a
) Introducción
Tras un cónclave de tres días la elección de un nuevo Pontífice
recaía un tanto inesperadamente sobre el Cardenal Gioacchino Pecci, por
entonces un hombre que con una salud bastante precaria llegaba a los casi 69
años. Acaso por ello pensaron algunos que se trataba de un pontificado
"de transición". Sin embargo, a despecho de toda cábala
humana, el Espíritu Santo elegía a este siervo suyo para guiar
la Barca de Pedro por el umbral del siglo adveniente, nuestro siglo XX. 
Al asumir la misión apostólica que Dios le confiaba, la de confirmar
a su hermanos en la fe, el nuevo Pontífice elegía el nombre de
León. ¿Una inspiración divina para que su nombre fuese
como un signo o anuncio de lo que sería la nota esencial de su pontificado?
Lo cierto es que el nuevo Papa, que a más de uno habría sugerido
la idea de que el suyo sería un pontificado breve, habría de guiar
la barca de Pedro -con ejemplar firmeza- ¡durante casi veintiséis
años! Y vaya que, cual rugido de león, haría resonar más
de una vez la firme voz de la Iglesia en todo el mundo, la voz que con singular
energía se alza en defensa de sus hijos, especialmente cuando ve que
se maltrata y desprecia a los más débiles e indefensos.
En este sentido, Su Santidad León XIII ha llegado a ser conocido como
el primer Papa de las encíclicas. Muy prolífico en su labor magisterial
-publicó alrededor de cincuenta documentos-, hizo conocer al mundo entero
la enseñanza de la Iglesia iluminando con la luz del Evangelio los más
diversos problemas que se iban presentando en su tiempo.
La más importante de sus encíclicas, sin duda, es la conocida
con el nombre de Rerum novarum, y fue promulgada el 15 de mayo de 1891. Con
esta encíclica se iniciaba una nueva etapa conocida como Magisterio Social
Pontificio, etapa que de ninguna manera desconoce sino que, todo lo contrario,
hunde sus raíces en el Evangelio mismo, así como en el pensamiento
y la acción social que, inspirándose en las enseñanzas
evangélicas del Maestro, han acompañado a la Iglesia desde el
inicio de su caminar.
Por medio de esta encíclica el Papa de los obreros, con tono firme, hacía
resonar en el mundo entero la voz de la Iglesia que, una vez más, se
alzaba en defensa de los débiles, los pobres, los «sin voz».
Advertía claramente de los peligros que traerían para el mismo
hombre las nuevas concepciones políticas, sociales y económicas
que no tomaban en cuenta a la persona humana y que, además, evadían
sus responsabilidades sociales por su marcada tendencia individualista. Ciertamente,
la creciente pobreza y explotación del hombre por el hombre -en el campo
del trabajo- hacía necesario este llamamiento universal que, en nombre
de Dios y con hondo clamor humano defendiese a los obreros.
Al publicar la Rerum novarum, el Papa León XIII mostraba una vez más
la profunda preocupación que, como Pastor Universal, movía su
corazón para alzar su enérgica voz de protesta al agravarse cada
vez más la llamada "cuestión social". No sin razón
su encíclica ha sido llamada la «Carta Magna del Trabajo».
Es conocido también
el gran empeño que Su Santidad León XIII pusiera en favorecer
la unidad entre la fe y el pensamiento. Con este fin dio un nuevo impulso a
la doctrina de Santo Tomás de Aquino, proponiendo en su encíclica
Aeterni Patris a este santo como modelo para los estudios filosóficos
y teológicos.
En el terreno ecuménico se dio un verdadero cambio, al menos en lo que
se refiere a las relaciones con la Iglesia Oriental. El objetivo del Papa León
XIII, en este sentido, era lograr la reunificación de quienes se habían
separado de la Iglesia. Fruto de esos esfuerzos fueron, en 1879, el fin del
cisma caldeo y del cisma armenio.
En este mismo campo, la cosas no fueron tan bien en lo que se refiere a los
anglicanos. Con ellos no sólo no se llegó a ningún acuerdo,
sino que se abrió más aún la brecha cuando en 1896 una
comisión pontificia, nombrada por el mismo Santo Padre con el objeto
de estudiar la validez de las ordenaciones anglicanas, llegó a la conclusión
que no se había dado entre ellos la continuidad de la sucesión
apostólica.
La actitud que el Papa León XIII mostró frente a las diversas
ciencias fue la de un vivo interés y deseo de que se llegase siempre
al conocimiento de la verdad. Entre otras cosas, fue él quien abrió
las puertas del Archivo Vaticano en 1883 -de acceso muy restringido durante
siglos-, dando amplias facilidades para la investigación histórica.