b) Labor intraeclesial
Fue
este deseo por el que en diciembre de 1925 instituía la fiesta de Cristo
Rey con la publicación de su encíclica Quas primas. En ella decía:
«En la primera encíclica, que al comenzar nuestro pontificado enviamos
a todos los obispos del orbe católico, analizábamos las causas
supremas de las calamidades que veíamos abrumar y afligir al género
humano. Y en ella proclamamos Nos claramente no sólo que este cúmulo
de males había invadido la tierra, porque la mayoría de los hombres
se había alejado de Jesucristo y de su ley santísima, así
en su vida y
costumbres
como en la familia y en la gobernación del Estado, sino también
que nunca resplandecería una esperanza cierta de paz verdadera entre
los pueblos mientras los individuos y las naciones negasen y rechazasen el imperio
de nuestro Salvador. Por lo cual, no sólo exhortamos entonces a buscar
la paz de Cristo en el reino de Cristo, sino que además, prometimos que
para dicho fin haríamos todo cuanto posible nos fuese.»
Con este mismo objetivo proclamaría tres años jubilares (1925,
1929 y 1933), así como bienales congresos eucarísticos.
Este deseo de recordarle el primado de lo espiritual a una sociedad que optaba
por una visión materialista, se mostraría también -con
diversos énfasis- en sus sucesivas encíclicas: Divini illius magistri
(1929), sobre la educación cristiana; Casti connubii (1930), que define
el matrimonio cristiano y condena la contracepción; Quadragesimo anno
(1931), que reafirma y profundiza las enseñanzas sociales que su predecesor,
el Papa León XIII, desarrolló en su encíclica Rerum novarum.
Las
numerosas canonizaciones que realizó tendrían también aquél
mismo objetivo: Juan Fischer, Tomás Moro, Juan Bosco, Teresa de Lisieux...
Asimismo fue él quien elevó a San Pedro Canisio, Juan de la Cruz,
Roberto Belarmino y a Alberto Magno al rango de Doctores de la Iglesia.
En la línea de su predecesor, el Papa Della Chiesa, buscó dar
un mayor impulso a las misiones. Con tal fin amplió la base de las iglesias
misioneras fundando seminarios para clero nativo, y en la universidad Gregoriana
instituyó las facultades de historia de la Iglesia y ciencias misionales.
En 1936 S.S. Pío XI fundó la Academia Pontificia de las Ciencias,
incluyendo como miembros a distinguidos científicos de diversos países.
En este mismo campo, promovió un serio estudio en la línea de
las diversas ciencias, en cuyo avance veía un reto al que la Iglesia
debía responder.
En 1931 instaló una estación de radio en el Vaticano, siendo el
primer Papa en usar de este medio de comunicación con propósitos
pastorales.