UNA MIRADA DE FE
POR
LA PERIODISTA SILVINA ORANGES
El film de Mel Gibson "La pasión de Cristo" es una obra vibrante, estremecedora, con imágenes fuertísimas pero sin violencia gratuita ni rastros de antisemitismo, que interpelará a todos aquellos que la vean con los ojos de la fe.
Conocido para los lectores de la Sagrada Escritura, el relato de las últimas doce horas de la vida de Jesús sacude, estremece y es enmarcado, desde el comienzo del film, en el canto del siervo de Yaveh que se encuentra en el libro del profeta Isaías y que predice con detalle la pasión del Cristo sufriente.
Gibson se apega en el guión a los relatos evangélicos con precisión, más el agregado de varios elementos de la tradición cristiana, como la presencia de la Verónica -por ejemplo- y otra fuente que logra poner al espectador en primera fila de los acontecimientos.
Se trata de "La dolorosa Pasión de Nuestro Señor Jesucristo" de una monja alemana -en proceso de beatificación- llamada Anne Katherine Emmerich, que recibió los estigmas de Cristo a principios del siglo XIX y que le narró a un poeta desde su lecho de muerte las visiones que recibía sobre la vida de Jesús.
Las escenas más fuertes -la flagelación, con carne desgarrada y sangre derramada, y la crucifixión- no proponen sólo la violencia a la que Hollywood tiene acostumbrados. Los momentos más duros de contemplar están suavizados por "flashbacks" que retrotraen a la vida pública de Jesús y sus discursos sobre el amor, el perdón y el "dar la vida por los amigos".
Son escenas que aplacan la tensión del relato y relacionan de manera directa la pasión con el mensaje del Hijo de Dios, que hablan de la unidad de su vida y que buscan mostrar que El entrega su propia existencia para la redención de los hombres de todas las generaciones.
Las presencias femeninas también aportan ternura a la mirada sobre el cuerpo desfigurado de Jesús: la siempre presente María, la Madre del Señor, que con rostro desencajado y transfigurado presencia cada latigazo, cada martillazo y permanece firme al pie de la cruz.
María Magdalena, la mujer adúltera que Cristo salvó delcastigo de la lapidación, que no pronuncia palabra en todo el film; la atenta Verónica, que sale a su encuentro en el camino de la cruz; Claudia, la mujer de Poncio Pilatos, son personajes a lo largo del film que marcan como un contrapunto a la brutalidad de los hombres.
Y también siempre presente -en Getsemaní, en el Vía Crucis, en el Gólgota- aparece esa figura andrógina, cuerpo de mujer y voz de hombre, que ronda cada escena y representa el demonio que busca tentar a Jesús a cada momento para que no complete el mandato del Padre. "Quiero estar cerca de mi hijo", dice María cuando advierte la intención del mal.
Se
había instalado la costumbre de una figura "más lavada"
de Cristo: desde las imágenes de las iglesias o de las estampas religiosas
hasta el "Jesús de Nazareth" de Franco Zefirelli. No existía,
hasta hoy, registro visual de los sufrimientos físicos a los que fue
sometido Jesús.
El film deja en claro que los responsables de esa muerte son todos: Judas lo
entrega, Pedro lo niega tres veces, parte del pueblo pide su muerte, Pilato
no evita que sea condenado, los soldados romanos lo flagelan, el Sanedrín
lo acusa.
"La pasión..." además está llena de simbolismos: el agua -que brota del costado de Jesús como fuente de gracia en la iglesia-, las constantes referencias a la eucaristía, la luz, el fuego.
La película interpela, habla al corazón, no deja indiferente después de verla. "¿Qué tengo que ver yo con ese Jesús?", surge la pregunta. "¿Por qué murió? ¿Quién fue realmente?". Lo que el film pueda causar en los no creyentes es impredecible, pero los que lo vean con los ojos de la fe se encontrarán con una película que habla de la tolerancia, el amor y el perdón.
Fuente: TELAM