JUAN PABLO II

"Creemos que la Iglesia pueda estar contenta y esperanzada, hemos elegido un sucesor del Papa Juan Pablo I que llevará a la práctica lo que él expresó y soñó. Creemos que él es un hombre de fe, humilde, hombre de diálogo que ha sufrido la persecución, que es un testigo de Cristo", decía el Cardenal Raúl Silva Henríquez desde Roma, quien había participado en el cónclave. Las palabras del Cardenal Silva Henríquez fueron proféticas.

La Iglesia está contenta porque el pontificado de Juan Pablo II ha sido providencial para nuestros tiempos. Sin duda que ha hecho historia. "El Papa ha sabido estar muy presente en la historia del mundo, con la identidad de Jesucristo y de su mensaje. Ha hecho cercana la Iglesia al mundo de hoy. Él es el mejor testimonio de lo que es la misión de la Iglesia", señala monseñor Ricardo Ezzati, Obispo Auxiliar de Santiago.

A pesar de su frágil estado de salud actual, agravado por el mal de Parkinson, a sus 84 años de edad Juan Pablo II sigue siendo el guía y líder espiritual más gravitante del mundo, un orgullo para la Iglesia Católica.

"Su carisma personal y su simpatía, a pesar de su ancianidad y su quebrantada salud, lo han hecho entrar en la vida personal de la gente joven, que lo ve como un hombre de Dios, un hombre que sabe proponer grandes ideales para la vida, que confía en la generación joven y que ha sabido imprimir en sus corazones una gran admiración por Jesucristo y los ideales de vida que nos presenta en el Evangelio", destaca Monseñor Ezzati.

LITERATURA, POESÍA Y TEATRO

Comenzó a estudiar literatura y filosofía, escribió poesía y mostró una gran inquietud por el teatro y la literatura polaca. Cuando pensaba seriamente en la posibilidad de continuar estos estudios, un encuentro con el cardenal Sapieha durante una visita pastoral le hizo considerar la posibilidad de seguir la vocación que ya empezaba a barruntar: el sacerdocio.

Cuando estalló la II Guerra Mundial, los alemanes cerraron todas las universidades de Polonia. Karol Wojtyla y un grupo de jóvenes organizaron una universidad clandestina en donde estudió filosofía, idiomas y literatura.

Poco antes de decidir su ingreso en el seminario, el joven Karol tuvo que trabajar como obrero en una cantera y luego en la fábrica química Solvay para ganarse la vida y evitar la deportación a Alemania.

Según palabras del Pontífice, esta experiencia le ayudó a conocer de cerca el cansancio físico, así como la sencillez, sensatez y fervor religioso de los trabajadores y los pobres.

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