AUDIENCIA - CATEQUESIS

El Papa presenta a Cristo como «imagen del Dios invisible»

Cristo es la «imagen del Dios invisible», explicó este miércoles Juan Pablo II durante la audiencia general, en la que invitó a los cristianos a participar en la construcción de su Reino de justicia y de paz.

El pontífice meditó en esta ocasión en el «Himno a Cristo». que se eleva al inicio la carta de san Pablo a los Colosenses (1, 3.12-20), en el que aparece Jesús como «corazón de la liturgia y centro de toda la vida eclesial».

En esta ocasión, la audiencia se celebró en dos momentos. Antes de encontrarse con los peregrinos en el Aula Pablo VI, el Santo Padre saludó en la basílica vaticana a 3.500 jóvenes y estudiantes de Italia.

CARTA DE SAN PABLO A LOS COLOSENSES (1, 3.12-20)

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de Él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por Él y para Él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en Él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en Él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por Él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

COMENTARIO

En el himno cristológico de la Carta a los Colosenses que acabamos de proclamar, resalta la figura gloriosa de Cristo, corazón de la liturgia y de toda la vida eclesial. En él se percibe el espíritu de oración y la fe de la primitiva comunidad cristiana en el Señor Jesús, celebrado como primogénito de toda criatura y de los que resucitan de entre los muertos.

Con su plenitud divina, y también con su sangre derramada en la Cruz, Cristo reconcilia consigo todos los seres, celestes y terrestres, y los conduce a su fin último, querido por Dios según su proyecto de amor y vida.

Como de costumbre, dejamos ahora espacio a la meditación de los grandes maestros de la fe, los Padres de la Iglesia. Uno de ellos nos guiará en la reflexión sobre la obra redentora realizada por Cristo con su sangre.

Al comentar nuestro himno, san Juan Damasceno, en el «Comentario a las cartas de san Pablo» que se le atribuye, escribe: «san Pablo habla de la "sangre por la que hemos recibido la redención" (Efesios 1, 7).

Se nos da como rescate la sangre del Señor, que lleva a los prisioneros de la muerte a la vida. Los que estaban sometidos al reino de la muerte sólo podían liberarse a través de Aquél que se hizo partícipe con nosotros de la muerte…

Con su venida, hemos conocido la naturaleza de Dios que existía antes de su venida. De hecho, es obra de Dios el haber extinguido la muerte, restituido la vida y reconducido a Dios al mundo.

Por ello, dice: "Él es imagen de Dios invisible" (Colosenses 1, 15), para manifestar que es Dios, aunque no es el Padre, sino la imagen del Padre, y tiene su misma identidad, si bien no es Él» («Los libros de la Biblia interpretados por la gran tradición» --«I libri della Bibbia interpretati dalla grande tradizione»--, Bolonia 2000, pp. 18.23).

FUENTE: ZENIT - ADAPTACIÓN MENSAJES DEL ALMA

PÁGINA PRINCIPAL          EL SANTO PADRE