Muchas veces experimentamos que nuestra inteligencia no alcanza a percibir algunas realidades, pero no es porque no tengamos la suficiente inteligencia y por ello nos creamos inferiores al resto de las personas.
Muchas veces escuchamos en los colegios que existen verdades que no podemos alcanzar con nuestra propia inteligencia.
Esas realidades o esas verdades tienen una existencia real que son caracterizadas por la palabra Misterio. Pero Misterio, no solo es llamado aquello que no conocemos, sino también, aquello que está más allá de nuestra posibilidad de razonamiento, más allá de lo que puedo racionalmente entender.
Entre esas verdades o realidades que llamamos Misterio, encontramos una que el Catecismo de la Iglesia Católica, llama "El Misterio central de la Fe y de la Vida cristiana", en su n° 234.
Nosotros, la Iglesia, nos preparamos a celebrar en una fiesta ese Misterio, y para ello, me parece conveniente, saber algo de él, en la medida que podamos.
Al no poder entender con nuestra propia inteligencia dicha realidad, nos queda aceptar por medio de la Fe, que la misma es verdad en cuando a su existencia y a su actuación.
Para poder aceptar por Fe, este Misterio, nosotros, la Iglesia, consultamos a la Palabra de Dios, y ella nos dice": Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que Yo os he mandado." Mt. 28,16-20.
El texto, nos dice que en nombre de la trinidad vayamos a Bautizar y a enseñar todo lo que él nos ha enseñado, pero no nos deja con esa indicación, sino que no da la formula para estar siempre ligados a El y con ello a la Trinidad, cuando nos dice": Yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, le abrirán."Lc. 11,9-10.
Todo esto, habla acerca de una relación que podemos hacerla muy estrecha con nuestro Dios, que como sabemos, por lo dicho arriba, es Padre, Hijo y Espíritu Santo, pero si bien no lo podemos entender con nuestra sola inteligencia, sí lo podemos tener a nuestro lado. Y a nuestro lado, podemos percibir su actuar, tremendamente bueno, tremendamente positivo. A la Trinidad, la percibimos como Padre, en las palabra de su Hijo Jesucristo": Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las haz revelado a pequeños..."Mt.10, 25.
Pero, también, percibimos a Jesucristo como el Maestro, que nos enseña y nos comprende: "Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso..."Tm. 11.25.; También percibimos la acción cercana del Espíritu Santo, que es enviado por el Padre a pedido de Jesucristo, su Hijo: "..y Yo pediré al Padre y él os dará otro asistente para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conoceréis, porque vive con vosotros y estará con vosotros."Jn.14,16-17.
Como vemos, permanentemente, podemos contar con la presencia real y activa de la Santísima Trinidad, que es el Misterio central de nuestra Fe, y tiene su acción en la Iglesia Católica, de la cual cada uno de los bautizados formamos parte, y que no alcanzamos a comprender con nuestras solas fuerzas racionales, sino que nos es dado por el mismo Dios, y de nuestra parte requiere, con la ayuda de Dios, que tengamos una disposición a la aceptación por Fe de tan infinita verdad.
José Miguel Toro
Prof. En Teología - Argentina