MENSAJE DE PASCUA

Mensaje de Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz para la Pascua - 20 de abril de 2003

Queridos hermanos:

1. Al celebrar esta primera Pascua en la Iglesia de Santa Fe, quiero compartir con ustedes la alegría y el compromiso de ser el Pastor y amigo que desea acompañarlos desde la verdad del evangelio. En la Pascua celebramos el acontecimiento mayor de la vida de Jesucristo, que se convierte para nosotros en el centro de nuestra fe y en la posibilidad de una vida nueva. Celebramos la victoria de la vida sobre la muerte, del amor sobre el odio, de la verdad sobre la mentira. Esto que ya se ha realizado en Cristo resucitado es el fundamento y la fuerza de la esperanza cristiana. No se trata sólo de una doctrina, sino de una presencia viva que hoy se nos ofrece como gracia que nos transforma, y que nos llama a ser testigos comprometidos en la creación de un mundo nuevo. Desde la Pascua de Cristo es posible pensar en un mundo donde reine la verdad y la justicia, el amor y la paz.

2. El mensaje de Pascua no debe quedarse, por lo mismo, en la generalidad de un principio sino que cada uno debe hacerlo realidad en lo concreto de su vida. Para mí como sacerdote, vivir la Pascua significa ser fiel a la vocación de entrega desinteresada al servicio del pueblo de Dios para anunciarle el evangelio, alimentarlo con la gracia de los sacramentos y acompañarlo en el camino de su dignidad de hijo de Dios. Pienso en los laicos llamados a vivir su vocación en el mundo para transformarlo desde la fe, dando testimonio de su compromiso eclesial y responsabilidad social. Pienso en los jóvenes que viviendo con generosidad y alegría los valores y propuesta de santidad del evangelio, sean protagonistas entusiastas de un mundo que se construye sobre la solidez de la verdad, la nobleza del bien y el compromiso de la solidaridad.

3. Pienso en los políticos, que dejando de lado el ejercicio de una pobre e infecunda gimnasia del poder, que desgasta y quita credibilidad, se conviertan en testigos honestos de esta noble y necesaria mediación de la política al servicio del bien común. Pienso en los empresarios, que como emprendedores creativos que integran el trabajo, el capital y la tecnología sientan la responsabilidad de ser partícipes calificados en la creación de la cultura del trabajo y del bienestar social. Pienso en los trabajadores que, junto a la justicia del salario y a la seguridad social que les corresponde, se esfuercen por enriquecer con su dedicación responsable el trabajo que realizan. Pienso en el desocupado que padece la mayor pobreza, la de no poder trabajar, que no pierda la conciencia de su dignidad y mantenga viva su esperanza, porque su reclamo es un derecho y un llamado a la equidad y la solidaridad. Todo esto pertenece a la exigencia de renovación que nos propone la Pascua.

4. Queridos amigos, la Pascua es la fiesta de lo nuevo porque nace del triunfo de Jesucristo que ha inaugurado y puesto los principios para siempre de una nueva civilización. Que esta celebración pascual en la cercanía del llamado a las elecciones, sea para nuestra Patria un momento de reflexión que nos sirva para ejercer el derecho a votar y elegir en conciencia a aquellos que creamos más capaces por plataforma y probidad moral, para afrontar "la ineludible responsabilidad de recrear la voluntad de ser Nación", y nos permita superar este estado de desencuentro e incertidumbre, de debilidad política e inseguridad social. Reciban mis mejores deseos, junto a la seguridad de mi afecto, de mis oraciones y de mi bendición en Cristo Nuestro Señor. Felices Pascuas.

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

Pascua del 2003.

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