"UN PAYASO EN EL CIELO"
Quizá el más popular de los payasos del siglo fue San Ginés. Era el favorito de todas las fiestas de Roma.
Un día, Ginés, que no era cristiano, viendo a los cristianos que se bautizaban en las catacumbas, pidió ser bautizado. El emperador se enojó mucho y mandó que lo azotaran para que negara a Cristo. Pero él se resistió y murió martirizado siendo bautizado con su propia sangre.
Y cuenta la leyenda que Ginés llegó al cielo y vio que allí no había ningún payaso. Por eso le pidió permiso a Dios para dar una gran función el día del cumpleaños de la Virgen María que es el 8 de setiembre. A Dios no le pareció mala idea y le dio permiso.
Y Ginés estuvo un mes paseándose por los parques del cielo, inventando la función que iba a presentar. Luego, eligió a los actores: Uno debía hacer de Dios, para ese papel eligió a Abraham, una mujer debía llorar mucho durante la función y para este papel eligió a María Magdalena. Al cabo de dos semanas todos habían ensayado y sabían sus papeles.
Y llegó el gran día de la fiesta de cumpleaños de la Virgen. Aquella noche hubo una serenata dirigida por los coros de ángeles. Y luego, comenzó la función de Ginés.
El título de la función era: "La persona más feliz del mundo". La historia consistía en que el Padre Eterno mandaba a unos ángeles a que le averiguaran cuál era la persona más feliz del mundo y se la trajeran.
Un ángel le traía al más rico, pero este decía que no era feliz porque sus riquezas le daban muchas preocupaciones. Otro ángel le traía a la mujer más linda del mundo, pero ella no era feliz porque sabía que esa belleza se le acabaría al envejecer.
Entonces un tercer ángel le traía a la mamá de un sacerdote y ella decía que era totalmente feliz porque la dicha de tener un hijo sacerdote era el mayor honor y consuelo de toda su vida. Todo en la función marchaba de maravillas, pero a la mitad del tercer acto, ¡zas!
Abraham, que era quien debía representar a Dios, se olvidó de la letra. Y empezó a tartamudear. Entonces Ginés se puso colorado como un tomate. Al fin, Abraham, lleno de vergüenza pidió perdón y dijo que se había olvidado la letra.
Luego de esto, se oyó una voz que con cariño dijo: "Fui yo quien hizo que se te olvidara la letra, mi querido amigo Abraham, es que me parece tan bello este tema, que yo mismo quiero terminar actuando en esta función".
Todos volvieron a mirar y vieron con asombro que el que había hablado era Dios, que bajando de su altísimo trono, exclamó: "Tienen razón el ángel y la mujer que han declarado que la más grande felicidad de una mujer es tener un hijo sacerdote".
Todos aplaudieron con emoción. Dios felicitó a los buenos actores y nombró a Ginés "Payaso número uno del Reino Celestial". Los ángeles comenzaron a cantar la "Marcha de Despedida" y entre aplausos y risas terminó aquel gran día de cumpleaños de la Virgen Santa.