SELECCION DE TEXTOS TEMÁTICOS ESCRITOS POR VARIOS AUTORES

1.- REALIZA EN EL MUNDO LAS OBRAS DE DIOS. ES EL SANTIFICADOR

El Espíritu Santo realiza en el mundo las obras de Dios: es -como dice el himno litúrgico-dador de las gracias, luz de los corazones, huésped del alma, descanso en el trabajo, consuelo en el llanto. Sin su ayuda nada hay en el hombre que sea inocente y valioso, pues es El quien lava lo manchado, quien cura lo enfermo, quien enciende lo-que está frío, quien endereza lo extraviado, quien conduce a los hombres hacia el puerto de la salvación y del gozo eterno (De la Secuencia Veni Sancte Spiritus) (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 130).

El Espíritu Santo se sirve de la palabra del hombre como de un instrumento. Pero es El el que interiormente perfecciona la obra (SANTO TOMAS, Suma Teologica, 2-2, q. 177, a. I c).

De la misma manera que los cuerpos transparentes y nítidos, al recibir los rayos de luz, se vuelven resplandecientes e irradian brillo, las almas que son llevadas e ilustradas por el Espíritu Santo se vuelven tambien ellas Espírituales y llevan a las demas la luz de la gracia. Del Espíritu Santo proviene el conocimiento de las cosas futuras, la inteligencia de los misterios, la comprension de las verdades ocultas, la distribucion de los dones, la ciudadania celeste, la conversacion con los argeles. De El, la alegria que nunca termina, la perseverancia en Dios y, lo mas sublime que puede ser pensado, el hacerse Dios (SAN BASILIO, Sobre el Espíritu Santo, 9, 23).

Hacia el dirigen su mirada todos los que sienten necesidad de santificacion; hacia el tiende el deseo de todos los que llevan una vida virtuosa, y su soplo es para ellos a manera de riego que los ayuda en la consecucion de su fin propio y natural.
Fuente de santificacion, luz de nuestra inteligencia, el es quien da, de si mismo, una especie de claridad a nuestra razon natural, para que conozca la verdad.
Inaccesible por su naturaleza, se hace accesible por su bondad; todo lo llena con su poder, pero se comunica solamente a los que son dignos de ello, y no a todos en la misma medida, sino que distribuye sus dones en proporcion a la fe de cada uno (SAN BASILIO, Sobre el Espíritu Santo, 9, 22-23).

2.- SU ACCIÓN EN EL ALMA

Su actuacion en el alma es suave y apacible, su experiencia es agradable y placentera, y su yugo es levisimo. Su venida va precedida de los rayos brillantes de su luz y de su ciencia. Viene con la bondad de genuino protector; pues viene a salvar, a curar, a enseñar, a aconsejar, a fortalecer, a consolar, a iluminar, en primer lugar la mente del que lo recibe y despues, por las obras de este, la mente de los demas.
Y del mismo modo que el que se hallaba en tinieblas, al salir el sol, recibe su luz en los ojos del cuerpo y contempla con toda claridad lo que antes no veia, asi tambien al que es hallado digno del don del Espíritu Santo se le ilumina el alma y, levantado por encima de su razon natural, ve lo que antes ignoraba (SAN CIRILO DE JERUSALEN Catequesis 16, sobre el Espíritu Santo, 1).

El Señor prometio que nos enviaria aquel Abogado que nos haria capaces de Dios. Pues, del mismo modo que el trigo seco no puede convertirse en una masa compacta y en un solo pan si antes no es humedecido, asi tambien nosotros, que somos muchos, no podiamos convertirnos en una sola cosa en Cristo Jesus sin esta agua que baja del cielo. Y asi como la tierra arica no da fruto si no recibe el agua, asi tambien nosotros, que eramos antes como un leno arico, nunca hubieramos dado el fruto de vida sin esta gratuita lluvia de lo alto (SAN IRENEO Trat. contra las herejias, 3).

Vemos la transformacion que obra el Espíritu en aquellos en cuyo corazón habita. Facilmente los hace pasar del gusto de las cosas terrenas a la sola esperanza de las celestiales, y del temor y la pusilanimidad a una decidida y generosa fortaleza del alma. Vemos claramente que asi sucedio en los discipulos, los cuales, una vez fortalecidos por el Espíritu, no se dejaron intimidar por sus perseguidores, sino que permanecieron tenazmente unidos al amor de Cristo (SAN CIRILO DE ALEJANDRiA, Coment. Evang. S. Juan, 10).

Cada uno de los Santos es una obra maestra del Espíritu Santo (JUAN XXIII, Aloc. 5-VI-1960).

Del mismo modo que nuestro cuerpo natural, cuando se ve privado de los estímulos adecuados, permanece inactivo (por ejemplo, los ojos privados de luz, los oídos cuando falta el sonido, y el olfato cuando no hay ningún olor, no ejercen su función propia, no porque dejen de existir por la falta de estimulo, sino porque necesitan este estimulo para actuar), asá también nuestra alma, si no recibe por la fe el Don que es el Espíritu, tendrá ciertamente una naturaleza capaz de entender a Dios, pero le faltaría la luz para llegar a su conocimiento (SAN HILARIO Trat. sobre la Santísima Trinidad, 2).

¿Por que el Señor da el nombre de agua a la gracia del Espíritu? Porque el agua es condicion necesaria para la pervivencia de todas las cosas, porque el agua es el origen de las plantas y de los seres vivos [...]. Y, del mismo modo que el arbol seco, al recibir el agua germina, asi tambien el alma pecadora, al recibir del Espíritu Santo el don del arrepentimiento, produce frutos de santidad (SAN CIRILO DE JERUSALEN, Catequesis 16, sobre el Espíritu Santo, 1).

¡Oh, que artifice es este Espíritu! No se tarda en aprender todo aquello que quiere; inmediatamente que toca nuestra mente, enseña, y solo haber tocado es haber enseñado ya: inmediatamente que ilustra el alma, la transforma; oculta repentinamente lo que era y manifiesta lo que no era (SAN GREGORIO MAGNO, Homilia 30 sobre los Evang.).

3.- DOCILIDAD AL ESPÍRITU SANTO

[...] la tradicion cristiana ha resumido la actitud que debemos adoptar ante el Espíritu Santo en un solo concepto: docilidad. Ser sensibles a lo que el Espíritu divino promueve a nuestro alrededor y en nosotros mismos: a los carismas que distribuye, a los movimientos e instituciones que suscita, a los afectos y decisiones que hace nacer en nuestro corazón (J. ESCRIVA DE BALAGUER. Es Cristo que pasa, 130).

Los santos no deben su felicidad mas que a su fidelidad en seguir los movimientos que el Espíritu Santo les envía (SANTO CURA DE ARS, Sermon sobre la perseverancia).

4.- INSPIRACIONES Y DONES DEL ESPÍRITU SANTO

Recuerda, pues, que has recibido el sello del Espíritu, Espíritu de sabiduría y de inteligencia, Espíritu de consejo y de fortaleza, Espíritu de ciencia y de piedad, Espíritu del santo temor, y conserva lo que has recibido. Dios Padre te ha sellado, Cristo el Señor te ha confirmado y ha puesto en tu corazón, como prenda suya, el Espíritu Santo, como te ensena el Apostol (SAN AMBROSIO, Trat. sobre los misterios, 29-30).

El Espíritu Santo se apareció bajo la forma de paloma y de fuego; porque a todos los que llena, los hace sencillos y los anima a obrar; los hace sencillos con la pureza, y los anima con la emulación; pues a Dios no puede serle grata la sencillez sin celo, ni el celo sin sencillez (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 30 sobre los Evang.).

Llamamos inspiraciones a todos los atractivos, movi- mientos, reproches y remordimientos interiores, luces y conocimientos que Dios obra en nosotros, previniendo nuestro corazón con sus bendiciones (Sal 20, 4), por su cuidado y amor paternal, a fin de despertarnos, movernos, empujarnos y atraernos a las santas virtudes, al amor celestial, a las buenas resoluciones; en una palabra, a todo cuanto nos encamina a nuestra vida eterna (SAN FRANCISCO DE SALES, Introd. a la vida devota, II, 18).

Todo buen consejo acerca de la salvacion de los hombres viene del Espíritu Santo (SANTO ToMAs, Sobre el Padrenuestro, 1. c., 153).

Dios nos ha dado, pues, un gran auxiliador y protector [...]. Permanezcamos vigilantes para abrirle las puertas de nuestro corazón. El no se cansa de buscar a cuantos son dignos de El, y derrama sobre ellos sus dones (SAN CIRILO DE JERUSALEN, Catequesis, 16).

El Espíritu Santo, que habita en los que estan bien dis- puestos, les inspira como doctor lo que deben decir (SAN CIRILO, en Catena Aurea, vol. III, p. 77).

Por medio del don de ciencia nos enseña el Espíritu Santo a no hacer nuestra voluntad sino la de Dios (SANTO TOMAS, Sobre el Padrenuestro, 1. c., 141).

Ves, pues, como San Pedro, que antes tenia miedo de hablar de Jesus, ahora se goza ya en los castigos; y el que antes de la venida del Espíritu Santo temio ante la voz de una mujer, despues de la venida desafia las iras de los principes (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 30 sobre los Evang.).

Por la iluminacion del Espíritu contemplamos propia y adecuadamente la gloria de Dios; y por medio de la impronta del Espíritu llegamos a aquel de quien el mismo Espíritu es impronta y sello (SAN BASILIO MAGNO, Sobre el Espíritu Santo, 26).

El hombre justo que ya vive la vida de la divina gracia y opera por congruentes virtudes, como el alma por sus potencias, tiene necesidad de aquellos <<siete dones>> que se llaman propios del Espíritu Santo. Gracias a estos el alma se dispone y se fortalece para seguir mas facil y prontamente las divinas inspiraciones: es tanta la eficacia de estos dones, que la conducen a la cumbre de la santidad; y tanta su excelencia, que permanecen intactos, aunque mas perfectos, en el reino celestial. Merced a estos dones, el Espíritu Santo nos mueve y realza a desear y conseguir las bienaventuranzas, que son como flores abiertas en la primavera, cual indicio y presagio de la eterna bienaventuranza. Y muy regalados son, finalmente, los <<frutos>> enumerados por el Apostol que el Espíritu Santo produce y comunica a los hombres justos, aun durante la vida mortal, llenos de toda dulzura y gozo, pues son del Espíritu Santo que en la Trinidad es el amor del Padre y del Hijo y que llena de infinita dulzura a las criaturas todas (LEON XIII, Enc. Divinum Illud Munus, 9-V-1897).

Hay algunas obras admirables y ciertos dones riquisimos del Espíritu Santo, que se dice que nacen y provienen de El, como de una fuente inagotable de bondad [...]; con la palabra don se significa lo que se da afectuosa y gratuitamente, sin tener esperanza alguna de remuneracion. Y, por consiguiente, cualesquiera dones y beneficios que nos hace Dios ¿y que cosa tenemos, como dice el Apostol, que no la hayamos recibido de Dios?, debemos reconocer con animo piadoso y agradecido que se nos dieron por consentimiento y gracia del Espíritu Santo (Catecismo Romano, Parte l.a, Cap. IX, 7).

5.- Necesidad de purificacion interior para atender las mociones y gracias que recibimos

Ya que nosotros somos como una vasija de barro, por eso necesitamos en primer lugar ser purificados por el agua, despues ser fortalecidos y perfeccionados por el fuego Espíritual (Dios, en efecto, es un fuego devorador); y, asi, necesitamos del Espíritu Santo para nuestra perfeccion y renovacion (DIDIMO DE ALEJANDRIA, Trat. sobre la Stma. Trinidad, 2, 12).

De la misma manera que la facultad de ver actua en el ojo sano, asi actua tambien en esta alma purificada la fuerza del Espíritu (SAN BASILIO MAGNO, Sobre el Espíritu Santo, 26).

El Espíritu Santo ejerce una accion especial en todos los hombres que son puros en sus intenciones y afectos (SAN BASILIO, Coment. sobre Isaias, 3).

Por el, los corazones son elevados hacia lo alto, los cebiles son llevados de la mano, los que ya van progresando llegan a la perfeccion; iluminando a los que estan limpios de toda mancha, los hace Espírituales por la comunion con El (SAN BASILIO MAGNO, Sobre el Espíritu Santo, 9).

6.- EL ESPÍRITU SANTO Y LA FILIACION DIVINA

Por el Espíritu Santo se nos restituye el paraiso, por el po- demos subir al reino de los cielos, por el obtenemos la adopcion filial, por el se nos da la confianza de llamar a Dios con el nombre de Padre, la participación de la gracia de Cristo, el derecho de ser llamados hijos de la luz, el ser participes de la gloria eterna y, para decirlo todo de una vez, la plenitud de toda bendicion, tanto en la vida presente como en la futura; por el podemos contemplar como en un espejo, cual si estuvieran ya presentes, los bienes prometidos que nos estan preparados y que por la fe esperamos llegar a disfrutar (SAN BASILIO MAGNO, Sobre el Espíritu Santo, 15).

La efusion del Espíritu Santo, al cristificarnos, nos lleva a que nos reconozcamos hijos de Dios. El Paraclito, que es caridad, nos enseña a fundir con esa virtud toda nuestra vida; y consummati in unum (Jn 17, 23), hechos una sola cosa con Cristo, podemos ser entre los hombres lo que San Agustin afirma de la Eucaristia: signo de unidad, vinculo del Amor (Trat. Evang. S. Juan, 26, 13) (J. Escriva DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 87).

Despues que Cristo fue glorificado en la Cruz, su Espíritu se comunica a la Iglesia con una efusion abundantisima, a fin de que Ella y cada uno de sus miembros se asemejen cada dia mas a nuestro Divino Salvador. El Espíritu de Cristo es el que nos hizo hijos adoptivos de Dios, para que algun dia todos nosotros, contemplando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, nos transformemos en la misma imagen de gloria en gloria (Pio XII, Enc. Mystici Corporis Christi, 29-VI-1943).
Eleva nuestras oraciones al Padre

El Espíritu que en los corazones de los bienaventurados clama: ¡Abba, Padrel, sabiendo muy bien que los que han caido o pecado, despues de emitir gemidos en este tabernaculo del cuerpo, se sienten mas abatidos que aliviados, intercede ante Dios con gemidos inenarrables, haciendo propios nuestros gemidos por su humanidad y misericordia (ORIGENES, Trat. sobre la oracion, 2, 3).

Porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene: mas el mismo Espíritu aboga por nosotros con gemidos inefables, y el que escudriña los corazones conoce cual es el deseo del Espíritu, porque intercede por los santos según Dios (Rom 8, 26-27). Es decir, mientras nosotros oramos, el Espíritu intercede intensamente (ORIGENES, Trat. sobre la oracion, 14, 5).

Muchos de vosotros sabéis que la voz griega paraclito equivale a la que en latin significa abogado, porque aboga ante el tribunal del Padre por los errores de los pecadores [...]. Por esta razon, dice tambien S. Pablo en su carta a los Romanos: El mismo Espíritu pide por nosotros con gemidos que no se pueden explicar [...]. El mismo Espíritu Santo suplica, porque inflama con su amor a los que ha llenado, para que pidan y supliquen. Se llama tambien consolador al Espíritu Santo, porque eleva el alma de los que se arrepienten de sus pecados y los prepara para conseguir el perdon de ellos (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 30 sobre los Evang.).

7.- SU ACCION SANTIFICADORA Y EVANGELIZADORA EN LA IGLESIA

Consumada la obra que el Padre encomendo realizar al Hijo sobre la tierra (cfr. Jn 17, 4), fue enviado el Espíritu Santo el dia de Pentecostes a fin de santificar indefinidamente la Iglesia y para que de este modo los fieles tengan acceso al Padre por medio de Cristo en un mismo Espíritu (cfr. Ef 2, 18).
El es el Espíritu de vida o la fuente de agua que salta hasta la vida eterna (cfr. Jn 4, 14; 7, 28-39), por quien el Padre vivifica a los hombres, muertos por el pecado, hasta que resucite sus cuerpos mortales en Cristo (cfr. Rom 8, 10-11). El Espíritu habita en la Iglesia y el corazón de los fieles como en un templo (cfr. I Cor 3, 16; 6, 19), y en ellos ora y da testimonio de su adopcion como hijos (cfr. Ga/ 4, 6;Rom8, 15-16y26).
Guia la Iglesia a toda la verdad (cfr. Jn 6, 13), la unifica en comunion y ministerio, la provee y gobierna con diversos dones jerarquicos y carismaticos y la embellece con sus frutos (cfr. Ef 4, 11-12; I Cor 12, 4; Gal 5, 22). Con la fuerza del Evangelio rejuvenece la Iglesia, la renueva incesantemente y la conduce a la union consumada con su Esposo (cfr. S. Ireneo, Adv. haer. 111, 24, 1). En efecto, el Espíritu y la Esposa dicen al Señor Jesus ¡Ven! (cfr. Apoc 22, 17) (CONC. VAT. 11, Const. Lumen gentium, 4).

Alli donde esta la Iglesia, alli esta el Espíritu de Dios; y alli donde esta el Espíritu de Dios, alli esta la Iglesia y toda la gracia (SAN IRENEO, Trat. contra las herejias, 3, 24).

Ya no huyen, ya no se ocultan por miedo a los judios; ahora despliegan mas energia en predicar que antes desplegaban en disimular. Esta transformacion, que es obra de la mano del Altisimo, aparece claramente en el principe de los apostoles; ayer amedrentado por la voz de una sirvienta, ahora se tiene inquebrantable bajo los golpes de los jefes de los sacerdotes. Salieron de la presencia del Sanedrin contentos por haber sido considerados dignos de sufrir ultrajes por el nombre de Jesus (Act 5, 41). Son los mismos que hace poco huyeron y le abandonaron cuando se le conducia delante del Consejo.
¿Quien podria dudar de la venida del Espíritu de fuerza, cuya potencia invisible ilumino sus corazones? Igualmente, lo que el Espíritu obra en nosotros da testimonio de su presencia (SAN BERNARDO, Sermon I para Pentecostes, 1 -2).

A este Espíritu de Cristo, como a principio invisible, ha de atribuirse tambien el que todas las partes esten intimamente unidas, tanto entre si como con su excelsa Cabeza, estando como esta todo en la Cabeza, todo en el Cuerpo, todo en cada uno de los miembros: en los cuales esta presente, asistiendoles de muchas maneras y según diversos cargos y oficios, según el mayor o menor grado de perfeccion Espíritual de que gozan. El, con su celestial halito de vida, ha de ser considerado como el principio de toda accion vital y saludable en todas las partes del Cuerpo mistico. El, aunque se halle presente por si mismo en todos los miembros y en ellos obre con su divino influjo, se sirve del ministerio de los superiores para actuar en los inferiores. El, finalmente, mientras engendra cada dia nuevos miembros a la Iglesia con la accion de su gracia, rehusa habitar con la gracia santificante en los miembros totalmente separados del Cuerpo. Presencia y operacion del Espíritu de Cristo, que significo breve y concisamente Nuestro sapientisimo Predecesor Leon XIII, de i. m., en su enciclica Divinum illud, con estas palabras: Baste saber que mientras Cristo es la Cabeza de la Iglesia, el Espíritu Santo es su alma (Plo XII, Enc. Mystici Corporis Christi, 29-VI-1943).

8.- LA ESCUELA DEL ESPÍRITU SANTO

Este Divino Maestro pone su escuela en el interior de las almas que se lo piden y ardientemente desean tenerle por Maestro [...]. Su modo de enseñar no es con la palabra: rara vez habla, alguna vez a los principios; si se practica bien la leccion que El enseña suele hablar, pero muy poca cosa, para manifestarnos ¢on esto su agrado; y esto ha de estar la practica bien hecha, porque esta escuela todo es de practicar lo que enseñan, y si no lo practican, es cosa concluida; la escuela se cierra y no se abre.Porque aunque la escuela se da en el centro del alma, no puede uno entrar alli si no la mete el Maestro, porque aunque el quiera entrar ni puede ni sabe. Lo unico que puede hacer es quedarse dentro de si, no salir fuera, sino ponerse a la puerta, y muy de corazón llorar y sentir su falta desinteresadamente [...].A los principios calla, tolera y no castiga; porque como es tan caritativo, se compadece mucho, porque ve que no sabemos, y nunca pide ni exige lo que no podemos.Su modo de enseñar es por medio de una luz clara y hermosa que El pone en el entendimiento (FRANCISCA JAVIERA DEL VALLE, Decenario al Espíritu Santo, de la <<Consideracion>> para el dia 4.°).

Cuando anda el alma muy solicita en el cumplimiento de la practica de la verdad que le enseña, junto con la luz que dejo dicha, dan como una saeta a la voluntad, y la voluntad al recibirla se siente toda encendida en amor a su Dios y Señor [...]. En esta escuela hasta en el respirar parece que se respira sabiduría y ciencia, y toda esta sabiduría y ciencia va encaminada al conocimiento propio, donde esta como el fundamento de todo lo que enseñan, y sin estar esto bien asentado en el alma, no da paso alguno; suspende toda leccion, y hasta que esta verdad no echa como raicee en el alma, no pasa adelante con sus instrucciones (FRANCISCA JAVIERA DEL VALLE, Decenario al Espíritu Santo, de la <<Consideracion>> para el dia 4.°).

9.- EL ESPÍRITU SANTO Y MARIA

Las dos formulaciones del Simbolo Niceno-constantino politano: <<Et incarnatus est de Spiritu Sancto... Credo in Spiritum Sanctum, Dominum et vivificantem>>, nos recuerdan tambien que la obra mas grande realizada por el Espíritu Santo, a la cual todas las demas se refieren incesantemente, acudiendo a ella como a una fuente, es precisamente la de la encarnacion del Verbo Eterno, por obra del Espíritu en el seno de la Virgen Maria.
Cristo, Redentor del hombre y del mundo, es el centro de la historia: <<Jesucristo es el mismo, ayer y hoy...>>. Si nuestros pensamientos y nuestros corazones permanecen dirigidos a El en la perspectiva del segúndo Milenio, que esta para concluirse y que nos separa de su primera venida al mundo, por esto mismo estan dirigidos al Espíritu Santo, por obra del cual ha tenido lugar su concepcion humana; y se dirigen tambien hacia Aquella por la cual fue concebido y de la cual nacio: la Virgen Maria. Precisamente los aniversarios de los grandes Concilios guien [...] nuestros corazones hacia el Espíritu Santo y hacia la Madre de Dios, Maria. Y si recordamos cuanto jubilo y regocijo suscito en Efeso la profesion de fe en la maternidad divina de la Virgen Maria (Theotokos), comprenderemos que en aquella profesión de fe fue glorificada al mismo tiempo la obra particular del Espíritu Santo [...] (JUAN PABLO II, Carta con ocasión de los aniversarios de los Conc. de Constantinopla I y de Efeso, 25-111-1981, n. 8).

El Concilio Vaticano II sintetiza felizmente la relacion indivisible de Maria Santisima con Cristo y con la Iglesia: <<Por no haber querido Dios manifestar solemnemente el misterio de la salvacion humana antes de derramar el Espíritu prometido por Cristo, vemos que los Apostoles, antes del dia de Pentecostes, "perseveraban unanimes en la oracion con algunas mujeres, con Maria, la Madre de Jesus, y con los hermanos de este" (Lumen gentium, 59) [...]>>. Con esta expresion el texto del Concilio une entre si los dos momentos en los que la maternidad de Maria esta mas estrechamente unida a la obra del Espíritu Santo: primero, el momento de la Encarnacion, y luego el del nacimiento de la Iglesia en el Cenaculo de Jerusalen (JUAN PABLO II, Carta con ocasion de los aniversarios de los Conc. de Constantinopla I y Efeso, n. 8).

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