c) La Iglesia y los otros estados
Fueron
notables sus esfuerzos para lograr acuerdos o "concordatos" por los
que la Iglesia regularizaba su posición y sus derechos frente a los diversos
estados. El de mayor trascendencia sin duda fue el concordato firmado con Italia
en 1929 (Tratado de Letrán), por el que se llegaba a una definitiva y
satisfactoria solución de la «cuestión romana»: la
ciudad del Vaticano se reconocía como un estado independiente y neutral.
Asimismo, por medio de su secretario de estado, el entonces cardenal Eugenio
Pacelli, firmó los concordatos con el Reich alemán y con Austria,
en 1933.
La preocupación del Pastor de la Iglesia Universal en lo que tocaba a
los estados totalitarios fue en continuo aumento con los años. Nada menos
que treinticuatro fueron las cartas de protesta que dirigió desde 1933
hasta el 36 al gobierno del Reich alemán, por la continua violación
del Concordato y por la progresiva opresión a la iba sometiendo a la
Iglesia en Alemania. Esta situación daría pie finalmente a hacer
pública en su encíclica Mit brennender Sorge (1937) una enérgica
condena a las enseñanzas y prácticas del nacionalsocialismo alemán.
El mismo año condenaría también al comunismo con su encíclica
Divini Redemptoris. Protestó enérgicamente ante la cruel y feroz
persecución desatada en México contra los católicos, y
en 1933 denunciaba asimismo la separación entre Iglesia-Estado a la que
el gobierno republicano había llevado a España.