María
es madre
"Concebirás
en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús"
(Lc 1, 31).
La Virgen de Nazaret desposada con José, cuyo nombre era María,
aparece por primera vez en la historia de la salvación en el momento
en que comienza a ser madre. De su historia anterior nada nos dice la Biblia,
aunque algunas noticias nos han llegado la tradición y por los evangelios
apócrifos. Todo lo anterior desaparece ante el hecho extraordinario de
que María, la bendita entre las mujeres, ha sido elegida para llevar
en su seno al Hijo del Altísimo (Lc 1, 32).
Los "gnósticos" de los primeros siglos consideraban el cuerpo
de Cristo como caído del cielo, plasmado directamente por las manos de
Dios. Los "docetas" hablaban de la humanidad de Cristo como mera apariencia.
Pero no es ésa la enseñanza de los Evangelios. San Pablo habla
de Jesús como "nacido de mujer" (Gal 4, 4), nacido de la estirpe
de David (Rom 1, 3). El ángel ha dicho a María concebirá
en su propio vientre, que dará a luz un hijo (Lc 1, 31). La maternidad
de María, en lo que a ella se refiere, en nada se diferencia de la maternidad
de cualquier otra mujer. Se diferencia -como veremos después- en la ausencia
de principio masculino. ![]()
María es Madre de Dios
Nadie puede pensar
que Dios (el eterno, el increado, el creador de todo lo que existe) tenga una
madre de quien haya recibido la vida y la existencia. No podemos imaginar que
Dios esté en dependencia de otro ser.
Pero Jesús, el hijo de María, que de ella ha recibido la vida
humana, es al mismo tiempo el Hijo de Dios, igual en todo al Padre. El Hijo
de Dios es realmente hijo de María. El hijo de María es realmente
Hijo de Dios. Ése es el misterio de la Encarnación de un Dios
que ha querido hacerse hombre.
Jesús, el hijo de María, es una Persona única e indivisible
que ha tomado consigo la naturaleza humana. Sus acciones, las humanas y las
divinas, responden a un mismo "Yo". Con la misma verdad puede decir:
"Yo soy el Hijo eterno de Dios, que existo antes de que Abraham existiera"
o "Yo soy el hijo de María, nacido en Belén".
Se llenó Isabel de Espíritu Santo, y dijo a voz en grito: "¡Bendita
tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién
soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó
a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.
¡Dichosa tú que has creído! porque lo que te ha dicho el
Señor se cumplirá. María dijo: Proclama mi alma la grandeza
del Señor". (Lc 1, 41-46).
Podríamos notar en este texto:
-Isabel proclama esta bendición "llena de Espíritu Santo".
Podríamos interpretarlo diciendo que las palabras de Isabel son un verdadero
acto de fe.
-Isabel, llena de Espíritu Santo, une en una sola bendición a
María y al hijo que lleva en el vientre.
-El saludo de María es portador de alegría y de salvación
para Isabel y para el hijo que ella está gestando.
-María ha creído la palabra del Señor, es decir, la palabra
que le dirigió Gabriel, enviado por Dios (Lc 1, 26)
-Se repite tres veces la palabra "Señor".
El Señor que ha hablado a María es Dios.
El Señor cuya grandeza proclama María es Dios.
Por esta misma razón, "la madre de mi Señor" puede traducirse:"la
madre de mi Dios".
La Traducción del Nuevo Mundo [o "Biblia de los Testigos"]dice:
"Elisabet se llenó de espíritu santo, y clamó con
fuerte voz y dijo: ¡Bendita tú eres entre las mujeres, y bendito
es el fruto de tu matriz. ¿Pues a qué se debe que tenga yo este
(privilegio) de que venga a mí la madre de mi señor? Porque, ¡mira!
al entraren mis oídos el sonido de tu saludo, saltó con gran alegría
la criatura en mi matriz. Feliz también es la que creyó, porque
tendrán ejecución completa las cosas que se le hablaron de parte
de Jehová. Y María dijo: Mi alma engrandece a Jehová..."
En el texto griego, la palabra "Señor" las tres veces es Kyrios.
No es correcto que una misma palabra, en un mismo contexto, se traduzca de manera
distinta. ![]()
María
es madre virgen
Max Thurian, teólogo
protestante de la comunidad de Taizé, más tarde sacerdote católico,
en su obra "María, madre del Señor y figura de la Iglesia",
escribe estas palabras:
Las claras precisiones de San Mateo (1,18-25) y de San Lucas (l, 27.34-35),
y la versión aparentemente más coherente de San Juan (1,13), obligan
a la fe cristiana auténtica a confesar la virginidad de María
antes del nacimiento de Cristo. La negación de esta virginidad procede
frecuentemente de móviles no teológicos, y los teólogos
protestantes que han puesto en duda a veces la virginidad de María en
la concepción de Jesús difícilmente pueden invocar la tradicional
fidelidad de la Reforma a la Sagrada Escritura. Porque, infieles al texto sagrado
en este punto, ¿cómo pueden reprochar a los teólogos de
otras Iglesias su infidelidad en otros puntos?
Isaías (7,14) había anunciado:
"Mirad: La virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pone por nombre Emmanuel (que significa Dios-con-nosotros)".
No sabemos hasta qué punto es consciente el profeta del alcance de estas palabras, ni qué han podido entender sus oyentes. Sabemos que en el judaísmo no se encuentra la idea de un nacimiento virginal del Mesías. Tampoco María tenía proyectos en este sentido, como se deduce del hecho de estar desposada con José, y de la misma pregunta que dirige al ángel en la anunciación: "¿cómo será eso, pues no conozco varón?". Precisamente por eso brillan con mayor esplendor las palabras de Isaías, cuyo cumplimiento hace notar Mateo (l, 22-23): "Esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el profeta" .
El reconocimiento de
la maternidad virginal de María, por parte de la Iglesia Cristiana, no
se basa, sin embargo, en las veladas palabras de una profecía, sino en
las palabras inequívocas del mensajero celeste enviado a la virgen: "El
Espíritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza del Altísimo
te cubrirá con su sombra" (Lc 1, 35). Esto queda confirmado en el
mensaje paralelo que nos transmite Mateo: "José, hijo de David,
no tengas en reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura
que hay en ella viene del Espíritu Santo" (Mt 1, 20).
Poco antes había dicho el mismo Mateo (1,18). "El nacimiento de
Jesucristo fue de esta manera: la madre de Jesús estaba desposada con
José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo,
por obra del Espíritu Santo".
Sólo la postura intransigente de judíos, de ebionitas o de Cerinto;
sólo el afán destructor de la teología liberal; sólo
la obsesión pansexualista de nuestros días podía poner
en duda o negar abiertamente la claridad de estos testimonios sobre la concepción
virginal de Jesús. Frente a todos ellos, la fe inquebrantable de la Iglesia,
a lo largo de veinte siglos, ha mantenido y enseñado la concepción
virginal de Jesús en el seno de María; por tanto, la maternidad
virginal de María.
¿Por qué José -siendo justo-.quiere abandonarla? No porque
dude de su fidelidad en los desposorios, sino porque conociendo por confidencias
de María la consagración con que Dios la ha distinguido, quiere
respetar esa elección divina.
María permaneció virgen después del nacimiento de Jesús.
El Evangelio, que con tanta claridad habla de la concepción virginal
de Jesús, no es tan explícito cuando se trata de la virginidad
de María después del nacimiento de Cristo: de su virginidad perpetua.
Y no nos puede extrañar, pues es Cristo realmente el protagonista del
Evangelio, de modo que María queda relegada a un segundo plano.
Afirmado explícitamente el nacimiento virginal de Jesús, el Evangelio
no se interesa tan directamente por lo que más tarde ocurriera con María.
Podemos con todo afirmar que la fe constante de la Iglesia cristiana afirma
la virginidad perpetua de María. Muy frecuentemente encontramos en la
Liturgia esta expresión: "siempre virgen María". Podemos,
además, afirmar que las razones que se suelen aducir para negar la virginidad
permanente de María no tienen verdadera consistencia.
Los textos que suelen aducirse son éstos:
-Mt 1, 25: "José no la conoció hasta que engendró
a su hijo"
Esta sería una traducción literal del griego. Hemos de tener en
cuenta:
a) "Conocer" es expresión frecuente en la Biblia para hacer
referencia a las relaciones sexuales.
b) La partícula griega 'hasta que' (=eos) indica que hasta entonces no
la había conocido; nada dice de lo que más tarde pudiera ocurrir.
Puede servimos de ejemplo:
Gen 8:"Noé envió un cuervo para ver si habían disminuido
las aguas; el cuervo no volvió hasta que se secaron las aguas sobre la
tierra". No quiere decir que después volviera; simplemente que no
le sirvió de mensajero, y por eso tuvo que soltar una paloma.
2 Sam 6,23: "Mikol, hija de Saúl, no engendró otro hijo hasta
el día de su muerte". La expresión equivale a decir que no
tuvo más hijos.
Según esto, sería una traducción correcta:
"Sin que él hubiera tenido relación con ella, dio a luz un
hijo".
La Traducción del Nuevo Mundo dice: "Pero no tuvo coito con ella
hasta que ella dio a luz un hijo".
-Lc 2,7: "Le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito".
Se argumenta: Si era el hijo primogénito (el primero) quiere decir que
más tarde tuvo otros.
La expresión "hijo primogénito" significa que es el
primero que nace. Nada dice sobre si más tarde nacen otros o no.
Podemos confirmarlo con estas reflexiones:
El hijo primogénito debía ser ofrecido al Señor a los cuarenta
días de haber nacido, como estaba prescrito en la Ley de Moisés
(Lc 2, 22-24). Es evidente que a los cuarenta días del parto no puede
saber la madre si va a tener más hijos o no; únicamente sabe que
antes de éste no ha nacido otro, por eso es el primogénito.
Tanto en la legislación mosaica como en cualquier otra legislación,
los "derechos de primogenitura" valen tanto para el hijo único
como para el primero entre muchos hermanos.
Los hermanos de Jesús ![]()
El Nuevo
Testamento habla muchas veces de los hermanos de Jesús, citando en concreto
cuatro nombres: Santiago, José, Simón y Judas.
Los textos son éstos:
| Mt
12, 46; 13, 55 Mc 3, 31; 6, 3 Lc 8, 19 |
Jn
2, 12; 7, 3-5 Hechos 1, 14 1 Cor 9, 5. |
Ante estos textos podemos
hacer las siguientes reflexiones:
-a estos "hermanos de Jesús" nunca se les llama "hijos
de María",
-de algunos de ellos se nos dice quién era su madre:
"Al pie de la cruz estaban, juntó a la madre de Jesús, María
Magdalena y María la madre de Santiago y de José" (Mt 27,56;
Mc 15,40).
Juan llama a esta María "María de Cleofás" (Jn
19,25). Desde los primeros siglos (ya Juan Crisóstomos) se identifica
a Cleofás con Alfeo. Mateo (10, 3) dice que Santiago era hijo de Alfeo.
Sus padres, pues, no son ni José ni María la madre de Jesús.
Judas era hermano de Santiago (Lc 6,16; Judas l).
Según estos datos, Santiago, José y Judas (tres de los llamados
"hermanos de Jesús") son hijos de Alfeo y de María Cleofás.
-Si alguno de ellos hubiera sido hijo de María, ¿por qué
Jesús en el momento de la muerte pide a Juan que se encargue de su madre?
-La palabra "hermano", tanto en el lenguaje de la Biblia como en nuestro
lenguaje familiar, tiene significados muy diversos:
los nacidos de los mismos padres,
los que pertenecen a una misma religión,
los que son de un mismo país,
todos los hombres...
Veamos algunos ejemplos de la Biblia:
-Abraham era tío carnal de Lot, nacido de un hermano (Gen 11, 27; y 12,
5). Sin embargo, le llama hermano (Gen 14, 16).
-Betuel es padre de Labán y de Rebeca (Gen 28, 2). Labán es padre
de Raquel (Gen 29, 10) y Rebeca, madre de de Jacob (28,5). Por tanto, Jacob
es sobrino camal de Labán y primo hermano de Raquel. No obstante, leemos:
Labán hermano de Rebeca (=hermano carnal) (28, 5).
Jacob hermano de Labán (=sobrino) (29,11-12.15).
No hay, pues, ninguna razón seria que nos obligue a abandonar la fe tradicional
de la Iglesia sobre la virginidad perpetua de María. ![]()
Concebida
sin pecado y asunta al cielo
Dicen los Testigos
de Jehová:
La Biblia misma dice: "Ahora bien, por un solo hombre (Adán) el
pecado había entrado en el mundo, y por el pecado la muerte, y luego
la muerte se propagó a toda la humanidad, ya que todos pecaron"
(Rom 5,12). ¿Incluye esto a María? La Biblia informa que, en conformidad
con el requisito de la Ley de Moisés, cuarenta días después
del nacimiento de Jesús, María ofreció en el templo de
Jerusalén una ofrenda por el pecado para purificación de la inmundicia.
Ella, también, había heredado de Adán el pecado y la imperfección
(Lc 2, 22-24; Lev 12, l- 8).
La Biblia misma dice: "La carne y la sangre no pueden heredar el Reino
de los cielos; ni la corrupción hereda la incorrupción" (1
Cor 15, 50). Jesús dijo que "Dios es espíritu". Cuando
Jesús resucitó volvió a ser espíritu, ahora 'un
espíritu que da vida'.Los ángeles son espíritus (Jn 4,
24; 1 Cor 15, 45; Heb 1, 13-14). ¿Dónde se encuentra la base bíblica
para decir que alguien habría de alcanzar vida celestial en un cuerpo
que requiere el ambiente físico de la Tierra para sustentarse?
Cuando hablamos de la Concepción inmaculada de María, sin pecado
original, y de su Asunción gloriosa en cuerpo y alma a los cielos, estamos
hablando de dos privilegios que Dios concedió a María. Es decir,
conocemos la ley universal del pecado que afecta a todos los hombres por el
mero hecho de pertenecer a la raza humana; y sabemos que todos los hombres resucitarán
al fin de los tiempos (1 Cor 15,12-28; 1 Tes 4,15-18). Ésa es la ley
universal que afecta a todos los hombres. No obstante, creemos que Dios concedió
a María el privilegio de exceptuarla de la ley general: fue concebida
sin pecado, y fue asunta al cielo inmediatamente después de la muerte.
También sabemos que la ley general exige la participación de un
varón para la generación de una nueva vida. Y María fue
exceptuada de esta ley general, concibiendo a Jesús de modo virginal.
La Iglesia católica considera que se trata de dos privilegios excepcionales
de Dios en favor de María. Las expresiones que se suelen usar son: "por
singular privilegio de Dios", "en previsión de los méritos
de Cristo".
Se pregunta: "¿qué base bíblica tiene?". En el
fondo subyace la idea de que sólo la Biblia es fuente de revelación.
En el capítulo 1 ("Aproximación a la Biblia"), tratábamos
de mostrar -siguiendo al Concilio Vaticano II- que la Biblia ha de entenderse
en el contexto de la tradición viva de la Iglesia. Si pretendemos quedamos
sólo con la Biblia como norma de fe, llegaríamos al absurdo de
tener que renunciar a la Biblia misma, puesto que en ninguna de sus páginas
se nos dice cuáles son los libros inspirados por Dios. De la tradición
viva de la Iglesia hemos recibido ese tesoro que es la Sagrada Escritura.
El privilegio de la Concepción inmaculada se encuentra en la tradición
viva de la Iglesia. Y está en perfecta consonancia con el nombre excepcional
que María recibe de boca del ángel: "la llena de gracia"
(Lc 1, 28). Llena de gracia porque Dios en ella ha derramado de manera sobreabundante
todo su amor, hasta el punto de que nunca en ella se encontrara la más
mínima sombra de pecado, ni siquiera en el momento de su concepción.
Por esa plenitud de gracia, puede decirle su pariente Isabel: "bendita
tú entre todas las mujeres". Y, uniendo en una misma bendición
a la madre y al hijo, añade: "y bendito el fruto de tu vientre"
(Lc 1, 42).
La victoria de María sobre el pecado -como privilegio y anticipo de los
méritos de Cristo- la hace también vencedora sobre las consecuencias
del pecado, en especial sobre la muerte, mediante la resurrección y Asunción
a los cielos. Tampoco este privilegio se encuentra explícitamente enseñado
en las páginas de la Biblia; pero no entra en contradicción, sino
que está en consonancia perfecta con lo que en el Evangelio se dice acerca
de María. Y ésa ha sido desde los primeros tiempos la tradición
viva de la Iglesia. ![]()