MENSAJE DEL PAPA PABLO VI PARA
LA
VIII JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES
Tema: Las comunicaciones sociales y la evangelización
en el mundo contemporáneo
Queridos hijos
y hermanos:
Nos alegra dirigirnos a vosotros, una vez más, con ocasión de
la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, instituida por el Concilio
Ecuménico Vaticano II (Inter mirifica, 18).
Dado que la importancia de los instrumentos de la comunicación social
aumenta incesantemente en el engranaje de la sociedad actual y en el planeamiento
de las relaciones humanas, Nos repetimos nuestro firme convencimiento de que
todos los hombres están llamados a ofrecer su propia contribución
en este campo, de manera que todos los componentes de la sociedad sean efectivamente
los artífices de la comunicación, realizando cada uno una recta
función. Tal aporte puede ser ejercido en las formas más variadas,
que van desde la intervención directa en la programación y en
la producción hasta la decisión personal responsable de la selección
y la aceptación o no de los mensajes de la comunicación social.
Pensamos también que los cristianos, en particular, deben dedicar siempre
mayor atención a este fenómeno característico de nuestra
época, formulando continuamente nuevas y actualizadas valoraciones
y contribuyendo a determinar positivas orientaciones en torno al mismo. Esto
es precisamente lo que los cristianos tratan de hacer y promover también
con la reflexión y los actos propios de esta Jornada, que viene celebrándose
desde hace ocho años.
Este año os invitamos a reflexionar sobre "Las comunicaciones
sociales y la evangelización en el mundo contemporáneo",
tema que oportunamente coincide con el estudio realizado en todos los países,
como preparación a la próxima Asamblea del Sínodo de
los Obispos.
"Si realmente la Iglesia -decíamos en la Carta Encíclica
Ecclesiam suam- tiene conciencia de lo que el Señor quiere que sea,
manifiesta una singular plenitud y, con clara visión de su misión
trascendente, siente entonces la necesidad de difundir su mensaje" (AAS,
vol. LVI, pág. 639)-
Este deber toma el aspecto propio de cada período de la historia y,
por tanto, en nuestro tiempo debe cumplirse también a través
de los instrumentos de la comunicación social. "No será
obediente al mandato de Cristo quien no use convenientemente las posibilidades
ofrecidas por estos instrumentos para extender mejor y al mayor número
de hombres la difusión del Evangelio (Instrucción pastoral Communio
et progressio, 126).
La evangelización es parte constitutiva de la misión de la Iglesia,
enviada por Cristo al mundo para predicar el Evangelio a todas las criaturas
(cf. Mc 16, 15). Tarea que desarrolla sobre todo en la vida litúrgica,
pero que se esfuerza en realizar también por todas las vías
y con todos los medios de que puede hacer uso durante su permanencia entre
los hombres de todos los continentes.
Reflexionando atentamente se ve que la vida entera del cristiano, de acuerdo
con el Evangelio, se halla en situación permanente de evangelización
en medio del mundo. El cristiano, viviendo entre los hombres, participando
en las ansias y sufrimientos del mundo, comprometiéndose en promover
el desarrollo de los valores temporales, insertándose en el dinamismo
de las investigaciones y del contraste de las ideas, realiza su testimonio
evangélico y ofrece su contribución de fermento y orientación.
En el mundo de las comunicaciones sociales, esta actitud del cristiano encuentra
vastísimas perspectivas de influjo evangelizador.
Nuestra atención se siente atraída, en este sector, por muchos
compromisos urgentes: ante todo, por el de dar a la información y al
espectáculo contemporáneo una línea de desarrollo que
facilite la difusión de la Buena Noticia y favorezca la profundización
de los conceptos de la dignidad de la persona humana, de la justicia, de la
fraternidad universal; valores que facilitan al hombre la comprensión
de su verdadera vocación y abren senderos al diálogo constructivo
con los demás y a la comunión con Dios.
Luego la búsqueda de una renovación de los métodos de
apostolado, aplicando los nuevos instrumentos audiovisuales y la prensa a
la catequesis, a la multiforme obra educativa, a la presentación de
la vida de la Iglesia, de su liturgia, de sus fines, de sus dificultades,
pero sobre todo del testimonio de fe y de caridad que la anima y la renueva.
Finalmente hay que recurrir a los instrumentos de la comunicación social
para llegar a los países, ambientes y personas a las cuales el apostolado
de la palabra no puede llegar directamente a causa de situaciones particulares,
ya sea por la escasez de ministros o porque la Iglesia no puede ejercitar
libremente su misión.
Sabemos que estos esfuerzos y esta búsqueda se van realizando -aunque
todavía no han logrado suficiente desarrollo- a través de la
acción generosa y solidaria de los obispos, sacerdotes, religiosos
y laicos lleno de buena voluntad y de competencia. Seguimos con atención
la actividad de nuestra Comisión para las Comunicaciones Sociales,
de las comisiones episcopales en los diversos países del mundo, de
las Organizaciones católicas Internacionales y de los profesionales
católicos. Conocemos las dificultades que todos encuentran debido a
la novedad del sector, a las condiciones ambientales, a la limitación
de los recursos.
Que a todos ellos y a todos los hombres que se sirven de los instrumentos
de la comunicación social para el verdadero progreso de la familia
humana y para un mañana mejor en el mundo llegue nuestra palabra de
estímulo y de aliento, y nuestra especial bendición apostólica.
Vaticano, 16 de mayo de 1974