término de mi jornada. Tú amas mucho -lo sé- tu Montaña; sin embargo, por la Montaña no abandones tu trabajo de enseñanza. En verdad, ¿dónde puedes salvarte mejor?

LABOR APOSTÓLICA

Metodio y Cirilo fueron enviados en una delegación de Bizancio enviada ante los Jázaros como expertos religión y cultura. Durante la permanencia en Crimea, en Cherson, creyeron localizar la iglesia en la que había sido sepultado antiguamente san Clemente, Papa romano y mártir exiliado en aquella lejana región; recogen y llevan consigo las reliquias, que acompañarían después los dos santos hermanos en el sucesivo viaje misionero a Occidente, hasta el instante en que pudieran depositarlas solemnemente en Roma, entregándolas al papa Adriano II.

El hecho que debía decidir totalmente el curso de su vida, fue la petición hecha por el príncipe Rastislao de la Gran Moravia al Emperador Miguel III, para que enviara a sus pueblos « un Obispo y maestro, ... que fuera capaz de explicarles la verdadera fe cristiana en su lengua ».

Son elegidos los santos Cirilo y Metodio, que rápidamente aceptan la misión. Seguidamente se ponen en viaje y llegan a la Gran Moravia -un Estado formado entonces por diversos pueblos eslavos de Europa Central, encrucijada de las influencias recíprocas entre Oriente y Occidente- probablemente hacia el año 863 comenzando en aquellos pueblos la misión, a la que ambos se dedican durante el resto de su vida, pasada entre viajes, privaciones, sufrimientos, hostilidades y persecuciones, que en el caso de Metodio llegan hasta una cruel prisión.

Soportan todo ello con una gran fe y firme esperanza en Dios. En efecto, se habían preparado bien a la tarea que les había sido encomendada; llevaban consigo los textos de la Sagrada Escritura indispensables para la celebración de la sagrada liturgia, preparados y traducidos por ellos mismos a la lengua paleoeslava y escritos con un nuevo alfabeto, elaborado por Constantino Filósofo y perfectamente adaptado a los sonidos de tal lengua. La actividad misionera de los dos hermanos estuvo acompañada por un éxito notable, pero también por las comprensibles dificultades que la precedente e inicial cristianización, llevada por las Iglesias latinas lindantes, ponía a los nuevos misioneros.

La acción previsora, la doctrina profunda y ortodoxa, el equilibrio, la lealtad, el celo apostólico, la magnanimidad intrépida le granjearon el reconocimiento y la confianza de Pontífices Romanos, de Patriarcas Constantinopolitanos, de Emperadores bizantinos y de diversos Príncipes de los nuevos pueblos eslavos. Por todo ello, Metodio llegó a ser el guía y el pastor legítimo de la Iglesia, que en aquella época se arraigaba en aquellas naciones y es unánimemente venerado, junto con su hermano Constantino, como el heraldo del Evangelio y el Maestro « de parte de Dios y del Santo Apóstol Pedro » y como fundamento de la unidad plena entre las Iglesias de reciente fundación y las más antiguas.

En honor a la verdad, la obra de los santos hermanos, después de la muerte de Metodio sufrió una grave crisis, y la persecución contra sus discípulos se agudizó de tal modo, que se vieron obligados a abandonar su campo misional; no obstante esto, su siembra evangélica no cesó de producir frutos y su actitud pastoral, preocupada por llevar la verdad revelada a nuevos pueblos -respetando en todo momento su peculiaridad cultural-, sigue siendo un modelo vivo para la Iglesia y para los misioneros de todas las épocas.

La verdad y la fuerza de su mandato misional nacían del interior del misterio de la Redención, y su obra evangelizadora entre los pueblos eslavos debía constituir un eslabón importante en la misión confiada por el Salvador a la Iglesia Universal hasta el fin del mundo. Fue una realidad -en el tiempo y en las circunstancias concretas- de las palabras de Cristo, que mediante el poder de su Cruz y de su Resurrección mandó a los Apóstoles: « Predicad el Evangelio a toda creatura »; « id pues; enseñad a todas las gentes ». Actuando así, los evangelizadores y maestros de los pueblos eslavos se dejaron guiar por el ideal apostólico de san Pablo: « Todos pues, sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Porque cuantos en Cristo habéis sido bautizados, os habéis vestido de Cristo. No hay ya judío o griego, no hay siervo o libre, no hay varón o hembra, porque todos sois uno en Cristo Jesús ».

Junto a un gran respeto por las personas y a la desinteresada solicitud por su verdadero bien, los dos santos hermanos tuvieron adecuados recursos de energía, de prudencia, de celo y de caridad, indispensables para llevar a los futuros creyentes la luz, y para indicarles, al mismo tiempo, el bien, ofreciendo una ayuda concreta para conseguirlo. Para tal fin quisieron hacerse semejantes en todo a los que llevaban el evangelio; quisieron ser parte de aquellos pueblos y compartir en todo su suerte.

Para traducir las verdades evangélicas a una nueva lengua, ellos se preocuparon por conocer bien el mundo interior de aquellos a los que tenían intención de anunciar la Palabra de Dios con imágenes y conceptos que les resultaran familiares. Injertar correctamente las nociones de la Biblia y los conceptos de la teología griega en un con texto de experiencias históricas y de formas de pensar muy distintas, les pareció una condición indispensable para el éxito de su actividad misionera. Se trataba de un nuevo método de catequesis. Para defender su legitimidad y demostrar su bondad, san Metodio no dudó, primero con su hermano y luego solo, en acoger dócilmente las invitaciones a ir a Roma, recibidas tanto en el 867 del papa Nicolás I, como en el año 879 del papa Juan VIII, los cuales quisieron confrontar la doctrina que enseñaban en la Gran Moravia con la que los santos Apóstoles Pedro y Pablo habían dejado en la primera Cátedra episcopal de la Iglesia, junto con el trofeo glorioso de sus reliquias.

Anteriormente, Constantino y sus colaboradores se habían preocupado en crear un nuevo alfabeto, para que las verdades que había que anunciar y explicar pudieran ser escritas en la lengua eslava y resultaran de ese modo plenamente comprensibles y asimilables por sus destinatarios. Fue un esfuerzo verdaderamente digno de su espíritu misionero el de aprender la lengua y la mentalidad de los pueblos nuevos, a los que debían llevar la fe, como fue también ejemplar la determinación de asimilar y hacer propias todas las exigencias y aspiraciones de los pueblos eslavos.

La opción generosa de identificarse con su misma vida y tradición, después de haberlas purificado e iluminado con la Revelación, hace de Cirilo y Metodio verdaderos modelos para todos los misioneros que en las diversas épocas han acogido la invitación de san Pablo de hacerse todo a todos para rescatar a todos y, en particular, para los misioneros que, desde la antigüedad hasta los tiempos modernos -desde Europa a Asia y hoy en todos los continentes- han trabajado para traducir a las lenguas vivas de los diversos pueblos la Biblia y los textos litúrgicos, a fin de reflejar en ellas la única Palabra de Dios, hecha accesible de este modo según las formas expresivas propias de cada civilización.

La perfecta comunión en el amor preserva a la Iglesia de cualquier forma de particularismo o de exclusivismo étnico o de prejuicio racial, así como de cualquier orgullo nacionalista. Tal comunión debe elevar y sublimar todo legítimo sentimiento puramente natural del corazón humano.

LEGADO

Ecumenismo

San Metodio y san Cirilo siempre recurrían al diálogo con los que eran contrarios a sus ideas o a sus iniciativas pastorales y ponían en duda su legitimidad. De este modo será siempre un maestro para todos aquellos que, en cualquier época, tratan de atenuar las discordias respetando la plenitud multiforme de la Iglesia, la cual, según la voluntad de su Fundador Jesucristo, debe ser siempre una, santa, católica y apostólica. Tal consigna encontró pleno eco en el Símbolo de los 150 Padres del II Concilio ecuménico de Constantinopla, lo cual constituye la intangible profesión de fe de todos los cristianos.

Los santos Cirilo y Metodio a los auténticos precursores del ecumenismo, por haber querido eliminar o disminuir eficazmente toda verdadera división, o incluso sólo aparente, entre cada una de las Comunidades pertenecientes a la misma Iglesia. En efecto, la división, que por desgracia tuvo lugar en la historia de la Iglesia y desafortunadamente continúa todavía, « contradice abiertamente la voluntad de Cristo, es un escándalo para el mundo y daña a la causa santísima de la predicación del Evangelio a todos los hombres ».

La ferviente solicitud demostrada por ambos hermanos y, especialmente por Metodio, en razón de su responsabilidad episcopal, por conservar la unidad de la fe y del amor entre las Iglesias de las que eran miembros, es decir, la Iglesia de Constantinopla y la Iglesia Romana por una parte, y las Iglesias nacientes en tierras eslavas por otra, fue y será siempre su gran mérito.

Inculturación

Al encarnarse el Evangelio en la peculiar cultura de los pueblos que evangelizaban, los santos Cirilo y Metodio tuvieron un mérito particular en la formación y desarrollo de aquella misma cultura, o mejor, de muchas culturas. En efecto, todas las culturas de las naciones eslavas deben el propio « comienzo » o desarrollo a la obra de los hermanos de Salónica. Ellos, con la creación, original y genial, de un alfabeto para la lengua eslava, dieron una contribución fundamental a la cultura y a la literatura de todas las naciones eslavas.

Además, la traducción de los libros sagrados realizada por Cirilo y Metodio, junto con sus discípulos, confirió capacidad y dignidad cultural a la lengua litúrgica paleoeslava, que, vino a ser durante largos siglos no sólo la lengua eclesiástica, sino también la oficial y literaria, e incluso la lengua común de las clases más cultas en la mayor parte de las naciones eslavas y, en concreto, de todos los eslavos de rito oriental. Dicha lengua se usaba también en la Iglesia de la Santa Cruz, de Cracovia, en la que se habían establecido los Benedictinos eslavos. Aquí se publicaron los primeros libros litúrgicos impresos en esta lengua. Hasta el día de hoy es ésta la lengua usada en la liturgia bizantina de las Iglesia Orientales eslavas de rito constantinopolitano, tanto Católicas como Ortodoxas, en Europa oriental y sudoriental, así como en diversos Países de Europa occidental; es también usada en la liturgia romana de los católicos de Croacia.

Estos méritos en favor de la cultura de todos los pueblos y de todas las naciones eslavas, hacen que la obra de evangelización realizada por los santos Cirilo y Metodio esté, en cierto sentido, constantemente presente en la historia y en la vida de estos pueblos y de estas naciones.


BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA:
1.- CARTA ENCÍCLICA "SLAVORUM APOSTOLI" DEL SUMO PONTÍFICE JUAN PABLO II (2 de Junio, solemnidad de la Santísima Trinidad, del año 1985)
2.- CARTA APOSTÓLICA "EGREGIAE VIRTUTIS" JUAN PABLO II, (31 de diciembre de 1980)

VOLVER A LA PÁGINA PRINCIPAL         VOLVER AL MES DE FEBRERO