30º Peregrinación Juvenil a Luján

"Madre ayúdanos. Queremos ser un solo pueblo"

Desde hace treinta años, como pueblo creyente, compartimos este rito de venir hasta la casa de nuestra Madre y lo hacemos con la confianza puesta en Ella que nos recibe y nos protege.

Hace 30 años la juventud peregrinaba hasta aquí pidiendo por la Patria. Hoy nos une ese mismo sentimiento: querer ser un solo pueblo. Y aquí estamos juntos recibiendo los mismos cuidados de la Madre.

Celebramos lo que significó haber caminado estos kilómetros, haber pasado en silencio ante la Imagen y mirarla. Contarle lo que fuimos trayendo en el camino. Lo que muchos nos pidieron que le digamos al verla. Cosas que se comparten en su Casa, que es nuestra casa, la casa de nuestra familia, la casa de nuestro pueblo.

A muchos, desde chicos, nos trajeron para recibir el Bautismo o para mostrarnos la Imagen de Ella que se quedó para recibirnos. Y así fuimos conociendo y se nos fue haciendo familiar esta Casa, y tomamos la costumbre de venir a visitar a la Virgen, a estar cerca de Ella, a tener este encuentro que nos descansa.

Así, con estas cosas sencillas y profundas ha ido creciendo nuestro pueblo. Hay muchas historias de vidas que aquí se han reconstruido. Nuestro pueblo hunde sus raíces en un anhelo de fraternidad y deseo de familia. Hoy venimos a decirle a la Madre que queremos ser un solo pueblo; que no queremos pelearnos entre nosotros; que nos defienda de los que quieren dividirnos. Que queremos ser familia y que para eso no necesitamos de ninguna ideología revanchista que pretenda redimirnos. Nos basta su cariño de Madre, a Ella le pedimos, "Madre queremos ser un solo pueblo".

No dejamos de agradecerle que la Imagen de su limpia y Pura Concepción se haya quedado milagrosamente en las orillas del río Luján fundando esta Villa. Por eso nosotros como pueblo peregrino nos seguimos dando cuenta que crecemos porque aquí hay alguien que nos convoca y nos reúne. Mirando ésta, su casa y nuestra casa, le decimos: "Madre queremos ser un solo pueblo".

Sabemos que María después de la cruz cargó el cuerpo de Jesús. Es un momento triste y sagrado que al recordarlo nos da esperanza, porque es el cariño grande de nuestra querida Madre. Aquí está la grandeza de Dios. En los momentos donde todo parece que se va a perder Dios manifiesta el amor en su mayor grandeza, el que nos hace fuertes. Es el amor que hoy nos llevamos en el corazón, es la bendición que nos llena y hace que nosotros también carguemos con tantos hermanos nuestros que, a la vuelta de esta visita, seguramente tendremos que levantar. Con este deseo de ayudarnos unos a otros le decimos: "Madre, queremos ser un solo pueblo".

Que nada nos separe de todo esto que tanto creemos. Que nadie venga a engañarnos ni a dividirnos. Estas son las grandezas de Dios, así Él las ha querido. En el silencio del milagro de las carretas se construyó un milagro sin palabras, un milagro que, a cada uno, la Virgen se lo va diciendo despacito, al corazón de sus hijos, en estas peregrinaciones. Vinimos para un descanso en nuestro camino, un descanso del corazón. Volvamos renovados a casa. Aquí dejamos lo que nos cuesta cargar solos todos los días. Llevemos en nuestros corazones el gozo de haber estado cerca de la que quiso quedarse para protegernos. Y con mucha fe digamos juntos: "Madre ayúdanos, queremos ser un solo Pueblo".

Buenos Aires, 3 de octubre de 2004.

Card. Jorge Mario Bergoglio s.j.

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