c) Su legado
El
segundo Concilio Vaticano, luego de una larga y concienzuda preparación,
se inició el 11 de octubre de 1962, aunque él mismo no sería
el elegido para llevarlo a su feliz término. Pronto el Papa Juan XXIII
se enteraba de su mortal enfermedad que, asociándolo a la Cruz del Señor,
le llevaría por un largo camino de pasión, ofrecido por toda la
Iglesia.
Juan XXIII fue llamado a la casa del Padre el 3 de junio de 1963, a poco de
haberse iniciado el Concilio Vaticano II.
Su muerte suscitó una profunda tristeza en el mundo entero, lo que manifestó
manera en que este Papa se hizo querer en tan poco tiempo. Ciertamente, su extraordinaria
bondad y simpatía le permitió ganarse la amistad y el respeto
de gente muy diversa, lo que con justicia le mereció el calificativo
de "Il Papa buono", el Papa bueno.