d)
Firmeza en la persecución
Durante
su pontificado se consuma en Francia (1905) la separación de Iglesia
y Estado. Éste sería un capítulo muy doloroso para el Santo
Padre. Sin transigir en lo más mínimo ante las presiones de un
Estado que quería subyugar a la Iglesia de Cristo, alentó a sus
pastores y demás fieles franceses a no temer ser despojados de todos
sus bienes y derechos. El Papa sufrió mucho por esta nueva persecución
desatada contra la "hija predilecta", la Iglesia de Francia, y se
conmovió hondamente por la respuesta de fiel adhesión de los obispos.
Años después aquél mal ejemplo sería seguido: en
España (1910) y en Portugal (1911) también se daría la
definitiva separación entre la Iglesia y el Estado.