b)
Relaciones internacionales
A lo largo de su pontificado, León XIII mostró extraordinarias
habilidades para el gobierno y el manejo de las relaciones internacionales con
otros Estados.
Una de las intenciones de su pontificado fue la de lograr ubicar adecuadamente
a la Iglesia en la sociedad tal y como se iba perfilando por entonces. Para
ello, por medio de una hábil política eclesiástica, buscó
mejorar en lo posible las frágiles o quebradizas relaciones con los diversos
Estados europeos.
Para entonces las posesiones territoriales del papado -luego de serle arrebatados
los estados pontificios- se reducían a un minúsculo estado: el
Vaticano. Al publicar su primera encíclica, el Papa León XIII
aclaraba que, en este sentido, la Iglesia jamás había perseguido
el gobierno temporal por ambición o por afán de dominio, sino
porque «cuando se trata del poder temporal de la Sede Apostólica,
está a la vez en juego el bienestar común y la salvación
de toda la sociedad humana». Se trataba de la independencia y de la libertad
de la Iglesia para cumplir con su misión.
En lo que se refiere a las negociaciones diplomáticas con el Estado italiano
no se dieron frutos positivos. Tampoco fueron mayores los éxitos en las
relaciones con el Estado francés, aunque con el alemán sí
se dieron mejores resultados: se obtuvo la paz y tranquilidad para los católicos
que por ese entonces se habían visto gravemente afectados por la "guerra
religiosa" o Kulturkampf, emprendida por Bismark por medio de leyes, publicadas
principalmente el año 1873, contra el clero católico y los demás
fieles. Asimismo fue exitoso el arbitraje ejercido por León XIII en torno
a las Islas Carolinas, cuya posesión territorial se disputaban Alemania
y España.