LA HORMIGA DE TAMERLÁN

Fue Tamerlán un de los más terribles guerreros de la historia (año 1400). Ya había librado varias batallas pero siempre salía derrotado. Un día decidió abandonar la guerra y retirarse a vivir como un pobre campesino. Estaba en esos proyectos cuando vio que una hormiguita subía por una pared, y con la punta de su espada la derribó. La hormiga no se desanimó y empezó a subir otra vez. Y cuando ya estaba muy arriba, nuevamente el general la hizo caer al suelo.

La pobre hormiga dio una vuelta a su alrededor como desanimada por haber perdido su penosa subida, pero la emprendió de nuevo con gran fuerza. Y ya iba a llegar al techo, cuando una vez más la espada del militar la hizo venirse abajo. Pero, llena de perseverancia, empezó otra vez la ascensión por la pared.

Fue entonces cuando Tamerlán se hizo a sí mismo esta reflexión: "si esta hormiga que es un animal tan pequeño no se desanima por más que la derribé tantas veces, y sigue su camino subiendo su perseverancia, por qué me voy entonces a desanimar yo, porque me hayan derrotado algunas veces" Y lleno de ánimo dio orden a su ejército de prepararse para un nuevo ataque.

Y venció, y llegó a apoderarse de muchos reinos, hasta llegar a ser uno de los más poderosos gobernantes del Asia. Y todo por una hormiga que le enseñó con su ejemplo que "la perseverancia todo lo puede".

"El mundo es de Dios, pero Dios se lo alquila a los valientes" (La Salle)