Un casi seguro presidente del Episcopado

Por Jorge Rouillon - De la Redacción de LA NACION

Muchos elementos se suman para considerar muy probable que el cardenal Jorge Bergoglio sea elegido el mes próximo para encabezar la Conferencia Episcopal en el período 2005-2008.

Bergoglio cuenta con prestigio entre la gente, un estilo sobrio que sabe guardar silencio y hablar poco, pero que cuando lo hace, pega fuerte; un creciente conocimiento, y reconocimiento, en la Iglesia en el orden universal, particularmente en el último cónclave y en el sínodo de obispos que terminará mañana en Roma.

Es el arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina. Ello de por sí no significa que deba encabezar el Episcopado, pero muestra una importancia en la vida del país que tiene su incidencia: presidieron el cuerpo los arzobispos porteños y cardenales Antonio Caggiano, por largos años; Juan Carlos Aramburu, por un período, y Antonio Quarracino, por dos.

Es cierto que también fueron presidentes otro cardenal, el arzobispo de Córdoba Raúl Primatesta, por varios períodos, así como dos arzobispos de Paraná, Adolfo Tortolo y Estanislao Karlic, y uno de Rosario, el actual presidente, monseñor Eduardo Mirás.

Pero precisamente éste, que sólo ha cumplido un período en la presidencia, presentó ya la renuncia a su arquidiócesis el año último, al cumplir 75 años, y tiene un delicado problema de salud, por lo que no cabe esperar su reelección.

Y Bergoglio es el vicepresidente 1° de la Conferencia Episcopal, lo cual hace sumamente lógico que pueda pasar a la presidencia. Antes fue vicepresidente 2°, cuando conducía el organismo monseñor Estanislao Karlic. Esa fue la trayectoria de Mirás: fue vicepresidente 2°; luego, vicepresidente 1°, y finalmente, presidente.

Al menos tres obispos consultados ayer consideraron razonable, y muy probable, su elección. Pero quienes eligen tienen libertad para elegir a cualquier arzobispo u obispo del país. Los electores serán unos 80 obispos que se reunirán en una casa de retiros en Pilar del 7 al 12 de noviembre.

La función del presidente no sustituye la responsabilidad de cada obispo en su diócesis. Pero tendrá un papel clave en las relaciones, no siempre tranquilas, con las autoridades oficiales. Hace pocos días, el titular de Pastoral Social, Carmelo Giaquinta, dijo que se podrá quizá solucionar la cuestión del obispado castrense en el nivel diplomático, pero si no se soluciona el meollo del problema, las dificultades en la relación Iglesia-Estado pueden reaparecer en cualquier otra área.

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