UNA MULTITUD EN LA MISA POR EL PAPA EN LA CATEDRAL PRIMADA

Una multitud pocas veces vista que rebalsó la capacidad de la catedral primada, se extendió por el atrio, cubrió la amplísima calzada que existe frente al templo mayor e invadió parte de la Plaza de Mayo, fue la mejor muestra de la voluntad del pueblo porteño de rendir su postrer homenaje al papa Juan Pablo II, a quien en 1982 y 1987 le cantó: ¡Gracias Juan Pablo, mensajero de la paz!

El arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Jorge Mario Bergoglio S.J., el único cardenal argentino que participará del próximo cónclave, presidió en la catedral metropolitana la solemne misa exequial por el difunto Papa, fallecido el sábado 2 de abril.

En la columna donde está la cátedra episcopal, al lado del altar, fue colocada un mural con una espléndida imagen de Juan Pablo II.

Para mejor seguir la celebración, en las dos naves laterales fueron colocadas sendas pantallas gigantes, y otra en la escalinata de la catedral

Casi un centenar de periodistas gráficos, radiales, y decenas de cámaras de televisión cubrieron el acto.

Concelebrantes

Concelebraron con el cardenal Bergoglio sus obispos auxiliares, Joaquín Mariano Sucunza, Eduardo Horacio García, José Antonio Gentico, Horacio Ernesto Benites Astoul, Jorge Eduardo Lozano y Mario Aurelio Poli; el obispo titular de Mentesa y antiguo auxiliar de Buenos Aires, monseñor Mario José Serra; el obispo emérito de Morón, monseñor Justo Oscar Laguna; y el obispo de la eparquía maronita, monseñor Charbel Mehri.

Concelebraron también más de 200 sacerdotes diocesanos y miembros de órdenes y congregaciones religiosas, entre los cuales se hallaban, entre otros, el padre Aníbal Fósbery OP, presidente de FASTA; monseñor Vicente Ángel Bártolo, capellán mayor de la Policía Federal; monseñor Alfredo Horacio Zecca, rector de la Pontificia Universidad Católica Argentina Santa María de los Buenos Aires; monseñor Jorge Alberto Junor, rector de la catedral; los presbíteros Juan Alberto Torrella, vicario para la Educación; Eduardo Pérez Dal Lago, prosecretario de la Conferencia Episcopal Argentina; y Patricio Olmos, vicario para la Argentina de la Prelatura del Opus Dei. Se hallaban también varios superiores provinciales de órdenes y congregaciones religiosas.

En lugar de honor asistió, sin concelebrar, el nuncio apostólico, monseñor Adriano Bernardini, acompañado por el Consejero de Nunciatura, monseñor Nicola Girasoli.

Autoridades presentes

Se hicieron presentes el vicepresidente de la Nación, Daniel Scioli; la primera dama y senadora Cristina Fernández de Kirchner; el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Felipe Solá; el ex presidente Raúl Alfonsín; el ministro del Interior, Aníbal Fernández; el ministro de Economía, Roberto Lavagna; el secretario de Culto, Guillermo Oliveri; el subsecretario General de la Presidencia, Carlos Kunkel; el director general de Culto Católico, Luis Saguier Fonrouge; el ministro de la Suprema Corte, Antonio Boggiano; y el vicepresidente del Parlamento de la ciudad de Buenos Aires, Santiago de Estrada.

Asimismo concurrió un importante número de embajadores y Jefes de misión acreditados ante el gobierno argentino, miembros de las Fuerzas Armadas, funcionarios, parlamentarios y dirigentes políticos y sindicales.

Miembros de otros credos

Estuvieron presentes también representantes de otros credos, entre ellos, monseñor Tarasios, de la Iglesia Ortodoxa del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla; monseñor Platón, de la Iglesia Ortodoxa del Patriarcado de Moscú; monseñor Kissag Mouradián, de la Iglesia Apostólica Armenia; el canónigo Carlos Halperín, de la Comunión Anglicana; el padre Vladimiro, de la Iglesia Siria Ortodoxa.

Los Pastores David Calvo, de la Iglesia Luterana Unida; Juan Abelardo Schwint, de la Iglesia Luterana Evangélica del Río de la Plata; y Julio López, de la Iglesia Presbiteriana.

Los Rabinos Abraham Skorka, Ángel Kreigman, Sergio Bergman y Daniel Goldman; y los señores Mario Ringler, del Seminario Rabínico y Abraham Kaul, de la AMIA.

También asistió el Sheij Ahnad Lela y el señor Adel Mader, del Centro Islámico de la República Argentina.

Juan Pablo II fue coherente, dijo el cardenal Bergoglio

En la homilía el cardenal Bergoglio calificó al papa Juan Pablo II como "simplemente coherente", y destacó que con esa actitud de vida "se embarró las manos y nos salvó de una masacre fratricida", aludiendo a la guerra con Chile.

Tras señalar que "todo comenzó con Abraham que fue coherente con su fe y obedeció al Señor", y la obediencia de María cuando el ángel le anunció el misterio de la Encarnación del Verbo de Dios (cuya solemnidad se estaba celebrando), y la coherencia obedencial de Jesús cuando en Getsemaní, pese al miedo, se abandonó en la voluntad del Padre, el cardenal explicó que el Pontífice recientemente fallecido fue coherente con su fe y su entrega hasta la muerte, "fue simplemente un coherente", y con él -dijo- "terminó el siglo XX". Y poniendo énfasis en su voz subrayó: "Él nunca engaño, nunca mintió, nunca chicaneó y siempre se comunicó con su pueblo con la coherencia de un hombre de Dios", expresión que arrancó un estruendoso y espontáneo aplauso de los presentes.

"Este coherente -dijo en otro momento-, por pura coherencia se embarró y nos salvó de una masacre fratricida". Luego se refirió a Juan Pablo II como a "un testigo fiel, un testigo coherente" y recordó otros pasajes de su vida en la que el Papa dio muestras de coherencia.

"Era coherente porque gozaba de los chicos en los brazos, porque creía en la ternura; era coherente porque más de una vez hizo traer a los hombres de la calle para hablarles; era coherente porque cuando estuvo bien pidió permiso para ir a la cárcel a hablarle al hombre que quiso matarlo", precisó el Primado de la Argentina.

Previamente destacó que la coherencia, esa que caracterizó al pontificado de Juan Pablo II, "no se compra, ni se estudia en ninguna carrera. La coherencia se va fraguando en el corazón con la adoración, la unción al servicio a los demás y la rectitud de conducta. Sin mentiras, sin engaños, sin dobleces".

"Este siglo -dijo mirando la imagen de Juan Pablo II- no necesita de maestros, necesita de testigos. Y Juan Pablo II fue un verdadero testigo, que avaló lo que predicaba con su propio testimonio de vida hasta los instantes finales. Juan Pablo II fue una invitación a ser un testigo fiel".

Un ¡Viva el Papa!, se escuchó en medio de la multitud, y la homilía culminó con sostenidos aplausos, que dieron el cálido marco al homenaje a Juan Pablo II.

Palabras del Nuncio Apostólico

Antes de terminar la solemne Liturgia fúnebre, el nuncio apostólico, monseñor Adriano Bernardini, dirigió desde el ambón palabras de agradecimiento a los presentes.

"Como representante del Santo Padre en tierra argentina -comenzó diciendo- deseo expresar mi sentido agradecimiento a todos los aquí presentes, comenzando por el señor Cardenal que ha querido organizar esta celebración".

Luego agradeció al Cuerpo Diplomático, a los obispos, a las autoridades civiles, a los sacerdotes, a los religiosos y religiosas y a todos los fieles que colmaban la catedral.

"Se trata -dijo- de un homenaje a un Papa que durante 27 años no dejó de ofrecerse totalmente a sí mismo, no sólo por la Iglesia católica, sino por todos los hombres de buena voluntad, viajando para encontrarse con ellos en sus respectivos países, hasta los confines de la Tierra", y luego señaló que es bueno constatar "que el sentimiento de gratitud no ha desaparecido de este mundo", ya que "todos quieren demostrar su agradecimiento".

Monseñor Bernardini concluyó así: "Seguro de interpretar los sentimientos del difunto Pontífice, sin lugar a dudas ya en el Cielo junto a Jesús y a la Virgen que él tanto amó, a mi vez y en su nombre, todavía como su Representante en esta amada tierra argentina, tengo el honor de expresar a todos ustedes su '¡gracias!'.

FUENTE: AGENCIA INFORMATIVA CATÓLICA ARGENTINA (AICA)

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