EL PAPA DESTACÓ EL "LEGADO ESPIRITUAL" DE JUAN PABLO II
Prometió alimentar la fe de los jóvenes
COLONIA.- Benedicto XVI difícilmente olvide este día. Medio millón de peregrinos de todo el mundo le tributaron una apoteótica bienvenida en su primer viaje pastoral, en el que el tímido intelectual se estrenó como pontífice de masas.
Difícil, también, imaginar una escenografía mejor. Bajo un cielo claro, las dos riberas del Rin se convirtieron en un hormiguero multicolor de brazos, gorros al viento y banderas para saludar al Papa, que llegó hasta las adyacencias de la catedral en barco.
En el mensaje inicial de la Jornada Internacional de la Juventud -el gran festival de la fe ideado hace un cuarto de siglo por su predecesor, Juan Pablo II- el papa germano, de 78 años, esquivó las consideraciones doctrinarias para hablar directo al corazón.
"Juan Pablo los entendió y los quiso. Hoy es mi turno para seguir con ese extraordinario legado espiritual", dijo, a bordo del barco que lo llevaba por el gran río europeo. Y, tal como le sucedió durante el entierro de Karol Wojtyla, una vez más el viento agitó su sotana blanca, como si algo la animara.
"Me siento muy feliz por estar entre los jóvenes, por poder apoyarlos en su fe y alimentar su esperanza", dijo. Pero de inmediato llamó a convertir la experiencia en un intercambio, al mostrarse confiado de recibir de ellos "algo de su sensibilidad, de su entusiasmo y de su disponibilidad para afrontar los desafíos del mundo".
Este viaje de cuatro días a su "querida Alemania" es una prueba crucial para el papado que inició hace apenas cuatro meses. La gran duda de si Joseph Ratzinger, el teólogo bávaro que pasó buena parte de su vida entre bibliotecas y aulas universitarias, podrá manejarse entre multitudes, comenzó ayer a encontrar respuesta.
De hecho, la primera impresión fue que, lejos de ocultarla, ayer exhibió su timidez. Y eso generó una corriente solidaria entre el joven auditorio, una conexión incapaz de alcanzar el voltaje de la de Juan Pablo II, pero que en la instancia inicial, al menos, parece haber funcionado.
"Se lo pido a todos: abran fuerte su corazón a Dios. Déjense sorprender por Cristo. Denle el derecho a hablar libremente en estos días", manifestó el Papa, mientras su barco -rodeado por lanchas patrulla- recorría cinco kilómetros de ribera. "Benedicto, estamos contigo", fue el estruendoso eco que le llegó como respuesta.
Ese intercambio marcó, tal vez, el comienzo simbólico de la llamada "era Ratzi"; esto es, el capítulo multitudinario del nuevo pontífice, con nombre tomado del apodo que le dan los jóvenes. A todo esto, no se vieron ayer remeras con su rostro, pero sí decenas de miles de ellas con la fórmula "B-16" (Benedicto XVI).
El viaje concluirá el próximo domingo con una misa al aire libre. Y pese a que se convertirá, en los hechos, en un barómetro de su capacidad para conectarse con las nuevas generaciones, el Papa trató de ponerle un sello con el que mucho muestra de lo que desea para su gestión.
Por lo pronto, hoy visitará la antigua sinagoga de Colonia -destruida por el ejército nazi y luego reconstruida- y se inclinará, junto a su rabino jefe, ante el muro negro que recuerda a los 11.000 vecinos de la ciudad asesinados durante el Holocausto.
El gesto avanza en la línea de acercamiento al judaísmo y, más en el terreno político, a la reconciliación alemana tras las heridas que dejó la Segunda Guerra mundial. El Papa puso mucho cuidado también en fijar para mañana un encuentro con líderes musulmanes.
Banderas argentinas
Con un millón de habitantes, la ciudad colapsó seriamente ante la invasión de peregrinos. Los andenes de trenes desbordaron, a tal punto que hubo heridos por caerse a las vías.
Una vez más, los argentinos hicieron gala de su presencia. Dos enormes banderas celestes y blancas estaban en primera fila, frente a la catedral; una de ellas, a cargo de estudiantes de la Universidad Católica Argentina (UCA). Pero la odisea fue ayer de 34 alumnas del colegio Misericordia, de Belgrano: maniobraron durante horas para colgar una enorme bandera en el paredón de la ribera, de modo que el Papa no pudiera dejar de verla. "¡Lo conseguimos!", decían incrédulas.
Rodeado por un enjambre de guardaespaldas, Benedicto XVI se detuvo de a ratos para estrechar manos e impartir bendiciones. Muchos alemanes no podían creerlo. "¡Si hasta sonríe!", comentó una joven periodista de Bonn.
La prensa alemana, que hasta ahora se mostró sumamente escéptica, ayer dio sus primeras señales de sorpresa ante la respuesta que generó el Papa salido de su tierra. "Parece que lo está logrando", decían algunos cronistas.
Benedicto XVI llegó al mediodía al aeropuerto y, tras un breve saludo -en el que se diferenció de Juan Pablo II al no besar el suelo-, mantuvo actividad social hasta que a las 16.30 inició el recorrido con el que finalmente, y en barco, llegó a la catedral que, según la tradición, atesora las cenizas de los Reyes Magos. Dio allí su tercer mensaje del día y luego paseó una hora en papamóvil.
Tuvo un día intenso y no exento de tropiezos. Entre ellos, haber perdido el solideo por culpa del viento. Pero no ocultó la sonrisa.
Por Silvia Pisani - Enviada especial - LA NACIÓN ON-LINE