Santo del Dïa 18 de mayo
SAN JUAN I Y SANTA RAFAELA MARÍA DEL SAGRADO CORAZÓN
SAN JUAN I
Nació en Toscana, y en el año 523 fue elegido Sumo Pontífice. En Italia gobernaba el rey Teodorico que apoyaba la herejía de los arrianos. Asimismo, el emperador Justino de Constantinopla decretó cerrar todos los templos de los arrianos de esa ciudad y prohibió que los que pertenecían a la herejía arriana ocuparan empleos públicos. El rey Teodorico obligó entonces al Papa a que fuera a Constantinopla a convencer al emperador de derogar las últimas leyes, pero el Papa Juan I se negó rotundamente.
El Sumo Pontífice realizó una visita pastoral a Constantinolpla donde fue recibido por más de 15,000 fieles con velas encendidas en las manos, y estandartes. El Papa presidió solemnemente las fiestas de Navidad, y luego exhortó a los feligreses a mantenerse firmes en la fe, evitando caer en las herejías. Paralelamente, el emperador Justino se mantuvo firme en su decisión, lo cual enfureció al rey italiano quien mandó a llamar al Papa Juan y lo encerró en un oscuro calabozo. Los constantes maltratos y suplicios sufridos por el santo Papa en la cárcel, junto con otros mártires más, provocó su muerte a los pocos meses de haber sido tomado prisionero.
SANTA RAFAELA MARÍA DEL SAGRADO CORAZÓN
Religiosa San Rafaela
nació en Pedro Abad, Córdoba, el 1850. Fueron trece hermanos: once varones,
Dolores y Rafaela. Cuatro años tenia Rafaela cuando murió su padre. Y cuando
apenas cuenta 19, pierde
a su madre. Esta muerte le afectó mucho. "Prometí al Señor no poner jamás mi
afecto en criatura alguna". Pero ya a sus 15 años habia hecho voto de castidad
perpetua. Rafaela y Dolores intensifican su piedad y obras de caridad. Pasan
un tiempo de reflexión en las Clarisas de Córdoba. Un virtuoso sacerdote, D.
Antonio, las orienta. Entran en contacto con la sociedad de Maria Reparadora.
Cuando la sociedad se traslada a Sevilla, ellas se quedan en Córdoba. Con la
ayuda del Sr. Obispo, Fray Ceferino González, fundan el Instituto de Adoradoras
del Santísimo Sacramento e Hijas de María Inmaculada. Por incomprensiones del
Sr. Obispo se trasladan a Andújar y de allí pasan a Madrid. Les acompañan 16
religiosas.
Muere su portector,
D. Antonio, y le sustituye el P. Cotanilla, jesuita, y el obispo auxiliar, doctor
Sancha .Ha sido un viacrucis con muchas estaciones. Pero la nueva Fundadora,
Madre Rafaela, lo acepta todo,
recitando versículos del Tedeum. El primado de España, cardenal Moreno, les
concede la aprobación diocesana en 1877. Por fin el Papa León XIII, el año 1887,
aprobaba la Congregación con el nombre de Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús,
y las Constituciones, inspiradas—y bien que le costó—en las
reglas de S. Ignacio. Pronto se multiplicaron las fundaciones de nuevas casas:
obras de apostolado y adoración reparadora. En la base de todo estaba la altísima
y continua oración, que la M. Rafaela vivía e infundia en sus hijas, y sus heroicas
virtudes, sobre todo la profundisima humildad, tanto que alguien llamó
a la Madre "la humildad hecha carne". Surgen pronto las desconfianzas, las incomprensiones,
el arrinconamiento, el largo y absoluto olvido. Es un caso quizá único y ejemplarisimo
en una Fundadora.
Graves dificultades
que surgieron en el gobierno, la movieron a renunciar al generalato a favor
de su
hermana Dolores. Fue un largo y dolorosisimo calvario. "Dios mio, Dios mio ¿por
qué me has abandonado?" Estaba en la plenitud de su actividad, a sus 43 años.
Es el grano de trigo que muere para fructificar. Y así pasa más de 30 años.
Es difícil comprender el aislamiento, duros trabajos y humillaciones por las
que se le hace pasar. Y para explicar esta situación, se divulga la especie
de que se ha nublado su razón. La Madre se abraza a la "locura de la cruz",
y una vez más, calla, sin una queja, en su pasión. Dolorida, pero serena, recorre
ese espinoso camino, sostenida sólo por Dios, que la consuela con gracias internas
y manifestaciones extraordinarias.
Sólo tres breves salidas hizo desde la casa de Roma, a Loreto, Asís y España, donde ni siquiera pudo visitar a su hermana en Valladolid, que vivía allí retirada también del gobieno de la Congregación, y "bajó de nuevo a su Nazaret", para seguir allí súbdita hasta la muerte, sirviendo en el silencio y la inmolación. Ni su director podia comprenderla y consolarla, pues hasta ignoraba que ella fuera la Fundadora. Ella callaba. Pasaba muchas horas ante el Santísimo de rodillas, lo que le causó una enfermedad en las rodillas. Se fue consumiendo poco a poco en holocausto de amor.
El Año Santo 1925 volaba a descansar en los brazos del Padre. El que se humilla será ensalzado. Comprobada la heroicidad de sus virtudes, fue beatificada en 1952. Más tarde fue canonizada.