LECTURAS DEL DOMINGO 8 DE JUNIO DE 2003 - CICLO B
PRIMERA LECTURA
Lectura de los Hechos de los apóstoles 2, 1-11
Al llegar el día
de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto,
vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que
resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer
unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de
ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar
en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse.
Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las
naciones del mundo. Al oírse este ruido, se congregó la multitud
y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia
lengua. Con gran admiración y estupor decían:
«¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos? ¿Cómo
es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua? Partos, medos y elamitas,
los que habitamos en la Mesopotamia o en la misma Judea, en Capadocia, en el
Ponto y en Asia Menor, en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica,
los peregrinos de Roma, judíos y prosélitos, cretenses y árabes,
todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.»
Palabra de Dios.
SALMO
Sal 103, 1ab y 24ac. 29bc-30. 31 y 34 (R.: cf. 30)
R. Señor, envía tu Espíritu y renueva la superficie de la tierra.
Bendice al Señor,
alma mía:
íSeñor, Dios mío, qué grande eres!
íQué variadas son tus obras, Señor!
la tierra está llena de tus criaturas! R.
Si les quitas
el aliento,
expiran y vuelven al polvo.
Si envías tu aliento, son creados,
y renuevas la superficie de la tierra. R.
íGloria
al Señor para siempre,
alégrese el Señor por sus obras!
que mi canto le sea agradable,
y yo me alegraré en el Señor. R.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 12, 3b-7. 12-13
Hermanos:
Nadie, movido por el Espíritu de Dios, puede decir: «Maldito sea
Jesús.» Y nadie puede decir: «Jesús es el Señor»,
si no está impulsado por el Espíritu Santo.
Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu.
Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Hay diversidad de
actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos. En cada uno,
el Espíritu se manifiesta para el bien común.
Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos
miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también
sucede con Cristo. Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu
para formar un solo Cuerpo -judíos y griegos, esclavos y hombres libres-
y todos hemos bebido de un mismo Espíritu.
Palabra de Dios.
SECUENCIA
Ven, Espíritu
Santo,
y envía desde el cielo
un rayo de tu luz.
Ven, Padre de
los pobres,
ven a darnos tus dones,
ven a darnos tu luz.
Consolador lleno
de bondad,
dulce huésped del alma
suave alivio de los hombres.
Tú eres
descanso en el trabajo,
templanza de la pasiones,
alegría en nuestro llanto.
Penetra con tu
santa luz
en lo más íntimo
del corazón de tus fieles.
Sin tu ayuda divina
no hay nada en el hombre,
nada que sea inocente.
Lava nuestras
manchas,
riega nuestra aridez,
cura nuestras heridas.
Suaviza nuestra
dureza,
elimina con tu calor nuestra frialdad,
corrige nuestros desvíos.
Concede a tus
fieles,
que confían en tí,
tus siete dones sagrados.
Premia nuestra
virtud,
salva nuestras almas,
danos la eterna alegría.
ALELUIA
EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 19-23
Al atardecer de
ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas
del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos,
llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «íLa
paz esté con ustedes!»
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos
se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: «íLa paz esté con ustedes!
Como el Padre me envió a mí, yo también los envío
a ustedes.» Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió
«Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados
a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes
se los retengan.»
Palabra del Señor.