Santo del Día
11 de julio
SAN BENITO,
Abad
Padre del monasticismo
occidental, decidió abandonar Roma y el mundo para evitar la vida licenciosa
de dicha ciudad. Vivió como ermitaño por muchos años en
una región rocosa y agreste de Italia. En Vicovaro, en Tívoli
y en Subiaco, sobre la cumbre de un farallón que domina Anio, residía
por aquél tiempo, una comunidad de monjes, cuyo abad había muerto.
Decidieron pedirle a San Benito
que ocupara su lugar. Al principio se negó, pero luego sedió ante
la insistencia. Pronto se puso en evidencia que las estrictas nociones de disciplina
monástica que San Benito observaba, no se
ajustaban a ellos, porque quería que todos vivieran en celdas horadadas
en las rocas. El mismo día
retornó a Subiaco, no para seguir llevando una vida de retiro, sino con
el propósito de empezar la gran obra para la que Dios lo había
preparado durante esos tres años de vida oculta. No tardaron en reunirse
a su alrededor los discípulos atraídos por su santidad y por sus
poderes milagrosos. San Benito se encontró entonces, en posición
de empezar aquél gran plan de "reunir en aquél lugar a muchas
y diferentes familias de santos monjes dispersos en varios monasterios y regiones,
a fin de hacer de ellos un sólo rebaño según su propio
corazón, para unirlos en una casa de Dios bajo una observancia regular
y en permanente alabanza al nombre de Dios" Por lo tanto, colocó
a todos los que deseaban obedecerle en los 12 monasterios de madera, cada uno
con su prior. El tenía la suprema dirección sobre todos y vivía
con algunos escogidos, a los que deseaba formar con especial cuidado.
A causa de
algunos problemas con el sacerdote Florencio, se transladó a Monte Cassino.
En esta
región, sobre las ruinas del templo de Apolo, - al que los habitantes
de este lugar rendían culto antes de su llegada - construyó dos
capillas y la abadía de Monte Cassino, alrededor del año 530.
De aquí partió
la influencia que iba a jugar un papel tan importante en la cristianización
y civilización de la Europa post-romana. Fue tal vez durante este periodo
que empezó a concretizar su "Regla", la que está dirigida
a todos aquellos que, renunciando a su propia voluntad, tomen sobre sí
"la fuerte y brillante armadura de la obediencia para luchar bajo las banderas
de Cristo, nuestro verdadero Rey". Prescribe una vida de oración
litúrgica, estudio, y trabajo, llevado socialmente, en una comunidad
y con un padre común.
San Benito vaticinó el día de su muerte; el último día recibió el Cuerpo y la Sangre del Señor. Fue enterrado junto a santa Escolástica, su hermana, en el sitio donde antes se levantaba el altar de Apolo que él mismo destruyó, en Monte Cassino.