Responsabilizó al egoísmo del hombre
ROMA.- El papa Benedicto XVI habló del "escándalo" del hambre y de la desnutrición en el mundo y dijo que el egoísmo del hombre es, en parte, responsable de estos flagelos.
"El hambre y la desnutrición, desgraciadamente, se encuentran entre los más graves escándalos que afligen aún la vida de la familia humana, lo que hace hoy aún más urgente la acción", denunció Joseph Ratzinger en un mensaje a Jacques Diouf, el director general de la Organización Mundial de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).
En ocasión del Día Mundial de la Alimentación, que se celebra hoy, el Pontífice apuntó: "El hambre no depende únicamente de las situaciones geográficas y climáticas o de las circunstancias desfavorables ligadas a las cosechas. También está provocada por el hombre mismo y por su egoísmo".
Esto, agregó, ocurre por "carencias de la organización social, por la rigidez de las estructuras económicas, demasiado a menudo dedicadas sólo al beneficio, e incluso por las prácticas contra la vida humana y por sistemas ideológicos que reducen la persona que, privada de su dignidad fundamental, no es más que un instrumento".
"Los millones de personas amenazadas en su existencia porque (están) privadas del mínimo de nutrición necesario exigen la atención de la comunidad internacional, en cuanto todos tenemos el deber de ocuparnos de nuestros hermanos", afirmó también Joseph Ratzinger.
La FAO, una organización con sede en esta capital, que cumple hoy su 60° aniversario -que celebrará mañana con la presencia de varios jefes de Estado-, calcula que hay 800 millones de personas desnutridas en el mundo.
La misma organización estima que, en los países en vías de desarrollo, más del 25 por ciento de los niños que tienen menos de cinco años sufren hambre.
Según el Pontífice, de 78 años, "un auténtico desarrollo mundial, organizado e integral" exige "conocer de modo objetivo las situaciones humanas, delinear las verdaderas causas de la miseria y dar respuestas concretas".
El tema elegido para la Jornada Mundial de la Alimentación, "Agricultura y diálogo de las culturas", invita a "considerar el diálogo como un instrumento eficaz para crear las condiciones de la seguridad alimenticia", con el objetivo de la "verdadera paz".
Es decir, venciendo "las recurrentes tentaciones de conflicto a raíz de las diferencias culturales, étnicas o de nivel de desarrollo", sostuvo Ratzinger en su carta dirigida al presidente de la FAO.
"El progreso técnico -agregó el Pontífice- no será verdaderamente eficaz si no encuentra lugar en una perspectiva más vasta, donde el hombre está en el centro" con el "conjunto de sus necesidades y de sus aspiraciones", afirmó en el mensaje escrito en francés.
También para la FAO "la protección de la dignidad humana, origen y fin de los derechos fundamentales, se convierte en el criterio que inspira y orienta todos los esfuerzos", dijo Benedicto XVI, quien destacó que la Iglesia católica "participa ella misma en las acciones dirigidas a un desarrollo realmente armonioso".
Frente al flagelo del hambre en el mundo, el Vaticano siempre siguió una línea muy concreta, ya que considera una obligación moral el uso de los recursos del mundo para alimentar a quienes lo necesitan, y combatir la pobreza.
En su mensaje para el Día Mundial de la Paz, el 1° de enero último, Juan Pablo II por enésima vez también había insistido sobre este drama.
Encuentro con niños
En
otro orden, el amado papa polaco fue recordado ayer en un festivo encuentro
que tuvo Benedicto XVI con casi 150.000 niños, la mayoría de los
cuales había hecho la primera comunión.
Acompañados por sus padres, los chicos coparon la Plaza de San Pedro, dieron una imagen sumamente colorida y se divirtieron con cantos, bailes, espectáculos de payasos y un homenaje al difunto Juan Pablo II, hasta que vieron llegar, en su papamóvil, Benedicto XVI.
Ovacionado por los más bajitos, que lo recibieron gritando "¡Benedetto! ¡Benedetto!", el ex custodio de la ortodoxia católica dialogó, en su encuentro, con los pequeños; habló de la importancia de la misa dominical y evocó su niñez.
Tras explicar de forma simple el misterio de la eucaristía, el principal sacramento de los católicos, el Papa recordó detalles de cuando él mismo tomó su primera comunión.
"Un domingo de 1937"
"Era un domingo del mes de marzo de 1937. Tenía nueve años. Hacía buen tiempo, la iglesia era magnífica. Me acuerdo de muchas cosas bonitas, de la música...
"Eramos una treintena de niños y niñas de nuestro pequeño pueblo que contaba con apenas 500 habitantes", evocó.
"Pero la más bonita de todas las cosas -agregó-, es que comprendí que Jesús había entrado en mi corazón y que con Jesús Dios estaba conmigo", dijo el Pontífice.
Por Elisabetta Piqué - Corresponsal en Roma