¡VIVA EL TRABAJO!

En nuestros días nos hemos vuelto muy sensibles en todo lo que respecta al trabajo y al trabajador.

¿Será por las revoluciones sociales?

Sí; pero también, y más que nada, por lo que el trabajo significa en el plan de Dios y en la vida del hombre.

Para un cristiano, se conjugan perfectamente estas tres palabras: trabajo - prosperidad - santidad.

Es que el trabajo no es un deber solamente: es un derecho que Dios nos da y que nadie nos puede quitar.

Que no vengan algunos diciendo que el trabajo es duro. ¡Claro que sí! Pero esto no quiere decir que no sea también una fuente de alegría.

¡Es cierto! Todo dependerá de cómo se haga. Se puede realizar el trabajo maldiciendo la mala suerte o se puede realizar alabando a Dios.

ACERCA DE ESTO, VEAMOS EL CUENTITO DEL OBISPO:

Se cuenta que un Obispo fue a ver cómo iban los trabajos de la construcción de la iglesia catedral. En su visita se entretiene hablando amigablemente con los obreros, y llega a uno que tiene cara de mal humor:

- ¡Hola! ¿Cómo va todo? - le dice el Obispo -

- ¡Ya ve, Señor Obispo! Aquí todo el día aburrido, poniendo ladrillos uno encima de otro y esperando que acabe la jornada.

El obispo sigue andando y ve a otro albañil que está contento como unas pascuas.

- ¡Hola! ¿Qué tal? - saluda el Obispo -

- ¡Estupendo, Señor Obispo! Ya lo ve, construyendo una catedral, es la respuesta del segundo obrero.

En definitiva, todo va a depender del espíritu con que trabajemos.
Podemos mirar también el trabajo como un medio para avanzar en el compañerismo.

Nada hay que una tanto las voluntades como el trabajo.

Nada funde los espíritus y los corazones como el trabajo.

Nada como el trabajo hace descubrir a los hombres que son hermanos...
· Pero hay algo más grande todavía. Nosotros, que pensamos en cristiano, miramos el trabajo como el camino que Dios nos traza para que seamos santos.

· El trabajo desarrolla el sentido del deber y la conciencia de que tenemos que ayudar a los demás.

· Con el trabajo satisfacemos a Dios por nuestras debilidades anteriores.

· Con el trabajo nos curamos de todos los vicios (principalmente de la pereza) y prevenimos todas las enfermedades del espíritu.

· Con el trabajo nos hacemos cada día más agradables a Dios.

· Con el trabajo acumulamos los bienes que necesita nuestra persona y nuestra familia para su mantenimiento, su expansión y su desarrollo.

· Con el trabajo tenemos más ahorros y más cositas a disposición nuestra para socorrer a los necesitados y practicar así la primera de las virtudes que es la caridad.

· Pero, sobre todo, podemos ofrecer nuestro trabajo para seguir colaborando en la gran obra creadora de Dios.

El comunismo decía que la religión, la cristiana sobre todo, alejaba del trabajo a los hombres, porque sólo esperaban como unos tontos la vida eterna... Veamos la respuesta que les dio el Concilio Vaticano II

"Los hombres, con su trabajo desarrollan la obra del Creador, sirven al bien de sus hermanos, y contribuyen de un modo personal a que se cumplan los designios de Dios en la Historia.
El mensaje cristiano no aparta a los hombres de la edificación del mundo ni los lleva a despreocuparse del bien ajeno, sino que, al contrario, les impone como deber el hacerlo"

Cerremos con un pequeño verso:

"Trabaja, trabaja, que el trabajo da oro y pan
que el trabajo hace el cuerpo de roca, y hace el alma de luz y de cristal"

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