d) La época post-conciliar
Culminado
el gran Concilio abierto al tercer milenio, se iniciaba el difícil periodo
de su aplicación. Ello exigía un hombre de mucha fortaleza interior,
con un espíritu hondamente cimentado en el Señor; hombre de profunda
oración para discernir, a la luz del Espíritu los caminos seguros
por donde conducir al Pueblo de Dios en medio de dificultades propias de todo
proceso de cambio, de adecuación, de renovación... propias también
de la furia del enemigo, cuyas fuerzas buscan prevalecer sobre la Iglesia de
Cristo.
Lo que a S.S. Pablo VI le tocó vivir como Pastor universal de la grey
del Señor, lo resume el Papa Juan Pablo II en un valiosísimo testimonio,
pues él -como dice él mismo- había podido «observar
de cerca» su actividad: «Me maravillaron siempre su profunda prudencia
y valentía, así como su constancia y paciencia en el difícil
período posconciliar de su pontificado. Como timonel de la Iglesia, barca
de Pedro, sabía conservar una tranquilidad y un equilibrio providencial
incluso en los momentos más críticos, cuando parecía que
ella era sacudida desde dentro, manteniendo una esperanza inconmovible en su
compactibilidad» (Redemptor hominis, 3).
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