UNA OBRA DE ARTE CRISTIANO
ANÁLISIS DEL FILÓSOFO JESÚS VILLAGRASA

El 25 de febrero de 2004, miércoles de ceniza, llega a la gran pantalla «La Pasión de Cristo», una representación cinematográfica de las últimas doce horas de la vida de Jesucristo.

El fenómeno «La Pasión de Cristo» puede ser considerado al menos desde tres perspectivas: una, más superficial, no pasa de la crónica cinematográfica; otra, analiza los motivos de la polémica; la tercera la considera desde el punto de vista artístico.

Análisis realizado sobre la expresión artística de la obra cinematográfica, realizado por el doctor en filosofía Jesús Villagrasa, lc., profesor de Metafísica del Ateneo Pontificio «Reginta Apostolorum» en Roma.

Historia, fe y arte, en esta película, parecen inseparables. El especialista en Sagrada Escritura, en cultura oriental, en teología espiritual o en arte cinematográfica podrá hacer un análisis minucioso de la obra y, quizás sobre todo en la fidelidad histórica, encontrar deficiencias o hacer reparos. Un análisis de este tipo no es difícil. Lo meritorio es la síntesis artística, la obra creativa del artista.

A la luz de esta obra y de este artista, parecen hacerse concretas y plásticas algunas ideas expresadas por Juan Pablo II en «La carta de a los artistas» del 4 de abril de 1999. La carta está dirigida «a los que con apasionada entrega buscan nuevas «epifanías » de la belleza para ofrecerlas al mundo a través de la creación artística», a los «geniales constructores de belleza».

El artista no puede prescindir de su propia experiencia, pues al modelar una obra «el artista se expresa a sí mismo hasta el punto de que su producción es un reflejo singular de su mismo ser, de lo que él es y de cómo es» (n. 2).

Se trata de un talento que el artista --poeta, escritor, pintor, escultor, arquitecto, músico, actor, etc.-- sabe que no puede malgastar y que ha de «desarrollarlo para ponerlo al servicio del prójimo y de toda la humanidad» (n. 3).

La representación artística de la palabra bíblica «constituye un vasto capítulo de fe y belleza en la historia de la cultura, del que se han beneficiado especialmente los creyentes en su experiencia de oración y de vida. Para muchos de ellos, en épocas de escasa alfabetización, las expresiones figurativas de la Biblia representaron incluso una concreta mediación catequética. Pero para todos, creyentes o no, las obras inspiradas en la Escritura son un reflejo del misterio insondable que rodea y está presente en el mundo» (n. 5).

San Gregorio Magno en una carta del año 599 al Obispo de Marsella, Sereno, decía que «la pintura se usa en las iglesias para que los analfabetos, al menos mirando a las paredes, puedan leer lo que no son capaces de descifrar en los códices». Quizás el séptimo arte pueda descubrir a los «analfabetos religiosos» de nuestro tiempo a ese Cristo que no han conocido en los evangelios.

Lo que Juan Pablo II dice de toda intuición artística adquiere nuevas e insospechadas dimensiones cuando el arte representa los misterios de la vida de Cristo: «La auténtica intuición artística va más allá de lo que perciben los sentidos y, penetrando la realidad, intenta interpretar su misterio escondido. Dicha intuición brota de lo más íntimo del alma humana, allí donde la aspiración a dar sentido a la propia vida se ve acompañada por la percepción fugaz de la belleza y de la unidad misteriosa de las cosas. Supone un encuentro personal con Dios en Jesucristo.

Todos los creyentes están llamados a dar testimonio de ello; pero os toca a vosotros, hombres y mujeres que habéis dedicado vuestra vida al arte, decir con la riqueza de vuestra genialidad que en Cristo el mundo ha sido redimido: redimido el hombre, redimido el cuerpo humano, redimida la creación entera, de la cual san Pablo ha escrito que espera ansiosa «la revelación de los hijos de Dios» (Rm 8, 19). Espera la revelación de los hijos de Dios también mediante el arte y en el arte. Ésta es vuestra misión.

Esta ha sido la intuición artística y la intención del director y de los productores de «La Pasión de Cristo». Los espectadores dirán si lo han logrado. Quienes la vieron antes del estreno aseguran que se trata de una auténtica obra de arte y que les suscitó una profunda experiencia de fe. La obra está servida. La experiencia estética y espiritual dependerá también de la sensibilidad artística y religiosa de cada uno.

Fuente: agencia católica de noticias Zenit

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