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Propulsor de la Paz
S.S. San Pío X anhelaba la paz mundial, y sabía que sólo
en Cristo ésta podía ser verdadera y duradera. Fue su más
ardiente deseo el ayudar a evitar la primera gran guerra europea, que él
veía venir con tanta claridad: mucho tiempo atrás, había
predicho que estallaría en 1914. «Gustoso daría mi vida,
si con ello pudiera conseguir la paz en Europa», había manifestado
en una oportunidad.
El 2 de agosto de 1914, ante el inminente estallido de la guerra, el Santo Padre
instaba -en un escrito dirigido a los católicos de todo el mundo, y como
un último y denodado esfuerzo por obtener el don de la paz- a poner los
ojos en Cristo el Señor, Príncipe de la Paz, y a suplicarle insistentemente
por la paz mundial.