d) Su legado
Poco
antes de su tránsito a la casa del Padre Eterno, el 10 de febrero de
1939, el Papa Pío XI ofreció su vida por la paz del mundo, con
la ilusión y esperanza de que ésta pudiese aún mantenerse
en Europa a pesar de la ya muy delicada situación. En este sentido, buscó
con empeño infatigable trabajar en favor de la unidad de humanidad, con
la clara conciencia de que ésta no podía provenir de ninguna ideología
de moda, sino de Aquél que es el único principio de unidad y comunión
posible para la dividida humanidad: Jesucristo, el Señor y Rey del universo,
el Príncipe de la Paz.
Para promover la revitalización y el fortalecimiento de la sociedad cristiana,
dio un gran impulso a la actividad misional, con el objetivo de hacer surgir
vocaciones nativas en cada país. Comprendía bien S.S. Pío
XI que sólo a través de una renovada misión apostólica
y evangelizadora de la Iglesia, la sociedad misma habría de ser vigorizada
en sus mismas raíces.
Significativos fueron también sus esfuerzos por acercarse a las Iglesias
Orientales separadas.