
A
Dios, nuestro Padre, por iluminar nuestro camino y sostener nuestra vida de
Fe.
A Jesús, por haber dado su vida para salvarnos.
Al Espíritu Santo, por ser la fuerza que siempre nos impulsa a seguir
adelante.
A María, nuestra Madre, por acrecentar y fortalecer nuestra vida espiritual.
A Juan Pablo II por ser un ejemplo de vida cristiana.
A todos los sacerdotes que fueron para nosotros ejemplo, guía y comprensión
en
el
camino de Dios.
A todos nuestros amigos y colaboradores, que siempre nos apoyaron en tiempos
de adversidad.
A Hernán Garrido y a Nicolás da Rocha por su desinteresada colaboración.