"EL QUE HABÍA SIDO CRUCIFICADO VIVE"

Mensaje pascual de los obispos de Río Negro y Neuquén (abril de 2003)

1. En la Misa de la Vigilia Pascual Dios nos regalará esta Buena Noticia: Del evangelio de Marcos 16, 1-8: "Pasado el sábado, María Magdalena, María, la madre de Santiago, y Salomé compraron perfumes para ungir el cuerpo de Jesús. A la madrugada del primer día de la semana, cuando salía el sol, fueron al sepulcro.
Y decían entre ellas: «¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?» Pero al mirar, vieron que la piedra había sido corrida; era una piedra muy grande.
Al entrar al sepulcro, vieron a un joven sentado a la derecha, vestido con una túnica blanca. Ellas quedaron sorprendidas, pero él les dijo: «No teman. Ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el Crucificado. Ha resucitado, no está aquí. Miren el lugar donde lo habían puesto. Vayan ahora a decir a sus discípulos y a Pedro que él irá antes que ustedes a Galilea; allí lo verán, como él se los había dicho.» Ellas salieron corriendo del sepulcro, porque estaban temblando y fuera de sí. Y no dijeron nada a nadie, porque tenían miedo".
- El evangelio nos presenta a las mujeres de camino hacia el lugar de los muertos (al sepulcro), es decir convencidas que la meta de la historia es una tumba cerrada, la muerte. Es el amanecer, es decir el momento donde no hay nitidez, donde pesa más la noche que la novedad de la luz. Caminan sin esperanza de ayuda ("¿quién nos correrá la piedra?").

- Nuestra vida a lo mejor se asemeja a la de estas mujeres: frente a los innumerables sufrimientos que padecemos, ver todo desde una perspectiva de fracaso y de muerte, no ver más lejos, y por eso estar cerrados a algo nuevo y distinto.
- En esta situación las mujeres reciben la gran noticia: HA RESUCITADO.
- Y esta gran noticia se concretiza en:

* "no teman", no hay ya motivo para temer porque la muerte y todas sus consecuencias han sido vencidas, y ¡Él está vivo!.

* "vayan y digan a los discípulos y a Pedro" porque descubrir que Cristo Resucitó es estrechar la comunión con la comunidad, es unirse como Iglesia.

* "allá lo verán en Galilea", Galilea es el lugar de la familia, del trabajo, de los amigos y enemigos. Descubrir a Cristo Resucitado es amarlo y seguirlo en nuestra vida de todos los días, es meterse de lleno en nuestra realidad.

* Pero ellas "no dijeron nada a nadie" hicieron silencio. Silencio que otros llenan con discursos, promesas, guerras, violencia. Silencio que nos debilita porque nos aísla.

2. Cristo Resucitó, "¡El que había sido crucificado vive"!. Esta buena nueva transforma nuestra historia: ya no caminamos hacia el fracaso, ni encerrados en nuestros problemas, ni dudando de que la comunión y la solidaridad son posibles.
Buscando hacer realidad esta buena nueva preguntémonos:

- ¿Cómo acrecentar la "comunión" en la familia, con los amigos, en el barrio y en la misma comunidad cristiana?
- ¿cómo ser signos de misericordia, fraternidad, alegría en el ambiente de cada día?
- ¿Qué obras de justicia, de caridad, de libertad y de verdad estamos llamados a testimoniar?

3. Vivimos esta Pascua en la cercanía de las elecciones nacionales del 27 de abril. Desde la luz Pascual sentimos la necesidad de reafirmar:
- Que en estos pocos días que nos separan de dicho acontecimiento conversemos con nuestros amigos, intercambiemos opiniones, no nos cerremos en posturas tomadas de antemano. Seamos libres, démonos cuenta de nuestra decisión y no nos dejemos manipular.

- Que acudir a las urnas nos debe comprometer a "aspirar a ser ciudadanos responsables de cumplir los propios deberes antes de reclamar los propios derechos. Respetuosos del vecino, capaces de realizar bien el propio trabajo, contribuyentes honestos de tributos y servicios, exigentes de la buena administración de los mismos, incapaces de doblegarnos ante las dádivas partidarias, incrédulos ante las vanas promesas de los políticos, críticos de nosotros mismo y de las autoridades que elijamos" (Comisión permanente 134º, 14.03.03).

4. Vivimos esta Pascua en la triste constatación que el grito de toda la humanidad "nunca más la guerra" ha sido una vez más violado y que está fuertemente amenazado en muchos lugares. Por eso nos sentimos llamados a reafirmar que

a) condenamos en la manera más absoluta el terrorismo que nada y nadie puede justificar. Pero recordamos que: en el respeto de los derechos humanos está el secreto de la verdadera paz. Hay derechos humanos elementales que todavía no son respetados: el derecho a la alimentación, al agua potable, a la vivienda, … ¿Puede existir verdadera paz, cuando hombres, mujeres y niños no pueden alcanzar su plena dignidad humana, o cuando es favorecido un pequeño grupo en detrimento de la gran mayoría?. Lamentablemente somos testigos de esto. Por eso sigue siendo tan actual el llamado acuciante que nos dejaba Juan Pablo II en 1987 estando en Viedma: "que nadie se sienta tranquilo mientras haya en vuestra patria un hombre, una mujer, un niño, un anciano, un enfermo, ¡un hijo de Dios!, cuya dignidad humana y cristiana no sea respetada y amada".

b) así mismo condenamos con fuerza el uso de la guerra para resolver los problemas y admiramos el valor de la paz. La paz es, en efecto, el mayor de los bienes humanos, es la síntesis y el símbolo de todos los bienes del hombre así como la guerra es la síntesis y el símbolo de todos los males. No se puede nunca desear la guerra, porque significa la violación sistemática de los derechos humanos más fundamentales. Con Juan Pablo II afirmamos: "La violencia no resuelve jamás los conflictos, tan solo acrecienta sus dramáticas consecuencias" (4-12-2001) y con él decimos una vez más y con mucha fuerza: "Jamás el terrorismo y la lógica de la guerra podrán asegurar el futuro de la humanidad" (23-2-2003)

c) Hay una relación inseparable entre el compromiso por la paz y el respeto de la verdad. La honestidad en dar informaciones, la imparcialidad de los sistemas jurídicos, la transparencia de los procedimientos democráticos y el respeto a los compromisos tomados son verdaderas premisas para una paz verdadera. Al no darse esto crece la convicción de que la fuerza es el camino para solucionar los problemas. También de esto somos testigos.

5. Cristo Resucitado en esta Pascua quiere iluminar nuestra historia y disipar todo lo que significa muerte, para que tengamos vida en abundancia. Que María, Nuestra Señora de la Pascua, engendre en nosotros una actitud de apertura y conversión.

Mons. Esteban Laxague, obispo de Viedma
Mons. Fernando Maletti, obispo de San Carlos de Bariloche
Mons. Marcelo Melani, obispo de Neuquén
Mons. José Pedro Pozzi, administrador apostólico de Alto Valle del Río Negro

VOLVER A MENSAJES DE PASCUAS