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Modelo de sacerdote
Algunos sostienen que por la extrema modestia que mostraba se difundió
la idea de que S.S. San Pío X, si bien era un hombre santo, era poco
inteligente o no estaba muy bien preparado: hablaba siempre tan convencido de
su propia insignificancia, de su falta de preparación, de su "condición
rural", que muchos llegaron a tomarlo en serio. Sin embargo, la evidencia
histórica muestra que la realidad estaba muy distante de aquella falsa
idea.
El seminario de Padua conoció en Guiseppe a un joven bien dotado y muy
aprovechado en los estudios: fue el más destacado alumno de su tiempo.
Y si bien es cierto que a sus posteriores éxitos académicos -que
también los tuvo- siguieron dieciocho años de intensa tarea pastoral,
el Padre y luego Obispo Sarto nunca escatimó en recortar incluso algunas
horas de descanso para dedicarlas al estudio: a costa de exigencia personal
y disciplina jamás abandonó su propia formación, tan necesaria
para nutrir su fe y para mejor poder responder a su misión de ser luz
para los demás, maestro de la verdad. Los sermones, las conferencias,
sus cartas pastorales, el mismo trato con las gentes, eran diversas ocasiones
que le exigían gran dedicación en este importante asunto, y él
así lo comprendió.
Además, dotado naturalmente con una insaciable curiosidad intelectual,
ésta le llevaba a estudiar, escuchar, y buscar conocer. Años de
formación en el silencio acompañaron su ministerio, iluminándolo,
nutriéndolo, enriqueciéndolo, siempre abriéndole los horizontes
para mejor conocer y comprender a aquellos a cuyos corazones quería acceder
para iluminarlos con la verdad de Jesucristo, y ganarlos para Él.
En este sentido hay que añadir también que ya como Obispo y Cardenal
era muy conocido por su versado manejo de la Sagrada Escritura y de los Padres
de la Iglesia.