LECTURAS DEL DOMINGO 29 DE JUNIO DE 2003 - CICLO B
PRIMERA LECTURA
Lectura de los Hechos de los apóstoles 12, 1-11
Por aquel entonces,
el rey Herodes hizo arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos.
Mandó ejecutar a Santiago, hermano de Juan, y al ver que esto agradaba
a los judíos, también hizo arrestar a Pedro. Eran los días
de «los panes Acimos.»
Después de arrestarlo, lo hizo encarcelar, poniéndolo bajo la
custodia de cuatro relevos de guardia, de cuatro soldados cada uno. Su intención
era hacerlo comparecer ante el pueblo después de la Pascua. Mientras
Pedro estaba bajo custodia en la prisión, la Iglesia no cesaba de orar
a Dios por él.
La noche anterior al día en que Herodes pensaba hacerlo comparecer, Pedro
dormía entre los soldados, atado con dos cadenas, y los otros centinelas
vigilaban la puerta de la prisión.
De pronto, apareció el Angel del Señor y una luz resplandeció
en el calabozo. El Angel sacudió a Pedro y lo hizo levantar, diciéndole:
«¡Levántate rápido!» Entonces las cadenas se
le cayeron de las manos.
El Angel le dijo: «Tienes que ponerte el cinturón y las sandalias»
y Pedro lo hizo. Después de dijo: «Cúbrete con el manto
y sígueme.»
Pedro salió y lo seguía; no se daba cuenta de que era cierto lo
que estaba sucediendo por intervención del Angel, sino que creía
tener una visión.
Pasaron así el primero y el segundo puesto de guardia, y llegaron a la
puerta de hierro que daba a la ciudad. La puerta se abrió sola delante
de ellos. Salieron y anduvieron hasta el extremo de una calle, y en seguida
el Angel se alejó de él.
Pedro, volviendo en sí, dijo: «Ahora sé que realmente el
Señor envió a su Angel y me libró de las manos de Herodes
y de todo cuanto esperaba el pueblo judío.»
Palabra de Dios.
SALMO
Sal 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9 (R.: 5)
R. El Señor me libró de todos mis temores.
Bendeciré
al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
Mi alma se gloría en el Señor:
que lo oigan los humildes y se alegren. R.
Glorifiquen conmigo
al Señor,
alabemos su Nombre todos juntos.
Busqué al Señor: él me respondió
y me libró de todos mis temores. R.
Miren hacia él
y quedarán resplandecientes,
y sus rostros no se avergonzarán.
Este pobre hombre invocó al Señor:
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R.
El Angel del Señor
acampa
en torno de sus fieles, y los libra.
¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!
¡Felices los que en él se refugian! R.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4, 6-8. 17-18
Querido hermano:
Yo ya estoy a punto de ser derramado como una libación, y el momento
de mi partida se aproxima: he peleado hasta el fin el buen combate, concluí
mi carrera, conservé la fe. Y ya está preparada para mí
la corona de justicia, que el Señor, como justo Juez, me dará
en ese Día, y no solamente a mí, sino a todos los que hayan aguardado
con amor su Manifestación.
Pero el Señor estuvo a mi lado, dándome fuerzas, para que el mensaje
fuera proclamado por mi intermedio y llegara a oídos de todos los paganos.
Así fui librado de la boca del león.
El Señor me librará de todo mal y me preservará hasta que
entre en su Reino celestial. ¡A él sea la gloria por los siglos
de los siglos! Amén.
Palabra de Dios.
ALELUIA
EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 16, 13-19
Al llegar a la
región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:
«¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién
dicen que es?»
Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías;
y otros, Jeremías o alguno de los profetas.»
«Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?»
Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres
el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»
Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás,
porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que
está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra
edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra
ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates
en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la
tierra, quedará desatado en el cielo.»
Palabra del Señor.
Para la Misa votiva de san Pedro, se utilizan las siguientes lecturas:
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 5, 1-4
Queridos hermanos:
Exhorto a los presbíteros que están entre ustedes, siendo yo presbítero
como ellos y testigo de los sufrimientos de Cristo y copartícipe de la
gloria que va a ser revelada. Apacienten el Rebaño de Dios, que les ha
sido confiado; velen por él, no forzada, sino espontáneamente,
como lo quiere Dios; no por un interés mezquino, sino con abnegación;
no pretendiendo dominar a los que les han sido encomendados, sino siendo de
corazón ejemplo para el Rebaño. Y cuando llegue el Jefe de los
pastores, recibirán la corona imperecedera de gloria.
Palabra de Dios.
SALMO
Sal 15, 1-2a y 5. 7-8. 11 (R.: cf. 5a)
R. Señor, tú eres la parte de mi herencia.
Protégeme,
Dios mío,
porque me refugio en ti.
Yo digo al Señor:
«Señor, tú eres mi bien.»
El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,
¡tú decides mi suerte! R.
Bendeciré
al Señor que me aconseja,
¡hasta de noche me instruye mi conciencia!
Tengo siempre presente al Señor:
él está a mi lado, nunca vacilaré. R.
Me harás
conocer el camino de la vida,
saciándome de gozo en tu presencia,
de felicidad eterna a tu derecha. R.
ALELUIA
EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 16, 13-19
Al llegar a la
región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:
«¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién
dicen que es?»
Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías;
y otros, Jeremías o alguno de los profetas.»
«Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?»
Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres
el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»
Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás,
porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que
está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra
edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra
ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates
en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la
tierra, quedará desatado en el cielo.»
Palabra del Señor.
Para la Misa votiva de San Pablo, se utilizan las siguientes lecturas:
Lectura de los hechos de los apóstoles: 22, 3-16
Pablo dijo a su
pueblo:
«Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero me he criado en
esta ciudad y he sido iniciado a los pies de Gamaliel en la estricta observancia
de la Ley de nuestros padres. Estaba lleno de celo por Dios, como ustedes lo
están ahora. Perseguí a muerte a los que seguían este Camino,
llevando encadenados a la prisión a hombres y mujeres; el Sumo Sacerdote
y el Consejo de los ancianos son testigos de esto. Ellos mismos me dieron cartas
para los hermanos de Damasco, y yo me dirigí allá con el propósito
de traer encadenados a Jerusalén a los que encontrara en esa ciudad,
para que fueran castigados.
En el camino y al acercarme a Damasco, hacia el mediodía, una intensa
luz que venía del cielo brilló de pronto a mi alrededor. Caí
en tierra y oí una voz que me decía: "Saulo, Saulo, ¿por
qué me persigues?"
Le respondí: "¿Quién eres, Señor?"
Y la voz me dijo: "Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues"
Los que me acompañaban vieron la luz, pero no oyeron la voz del que me
hablaba.
Yo le pregunté: "¿Qué debo hacer, Señor?"
El Señor me dijo: "Levántate y ve a Damasco donde se te dirá
lo que debes hacer."
Pero como yo no podía ver, a causa del resplandor de esa luz, los que
me acompañaban me llevaron de la mano hasta Damasco.
Un hombre llamado Ananías, fiel cumplidor de la Ley, que gozaba de gran
prestigio entre los judíos del lugar, vino a verme y, acercándose
a mí, me dijo: "Hermano Saulo, recobra la vista." Y en ese
mismo instante, pude verlo.
El siguió diciendo: "El Dios de nuestros padres te ha destinado
para conocer su voluntad, para ver al Justo y escuchar su Palabra, porque tú
darás testimonio ante todos los hombres de lo que has visto y oído.
Y ahora, ¿qué esperas? Levántate, recibe el bautismo y
purifícate de tus pecados, invocando su Nombre".»
Palabra de Dios.
SALMO
Sal 116, 1. 2 (R.: cf. Mc 16, 15)
R. Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia.
¡Alaben al
Señor, todas las naciones,
glorifíquenlo, todos los pueblos! R.
Porque es inquebrantable
su amor por nosotros,
y su fidelidad permanece para siempre. R.
ALELUIA
EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 16, 15-18
Jesús se
apareció a los Once y les dijo:
«Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación.
El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará.
Y estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán
a los demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas; podrán
tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará
ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los
curarán.»
Palabra del Señor.