LECTURAS DEL DOMINGO 22 DE JUNIO DE 2003 - CICLO B
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro del Exodo 24, 3-8
Moisés
fue a comunicar al pueblo todas las palabras y prescripciones del Señor,
y el pueblo respondió a una sola voz: «Estamos decididos a poner
en práctica todas las palabras que ha dicho el Señor.»
Moisés consignó por escrito las palabras del Señor, y a
la mañana siguiente, bien temprano, levantó un altar al pie de
la montaña y erigió doce piedras en representación de las
doce tribus de Israel. Después designó a un grupo de jóvenes
israelitas, y ellos ofrecieron holocaustos e inmolaron terneros al Señor,
en sacrificio de comunión. Moisés tomó la mitad de la sangre,
la puso en unos recipientes, y derramó la otra mitad sobre el altar.
Luego tomó el documento de la alianza y lo leyó delante del pueblo,
el cual exclamó: «Estamos resueltos a poner en práctica
y a obedecer todo lo que el Señor ha dicho.»
Entonces Moisés tomó la sangre y roció con ella al pueblo,
diciendo: «Esta es la sangre de la alianza que ahora el Señor hace
con ustedes, según lo establecido en estas cláusulas.»
Palabra de Dios.
SALMO
Sal 115, 12-13. 15-16. 17-18 (R.: 13)
R. Alzaré la copa de la salvación e invocaré el nombre del Señor.
¿Con qué
pagaré al Señor
todo el bien que me hizo?
Alzaré la copa de la salvación
e invocaré el nombre del Señor. R.
¡Qué
penosa es para el Señor
la muerte de sus amigos!
Yo, Señor, soy tu servidor,
tu servidor, lo mismo que mi madre:
por eso rompiste mis cadenas. R.
Te ofreceré
un sacrificio de alabanza,
e invocaré el nombre del Señor.
Cumpliré mis votos al Señor,
en presencia de todo su pueblo. R.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta a los Hebreos 9, 11-15
Hermanos:
Cristo, en cambio, ha venido como Sumo Sacerdote de los bienes futuros. El,
a través de una Morada más excelente y perfecta que la antigua
-no construida por manos humanas, es decir, no de este mundo creado- entró
de una vez por todas en el Santuario, no por la sangre de chivos y terneros,
sino por su propia sangre, obteniéndonos así una redención
eterna.
Porque si la sangre de chivos y toros y la ceniza de ternera, con que se rocía
a los que están contaminados por el pecado, los santifica, obteniéndoles
la pureza externa, ¡cuánto más la sangre de Cristo, que
por obra del Espíritu eterno se ofreció sin mancha a Dios, purificará
nuestra conciencia de las obras que llevan a la muerte, para permitirnos tributar
culto al Dios viviente!
Por eso, Cristo es mediador de una Nueva Alianza entre Dios y los hombres, a
fin de que, habiendo muerto para redención de los pecados cometidos en
la primera Alianza, los que son llamados reciban la herencia eterna que ha sido
prometida.
Palabra de Dios.
SECUENCIA
Esta secuencia es optativa y puede decirse íntegra desde * Este es el pan de los ángeles.
Glorifica, Sión,
a tu Salvador,
aclama con himnos y cantos
a tu Jefe y tu Pastor.
Glorifícalo
cuanto puedas,
porque él está sobre todo elogio
y nunca lo glorificarás bastante.
El motivo de alabanza
que hoy se nos propone
es el pan que da la vida.
El mismo pan que
en la Cena
Cristo entregó a los Doce,
congregados como hermanos.
Alabemos ese pan
con entusiasmo,
alabémoslo con alegría,
que resuene nuestro júbilo ferviente.
Porque hoy celebramos
el día
en que se renueva la institución
de este sagrado banquete.
En esta mesa del
nuevo Rey,
la Pascua de la nueva alianza
pone fin a la Pascua antigua.
El nuevo rito
sustituye al viejo,
las sombras se disipan ante la verdad,
la luz ahuyenta las tinieblas.
Lo que Cristo
hizo en la Cena,
mandó que se repitiera
en memoria de su amor.
Instruidos con
su enseñanza,
consagramos el pan y el vino
para el sacrificio de la salvación.
Es verdad de fe
para los cristianos
que el pan se convierte en la carne,
y el vino, en la sangre de Cristo.
Lo que no comprendes
y no ves
es atestiguado por la fe,
por encima del orden natural.
Bajo la forma
del pan y del vino,
que son signos solamente,
se ocultan preciosas realidades.
Su carne es comida,
y su sangre, bebida,
pero bajo cada uno de estos signos,
está Cristo todo entero.
Se lo recibe íntegramente,
sin que nadie pueda dividirlo
ni quebrarlo ni partirlo.
Lo recibe uno,
lo reciben mil,
tanto éstos como aquél,
sin que nadie pueda consumirlo.
Es vida para unos
y muerte para otros.
Buenos y malos, todos lo reciben,
pero con diverso resultado.
Es muerte para
los pecadores y vida para los justos;
mira como un mismo alimento
tiene efectos tan contrarios.
Cuando se parte
la hostia, no vaciles:
recuerda que en cada fragmento
está Cristo todo entero.
La realidad permanece
intacta,
sólo se parten los signos,
y Cristo no queda disminuido,
ni en su ser ni en su medida.
* Este es el pan
de los ángeles,
convertido en alimento de los hombres peregrinos:
es el verdadero pan de los hijos,
que no debe tirarse a los perros.
Varios signos
lo anunciaron:
el sacrificio de Isaac,
la inmolación del Cordero pascual
y el maná que comieron nuestros padres.
Jesús,
buen Pastor, pan verdadero,
ten piedad de nosotros:
apaciéntanos y cuídanos;
permítenos contemplar los bienes eternos
en la tierra de los vivientes.
Tú, que
lo sabes y lo puedes todo,
tú, que nos alimentas en este mundo,
conviértenos en tus comensales del cielo,
en tus coherederos y amigos,
junto con todos los santos.
ALELUIA
EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 14, 12-16. 22-26
El primer día
de la fiesta de los panes Acimos, cuando se inmolaba la víctima pascual,
los discípulos dijeron a Jesús: «¿Dónde quieres
que vayamos a prepararte la comida pascual?»
El envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: «Vayan
a la ciudad; allí se encontrarán con un hombre que lleva un cántaro
de agua. Síganlo, y díganle al dueño de la casa donde entre:
El Maestro dice: "¿Dónde está mi sala, en la que voy
a comer el cordero pascual con mis discípulos?" El les mostrará
en el piso alto una pieza grande, arreglada con almohadones y ya dispuesta;
prepárennos allí lo necesario.»
Los discípulos partieron y, al llegar a la ciudad, encontraron todo como
Jesús les había dicho y prepararon la Pascua.
Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la
bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
«Tomen, esto es mi Cuerpo.»
Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, y todos
bebieron de ella. Y les dijo: «Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza,
que se derrama por muchos. Les aseguro que no beberé más del fruto
de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios.»
Palabra del Señor.
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