Santo
del Día 6 de julio
SANTA
MARIA GORETTI
Nació
en 1890 en Corinaldo, a 50 kilómetros de Ancona. Un día de julio
de 1902, María se había sentado en lo alto de la escalera de la
casa para remendar una camisa. Aún no cumplía los doce años.
Una carreta se detuvo delante de la puerta de la casa, y un joven de 18 años,
llamado Alejandro,
vecino de la familia Goretti, irrumpió en la casa y subió rápidamente
las escaleras. Este invitó a María a entrar en una de las habitaciones.
No era la primera vez que esto sucedía, y María rechazó
de nuevo la invitación. Entonces el joven la hizo entrar a la fuerza
y cerró la puerta. María opuso resistencia
y trató de pedir auxilio; pero, como Alejandro la tenía agarrada
del cuello, apenas pudo musitar que prefería morir antes de seder a sus
bajas exigencias. Al oír esto, el joven la apuñaló brutalmente.
María cayó por tierra pidiendo auxilio, pero el joven le clavó
el puñal una vez más por la espalda. Las
últimas horas de su vida fueron conmovedoras; recibió con ingenuidad
de niña el santo viático; trató de persuadir a su madre
de que descansase un poco y perdonó de todo corazón a su agresor.
La
fama de María Goretti se había extendido por todo el mundo y el
pueblo cristiano empezó a tener noticias de la santidad de la vida que
la joven había llevado antes de su muerte prematura. Se la invocaba ya
como una santa, y su intercesión obró varios milagros. María
Goretti fue beatificada por Pío XII el
27 de abril de 1947. Tres años después fue canonizada por el mismo
Pío XII en la plaza de San Pedro, ante la multitud más numerosa
que se haya reunido jamás con motivo de una canonización. El asesino
de la santa vivía aún. El hecho de que una muerte sea injusta
y violenta no basta para el martirio,
aunque pudieran hacerlo creer así algunas de las canonizaciones por "aclamación
popular" de los primeros tiempos de la Iglesia.
Santa María Goretti es mártir porque murió por defender una virtud inculcada por la fe cristiana. Por otra parte, como lo dijo el cardenal Salotti: "la santidad de su vida ordinaria hubiera sido suficiente para elevarla al honor de los altares, aunque no hubiese sido mártir".